“La responsabilidad no se termina en las paredes de la empresa”, Silvana Bergonzi, CEO de Arredo

En Arredo, empresa líder de productos textiles y de decoración, la responsabilidad social no se declama: se vive. Silvana Bergonzi lidera una transformación que va del descarte textil al diseño sustentable, de las licencias igualitarias al vínculo con ONG. Una marca que entiende que cuidar el hogar también implica cuidar a las personas, los territorios y el planeta.

El recorrido de Silvana Bergonzi, nacida en Milán, Italia, es una historia de convicciones, sensibilidad social y liderazgo con propósito. Recién recibida de economista en su ciudad natal, consiguió una beca Erasmus para venir a la Argentina en el 2001, en plena convertibilidad. Ya entonces, le preocupaba la responsabilidad social empresaria. Tanto, que Paolo Rocca, líder del grupo Techint, la contrató para que terminara su tesis sobre ese tema en su empresa en nuestro país.

Hoy, como CEO de Arredo, Bergonzi impulsa una visión de negocio que pone a las personas en el centro, articula valor con impacto y redefine el rol de las empresas en el ecosistema social. Bajo su conducción, Arredo no solo diseña productos para el hogar: crea vínculos, cuida territorios y promueve una cultura organizacional inclusiva, sustentable y comprometida con la equidad. En esta entrevista, repasa su trayectoria, los aprendizajes que marcaron su mirada sobre la responsabilidad social empresaria y los proyectos que convierten a Arredo en una marca con alma.

¿Qué hace una economista italiana trabajando como CEO de una empresa textil y de decoración argentina? ¿Qué te trajo a nuestro país?

Estaba estudiando Economía en Milán y tenía ganas de vivir una experiencia internacional. Mi forma de viajar era a través de becas. Me gané una beca Erasmus [programa de la Unión Europea de intercambio en educación y deportes] para venir a la Argentina en 2001, para estudiar español. Me quedé de enero a agosto. Cuando volví a Italia, decidí escribir mi tesis de grado sobre convertibilidad. A través del cónsul argentino en Milán, me invitaron a una charla donde había cuatro economistas y un empresario ítalo-argentino. El empresario cerró la charla, en la que básicamente les explicaba a los italianos por qué no iban a cobrar sus bonos, y empezó a hablar de la responsabilidad social de los empresarios en momentos de crisis, de acompañar a las comunidades que sufrían para que se levantaran y siguieran adelante. Decía que, en un contexto de confianza quebrada hacia las instituciones, las empresas eran las que más confianza generaban. Que él, como empresario, sentía la responsabilidad de acompañar a la comunidad. El empresario era Paolo Rocca. Con la inocencia y el coraje de mis 20 años, me acerqué, le pregunté quién era, le dije que me había movilizado el mensaje y le conté que estaba haciendo una tesis sobre la Argentina y que, a partir de lo que él había hablado, me interesaba saber más de su empresa, sin saber que se trataba de Techint. Me dio la tarjeta de la que fue muchos años presidenta de la Fundación Rocca, me dijo que le interesaba mi perfil, porque ellos trabajaban con trabajadores sociales, perfiles más soft. Me pidió que escribiera la tesis y viera qué salía. Eso fue en febrero de 2002. En septiembre de ese año estaba empezando mi pasantía en Techint, en Campana, en el área de Responsabilidad Social, que se llamaba Desarrollo Social. Al año fui jefa de esa área, hasta el 2009. En 2011 pasé a Planeamiento Estratégico. Empecé con una pasantía de tres meses y estoy en Argentina hace ya 23 años.

¿Hiciste la tesis mientras trabajabas para el grupo?

Sí, mi tesis trata de cómo se pasa de la filantropía corporativa a la responsabilidad social corporativa, y la hice describiendo la historia de los 50 años de Techint en la Argentina: cómo fue evolucionando la inversión social, que primero era más filantrópica y después más estratégica. Me recibí y cuando volví a la Argentina, mi tesis se formalizó como los principios de responsabilidad social del grupo.

¿Luego ingresaste en Arredo?

No, de allí me fui a Pan American Energy, porque surgió una oportunidad muy interesante, para trabajar en la fusión de Esso y Axion. Otra de mis grandes pasiones es el diseño organizacional. Trabajé desde Recursos Humanos, pero en rediseño de procesos clave de la compañía, pensando en internacionalización y fusión. También estuve con la llegada de Pan American a México, con la expansión a Brasil y Bolivia, y con el comienzo de las operaciones en Vaca Muerta y Golfo San Jorge. Era un desafío muy interesante.

¿Cómo fue el cambio de grandes compañías industriales a un grupo textil?

Volví a cambiar de rubro cuando vino el llamado de la familia Sasson. Estaban buscando una persona que los ayudara a diseñar la organización para crecer y sostener la sucesión de la primera generación a la segunda. Empezamos con charlas informales y me propusieron trabajar con ellos. Yo necesitaba un cambio. Mi hijo tenía un año, Pan American era muy demandante. Además, quería conocer un mundo que tuviera que ver más con el cliente. En el de la energía prácticamente no ves clientes finales. Por otro lado, conocía la marca, me encantaba y la veía distinta a otras marcas nacionales: innovadora, atrevida. En 2019 entré como Chief of Staff, brazo derecho de Sebastián Sasson, que era CEO en ese momento. En 2023, lo reemplacé como CEO y él quedó como Presidente del Consejo de Administración.

¿Cómo se compone tu equipo de trabajo?

Yo tengo a cargo a un Director Comercial, una Directora de Marketing y Producto, un Director de Finanzas y Administración, un Director de Recursos Humanos, un Director de Logística y un Director de Tecnología. En la transición, también me acompañó un Chief of Staff externo, que hizo el trabajo que yo hacía.

¿Cómo fueron los inicios de Arredo?

La historia comienza con José Sasson, que en ese entonces tenía 17 años. Realizaba manteles, colchas de bebé y piezas chicas con retazos de la sedería del padre y salía a venderlos a domicilio. A partir de ahí desarrolló la empresa original, que vendía licencias Pierre Cardin, Cacharel, con un modelo orientado a la venta mayorista. En 1987 nació Arredo, con cuatro o cinco locales. Le pusieron ese nombre porque recibían una revista italiana que se llamaba así. Arredamento en italiano significa todo lo que está en una casa, desde la ropa hasta los muebles.

Hoy hay 70 locales en todo el país, en todas las provincias, salvo Tierra del Fuego. La mitad son nuestros y la mitad franquiciados. En Uruguay tenemos diez.

¿Cómo es el modelo de negocios? No solo comercializan, sino que también producen.

Sí, el proceso comienza con el diseño, con un equipo de producción. Todas las estampas son nuestras. Producimos algunas cosas e importamos otras. La proporción depende del momento del país. Tenemos dos plantas de producción: una en Barracas y otra en La Rioja. Y fasones [confeccionistas] que acompañan el proceso productivo. Les damos la tela cortada y ellos producen unidades, son proveedores. El camino termina con la venta en tiendas propias, franquicias e e-commerce, que es el 25 por ciento aproximadamente en la actualidad. Tenemos una estrategia de omnicanalidad bien operada, estamos muy orgullosos.

Miembros del equipo de Arredo.

¿Qué tipo de alianzas mantiene Arredo con organizaciones sociales?

Contamos con una línea de productos, que trabajamos con ONG, que tienen un propósito social. Hay una línea de vajilla hecha con la Fundación Los Naranjos, que trabaja con jóvenes de condiciones socioeconómicas desfavorables. Les enseñan los oficios de cerámica y alfarería. No son producciones en volúmenes excesivos porque no tienen la capacidad, pero los acompañamos en su crecimiento. Periódicamente, incorporamos otras ONG. Trabajamos también textiles. Por ejemplo, con la Fundación Mediapila, tenemos una línea de almohadones.

Por otro lado, firmamos recientemente una alianza con una serie de empresas (Andreani, Flybondy, Banco Galicia) para hacer distintos talleres en 2026 en poblaciones vulnerables. Se acaba de llevar a cabo uno en el Impenetrable, en Santiago del Estero, se trata de cursos de tejido. Hace cuatro meses organizamos una feria para nuestros empleados de productos realizados por ONG con sobrantes de la producción que si no serían desechos y, para el Día de la Mujer, durante una semana, una vidriera de nuestros locales exhibía estos productos, que no tenían valor comercial para nosotros. Lo hicimos para darles visibilidad.

¿Cómo se integra el concepto de economía circular en el diseño y la producción de textiles?

Con nuestro descarte textil, hacemos productos sustentables que se comercializan en nuestra tienda. Lo que no puede ser producto de Arredo, lo donamos a ONG para que hagan ropa, muñecos, etc. Desde el año pasado, logramos reducir a cero lo que se manda a vertedero. Todo nuestro descarte, el orillo, se reutiliza. Estamos hablando de cuatro toneladas de orillo por mes. Hace cuatro años, compramos una máquina para compactarlo, fue un hito. Al final del proceso de corte, se hace una reclasificación de los descartes: algunos los reutilizamos, el resto lo compactamos para trasladarlo a otras empresas que lo puedan utilizar. Lo que usamos nosotros lo separamos por color para que ingrese de vuelta. Y una línea la donamos a ONG. Por ejemplo, hicimos placas de orillo comprimido, que son fondo decorativo de nuestro local de Unicenter, en el que también hay una escultura. Ese local está diseñado para gente con movilidad reducida y cuenta con un sistema de iluminación que nos permite bajar la luz, para personas que sufren de autismo.

También tienen una línea de productos sustentables. ¿Con qué están elaborados?

Son productos hechos con fibra de cáñamo, que requiere un 50 por ciento menos de utilización de agua en su proceso productivo. También trabajamos con un algodón que no tiene coloración, lo que reduce la cantidad de químicos en el proceso. Además, las toallas que importamos de Brasil provienen de empresas certificadas con las más altas normas de estándares ambientales con respecto a la reutilización de agua y reducción de los químicos que se usan para la coloración y el blanqueo.

Por otro lado, desde hace muchos años venimos eliminando el plástico de nuestros productos. Sacamos el clásico packaging de las sábanas de PVC. Todas ahora vienen con bolsa en tela. En el e-commerce también venimos haciendo un cambio para usar cada vez más packaging biodegradable y reducir nuestra huella ambiental.

Vamos a traer acolchados envasados al vacío mediante un proceso de compresión, por lo que entra más producto en un container y se utiliza menos combustible para el traslado, y así se reduce la huella de carbono. En todo y con los medios que tenemos, tratamos de hacer lo mejor posible, con el menor impacto ambiental posible.

¿Qué tipo de iniciativas sociales impulsa Arredo desde su estrategia de RSE?

Además del trabajo constante con las fundaciones, tenemos enlaces territoriales para nuestra línea de RSE, que trabajan temas de igualdad y equidad. Queremos sensibilizar sobre los temas de violencia de género. Trabajamos con asistencia a empleadas que la sufran, les damos una red de apoyo y orientación. Los enlaces tienen sistemas de abogados y psicólogos. Y puertas afuera, trabajamos la sensibilización con las ONG. En varias sucursales, hay un banco rojo con una leyenda; es una iniciativa que nació en Italia hace mucho tiempo, que sirve para concientizar sobre la violencia de género. Usamos nuestra marca, ya que tenemos voz.

¿Qué acciones o enfoques tiene Arredo en relación con la inclusión y la diversidad?

En la línea interna tenemos un protocolo para fomentar las diversidades que conviven en la compañía. Las etiquetas de edad, origen, orientación sexual son descripciones que no cambian nada en la participación en esta empresa. Es cierto que la población trans está muy castigada, entonces tenemos una línea de trabajo para fomentar la empleabilidad de las personas trans. Hoy están trabajando cinco personas trans, tres de las cuales hicieron la transición siendo empleadas de Arredo. Los empleados tienen diferentes edades y géneros. Hace poco saludamos a Caty Donoso, de 75 años, que quiere seguir trabajando en Arredo en un horario de acuerdo con su energía y sus ganas.

En Arredo creemos que hay personas. Punto. Las etiquetas valen menos que la historia personal, las experiencias, la actitud, lo que se aprende, lo que se estudia.

Para nosotros es la vida. Hace mucho Arredo tiene carteles, por ejemplo, de dos hombres tomando el desayuno en la cama. No decimos: “Somos LGTB friendly”. Para nosotros es natural, es parte de nuestra cultura. Surge de la presente convicción de que es la vida real. Arredo nunca tuvo publicidad estereotipada. En la vida hay multiplicidades. No es una imposición, es una convicción.

¿En qué consiste el programa Cuidar Cuidando?

Nos dimos cuenta de que una de las principales barreras que todavía existen para que las mujeres puedan desarrollarse de forma equitativa y con las mismas oportunidades que los hombres tiene que ver con que la carga de cuidados recae más sobre las mujeres. A partir de ahí, igualamos las licencias parentales para hombres y mujeres en 180 días, más de los 90 que las empresas reconocen habitualmente. Se los pueden tomar en cualquier momento del primer año del niño, no hace falta que sean todos los días juntos. Es extensivo para los que hayan adoptado y es inclusivo absolutamente para cualquier composición del grupo familiar. Sobre esa base, extendimos licencias especiales para cuidado de familiares directos, duelo y nacimientos con complicaciones.

Habiendo escrito tu tesis sobre este tema, se impone la pregunta: ¿qué es para vos la RSE?

Es una visión de que las organizaciones están hechas por personas al servicio de personas. Empieza por ahí. Las organizaciones no están únicamente al servicio de la rentabilidad de los accionistas, que es una condición necesaria pero no suficiente para sustentarse en el tiempo. Cuando está bien hecha, se puede articular la complejidad de los intereses de los diferentes stakeholders y se puede generar valor. Esa fue mi tesis. La filantropía corporativa es utilísima, pero no deja de ser una donación de un commodity, que es el dinero. Ahora, cuando se piensa estratégicamente, ahí se entra en tema de sustentabilidad y diversidad. El foco es pensar dónde la compañía puede agregar valor. En nuestro caso, detectamos que el desecho textil era un problema y nos enfocamos en eso.

Nuestra marca vive en el territorio del hogar: ¿qué pasa allí? La violencia de género es un tema de hogar, podemos ayudar ahí. Si hoy quisiéramos aportar en salud, ahí tenemos poco como compañía para aportar, más allá de la filantropía.

Entonces, para mí, ser responsable es reconocer que nuestra responsabilidad no termina en las paredes de la empresa, no se resuelve contemplando solo intereses de accionistas y empleados, sino en lo que hacemos con todo el ecosistema. Tenemos que pensar dónde estamos restando valor y allí mitigarlo, y dónde podemos sumar valor y allí potenciarlo.

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