“No nos imaginamos un largo plazo sin la sustentabilidad incorporada a todos los procesos”, Victoria Capalbo, Gerenta Regional de Sustentabilidad de Louis Dreyfus Company

Victoria Capalbo, Gerenta Regional de Sustentabilidad de Louis Dreyfus Company, habla de cómo la empresa, que cuenta con 128 años de historia en la Argentina, impulsa una estrategia integral de sustentabilidad basada en personas, clima y tierra.

El grupo Louis Dreyfus Company (LDC), dedicado a la comercialización y el procesamiento de productos agrícolas, tiene presencia en más de 100 países y registra unos 95 millones de toneladas de productos transportados anualmente.

Con 128 años operando en la Argentina, donde tiene 18 plantas y más de 1500 empleados, sus procesos abarcan desde el origen, comprando granos a los productores locales, hasta su procesamiento y exportación desde sus tres complejos portuarios en Timbúes y General Lagos, en Santa Fe, y Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires. También ofrece insumos agrícolas, soluciones financieras y logísticas.

Su principal línea de negocios en el país es la de granos y oleaginosas. Y poseen una planta desmotadora de algodón en Quimilí, Santiago del Estero, que se encuentra en plena expansión para convertirse en un punto de recibo de granos, entre otras plataformas activas como la de insumos, la de semillas y la de fertilizantes.

Las acciones de LDC están lideradas por una estrategia de sustentabilidad en tres dimensiones –personas, clima y tierra– que emplea a la agricultura regenerativa como herramienta para reducir la degradación de los ecosistemas. En el marco de la Iniciativa de Agricultura Sostenible (SAI, por sus siglas en inglés), tienen como objetivo lograr 1,2 millones de hectáreas de plantaciones de canola, maíz, café, algodón, naranja, palma, soja y trigo para 2030.

En este sentido, en nuestro país firmó un acuerdo en 2023 para promover la plantación de camelina, una oleaginosa con un ciclo de producción corto que se usa como cultivo intermedio entre la plantación de soja y maíz durante el invierno. Consigue así preservar la salud del suelo y produce una materia prima con emisiones ultrabajas de carbono para la producción de combustibles renovables y alimentos para animales con alto contenido proteico.

PRESENTE dialogó con Victoria Capalbo, Gerenta Regional de Sustentabilidad de la empresa, sobre la estrategia integral de LDC para la gestión de su huella de carbono y su implementación local, el trabajo cercano con los productores y sobre cómo, a través de alianzas, se proponen cubrir 205.000 hectáreas de agricultura regenerativa para 2030 en nuestro país.

La sustentabilidad es un aspecto muy arraigado a la visión de LDC. ¿Cuál es la estrategia para poner en práctica ese valor?

LDC viene trabajando en sustentabilidad hace muchísimo tiempo. Cada una de las plataformas de negocio –como la de café, la de jugo, la del arroz– es distinta y tiene su propio equipo de sustentabilidad, pero a la vez contamos con una estrategia unificada que atraviesa a todos los commodities que operamos. Tenemos, por un lado, certificaciones para vender distintos productos. Otro gran pilar está relacionado con el cambio climático y, para eso, en 2021 se formó la plataforma de carbono en LDC. Se realizó un trabajo superintenso para calcular cuál era nuestra huella de carbono, nuestra línea de base en 2022, que es el año contra el que nos medimos, y hoy por hoy tenemos un compromiso de reducción. Esa huella cubre las emisiones de carbono de alcance 1, que son las relacionadas con nuestra actividad directa, lo que emitimos en nuestros acopios, plantas, molienda, transporte; de alcance 2, que tienen que ver con la matriz energética que se consume; y de alcance 3, que son las más difíciles de estimar y de reducir. En nuestro caso, que compramos materia prima, es lo que pasa en la producción de esa materia prima, y después, cuando vendo el producto, cómo se transforma, cómo llega al consumidor final.

¿Cuáles fueron los objetivos que fijaron luego de esa evaluación inicial?

A raíz de esta foto, nos propusimos una reducción del 33,6 por ciento en alcance 1 y 2 para 2030. Puede parecer que ese número no sea tan alto, pero hay que tener en cuenta que es dentro de un contexto de una empresa en crecimiento. Estamos expandiéndonos, comprando cada vez más activos y, sin embargo, tenemos que ser muy eficientes en sustentabilidad. Y para poder reducir esos alcances, hay un montón de acciones que se están llevando a cabo desde el equipo de carbono que después se terminan implementando en cada lugar, desde mejorar los procesos que tenemos en los activos que ya existen y que hoy funcionan hasta consumir menos recursos y cambiar la matriz energética. Por ejemplo, Timbúes consume el 50 por ciento de su energía del parque eólico Pampa Energía III en Coronel Rosales por un acuerdo de cinco años. En esta línea, otro ejemplo es que se va a hacer un biodigestor en General Lagos, hay paneles solares, estamos invirtiendo en la turbina de cogeneración que se encuentra al lado de Lagos con Cammesa, que con el vapor de la planta genera electricidad. Las plantas o las iniciativas nuevas ya las estamos haciendo con la mejor tecnología posible. A la hora de comprar activos nuevos, todo esto también entra en la ecuación.

Victoria junto a miembros del equipo de LDC Argentina.

¿Qué pasa con el impacto de las actividades en el alcance 3?

Las dos grandes estrategias que tenemos son, por un lado, el cambio de uso de suelo, que tiene que ver con el compromiso corporativo LDC a nivel global de que nosotros para fines de 2025 tenemos que ser capaces de originar todo lo que compramos en todas las cadenas de lugares que provengan de tierras libres de deforestación y conversión de vegetación nativa. Porque el impacto del cambio de uso del suelo –pasar de un bosque o de un pastizal natural a una vegetación nativa– es muy grande. Y, además, esas emisiones se arrastran veinte años seguidos. La otra gran estrategia es adquirir productos bajos en carbono.

 

“Cada una de las plataformas de negocio tiene su propio equipo de sustentabilidad, pero a la vez contamos con una estrategia unificada que atraviesa a todos los commodities que operamos”

 

¿La primera estrategia comprende la implementación de agricultura regenerativa?

Sí, es una de las herramientas. Hay una plataforma global de LDC de agricultura regenerativa que forma parte de esta Estrategia de Sustentabilidad y Transición Energética, que tiene como uno de los objetivos 2030 lograr 3 millones de acres, que son más de 1,2 millones de hectáreas, en distintos lugares. Hoy tenemos activo un programa en Canadá cuyo cultivo objetivo es colza, otro programa en Estados Unidos cuyo cultivo objetivo es algodón, otro en Brasil que produce citrus y el de Argentina, que se focaliza principalmente en soja y maíz, trigo, también camelina y ahora estamos desarrollando para un cliente en particular, por ejemplo, cebada cervecera.

¿Cómo se realiza esta práctica en la Argentina?

En la Argentina lanzamos el programa el año pasado y está en constante evolución. La superficie que nos propusimos para el año 1 son 10.000 hectáreas, que pudimos cubrir muy bien. De hecho, nos quedó un montón de gente interesada que es probable que entre en la segunda etapa de este año. El programa empezó en la zona núcleo, lo que es Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, pero lo más probable es que se dé una expansión en otras zonas. Tiene un objetivo a 2030 de 205.000 hectáreas. LDC es el alma máter del programa, quien lo define y pone los requisitos y el estándar y, como no lo podemos hacer solos, nos asociamos con stakeholders que son importantes a nivel local, que nos ayudan a llevarlo adelante y a darle visibilidad. Nos apoyamos en The Nature Conservancy para gestionar toda la estrategia de agricultura regenerativa global de LDC y también nos ayudaron a armar el programa con el análisis del contexto local. Tenemos una asociación con Peterson, que es una consultora que está monitoreando y llevando adelante las mediciones a campo de todos los indicadores. Nos asociamos con Syngenta, que nos provee un espacio demostrativo de prácticas de agricultura regenerativa que ellos ya vienen haciendo con proveedores. También con Banco Galicia, que propuso financiamiento con una tasa diferencial para los productores que forman parte del programa y necesitan adquirir productos o maquinarias. Y como partner técnico tenemos a Aapresid, que nos ayuda a hacerle un seguimiento al productor en conjunto también con Peterson. El primer año es la línea de base que muestra dónde están parados con lo que hacen hoy. Y en una segunda etapa, con el análisis de contexto de ese campo y de la compañía, va a haber una instancia de juntarse con cada productor y mostrarle su potencial para mejorar. El programa requiere que al menos hagas una de las prácticas sugeridas, pero el productor elige cuál, si hace más de una y, a su vez, porque dentro de cada práctica hay distintos niveles, si venía haciendo algunas cosas, puede mejorar. Creo que es un programa que está muy bien pensado.

¿En qué se diferencia de otros programas de agricultura regenerativa o de carbono?

Si bien está alineado con el protocolo de Verra (el Verified Carbon Standard de Verra define estándares para la emisión de créditos de carbono), hoy no es un programa de créditos de carbono. Y la decisión fue porque, sobre todo en la Argentina, la vara en la parte productiva ya está alta; o sea, el productor hace un montón de cosas bien. En Estados Unidos, por ejemplo, la inclusión de siembra directa te da un impacto enorme en tu huella, beneficioso; allá no lo hace casi nadie. Acá la mayoría hace siembra directa. Empezás desde un lugar mucho más alto. Entonces, nos parecía que si íbamos por un programa en el cual solamente consideráramos qué porcentaje de carbono puede mejorar ese productor, al que viene haciendo las cosas bien –porque hace 10 o 20 años que aplica prácticas para intentar mejorar su sistema productivo– lo castigás. Nos parecía que tenía que ser algo que les sirviera un poco a todos.

¿Qué respuesta están recibiendo de los productores?

Tenemos superbuena repercusión del programa. Siempre lo que escuchamos es: “De todas las personas que me vinieron a contactar para este tipo de programas, el de ustedes nos pareció el más concreto y real”. Creo que lo valioso de lo que estamos haciendo es que es tangible y los resultados son públicos.

¿Cuáles fueron los factores clave que les permitieron sortear los obstáculos que se les presentaron en este camino?

Los distintos esquemas de sustentabilidad que venimos llevando adelante hace muchos años nos brindaron cintura para poder adaptarnos. Si no tuviésemos ese poder de adaptabilidad, la mitad de los negocios no los podríamos hacer, porque hoy aparece un cliente con este requisito, mañana viene otro con otro y estamos siempre intentando armar este rompecabezas que a nivel logístico y a nivel planta es increíble. Y con cada vez más productos. El negocio siempre crece, estamos constantemente adaptándonos, reinventándonos cuando algo deja de funcionar. En la Argentina, ya llevamos más de quince años en algunos esquemas de certificaciones. Fue todo un aprendizaje, no solo para LDC, sino para el país en general. Y creo que esto hace que estemos más entrenados y acostumbrados a compartir información. LDC cuenta con ser dueño de activos, lo que te brinda mucha flexibilidad, y a lo largo de los años ha dado sus frutos y seguimos cada vez más poniéndole foco para poder, por un lado, permanecer en mercados y, por otro lado, abrir nuevos. De esta manera, estamos siempre preparados para las cosas nuevas que pueden llegar. El año pasado, una empresa de consumo masivo en Brasil salió a decir públicamente “Elijan a LDC porque tiene un gran compromiso con la sustentabilidad”, y esos son los beneficios intangibles que da tener todo esto. Muchas veces no se trata de la rentabilidad. Sino que tiene que ver con la reputación, con estar, con seguir y con permanecer en un mercado.

¿Cuáles son los objetivos de la empresa para 2030?

Identificamos cuatro impulsores que tenemos la certeza de que son los que nos van a ayudar a lograr los objetivos de negocio: la innovación, la digitalización, la stakeholders centricity –que es básicamente tener mucho foco en el cliente y también en nuestros proveedores– y la sustentabilidad. Para nosotros, la sustentabilidad es una convicción. No nos imaginamos un largo plazo sin la sustentabilidad incorporada a todos los procesos.

 

“La agricultura regenerativa forma parte de la Estrategia de Sustentabilidad y Transición Energética de la compañía a nivel global”

 

¿Y los planes a futuro en la Argentina?

Buscamos continuar expandiéndonos, comprando acopios y estando cada vez más cerca del productor. Queremos que nos vean como un aliado, como alguien que les pueda dar soluciones y no solamente que venda el grano, sino que también pueda ofrecerles insumos, fertilizantes, semillas. Esto que se está armando de que el cliente es uno solo y que en todas las áreas que lo atendemos trabajamos en equipo, que sea una propuesta integral que le acercamos. Y la expansión de la red de acopio nos acerca cada vez más. Si bien tenemos compras a través de corredores, queremos ponerle mucho foco a estar cerca del productor. En definitiva, también estar cerca construye para después. Cuando uno se acerca con programas como el de agricultura regenerativa, es porque tiene una relación con ese productor. Apuntamos a que siempre sean relaciones de largo plazo.

 

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