“Ser parte de la transformación de la compañía en la que estoy es lo que me motiva”, Tamara Vinitzky, Directora Ejecutiva de Desarrollo de Negocios en Banco Comafi

Tamara Vinitzky, Directora Ejecutiva de Desarrollo de Negocios en Banco Comafi, reflexiona sobre su trayectoria y cómo, desde su rol, promueve la experiencia del cliente, impulsa la diversidad en las empresas y lidera iniciativas de educación financiera para empoderar a las mujeres.

Contadora egresada de la UBA, trabajó durante 25 años en KPMG y, pasados los 40, Tamara Vinitzky decidió emprender un cambio de carrera: desde hace poco más de un año es Directora Ejecutiva de Desarrollo de Negocios en el Banco Comafi, donde tiene a cargo, entre otras funciones, al equipo de Customer Experience y la iniciativa Mujeres Únicas, una comunidad que promueve el networking y brinda educación financiera a mujeres.

PRESENTE conversó con Vinitzky sobre la disparidad en la formación financiera según el género –incluso en niveles ejecutivos–, el valor concreto de generar una red y cómo la diversidad puede transformarse en el motor real de un negocio.

¿Cómo ingresaste a KPMG, una de las empresas de auditoría y consultoría más grandes del mundo?

Cuando estaba terminando la carrera, quería tener mi primer trabajo y entré como junior en KPMG. Hice toda la carrera de junior a socia en auditoría. Nada que ver con lo que hago hoy. Tengo 49. Siempre tuve un perfil muy comercial. Me apasiona hacer negocios. En 2017 me propusieron hacerme cargo de la estrategia comercial en KPMG y fundé acá Women Corporate Directors (WCD). Es una ONG global de la que KPMG es el main sponsor, y lancé el capítulo en la Argentina junto con otra socia, Gabriela Terminielli. En ese momento no se hablaba tanto del tema corporativas de alto rango ejecutivo.

¿Cuál es el foco de WCD?

WCD está orientado a mujeres CEO, presidentas y directivas de compañías. Se trabaja para que más mujeres ocupen puestos de decisión y roles de CEO. Me puse a estudiar el mercado y empecé a observar que no había igualdad de oportunidades, que en los roles más altos había menos mujeres. Estoy hablando de hace casi diez años, aunque si mirás hoy, los números no cambiaron tanto. Y en ese momento me cambió la cabeza y también la carrera, porque yo estudié para contadora y me podría haber jubilado como auditora. Nunca fui de quedarme en la zona de confort, siempre busco desafíos. Ahí descubrí que me apasiona hacer negocios, que cuando cierro un negocio –ahora para el banco, antes para KPMG– lo disfruto como si el negocio fuera mío. Y creo que no tiene que ver con el dinero, sino tal vez con el logro. Entonces descubrí mi verdadera pasión, que es trabajar en áreas que estén relacionadas con ser parte de la transformación del lugar donde estoy. Hoy en día, ser una buena líder, rodearme de equipos que en muchas cosas son mejores que yo y formar parte de la transformación de la compañía en la que estoy es lo que me motiva. Es mi propósito cuando hablo de trabajo.

“El banco tiene una responsabilidad social enorme y se hace cargo de la educación financiera en un montón de colegios secundarios de bajos recursos y en universidades”

En tu trabajo anterior lideraste el Comité de Diversidad, Equidad e Inclusión.

Sí. En esa misma etapa, cuando lancé WCD, no existía el Comité de Diversidad. Se creó justamente con ese objetivo: ayudar a las mujeres que están adentro de KPMG a crecer buscando acciones internas. Se construyeron las normas que hoy todas las compañías tienen, pero en ese momento era innovador: aumentar la licencia por paternidad, contar con un lactario, un montón de acciones que hoy se ven mucho más naturales u obvias y que los chicos más jóvenes se sorprenderían si no estuvieran, pero cuando nosotras fuimos mamás no existían. En ese sentido logramos una gran evolución. Creo que trabajé mucho para la comunidad empresaria de mujeres porque se generó una red. Muchas veces dicen que las mujeres son competitivas, y la verdad es que cuando nos movemos juntas, somos muy generosas –siempre obviamente hay excepciones–. Creo que la esencia está en dar sin pensar qué recibirás a cambio. Trabajé muchos años para que cada vez más mujeres tengan roles de decisión, para darles visibilidad en los medios, para acompañarlas en los procesos y que puedan participar en búsquedas de directorios, estando cerca de los head hunters. Son un montón de acciones que busqué para que muchas de esas mujeres tengan más visibilidad, inclusive a muchas acercarles una búsqueda de directorio.

Miembros del equipo de Banco Comafi.

Es clave la existencia de estos espacios y la creación de una red.

Sí. Vos pensá que yo trabajé 25 años en la misma empresa. Mis padres son uruguayos, pero yo soy de acá, de Capital. Mi papá comerciante, mi mamá maestra; o sea, cero contactos. Literalmente, empecé de cero y de abajo. El día que tomé la decisión de cambiar mi camino profesional, enseguida fue esa red la que me empezó a llamar. De hecho, Comafi salió de esa red. Y ahí no importa el nombre de la red. En definitiva, las empresas, las redes, somos personas. Estoy convencida –porque lo viví en carne propia– de que lo que uno da en algún momento vuelve.

¿Hoy seguís liderando la red?

No, pero sigo siendo parte. Esa red para mí implicó el cambio de mindset en cuanto a lo que yo quería hacer. Siento que a los 40 descubrí mi pasión, que siempre estuvo ahí, pero hice un vuelco que no es fácil. Tampoco es fácil irte a los 48 de tu trabajo después de 25 años. Pero se puede. Me pareció que era un buen momento para buscar una compañía como Comafi, que son dueños locales y están en un proceso grande de transformación. Este año el banco cumple cuarenta años y está viendo cómo se construyen los próximos cuarenta. Es un banco con un perfil bajo, muy orientado a la excelencia y a la cercanía del servicio al cliente. El fundador es el presidente del banco y el hijo es el CEO.

¿Cómo comenzaste a liderar la iniciativa Mujeres Únicas en Banco Comafi?

Cuando me fui de KPMG, me llamó una miembro de WCD que es Directora de Comafi y me dijo que quería lanzar un proyecto en el banco y que yo era la indicada. El proyecto Mujeres Únicas acompaña a las mujeres del mismo target con las que yo trabajaba en WCD, pero está orientado a sus propias finanzas personales. Hoy en día, tengo un montón de sombreros más y mucho más amplios, pero ese fue el proyecto que me atrajo. Porque es un segmento que conozco un montón y sé que hay una necesidad: podemos manejar compañías, negocios, una casa, la crianza de los hijos, dedicamos un montón de tiempo a todo eso y muy poco a nuestras finanzas personales, a planificar nuestro futuro, a decidir cómo queremos vivir cuando nos jubilemos. Una chica más jovencita está pensando si quiere tener hijos o no. No está pensando en qué hacer con su dinero, y tenés un montón de estudios que demuestran que el varón sí. El 77 por ciento de las mujeres confiamos más en las inversiones de cualquier hombre que nos rodee: marido, pareja, amante, amigo, primo, tío, padre, hermano, cualquiera. Y eso es fuerte, ¿no? Porque después, tenés más del 60 por ciento de las parejas que se separan. Y yo lo veo también en amigas. Hay un montón que dicen “Me quedé sin nada. Mi marido ahorraba y yo pagaba los gastos”. Tengo mil historias desde que lanzamos el programa hace un año. Hoy ya contamos con más de 150 mujeres.

“El 77% de las mujeres confiamos más en las inversiones de cualquier hombre que nos rodee que en nosotras mismas”

¿En qué consiste concretamente la iniciativa?

Primero, en generar un espacio de networking. Es clave dedicar tiempo de nuestro horario laboral, profesional y personal a hacer networking, construir red. Por otro lado, en educar financieramente, que es cómo las ayudamos a que inviertan más. Y, además, en la construcción del “hay que animarse”, del “por qué no hablamos de dinero”. Está bueno poder decir “Quiero vivir bien el día que me jubile”. ¿Por qué lo tratamos con tanto tabú?, cosa que no sucede tanto en los hombres. La iniciativa está dedicada a un público externo y busca que las mujeres que ocupan roles de decisión o son dueñas de compañías y viven tomando decisiones para la empresa donde trabajan se mentalicen y hagan el clic de que tienen que tomar sus propias decisiones financieras. Porque, en realidad, la verdadera independencia se da si tenemos independencia económica. Podés estar en pareja y tener independencia porque salís con amigas o a la hora de elegir qué te ponés, o para trabajar, pero la que se separa y se queda sin nada porque pensó siempre que se iba a casar, porque no se dedicó y descansó en el marido no puede lograr realmente ser independiente. Vengo trabajando mucho para eso con el equipo de Comafi. Hacemos eventos de educación financiera, pero concreta y con casos reales en el momento. Y después tenemos un WhatsApp donde les compartimos información para ayudarlas a la hora de tomar decisiones de en qué invertir. La red ya tiene un año.

Es notable que estás hablando de ejecutivas de empresas…

Te puedo dar distintos ejemplos de personas que manejan compañías, o sea, son CEO de corporaciones globales, de la Argentina, y tienen toda la plata en una caja de seguridad que pierde valor todos los días. Conocí un montón de mujeres que pagan los gastos y cuyo marido ahorra. Y te dicen “Es para la familia”, pero está en la caja de él o en las inversiones del broker de él. Yo misma, cuando lanzamos el proyecto de Mujeres Únicas, me di cuenta de que era una más de las que no invertía porque no sabía, porque nunca había puesto interés. Y me acuerdo de que en ese primer evento que yo moderaba, al escuchar lo mal que tenía distribuidos mis ahorros me daban ganas de salir corriendo. También está bueno porque lidero el programa desde el lugar del “Yo también soy una de esas mujeres que está aprendiendo” a pesar de que tengo un rol de liderazgo. Somos muchas, y no me quiero imaginar cómo se encuentran, en este sentido, personas que tal vez no tienen acceso al mismo nivel de educación o profesional. El banco tiene una responsabilidad social enorme y se hace cargo de la educación financiera en un montón de colegios secundarios de bajos recursos y en universidades. Me genera mucha admiración todo lo que los dueños se involucran en ayudar, no solo en educación financiera, sino también a muchas ONG. Es un tema realmente importante para el banco.

“Yo creo, convencidísima al ciento por ciento, que la diversidad en su más amplio espectro a la hora de tomar decisiones es clave”

En una conferencia que diste hace algunos años dijiste que la diversidad es un buen negocio. ¿Podrías desarrollar el concepto?

Yo creo, convencidísima al ciento por ciento, que la diversidad en su más amplio espectro a la hora de tomar decisiones es clave. Es decir, no es solo de género. Contar con gente que piense distinto, que venga de otras profesiones, que sea de distinto sexo, que tenga otra cabeza. Si vos buscás a todos igualitos a vos, la solución sale por un tubo, pero no enriquece. Tengo comprobados casos en los que las mujeres somos mucho más empáticas y los varones mucho más arriesgados. Las mujeres en los bancos somos mucho mejor pagadoras cuando pedimos un préstamo, mucho más cumplidoras que los varones. Sin embargo, para los riesgos crediticios no hay una diferencia entre si sos mujer o varón en ningún lado. Yo pienso diferente, ni mejor ni peor que otros, pero distinto. Entonces, creo que tener una mesa diversa a la hora de tomar decisiones es clave para el negocio. Lo vivimos así y el negocio se enriquece. Por otro lado, en algún momento empezó a ser requisito en muchos países tener mujeres en el directorio, lo cual muchos criticaban porque decían que no era la forma. Yo, primero, no estaba a favor del cupo, y después me di cuenta de que era una forma de acelerar. Para mí lo más importante en tema género es que todos tengamos la misma cantidad de oportunidades. Después que quede el mejor para el rol. Creo que gran parte del éxito de mi trabajo se debe a que me rodeo de gente que en muchas cosas sabe más que yo. Es clave para un líder rodearse de gente mejor, escuchar, ser humilde y poder decir “No sé”. Y trato de transmitirles todo esto a mis hijos. A pesar de que me considero una mujer líder, cuando fui mamá por primera vez quise dejar de trabajar. A muchas mujeres nos pasa. Y siempre les digo a las chicas: “Sigan que es un lapsus, nada más. Después pasa”. Me tomé siete meses de licencia, y cuando tenía que volver, no quería. ¿Y sabes quién me empujó? Mi mamá, que dejó de trabajar a los 38. Yo siempre lo recuerdo, porque en ese momento el papá de mis hijos estaba en una muy buena posición, o sea, yo podía no trabajar. Después me separé y siempre me pregunto qué hubiera pasado si no retomaba. Creo que es importante también que las que estamos en roles de liderazgo acompañemos a las nuevas generaciones, podamos transmitir lo que aprendimos y ayudemos a que tengan oportunidades.

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