Los estereotipos de género desde la infancia, la sobrecarga de tareas de cuidado y el menor acceso a financiamiento todavía son factores determinantes.
La revolución tecnológica avanza a toda velocidad, pero no incluye a todos por igual. En uno de los sectores con mayor crecimiento y mejores salarios, la presencia de mujeres sigue siendo minoritaria.
Ellas representan apenas el 30% de la fuerza laboral en ciencia y tecnología a nivel global y esa cifra se reduce a un 25% en varios países. En inteligencia artificial (IA), la estrella del momento, cuatro de cada cinco profesionales son hombres y la tendencia se sostiene en la Argentina. Además, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), las mujeres tienen un 25% menos de probabilidades de manejar habilidades digitales básicas, y es cuatro veces más común ver en los varones capacidades avanzadas como la programación.
De problematizar estas cuestiones y compartir propuestas para la equidad de género se dedicó el evento Women in Tech Argentina 2026 (Witar 2026) organizado por la organización Géneras.
Un sector masculinizado
“Nuestra estrategia de género parte de una premisa clara: no hay desarrollo sostenible sin igualdad. Y no hay igualdad posible si las mujeres quedan rezagadas en los procesos de innovación, digitalización y crecimiento productivo”, expresa Ana Baiardi, gerenta de Género, Inclusión y Diversidad del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), en la apertura del evento.
En su disertación, Baiardi, analista de sistemas, recordó las palabras de sus profesores de hace cuarenta años, cuando era algo totalmente novedoso que la mujer participara en tecnología: “¿para qué estudia usted si va a ser ama de casa?”. “Eso hoy no es aceptable”, manifiesta.
“Es un lugar muy masculinizado”, dice Candela Villalonga, politóloga, doctoranda en Ciencias Sociales y cofundadora de Son Todos Tipos, una organización nacida como respuesta a la predominancia de hombres en diversos ámbitos, desde la política hasta los medios de comunicación. “Hay muchas mujeres que nos cuentan que no logran ascender en sus trabajos, que siempre tienen en cuenta a un varón. Sienten bastante la discriminación y, sobre todo, nos llega mucho desde la indignación”, agrega.
La participación femenina en roles senior en este sector ronda apenas el 7%, indica un informe de Chicas en Tecnología que relevó cincuenta empresas argentinas del sector privado. La brecha salarial de género se estima en torno al 20%, ampliándose a medida que se incrementa el nivel jerárquico, continúa el trabajo.
“Pero además el 90% de las empresas, por lo menos del universo STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), no identifica que al interior de sus propias empresas tengan brechas”, advierte Micaela Sánchez Malcolm, presidenta de Géneras y ex secretaria de Innovación Pública de la Argentina.
Inteligencia no artificial
“El desafío en 2026 es educarnos en inteligencia artificial”, señala en Witar 2026 María Belén Ortega, especialista en IA. “Si no nos educamos, lamentablemente, y aunque me pese, vamos a quedar relegadas del mercado”, sentencia.
Para que no ocurra, es necesario planificar estrategias de reskilling (esto es: aprender nuevas habilidades para cambiar de rol o sector), upskilling (o sea: mejorar habilidades existentes para crecer en el mismo puesto) o reconversión laboral. También es momento de abrir mesas de diálogo entre empresas y sindicatos con participación directa de las trabajadoras para ampliar derechos, redistribuir el poder y lograr un futuro más igualitario.
“Se está diseñando la IA de una manera completamente patriarcal, desde su diseño hasta su implementación, por un problema estructural que es que casi no hay mujeres ingenieras en sistemas, Claude Architects, científicas de datos. Y eso se nota mucho a la hora de interactuar con cualquier tecnología, sobre todo lA, que reproduce y amplifica sesgos que existían antes en la sociedad”, analiza Villalonga, coautora del informe antes citado.
Quemadas
En el caso de las mujeres, la falta de tiempo y el cansancio por la multiplicidad de tareas y —cada vez más frecuentemente— de trabajos, más las responsabilidades de cuidado que suelen tener a cargo son un obstáculo más para el desarrollo de una carrera, en tecnología o en cualquier otro sector.
“Surge mucho en charlas cotidianas y en discusiones de alto nivel. La mesa de diálogo que coordinamos en conjunto con CAF el 10 de abril tenía representantes de muy alto nivel y todas planteaban la crisis de tiempo en la que estamos inmersas”, subraya Sánchez Malcolm. Otra barrera es la dificultad para acceder a crédito.
“El acceso a crédito para emprendimientos liderados por mujeres es muy bajo, en parte porque muchas no formaban parte de las decisiones de las empresas en las que eran titulares por herencia hasta hace muy poco. Y en parte por desconocimiento del universo financiero”, reflexiona Sánchez Malcolm.
La brecha de género en el sector tecnológico es evidente. ¿Cómo hacemos para que la transición hacia una sociedad en la que la IA tendrá cada vez protagonismo sea justa?
“Para mí siempre el rol del Estado es fundamental en términos de educación y de formación docente. La vinculación con las nuevas tecnologías que los chicos ya usan no está siendo parte estructural de la currícula docente. Queda a disposición del tiempo y las posibilidades que tengan, de lo que les interesa o no”, apunta Sánchez Malcom.
La especialista destaca en este sentido el rol que cumplen las ONG como el Club de Chicas Programadoras con la formación para niñas y jóvenes en varias provincias. Desde Géneras también organizan talleres, vinculaciones con empresas para generar becas y arman webinarios. Este año planean lanzar una plataforma de formación sobre Google Classroom que incluirá herramientas digitales para la gestión, el trabajo y la investigación.
Las organizaciones implicadas también piden un plan nacional de regulación de IA, que debería lograrse con un trabajo interdisciplinario entre privados, Estado y organizaciones de la sociedad civil. Es necesario, en este y otros sectores, tener equipos más diversos.
“Para mí la clave también es que quienes estemos en lugares de toma de decisión, desde la sociedad civil, el sector privado, la academia, el sector público, abramos el juego y contratemos perfiles de mujeres. Cuando tengas un lugar para laburar, para armar equipo, llamemos a colegas mujeres. Hay un montón. Tenemos que levantar un poco más la cabeza”, resume Sánchez Malcolm.










