Así es Funyi: Indumentaria con propósito

Juan Pablo Trzenko y Diego Vinokur fundaron Funyi, una firma de triple impacto que desarrolla indumentaria de trabajo con materiales reciclados y busca posicionarse en la comunidad de empresas B con acciones colaborativas y procesos certificados.

Funyi es el nombre de un sombrero tipo bombín que se usó hasta mediados del siglo XX y remite al linaje sombrerero de Diego Vinokur. Pero también es un guiño al universo de los hongos y al concepto del micelio: esa red subterránea de filamentos microscópicos con la que la naturaleza conecta, comunica y sostiene la vida. Esa idea de entramado colectivo es la que Vinokur y su socio, Juan Pablo Trzenko, buscan trasladar a la industria textil con impacto positivo en cada etapa del proceso.

PRESENTE conversó con Trzenko, Director de Funyi, sobre la importancia de la transparencia y la trazabilidad en la segunda industria más contaminante del planeta, habló de las dificultades para desarrollarse frente a la competencia desleal y contó cómo están gestando una pequeña revolución desde adentro.

¿Cuál es tu formación y cómo nace Funyi?

Yo empecé a estudiar Ciencias de la Educación cuando terminé la secundaria en el Colegio Pestalozzi, después de vivir un tiempo en Alemania a los 17 años, cuando estuve casi seis meses allá por un intercambio. Volví, terminé la secundaria y empecé a buscar mi independencia. Estudié dos años la carrera y me fui a recorrer Latinoamérica. Volví e hice un año y medio más de trabajo social. Siempre hubo un espíritu muy vinculado a la solidaridad. Participé desde muy chico en proyectos en escuelas rurales en Neuquén, me interesó mucho el trabajo con el otro y siempre en lugares de organización y de nuclear grupos. Me gustaba la carrera, pero tenía demasiada energía para estar sentado en el aula. Era muy inquieto. En el 2001, crisis total, me fui a España a vivir casi seis años. Allá tuve un lugar de cumpleaños, armé una pequeñita empresa de catering y hacía encuentros solidarios con la Iglesia. Cuando volví a la Argentina, con mi compañera abrí un espacio para eventos en Palermo durante diez años y durante ocho años tuve un catering también. Un poquito antes de la pandemia vendí esos fondos de comercio. Habían sido muchos años muy estresantes y demandantes. En pandemia me formé como constelador familiar y en 2022 me junté con mi amigo Diego Vinokur, quien es hoy mi socio. Él siempre se dedicó al mundo textil y, más allá de que estaba en la industria del merchandising, siempre tuvo una mirada de trabajar con materiales orgánicos y materia prima reciclada. Nos propusimos armar un proyecto dentro del mundo textil que generara una pequeña revolución desde adentro. Yo ya había conocido lo que eran las empresas B y esta mirada de no solo tener un beneficio económico, sino también un propósito. Me acuerdo de que le dije: “Quiero que hagamos algo y que nuestros hijos estén orgullosos. Que tenga un sentido”. Llevé a cabo muchas cosas en mi vida y hoy tengo hijos de 17 y 14 años y quiero dejar una huella.

¿De dónde viene el nombre Funyi?

El abuelo y el bisabuelo de Diego trabajaban con sombreros y surgió la idea de los funyis de los tangueros. Y a la vez siempre me interesé mucho por el mundo de los hongos, por el concepto del micelio, estas redes subterráneas que unen en la naturaleza. Yo estoy convencido de que la salida y el trabajo son siempre en comunidad, son colectivos; no uno a uno, no solos. Ahí nace la idea de armar un proyecto que tenga su pata sustentable, que pueda trabajar con materia prima orgánica y materiales reciclados, y de armar una red de cooperativas o talleres sociales a los cuales podamos darles trabajo digno, en blanco. La industria textil es la segunda industria más contaminante del planeta. Quizás la gente no toma dimensión de lo que genera la cantidad de ropa que usamos, la que se desperdicia, la cantidad de agua que se utiliza para las tinturas. Yo siempre doy el ejemplo de que para hacer un jean se utilizan 8000 litros de agua en un lavadero. Un solo pantalón. Pensando en todo esto, nos propusimos desde el inicio ser una empresa textil responsable y tener una mirada de sustentabilidad. Funyi nace con la convicción de que podemos tener trazabilidad en los talleres. Si me preguntás “¿Ese bolso dónde lo hiciste?”, yo puedo decirte exactamente cuál es la cooperativa y cómo se llama la persona que lo hizo, e invitarte a que veas el lugar. No tengo nada escondido, que es el mayor conflicto de las textiles. Y a partir de ahí, nosotros tenemos el gran desafío de ser competitivos en un momento de la industria textil de crisis absoluta, de la apertura indiscriminada en las importaciones, de un panorama muy complejo.

¿Cómo se conforma el equipo?

Diego y yo somos socios fundadores. Yo estoy en la Dirección General y Diego en la Dirección de Producción. Hay una Gerenta de Producción que coordina el trabajo con las cooperativas y el desarrollo de producto. Ella trabaja con Maxi, su asistente. También contamos con un equipo de comunicación, LaCicla, que encontramos en un evento de empresas B y con el cual muy rápido entramos en sintonía. Y tenemos un estudio contable que maneja la facturación y los impuestos, y, dentro del estudio, una persona de Administración que trabaja con nosotros.

“Nos propusimos desde el inicio ser una empresa textil responsable y tener una mirada de sustentabilidad”

¿Qué rol cumplen las cooperativas en el desarrollo de los productos?

Trabajamos la confección, la estampa y el bordado con cooperativas que contratamos por proyecto. Nos presentamos en el INTI [Instituto Nacional de Tecnología Industrial] y dijimos: “Necesitamos encontrar cooperativas textiles que estén capacitadas, con su situación legal regularizada, y que nos hagan esa pequeña auditoría para no meternos en cualquier lado”. El INTI nos recomendó ir primero a la Cooperativa 17 de Noviembre. Después fuimos a otras en Barracas, La Plata, Bajo Flores. Hoy en día tenemos cinco a las que les vamos dando trabajo y un taller social en Esteban Echeverría, Sonrisas, que trabaja hace veinte años y está compuesto por las mamás de los chicos que están en un centro de día. Conozco al Director y es una persona increíble, como un faro para nosotros. Después, en Barracas hay seis cooperativas. La cooperativa de La Plata se llama Sol Naciente.

¿Los productos están certificados por el INTI?

Los productos no. El INTI certificó el material y nuestro proceso como empresa textil: es una certificación de buenas prácticas a la SRL. Intentamos trabajar con materias primas lo menos dañinas para el ambiente. Las cooperativas están auditadas por el INTI desde el inicio, y le pedimos al organismo que empiece un nuevo relevamiento de cada una: ver quiénes están anotados en la nómina, el estado de las máquinas y del lugar, porque eso nos da un marco de tranquilidad y legalidad. Todas las cooperativas nos facturan a nosotros directamente, tienen factura A, están bien organizadas.

¿Qué materias primas utilizan?

Hay una empresa en la Argentina certificada en gabardina reciclada, Fibran Sur, con la que tenemos una alianza. Las gabardinas recicladas están hechas en un 80 por ciento del scrap textil que reciben de diferentes industrias; lo separan por color, lo demuelen en una máquina, se hace una espuma y se vuelve a generar un hilado. Ese hilado no pasa por tintorería y se mezcla con un poquito de poliéster para que no se rompa la fibra. Es superinteresante. Llegamos a tener un pequeño stock de ellos y fuimos distribuidores. El proceso y el producto están certificados por el INTI. También estamos haciendo remeras con una fábrica nacional que tiene algodón certificado. Y trabajamos con desperdicios de algunas industrias; por ejemplo, hemos hecho tote bags con los carteles descartados y los reconvertimos en un producto para esa marca.

Nuestro público hoy son las empresas. Sobre todo, nos hicimos fuertes en indumentaria de trabajo y accesorios. Además, estamos trabajando con una empresa que nos dio sus uniformes viejos para hacer un upycling y desarrollamos prototipos de cartucheras, un tote bag con una remera, una bolsa con la tira de un buzo y una campera. Para eso nos unimos a una cooperativa que está en La Plata. Todo el tiempo tratamos de armar redes con proyectos que tienen más experiencia. Queremos salir de la idea de que somos competidores y mostrar que podemos ser colaboradores. Les damos trabajo, hay un ida y vuelta. Aportamos la parte de diseño o del contacto con la empresa, porque inicialmente somos emprendedores, entonces aportamos el expertise, la manera de comunicarse. Al ser una SRL, nos podemos dar de alta en cualquier compañía. Trabajamos con empresas grandes como Pampa Energía, YPF. Tenemos esa posibilidad de hacer proyectos también a gran escala.

“El INTI certificó el material y nuestro proceso como empresa textil: es una certificación de buenas prácticas a la SRL”

¿Cómo fue el proceso de certificación como empresa B?

Aplicamos en 2023 y certificamos como “B pendiente” porque todavía no teníamos dos años de ejercicio de la SRL. Tuvimos a favor, primero, que éramos una empresa nueva, porque lo que en general pasa con las empresas que ya están establecidas hace mucho es que tienen que volver a armar todos sus procesos. Nosotros armamos el estatuto pensado para empresa B. Nuestro primer año y medio no hicimos ningún producto que no fuera con materia prima reciclada. Ahí teníamos un plus. Hay mucho laburo entre administrativo y de juntar papeles para el que contratamos a una auditora, quien también lidera una ONG, entonces hablábamos el mismo idioma. Si bien tenemos por delante dos años para completar la certificación, ya hay que ir preparando lo que viene. Aproximadamente una vez cada veinte días nos reunimos con ella y su equipo para avanzar con la documentación, ir marcando los KPI y midiendo cuántas personas trabajan con nosotros, los metros de tela utilizados, etc. El certificado B implica un montón de cosas. Tiene que acompañar una manera de mirar la vida.

¿Cuáles son los objetivos para este año y para el año que viene?

Para este año el objetivo es llegar a más empresas que puedan conocer nuestros productos. Estamos trabajando con El Club de la Milanesa. Nos propusimos ir al mundo gastronómico y apuntar a grandes cadenas. También, aprovechar el impulso del sector minero: nos hicieron una propuesta de alianza con una empresa de San Juan que busca tener proveedores sustentables y vemos que es una oportunidad de negocio y a la vez una oportunidad para concientizar desde nuestra manera de hacer las cosas. No es solo cómo producís, sino cómo tratás al que tenés al lado, al que trabaja con vos, qué haces con tu basura. Y también estamos viendo cómo ser más federales, ampliar la red de cooperativas y colaboradores, salir un poco de Buenos Aires. Queremos crecer con el aval del INTI para tampoco dar pasos en falso y, sobre todo, ampliar el espectro de los productos que desarrollamos. Dentro de la indumentaria hay muchísimo por explorar.

 

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