En 2019, el emprendedor Adrián Glat lanzó al mercado Aston Rider, un kit ciento por ciento argentino para electrificar cualquier bicicleta.

En 2020 la pandemia afectó todas las áreas de la vida, y una fundamental es la movilidad. La cuarentena total disminuyó el uso del auto y el transporte público, y logró que se repensara su uso y cómo nos adaptaremos nuevamente al transporte. Además, como consecuencia del miedo al contagio en el transporte público, los ciudadanos están volcándose a otras alternativas. Asimismo, cada vez más se tiene en cuenta el impacto ambiental del transporte, por lo que se apunta a medios que no utilicen combustibles
fósiles para así disminuir las emisiones de carbono.

A medida que se retomen las actividades, es primordial que se prioricen los transportes sustentables. En esta línea, la transición hacia la movilidad eléctrica puede ayudar a los países de América Latina y el Caribe a reducir las emisiones contaminantes y cumplir los compromisos del Acuerdo de París sobre cambio climático, de acuerdo con el informe “Movilidad eléctrica: Avances en América Latina y el Caribe y oportunidades para la colaboración regional 2019”, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

En este contexto, la bicicleta se posiciona como una de las mejores alternativas, especialmente las eléctricas, que permiten un desplazamiento mayor. Este medio
ha tomado relevancia en los últimos meses y esto se ha visto reflejado en el emprendimiento Aston Rider, un desarrollo ciento por ciento argentino que convierte
cualquier bicicleta en una eléctrica, a través de un sistema con baterías de iones de litio y con la posibilidad de recarga en cualquier tomacorriente. “Desde julio de 2020, las ventas se han incrementado enormemente”, indica Adrián Leonel Glat (21 años), fundador de Aston Rider y estudiante de la carrera Ingeniería en Alimentos, en la Universidad Nacional de San Martín. En 2019, junto con la universidad, presentó el proyecto Aston Rider en #VosLoHacés Universidades –concurso interuniversitario que premia a los protagonistas de la cultura emprendedora– y logró el primer puesto.

Para empezar, ¿cómo nació la idea?

Comenzó de otra manera: hace tres años, con la ayuda financiera de mi papá, quisimos hacer bicicletas completamente eléctricas y nacionales. Al principio de 2018, empecé a contactarme con fábricas de bicicletas de la zona para investigar y crear la bici eléctrica. Así avanzamos, hicimos un cuadro, todo a medida, con una batería argentina con un sistema encastrable. Una vez armado, lo lanzamos. Al principio fue un boom, pero al
poco tiempo empezaron a caer las ventas, ya que en paralelo entraron versiones importadas con un precio más competitivo que el nuestro. Además, varias personas nos indicaban que les gustaba el modelo, pero nos preguntaban si se podía colocar ese motor eléctrico en sus propias bicicletas. Pero nosotros ofrecíamos la bicicleta completa. Así empezamos a plantearnos qué podíamos hacer para crear un sistema que permitiera convertir cualquier bicicleta en eléctrica. Primero, nos preguntamos por qué las personas querían convertir su bicicleta y no comprar otra. Nos dimos cuenta de que casi todos tienen una bici guardada, entonces no querían comprar una más si ya contaban con una propia. En segundo lugar, empezamos a investigar si existía algo similar en el mercado y descubrimos que no, especialmente en la Argentina, no había nada con esas características. Siempre se ofrecían las bicicletas eléctricas completas. En el exterior había algunos sistemas, pero eran muy costosos y específicos para algunos modelos. Así se me ocurrió desarrollar el KAR: kit Aston Rider, que permite convertir casi cualquier modelo de
bicicleta disponible en el mercado en una de motorización eléctrica.

¿Cuándo lo lanzaron?

El cambio comenzó a fines de 2018 y principio de 2019. Luego de la investigación y el diseño, realizamos una preventa para 2019, y recibimos muchas peticiones. La demanda nos sorprendió, pero entendimos que cada uno ama su bicicleta.

¿Qué características tiene?

Este sistema tiene tres características principales: la primera es que es fácil de instalar. Se arma simplemente colocando una tuerca para colgar el sistema donde está la batería. La segunda ventaja es que cuesta hasta tres o cuatro veces menos que los sistemas importados, ya que el 90 por ciento está hecho en la Argentina, solo las baterías son importadas. Por último, se puede colocar en cualquier bicicleta: una plegable, un rodado 20, una de paseo, de montaña, etcétera, a diferencia de los sistemas que se venden, que te obligan a adaptarlos a un tamaño de rueda especial. El producto es una innovación a nivel mundial. Hay sistemas similares al de fricción, pero no tienen una instalación sencilla. Nosotros nos enfocamos en que lo pueda instalar cualquier persona.

¿A quién está dirigido?

Está pensado para que todos puedan adquirirlo. Desde una persona que usa la bici para ir al trabajo, que puede tener un recorrido promedio de 10 kilómetros y quiere evitar el auto, hasta un adulto que desea empezar a moverse en bicicleta y este sistema la ayuda. Hay un gran público dispuesto a pasarse a la movilidad eléctrica.

Del 2019 al 2020, ¿cómo fue el mercado? ¿Cómo los afectó la pandemia?

Desde un inicio fuimos incrementando las ventas. Entre febrero y marzo, tuvimos un elevado número de consultas. Una vez anunciada la cuarentena se pararon las ventas. Recién en julio hubo un incremento gigante de ventas, porque las personas empezaban
a salir de nuevo. Aunque la cuarentena seguía, algunos sectores se comenzaron a abrir, así que los ciudadanos necesitaron volver a salir y no querían subirse a los transportes públicos. A partir de este período, las ventas subieron.

Desde tu experiencia actual, ¿creés que la pandemia modificará la movilidad?

Sí, muchísimo, porque una gran cantidad de personas ya no se animan a volver a utilizar el transporte público. Por esta razón ya vemos un cambio total. Además, los ciudadanos también quieren evitar el auto por la contaminación, las emisiones de dióxido de carbono que se generan, sumado a los embotellamientos, los gastos de seguro, las multas. Esas
personas quieren este tipo de movilidad sustentable con ayuda eléctrica.

¿Qué significa la sustentabilidad para vos?

Es la base de mi proyecto. Aston Rider busca, de un modo, dar conocimiento sobre todos los problemas que se generan al elegir un medio de transporte a combustión, en vez de uno eléctrico y sin emisiones. El concepto de sustentabilidad se rige con el objetivo de encontrar un equilibrio entre el medio ambiente y el uso de los recursos naturales. Hoy podemos optar por evitar la utilización de vehículos que emiten miles y miles de gases tóxicos al ambiente, y reemplazarlos con vehículos limpios y silenciosos.

¿Cuáles son los desafíos en la Argentina vinculados a la movilidad eléctrica?

Por un lado, acerca de los desafíos, considero que, hoy más que nunca, se debe hacer hincapié en la capacitación sobre el cuidado del medio ambiente. No todos sabemos la importancia que se le debe dar a esta realidad, en esta línea, menos cómo aportar nuestro
granito para lograr una sociedad más consciente. Por otro lado, volviendo a la movilidad, todos entendemos lo frustrante que es movernos en auto, por eso, a la hora de buscar alternativas, elegimos el transporte público, los remises, etcétera, y por último la bicicleta,
aunque esta última es el medio de transporte por excelencia hace cientos de años. Por eso, hoy debemos volver a posicionar a la bicicleta en el primer lugar.

¿Cuáles son los principales desafíos que te encontraste en el camino emprendedor?

La Argentina es complicada para el emprendedor. Hay varios aspectos que tenemos que ir viendo en el camino. Por mi parte, las patentes fueron un desafío, principalmente patentar cada idea, pero actualmente lo superamos y ya tenemos patente en Brasil, España y Paraguay, además de en la Argentina. Otro desafío era la duda: ¿qué pasaba si no funcionaba el sistema? Ya teníamos la pérdida por la bicicleta anterior. De todas maneras, nos animamos y funcionó. Hoy el desafío más grande es llevar el producto más allá. Apuntamos a lograr financiación, buscar inversores para realizar una producción más masiva para ofrecerla en retails. Queremos que se pueda encontrar el kit en los negocios listo para armar. Por ahora solo se ofrece en bicicleterías.

¿Qué significa ser emprendedor para vos?

Es un camino al que hay que animarse, todos tenemos un camino, un sueño de hacer algo. Es dedicarle muchísimo tiempo sin generar recursos, muchas horas haciendo la marca, el proyecto, pensando en cómo venderlo. Es complicado, porque hay que dedicarle ciento por ciento sin tener un trabajo fijo, pero hay que animarse. Eso es lo que les digo a mis amigos que no están seguros de emprender.

¿Cómo está formado tu equipo de trabajo?

Además de mí, que soy el fundador, está mi papá, él es inventor y brinda la ayuda financiera; tenemos los técnicos para el armado y la fabricación del kit, más el equipo de marketing. Nuestro taller se encuentra en Villa Bosch, partido de Tres de Febrero.

¿Cuáles son los próximos objetivos? ¿La pandemia los modificó?

Queremos realizar un lanzamiento de forma global para llevar el kit a otros países. Actualmente se está exportando a España y Estados Unidos, pero queríamos hacer una campaña de financiamiento para llevar a cabo una producción masiva. Habíamos comenzado el diálogo con algunas empresas, pero por la cuarentena se frenó y esperamos retomarlo antes de fin de año. También estamos haciendo un nuevo desarrollo, que incluye vender la bicicleta con el kit, pero que estas sean ciento por ciento ecológicas y sustentables, creadas con bambú. En febrero, colaborando con otros establecimientos, se nos ocurrió ofrecer esta alternativa, y junto con FUNINTEC (Fundación de la Universidad Nacional de San Martín) desarrollamos la primera bicicleta argentina totalmente eléctrica y de bambú. La idea es lanzarla a fin de año. Nosotros buscamos tener presentes la sustentabilidad y el medio ambiente. En este caso las cañas de bambú se cortan a determinada altura y se regenera, así no afecta el ambiente. Asimismo, estamos en búsqueda de aplicar certificaciones: por un lado, en el INTA, sobre el uso del bambú; y en el INTI en cuanto a la fabricación del kit y su uso en condiciones extremas.

¿Por qué la movilidad eléctrica? ¿Cómo es tu vínculo con la movilidad?

A mí me encanta andar en bici y el aspecto eléctrico también me interesa muchísimo. Cuando vi las alternativas y encontré que esta era totalmente sostenible, que consume muy poca energía, menos de un peso por 50 kilómetros, me encantó el concepto. Me fascina la movilidad eléctrica, por eso quisimos hacer este desarrollo.

Por último, ¿qué es lo que más te gusta de este proceso?

Lo que más me gusta es trabajar con mi papá. Él es un emprendedor de toda la vida.
Además de en #VosLoHacés Universidades, Aston Rider también fue reconocido en el Concurso Triple Impacto Emprendedor organizado por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, el Banco Nación, la Fundación Empretec
y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).