Diego Tipping es el Presidente de Cruz Roja Argentina, la ONG presente en 191 países que basa su trabajo en ayudar a las personas luego de emergencias sanitarias y naturales. La organización local lleva adelante su tarea con 65 filiales en todo el país. En esta nota, Tipping habla del éxito de la tarjeta de crédito que se les otorga a los que sufren una catástrofe. “La gente necesita distintas cosas, y con este sistema cuidamos lo más importante, que es su dignidad”, dice.

Para los que se dedican a la ayuda humanitaria, estar en lugares como Haití o Cisjordania puede ser una experiencia rica, un momento de aprendizaje enorme que se vivencia con la realidad de aquellos que, como contraposición, lejos están de cualquier tipo de riqueza: ya sea por un desastre natural o para quienes se encuentran en medio de una guerra, huyéndole a esa muerte que avanza detrás de los talones. A Diego Tipping le cuesta definir las imágenes que quedan en la retina después de este tipo de viajes. “Hace dos años estuve en Italia en un campamento de refugiados. Cuando ves a un migrante a los ojos, ahí entendés y te dejás de discutir por pavadas. Comprendés que esa persona que se lanzó por meses al mar, tal vez con su bebé, sin saber si iba a sobrevivir, si iba a naufragar, lo que estaba haciendo era buscar vida. Tenemos que dejar de bajar ese mensaje peligroso de que el migrante es un terrorista o que va a venir a sacarme un puesto de trabajo. ¿Qué harías vos si tu familia está siendo matada o violada? Huirías buscando vida. Migrar es un derecho natural de las personas, más cuando lo hacen con este propósito”, dice el Presidente de Cruz Roja Argentina.

Tipping es solo la cara visible –así se presenta él– de un grupo de muchas personas trabajando en esta ONG conocida y legendaria que data de 1880, y que hoy está integrada en la Argentina por 65 filiales en diferentes puntos del país.

En su sede central, ubicada en CABA, Diego recibe a PRESENTE para conversar sobre el trabajo que llevan a cabo en la actualidad. Distendido, pero con una dicción rápida y urgente de palabras, Tipping rescata la presencia en cada gran emergencia que tiene Cruz Roja, cuando ocurre el desastre y también posteriormente, “cuando los hechos dejan de ser noticia”, grafica desde su oficina, un espacio con tonos claros donde objetos del presente se combinan con otros de otro tiempo. Sobre los estantes de una gran biblioteca blanca, sobresale un brazalete de la organización que un voluntario usó en 1886. Hay una foto de él con el Papa Francisco en el centro, y unos centímetros a la derecha, reposan una serie de tomos antiguos de actas donde, entre otras cosas, hay textos que dejan testificado que Luis Sáenz Peña, por ejemplo, pasó a donar su sueldo de Presidente de la Nación, una cuestión –dirá Tipping– “digna de imitar”.

Casi como una marca registrada, la Cruz Roja ayuda a las personas a estar mejor preparadas ante futuras situaciones de riesgo, promoviendo el desarrollo integral de las comunidades, construyendo y fortaleciendo las capacidades locales, fomentando la inclusión y participación de todos los grupos sin ninguna distinción o discriminación. Los números son contundentes: en el 2017 fueron asistidas 19.546 personas por emergencias y desastres en el país –tres operaciones internacionales para apoyar emergencias en cinco provincias, tres operaciones nacionales y 20 operaciones locales–. De las 141 solicitudes de búsqueda del servicio de RCF (Restablecimiento de Contacto entre Familiares), 57 fueron resueltas. Hubo cuatro movilizaciones internacionales de técnicos de Cruz Roja Argentina (a Perú, Bangladesh, Guatemala y Venezuela). “El año pasado fue el más difícil de los últimos 60 en situaciones de emergencias, movilizamos más de 3000 voluntarios a esos 20 grandes sitios de emergencia del país”, puntualiza Tipping.

En lo que va de 2018, en relación con las inundaciones de febrero pasado, más precisamente en Salta, se entregaron más de medio millón de litros de agua potabilizada y más de 6500 personas fueron asistidas por Cruz Roja Argentina. “Este año empezó muy difícil con lo que fueron las inundaciones por fuertes precipitaciones en Chaco, el desborde del Pilcomayo en Salta y un rincón absolutamente olvidado que es Santa Victoria, ubicado en el límite de Paraguay, Bolivia y Argentina. Ahí estamos trabajando con más de 16 comunidades que viven en situaciones que nadie se imagina que existan en la Argentina”, describe Tipping.

¿Cómo actúa hoy la Cruz Roja en este tipo de desastres?

Tenemos un sistema supernovedoso: una tarjeta de ayuda humanitaria que se utiliza en la vuelta a casa. Es una tarjeta que funciona como crédito o débito, y se le entrega a la familia luego de un censo que hacen nuestros voluntarios casa por casa, viendo cuál fue la afectación y la cantidad de gente que vive en el lugar. Así pueden ir y comprar lo que necesitan. Porque luego de una emergencia, no todos necesitan lo mismo: algunos precisan alimentos o ropa, otros elementos de higiene, materiales escolares… De esta forma, uno no impone mercadería ni marca, y se cuida lo más importante que tienen las personas en ese momento, que es su dignidad.

 ¿Desde cuándo vienen entregando esta tarjeta?

La Cruz Roja empezó hace cinco años gracias a un desarrollo de los Estados Unidos que nos facilitó este sistema. Hoy, luego de la Cruz Roja Americana somos la que más lo aplica en el continente, incluso estamos ayudando a otras de la región a desarrollarlo. Desde que se produce la emergencia hasta que se entrega esa ayuda, no pasan más de siete días. La gente vuelve a su casa y ya cuenta con esta tarjeta para que ese impacto de volver a un hogar devastado no sea tan grande. Estamos muy contentos con cómo se dan estos procesos, por la agilidad y la aceptación que tiene por parte de la comunidad, que entiende muchas veces que no podemos llegar a todos los afectados porque esto se hace con recursos propios. Entonces los recursos son pocos. Pero me gustaría contarte otra novedad además de la tarjeta: somos la única organización del país que hemos abierto nuestra escuela de dirigentes, con una lógica de diplomatura universitaria en un convenio con la UCES. Es para empezar y capacitar nuestros dirigentes con mucho más conocimiento. Porque nos pasa que uno en la vida no se prepara para ser dirigente. Es necesario capacitar a quienes van a llegar a lugares decisorios. Hoy, encontrar un buen dirigente no tiene que ser algo casual o azaroso, sino algo natural, fruto de un trabajo consciente. Ocho meses dura la cursada, y uno está habilitado y certificado para ser presidente de filial.

 ¿Cuál es el valor más importante que tiene Cruz Roja?

La confianza pública. Es una construcción de día tras día, de ser transparentes y cuidadosos, de rendir cuentas, de informarnos de un montón de cosas, de actuar respetando la ley y de conocer como nadie las emergencias de medicina. Son muchas cosas.

 ¿Cómo divide Cruz Roja sus ejes de acción?

Son tres. Una línea es la respuesta de emergencia en el antes, el durante y el después. Nosotros seguimos estando con los afectados de la inundación, aun cuando no queda nadie del Gobierno, nuestros voluntarios siguen ahí, como lo hicimos, por ejemplo, en las inundaciones del norte que comentaba recién. La otra línea de acción es la educativa. Contamos con 35 institutos superiores en la Argentina. ¡Somos los principales formadores de enfermeros y guardavidas! Uno de cada tres enfermeros argentinos sale de la Cruz Roja. Tenemos, entre educación formal y no formal, 65 mil alumnos en el país al año. Y la tercera línea de acción tiene que ver con la promoción de la salud, el trabajo con HIV, con los primeros auxilios, con la seguridad, con la violencia de género. Trabajamos en más de 150 comunidades vulnerables del país todos los días del año.

¿Cuándo se funda la Cruz Roja en la Argentina?

Tiene sus primeras actividades en 1870, cuando fue la epidemia de la fiebre amarilla en la Argentina. Luego formalmente se funda por idea de un gran patriota de la nación, Guillermo Rawson, quien no solo fundó la Cruz Roja, sino también la Cátedra de Higiene Pública de la Universidad de Buenos Aires. Luego se dedicó a poblar el sur de nuestro país, por eso tenemos la ciudad de Rawson. Realmente era una persona que entendía que había que servir al país. Así empezó el trabajo de la Cruz Roja, un sueño que se sostiene hasta el día de hoy con la ayuda de miles de personas. En la Argentina son más de 150.000. Rawson fue Senador de la República y Ministro del Interior de Bartolomé Mitre. Cuando se retiró de la función pública, él entendió que no alcanzaba con lo que se podía hacer desde el Estado. Era un médico sanitarista, su principal preocupación tenía que ver con eso, con las enfermedades, con las epidemias en esa época. Fue un visionario y un gran patriota*.

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