El senador por Corrientes Nito Artaza, conocido humorista y productor de teatro, descubrió su pasión por la política en 2001. Desde ese momento, aprovechó su enorme visibilidad para potenciar la ayuda que ofrece a diversas fundaciones y escuelas de todo el país.

Nito Artaza no pudo escapar de su destino. Empezó su carrera como cómico, artista y productor teatral, se hizo muy famoso, cosechó numerosos éxitos y hoy es dueño de dos teatros. Pero la historia de su vida no termina acá. A partir de la crisis de 2001, y con 41 años, se despertó en Artaza la vocación política que estaba latente dentro de él, una pasión que nació ya hace mucho tiempo, gracias a su padre, que fue diputado.

Después de encabezar numerosas marchas contra el corralito, hace ya 12 años, en 2009 se convirtió en senador de la Unión Cívica Radical (UCR) por Corrientes, provincia que lo vio nacer. En los ratos libres que le deja la política, Artaza hace algunas actuaciones, descansa y saca provecho de ser famoso, porque se dio cuenta de que de esa manera puede potenciar la actividad solidaria que lleva adelante desde hace muchos años, algo que –confiesa en una entrevista con PRESENTE–­ le “reconforta la vida”.

Entre algunas de las acciones solidarias que realiza, Artaza ayuda a escuelas, comedores, clubes, merenderos y centros de rehabilitación de Corrientes, y además hace donaciones y junta fondos para fundaciones de todo el país, haciendo aquello que –dice– mejor sabe hacer: actuar y hacer reír a la gente.

¿Cómo fueron sus comienzos en el humor?

Yo pude hacer de una habilidad, que es saber imitar, una profesión. Aunque más que un gran imitador soy un busca y tengo ángel para divertir. En mi pueblo, en Bella Vista, Corrientes, imitaba a los personajes, a los locutores de Buenos Aires, a mi padre y a mi madre, hacía las voces del comisario del pueblo… Pero nunca pensé que iba a trabajar de eso, estudié periodismo y un día fui a un boliche con mis compañeros, y ahí empecé y no paré hasta debutar en teatro. Después hice televisión, radio, tuve mis propios programas, obras de teatro, algunas solo, otras con el Negro Álvarez y otras con Miguel Ángel Cherutti.

¿Por qué terminó dedicándose a la política?

Mi otra profesión nació con la crisis de 2001, a partir del corralito. Habíamos citado a una movilización por e-mail y juntamos a unos 40.000 ahorristas. El día ese no me tocaba hablar, pero el muchacho que tenía que hacerlo se retrasó, improvisé y desde ese momento hicimos cientos de marchas reclamando por los ahorros. Ahí empezó mi actividad, y elegí la Unión Cívica Radical (UCR) para hacer política, elegí quizás el camino más largo, porque fue el partido que más sufrió después de 2001 el rechazo a la política que se había despertado en aquel momento. El destino me puso a representar a Corrientes, y para mí es un honor casi impensado que tenía guardado, porque soy el único Artaza que no había hecho política hasta este momento y no quiero huir de mi destino.

¿Es muy difícil combinar la política con el humor?

El 80% de mi vida está basado en la política y en el receso del Senado, o cuando tengo algún tiempo hago actuaciones. Dono mis honorarios para instituciones de Corrientes y para alguna organización local de donde esté trabajando, puede ser Mar del Plata o Carlos Paz. Eso me permite tener contacto con la gente y vivir de ambas profesiones, porque ser conocido me ayuda en política. Tengo la suerte de que me hayan votado la ley de las cuentas sueldo para todos los trabajadores, tengo el proyecto de un gasoducto para Corrientes desde Paso de los Libres para generar desarrollo, he trabajado mucho en la ley antitortura y en la de derechos de formación de los deportistas, por medio de la cual los clubes pequeños que forman deportistas van a cobrar cada vez que se transfiera un jugador, y eso va a servir para financiar a miles de pequeños clubes en todo el país; espero que sea ley el año que viene.

¿Se encontró con muchos prejuicios cuando llegó a la Cámara de Senadores?

Sí, y también había muchos prejuicios dentro de mi partido, porque me decían el cómico, el payaso, y un día dije que sí, que era un humorista y que estaba feliz de poder canalizar mi vocación política. Pero siento el respeto de mis pares en el sentido de los proyectos que he presentado, en el acompañamiento y en la aprobación. Me tomé las cosas con pasión y responsabilidad, soy feliz, ahora vivo de una forma más austera, hace cuatro años que no me tomo vacaciones. Quiero destacar que en el Senado hay respeto y se puede consensuar.

¿Qué lugar ocupa la solidaridad en su vida y qué tipo de acciones lleva a cabo?

Soy senador por Corrientes desde 2009 y pertenezco a una provincia que tiene muchas demandas sociales. El nordeste argentino necesita una reparación histórica porque no hemos tenido industrialización, por no tener gas natural, por ser hipótesis de conflicto con Brasil en otras épocas. Yo soy un senador muy visible por mi actividad, y ahora, por ejemplo, estoy comprando reflectores para un club, pintura y ventiladores para una escuela, hay otra de Bella Vista, mi pueblo, que necesita recursos para que los alumnos y los maestros puedan llegar todos los días a estudiar, también se necesita un centro de rehabilitación para chicos con problemas con estupefacientes. No solo hago este tipo de actividades en mi provincia, porque a donde voy recibo esta clase de demandas sociales. Hago actuaciones para diferentes hospitales, ya que generalmente mis donaciones son como artista y no como senador, porque los recursos con los que cuenta un senador son 36.000 pesos anuales de subsidios, y si le doy 1000 pesos a cada fundación solo voy a poder ayudar a 36 en un año.

Cuando solo se dedicaba al humor, ¿también realizaba este tipo de actividades?

Yo hago estas actividades desde hace mucho tiempo, antes de estar en el cargo público. Me acuerdo que en la época de 2001, en plena crisis, por pedido de Isabel Sarli hacíamos todos los domingos, junto a Miguel Ángel Cherutti, una función de teatro a beneficio e íbamos ayudando a todas las instituciones, merenderos, comedores que se anotaban para recibir la ayuda. Mi relación con las distintas fundaciones ya existía, y ahora lo que hice fue potenciarla, es algo que te reconforta la vida, porque le das otro sentido.

¿Qué opina de las acciones de RSE en la Argentina?

Creo que, en cualquier proyecto que tengamos, los políticos debemos incluir la RSE, que el camino de las empresas va por ese lado, empezar con las empresas públicas y después seguir con las privadas, pero no solo desde el punto de vista filantrópico, sino que hay que hacer un cambio serio. Siempre les digo a los empresarios de Corrientes que los que estamos trabajando en un futuro para la provincia debemos pensar que no es bueno vivir en una sociedad en donde hay miles de personas en la pobreza y sin sus necesidades básicas cubiertas. Si ellos están mejor, la sociedad va a estar mucho mejor, vamos a darle movilidad social, salud y educación pública, tendrán mejores empleos y una buena calidad de vida. Además, es importante buscar actividades que sean amigables con el medio ambiente y que puedan generar desarrollo, como puede ser el turismo. Hay que incorporar la RSE a cualquier proyecto nacional o provincial.

¿Cuál cree que es la necesidad más urgente del país?

Bajar la brecha de la desigualdad, debemos poner todos los esfuerzos del Estado para combatirla, tenemos que tener garantizada la salud y la educación pública, generar movilidad social de las distintas clases, creo que esa es una de las mayores urgencias. Considero que con eso se va a poder palear la inseguridad urbana, que nos preocupa tanto. Entre todos debemos tener un proyecto de país para todos los argentinos, definir qué modelo de país vamos a venderle al exterior, de qué manera nos vamos a desarrollar, cómo nos vamos a ver incluidos en el mundo y en el Mercosur, decidir cuáles van a ser las políticas públicas y si les vamos a dar valor agregado a nuestros productos.

¿Qué fue lo que cambió desde 2001 hasta su presente como senador?

Empezó a cambiar mi vida, desde ahí nada fue igual. Me dediqué con mucha pasión a la política, descuidé mis empresas, tengo dos teatros y uno alquilado, y dejé de hacer producciones porque me vi inmerso en este mundo. Hoy cambió la responsabilidad que tengo con la gente, con los intereses de mi provincia, estoy mucho más informado que antes, me doy cuenta de las limitaciones de un legislador, por ejemplo a la hora de consensuar una ley que uno quisiera que salga rápidamente, y también de las ventajas, en el sentido de tener una porción de poder.

¿Le gustaría hacer algún programa de humor político?

Me encantaría hacer uno periodístico y humorístico. Yo tengo un proyecto de hacer un programa con jóvenes y poder discutir con todos los sectores políticos juntos, con humor y con un tema como disparador. Hay una franja de jóvenes a la que hay que incorporar a la política, hay que prepararlos para votar, más ahora que van a hacerlo a partir de los 16 años.

¿Cómo le gustaría que lo recordaran?

Uno vive para ser un recuerdo, y me gustaría que lo hagan en las anécdotas. Me recordarán por mi paso por la política, como humorista y productor de teatro. Con mis hijos vemos siempre la película El gran pez, sobre el padre que le cuenta anécdotas a su hijo y algunas terminan siendo verdad, y por eso me conformaría con que me recuerden en esas historias. Tengo tantas anécdotas en política, en el espectáculo, con los ahorristas, que ahora voy a escribir un libro contando algunas de ellas.