Con el fin de fomentar la inclusión social y el compañerismo entre los jóvenes y adolescentes en situaciones de vulnerabilidad, el ex Puma Ignacio “Nani” Corleto, fundó Botines Solidarios, una organización que este año cumple cinco años de existencia.

Como deporte amateur en la Argentina, el rugby muchas veces abre el camino de sus jugadores fuera del país, en lugares donde esa disciplina se practica profesionalmente. Ignacio “Nani” Corleto es uno de esos jugadores que tomó su pasión por ese deporte en serio y se fue a Francia en busca de nuevos desafíos. Allí jugó en el Narbonne y en el Stade Français. Pero volvió, y fue luego de su retiro oficial que comenzó a gestar Botines Solidarios, una organización sin fines de lucro cuyo objetivo es utilizar al rugby como herramienta de transformación social para jóvenes y adolescentes con necesidades sociales y económicas. Además, apunta a moderar los encuentros deportivos entre los equipos de jóvenes que se forman, apuntalarlos y acompañarlos en un proceso de cambio. En este sentido, el rugby se utiliza como mediador para generar vínculos, amistad y concientización.

El núcleo

La oficina de la organización es pequeña, pero está repleta de objetos que evocan las razones de su existencia. Varias cajas repartidas por todo el lugar cobijan una cantidad de botines y zapatillas de todos los colores que fueron donados por una marca deportiva. Cinco personas trabajan de manera permanente, pero muchas más son voluntarias y colaboradoras. Los asientos y la mesa donde Corleto y su equipo se reúnen para diagramar los programas y llevarlos adelante son de pallets y fueron diseñados por un colaborador de la Villa 31. Los corchos de las paredes están cubiertos por afiches de cada programa que se realizó y de las personas que participaron. Y en esa vorágine de objetos y recuerdos, una luz tenue pero firme ingresa por una suerte de glorieta minimalista que ilumina las ventanas hacia un pequeño patio donde los integrantes de Botines Solidarios dejan sus bicicletas.

Primeros pasos

La organización nació a fines de 2009, con el regreso de Corleto y una “idea latente” de ayudar. “Esa necesidad estuvo siempre en mí, y con la ayuda de lo que genera el rugby empecé a darle forma a esa idea”, explica. El rugby, como muchas otras disciplinas deportivas, encontró a un Corleto de 31 años que se retiraba de la actividad cuando la carrera laboral de muchas otras profesiones recién empieza.

“Uno termina de jugar y se siente un jubilado joven. Entonces te orientás hacia lo que sabés hacer”. Para su fortuna, en el momento en que la organización sembraba su primera semilla, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires estaba implementando un proyecto de desarrollo con jóvenes y adolescentes. Además, una amiga de su mujer también se acercó con la idea de llevar adelante un emprendimiento. Es así como el proyecto surgió como respuesta a una necesidad, solo restaba entonces articular un trabajo en equipo.

Una vez armado el proyecto, Corleto se aventuró por un nuevo camino, aunque todavía sosteniendo la mano del rugby. Dentro de las actividades de la organización, destaca que no apunta a la solidaridad como fin, sino a acompañar y encaminar a jóvenes que atraviesan necesidades sociales y económicas. “Botines Solidarios no es asistencialista, nosotros les damos las herramientas a los chicos, pero ellos son los propios actores de los cambios y las transformaciones que se van dando en ellos. La idea es que la comunidad donde viven también los adopte y que, con el tiempo, se tomen decisiones en conjunto”.

Corleto es amiguero y un hombre de familia. Gracias a esa herencia que deja el rugby y que se marca en la piel para siempre, supo armar su proyecto en conjunto y con amigos. Es así como cuando habla de Botines Solidarios remarca la función de “acompañar” y de “incluir”, dos máximas de este deporte de contacto.

Está casado con Jazmín Alcorta y es papá de Tobías (5) y Filipa (2 y medio). Con sus hijos comparte “todo”, hasta el rugby. Se define como “muy hogareño” y amante de los viajes, aunque su familia y la organización ocupan todo su tiempo y dejan poco para hobbies. Aun así, los amigos y el asado de fin de semana siempre están presentes.

Programas

La entidad se centra en tres programas: Rugby & Hockey en los Barrios, Libertad desde el Deporte y Fortalecimiento del Rugby Social Nacional. Pero los comienzos fueron otros. El primer programa (entre 2010 y 2012) se llamó Formando un Equipo – Villa 31 Rugby y Hockey Club, y arrancó en Puerto Pibes. “La idea era armar un equipo con chicos de diferentes barrios (Villa 31, Barracas, Chacharita) y, a partir de allí, generamos un proyecto con Fundación DAD (Desarrollo a través del Deporte). En una primera etapa se enseñaba a los chicos que nunca habían incursionado en este deporte y se orientaba a los que sí lo habían hecho. En una segunda, los más grandes les enseñaban a los más pequeños; y durante la última etapa, que está vigente en la actualidad, los mismos jugadores se hacen cargo del programa. Es así como los chicos que participaron desde el comienzo ya formaron su propio club: Villa 31 Rugby y Hockey Club.

En cuanto a los programas que se están llevando a cabo, Rugby & Hockey en los Barrios apunta a generar una red de esos dos deportes en los barrios más necesitados de la Capital Federal a nivel local y en las comunidades donde los jóvenes tengan un espacio para poder desarrollarse como personas y profundizar el cambio social en sus propias comunidades a nivel nacional.

Libertad desde el Deporte, en cambio, plantea generar un espacio de desarrollo integral (psico-social-físico y educativo) de los jóvenes que se encuentran en la cárcel para insertarlos en la sociedad. Uno de los principales objetivos de este programa es cambiar el paradigma de las personas en situación de encierro y apunta a la disminución de la violencia dentro de los penales, que los participantes cambien de actitud frente a las situaciones cotidianas y completen sus estudios, y bajar el número de reincidencia. “Es difícil el ambiente –reconoce–, pero los jóvenes siempre nos reciben con los brazos abiertos y son muy respetuosos con los que venimos de la calle”. Según explica, si bien algunos de los participantes tienen alguna idea de rugby, la mayoría encuentra un deporte ignorado, conoce nuevos compañeros y se golpea con lealtad. Aun así, llevar a cabo partidos sigue siendo una situación compleja. Botines Solidarios arma torneos entre cárceles y, de esta manera, incentiva a los presos. “Los chicos están muy contentos porque se encuentran con una situación que nunca esperaban. Además pueden salir para los torneos en otras cárceles. Creo que lo más importante es que sientan que no están olvidados, que tienen un nombre y un apellido. Y si no salen, que puedan vivir de una manera más digna”.

Por último, Fortalecimiento del Rugby Social Nacional busca aportar soluciones a las grandes problemáticas de quienes trabajan con el rugby como una herramienta de inclusión social en toda la Argentina y generar una oportunidad de sostenibilidad y proyección a todas esas pequeñas organizaciones y clubes que luchan para que su comunidad se desarrolle a través del rugby.

Rugby social

Uno de los pilares en los que se fundamenta Botines Solidarios es el “rugby social”. Un concepto que, según Corleto, no es tan sencillo de explicar: “El rugby social trabaja sobre jóvenes en situación de riesgo y vulnerabilidad, tomando a ese deporte como herramienta de inclusión social y valores”. Instaurado desde hace muchos años, es referente de toda aquella organización, club social o potrero donde se pueda jugar pero que no esté desarrollado. En este sentido, el ex Puma destaca la necesidad de ayuda tanto del sector público como del privado. “Tenemos muchas ganas de que los chicos conozcan el deporte y tengan un lugar de pertenencia. Por eso tratamos de articular los programas con todos los sectores”, reconoce. En la actualidad, tanto el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires como el de la provincia apoyan a la entidad. Este año, Nación también se sumó a este apoyo junto a empresas como el Banco Hipotecario, DirecTV, el HSBC y Weber. Todas estas empresas se comprometieron a hacer un trabajo anual con los programa aunque, para Corleto, un año es un lapso muy difícil  de sostener para una organización sin fines de lucro. En el ámbito deportivo, Botines Solidarios trabaja frecuentemente con la URBA y, en menor medida, con la UAR. Gracias a la ayuda de todas estas entidades, la organización también logró llevar a cabo algunas acciones a nivel nacional. En este sentido, en la sede de su oficina hay un mapa de la Argentina donde se marcan los clubes sociales que hay en el país. Allí llega la organización para moderar los juegos de rugby y fomentar el deporte en lugares donde casi no se lo practica. El objetivo es fortalecer todos estos lugares a través de encuentros regionales. A pesar de tener cierta presencia a nivel nacional, la organización se centra mayormente en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. El programa Rugby & Hockey en los Barrios, por ejemplo, involucra a siete barrios porteños: Cildáñez, Barracas, Villa Soldati, Villa 31, Los Piletones, Villa Lugano y Ciudad Oculta. A ellos se suman El Mercado y Las Flores, de Rosario.

Visión a futuro

Muchas veces, cuando una empresa u organización se fija los objetivos a futuro, estos suelen ser muy ambiciosos, sean económicos o sociales. En el caso de Botines Solidarios, el fin no tiene ambición de progreso para ella misma, sino de crecimiento y compañerismo para quienes participan. “Este año queremos fortalecer los programas que tenemos y concientizar a más personas sobre la importancia del rugby como herramienta de inclusión. Queremos que este deporte sea un ejemplo y que ayude mucho a los chicos que más lo necesitan. No tenemos en mente expandirnos por otros lugares, sino fortalecernos, ya sea con otras ONG o sectores. Hay mucho trabajo por hacer y es un camino muy largo”, concluye.