Samuel Stamateas es coach ejecutivo, director de un colegio secundario y de la Escuela Líder Coach Profesional. Aquí repasa algunos de los conceptos de su libro Lidera tu vida, claves para liberar tu poder.

¿Qué es para usted la RSE?

Es la conciencia de que las acciones que las empresas realizan tienen un impacto y no podemos cerrar los ojos frente a eso. Por eso necesitamos recuperar ese concepto. Sé que hasta donde tengo entendido hay una mayor conciencia. Pero los actos que realizamos tienen un impacto. Hoy pagamos precios en nuestro planeta por otros que no tuvieron nuestra conciencia. No solo se trata de pensar qué planeta les vamos a dejar a nuestros hijos, sino qué planeta hoy tenemos y ver qué aporte hacemos desde el lugar en el que estamos. Desde el individuo hasta las empresas. Todos tenemos una responsabilidad.

¿Cuáles son las claves que da para ser emprendedor?

Imaginarse dónde quisieras estar dentro de cinco años, por poner una fecha. Ayuda cerrar los ojos para no distraerse y dar rienda suelta a una herramienta poderosa que tenemos, que es la imaginación. De chicos teníamos piedra libre para la imaginación, porque nos preguntaban “¿Vos qué querés ser cuando seas grande?” y nos animábamos a soñar, pero a medida que crecimos, la cultura, la producción, el sistema educativo nos metió dentro de una caja de zapatos para decir “Esto sí, esto no”, y nos privaron de esta herramienta. Cerrá los ojos para conectar con la visión y decir dónde quisieras estar en cinco años, con quiénes, cómo te imaginas, qué haces, qué sentís, qué olés. Conectar los cinco sentidos a través de la imaginación y luego empezar a retroceder en el tiempo. Hace muchos años, corrí la maratón de Nueva York. Como emprendedor, o sea como corredor amateur, ¿pero qué hice? Compré un almanaque: marqué la fecha en la que se corría (5 de noviembre) y retrocedí en el tiempo y me armé un plan desde la fecha para atrás. Ya había ido al futuro y empecé a armar. “Este día tengo que correr 42, o sea que 15 días antes tengo que estar en los 37”, y así fui modificando para atrás. Ordené mi alimentación, el descanso, las salidas, el dinero. No es que estoy acá y voy al futuro. Andá al futuro y volvé: ya estuve. Cuanto más claro lo veas, más claro va a ser tu camino emprendedor. Vos ya lo viste, y cuando ya lo viste se te ordena todo. Tener un sueño, una meta, un propósito ordena nuestra vida. Qué es lo que más te apasiona, qué es lo que hacés, y el tiempo pasa volando. Qué es lo que te da resultado. Qué es lo que harías hasta gratis. Ahí está tu propósito. Andá por ese lado.

¿Qué es el éxito para usted?


El éxito es una construcción individual. Cada persona necesita construir y diseñar su definición del éxito; porque si no tengo en claro quién quiero ser, no voy a tener claro qué quiero hacer y por lo tanto qué quiero obtener. Cada persona necesita –y menciono en el libro– construir su propio diccionario en el que defina qué palabras corresponde incluir y cuáles no. El éxito tiene que ver más con un lugar a dónde ir, un camino que transitar. Y digo “transitar” y no “atravesar”. Las palabras no son inocentes, sino que están cargadas de mucho poder; de hecho, somos seres que nos construimos en nuestras palabras, y ellas sacan a la luz o revelan lo que pienso, creo, siento y sueño. Elegimos cada palabra que decimos porque ella nos representa. A veces decimos “Estoy atravesando un momento difícil”, y “atravesar” da la idea de alguien que sufre. “Transitar” es un camino que elegimos cada uno de nosotros. La felicidad –para mí el éxito es sinónimo de felicidad, de completitud– no es un lugar de destino, porque quizás no lleguemos nunca. Es una forma de vivir. Es más, la felicidad es una elección, elijo ser feliz, independientemente de las circunstancias que transito.

¿El éxito no está asociado con lo económico?

El éxito tiene vínculo con los valores y está muy relacionado con los valores de cada persona. Nosotros tenemos necesidades fundamentales que deben ser cubiertas. Si no tengo qué comer, no puedo pretender hablar de éxito o de metas a mediano y largo plazo. Pensemos en la gente que sí tiene las necesidades básicas cubiertas. Lo económico es un “medio para…”; nunca es un fin. Porque si digo que es un fin… bueno, cuánto es el fin. Nunca va a ser suficiente. Nosotros, todo lo que vemos lo pensamos en términos de que es un “medio para…”; un medio para el propósito. El propósito es eso para lo cual vivo, eso que me hace levantarme cada mañana, sin necesidad de que me obliguen. Me levanto con pasión. A veces a los empresarios les menciono que la vorágine del día a día no te llega a detener y ejercer un liderazgo consciente de decir “Estoy eligiendo esta forma de vida. Estoy eligiendo levantarme todo los días y vivir en automatismo”. Eso solo es recuperación conectando con el propósito. El dinero es un medio para un propósito. Las amistades son un medio y un fin en sí mismo, pero pensar que necesito dinero para ser feliz es una creencia limitante, porque si no lo tengo, no soy feliz o no puedo tener el éxito; y si lo tengo, la pregunta es “¿Dónde te detenés, cuánto es suficiente, de qué te sirve a vos si definimos el éxito como equis cantidad de dinero, de qué te sirve obtenerlo si en el camino te quedaste sin salud, afectos, amistades, sin familia?”. Entonces se trata de un estar yendo, como yo defino la vida.

¿Y el fracaso qué sería entonces?


El fracaso sería caer y no levantarse. Cualquier persona que diga que le tiene miedo al fracaso es una persona que ha abandonado sus sueños. El fracaso parte de la premisa de si logro capitalizar lo que sucedió. Si logro aprender algo de lo que sucedió, me puedo levantar cincuenta veces. Nosotros hablamos en los coaching del lugar del observador, si logro ver en una situación negativa algo positivo. Hay que descubrir algo positivo en algo negativo, pero eso habla de mi grandeza; porque digo “Esto que sucedió no es lo que quería, no es lo que anhelamos. Tengo dos opciones: o voy a sentarme, llorar, lamentarme y hacer de esto mi tumba; o ver qué puedo tomar para mi vida que me enriquezca, cómo puedo capitalizarlo para mí y para otros, y sigo adelante”. El fracaso es caerse y permanecer caído. No lo vuelvo a intentar. Nuestra mente nunca juega para nosotros, sino para ella. Entonces, si quiero mirar para el futuro, nuestra mente nos va a traer –como una especie de buscador– experiencias anteriores para justificar el “Quedate en tu zona de confort, si más o menos estás bien; para qué arriesgar; más vale malo conocido que bueno por conocer”.

En una sociedad, ¿todos podrían ser líderes?

Primero, cada uno tiene que ser líder de su propia vida. A veces, cuando decimos “líderes”, pensamos en Gandhi, John Kennedy o la Madre Teresa. Esos son megalíderes de grandes proyectos, pero cada uno es líder desde el momento en que puede intervenir en su mundo emocional. Si digo “Esta persona me saca”, quiere decir que no lidero mis emociones. Si voy a trabajar desanimado o con depresión, quiere decir que el trabajo que tengo y elegí influye sobre mi vida. Todos somos líderes, porque el liderazgo es alguien que es fuente de inspiración. Hago una distinción entre inspiración y motivación. Todos somos líderes porque hay alguien que nos mira siempre, no sabemos quién. A veces sí sabemos quiénes son, son los que nos “siguen”. Pero hay algunos que no te lo dicen y miran y admiran tu simpatía, tu don de gente, tu capacidad de relacionarte positivamente con los demás, tu lectura optimista. Uno que hace, inspira. Preparo una capacitación con responsabilidad, pasión y doy lo mejor de mí. Pero mi tarea es motivar, inspirar siendo responsable, creativo, jovial, dinámico. La motivación de la persona que me mira y escucha es su responsabilidad, porque la motivación es que la persona encuentre un motivo para accionar. “Te observé y me inspiraste: voy a terminar mi estudio”. Ya fuiste líder. Los padres son líderes de los hijos. Cada uno de nosotros somos líderes. Primero, liderar nuestra propia vida, porque si no, no puedo pretender ejercer influencia sobre los demás. Si lidero mis pensamientos, elijo lo que pienso; lidero mi hablar, “Uy, perdón, me se escapó, te pido perdón por lo que dije”. Liderar el vocabulario, las emociones. Si soy consciente de que estoy enojado, triste o feliz, eso también es liderar