El estudio realizado por Fundación SES sobre Juventudes y Pandemia muestra el carácter generacional de las desigualdades y cómo la pandemia puso sobre la mesa algunas de las dificultades en el acceso pleno a derechos de adolescentes y jóvenes.

“Nativos de las tecnologías” “abúlicos” “sólo se vinculan entre pares” “millennials” “centennials” “nini”. El mundo adulto nombra y adjetiva constantemente a las juventudes. Necesitamos entenderlas, comprenderlas, medirlas y conocer el porqué de sus elecciones. Pero esto lo solemos hacer desde nuestro paradigma adultocéntrico, es decir desde un juicio centrado en la edad adulta, como si fuera el mejor parámetro para evaluar la realidad, desde la “madurez”, como si esta fuera la meta privilegiada a alcanzar.

En el reciente relevamiento realizado las juventudes manifiestan que sus necesidades principales se relacionan con el acompañamiento, la educación y la contención. Este contexto impacta en sus proyectos personales, tanto en el plano social, como educativo y laboral y resulta clave recuperar sus espacios de socialización.

Hablar de Juventudes, supone hablar de jóvenes expuestos a diversos grados de vulnerabilidad y exclusión; relacionadas a su clase, etnia y géneros. Y al mismo tiempo supone hablar sus conquistas, sus deseos, sus luchas, sus formas de hacer y ser tan propias. Por eso el sujeto joven es diverso y dinámico en los tiempos, pero transformador y auténtico en su sentido, cualidades que el mundo adulto admira y teme al mismo tiempo.
Es sabido que las instituciones condicionan y moldean el proceso de socialización. Ser parte de una familia, de una comunidad, de una institución, son soportes para la construcción de las subjetividades que se trazan en las adolescencias y juventudes. El mundo adulto ocupa un espacio central en este proceso de construcción de la subjetividad que realizan adolescentes y jóvenes.

Este rol es toda una oportunidad: ser mejores adultos y adultas con nuestras juventudes promueve un mejor desarrollo de ellas. Donde exista un/a joven, debe haber instituciones, políticas y adultos/as para acompañar y escuchar. La falta de respuesta, la falta de presencia es el vacío y “lo contrario del amor no es el odio sino la indiferencia” (La causa de los Adolescentes, 1960).