Hace algunas semanas se conocía la noticia de que Oxfam, una confederación que agrupa cerca de 20 organizaciones del mundo, cerrará 18 oficinas -que equivalen a 1450 puestos de trabajo- quedando sólo operativa en 48 de los 90 países en los que tiene presencia. El motivo es la imposibilidad que tienen de hacer campañas en vía pública y/o realizar eventos para recaudar fondos debido al Covid-19, y la disminución de los ingresos de ventas de empresas que colaboran.

En España, en tanto, la organización Plataforma del Tercer Sector, que agrupa a varias organizaciones de dicho país, plantea el peligro que representa para su actividad la disminución del financiamiento por parte de su Gobierno. Del mismo modo, existen iniciativas de la sociedad civil alrededor del mundo que exigen fondos a los principales organismos internacionales para poder ejecutar las acciones diseñadas con el objetivo de asistir a los sectores más expuestos del mundo.

La pandemia que estamos viviendo, además de provocar crisis humanitaria, económica y social en todo el mundo, vino a cristalizar un problema que las Organizaciones de la Sociedad Civil tienen hace varios años: la inestabilidad financiera y la falta de un modelo de recaudación sostenible a largo plazo. En este contexto, mucha de la ayuda que las ONGs reciben se ve disminuida: desde la recaudación por donaciones de ciudadanos hasta la colaboración de las áreas de Responsabilidad Social de las empresas o fondos entregados por el Estado u organismos públicos.

La mayor preocupación es que desde estos espacios se asiste, principalmente, a los sectores más vulnerables y afectados. Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), durante los últimos 3 meses, 29 países de la región adoptaron 126 medidas de protección social para ayudar a los hogares más pobres y precarizados a hacer frente a la pandemia. Gran parte de estas medidas, cuentan con la colaboración y participación de las organizaciones de la sociedad civil.  De allí la importancia de que éstas trabajen con modelos de ingresos autónomos que garanticen su sostenibilidad, sobre todo, en épocas complejas.

Modelos de sostenibilidad para una nueva generación de ONGs

La inestabilidad financiera es una complicación frecuente para las Organizaciones No Gubernamentales de todo el mundo, debido a que, muchas de ellas, dependen de cooperación internacional, grandes donaciones, subsidios y/o ayuda de las empresas; todos ingresos que pueden desaparecer rápidamente.

“Estamos impulsando una nueva generación de ONGs con base tecnológica que llamamos ONG-A, que son profesionales, eficientes, innovadoras, de alto impacto y que también tienen la capacidad de generar un retorno económico gracias a sus fuentes de ingreso sólidas, como estrategias de donantes individuales o modelos de sostenibilidad alternativos como la venta de productos o servicios de impacto social”, explica Mario Roset, CEO y co-fundador de Civic House, una organización sin fines de lucro internacional que ofrece un espacio de creación y colaboración para impulsar e integrar iniciativas y organizaciones de innovación cívica de alto impacto, promoviendo y acompañando su sostenibilidad.

Para alcanzar este objetivo, Civic House genera una comunidad de apoyo entre sus diferentes organizaciones miembro: ofrecen una estructura contable y financiera, y brindan asesoramiento en el desarrollo de los proyectos. Además, proponen desarrollar un enfoque innovador de Inversión Circular, que permitiría financiar nuevas iniciativas que tengan un modelo de sostenibilidad alternativo, fortaleciendo a todo el ecosistema de la tecnología cívica mediante reinversiones cíclicas y generando un retorno económico que mantendría el ciclo activo. Todo esto, sin fines de lucro. “La manera en que se fondea a las ONGs necesita cambiar. La Inversión Circular es el camino sólido hacia la autonomía financiera y la maximización del impacto”, explica Roset, quien aclara que, de todos modos, la clave está en diversificar entre este tipo de fondo de inversión circular y otros ingresos como la prestación de servicios.

En este sentido, en estos tiempos de cuarentena y aislamiento, es fundamental reforzar las donaciones recurrentes que generan ingresos estables y fijos. Y, a su vez, diseñar productos o servicios innovadores que aporten valor es esencial. “Esto les permite a las ONGs mantenerse cerca de los problemas que intentan abordar. Si estos productos o servicios realmente agregan valor, la validación será inmediata y las ventas son un termómetro bastante preciso para entender si estamos aportando realmente valor y si podemos hacer crecer cada servicio o producto”, suma el CEO de Civic House, organización cuya comunidad cívica está conformada por Donar Online, Change.org, Wingu, ADA, Kubadili y Fonselp.

Desde este nuevo enfoque, las grandes donaciones o fondos de cooperación son el capital semilla mientras que el modelo de Inversión Circular es la solución para el financiamiento a largo plazo. El desafío por delante es transformar la financiación de proyectos sociales, dado que la mayoría de las ONGs todavía están trabajando bajo modelos de ingresos no autónomos. El retorno económico que producen las ONGs sostenibles puede invertirse en otras ONGs con fuentes de ingresos potencialmente sostenibles, generando, eventualmente, un retorno económico para introducirse en este ciclo continuo de inversión social.

“El reto que plantea nuestra realidad actual es que las ONGs dejen de trabajar con modelos de ingresos dependientes que, en muchos casos, generan inestabilidad. La pandemia abre la posibilidad de construir una nueva generación de organizaciones autónomas, innovadoras y modernas capaces de seguir cumpliendo su labor, aun en los momentos más críticos”, finaliza Roset.