Sin importar su raza, los perros son considerados los mejores amigos del ser humano: son fieles, protectores, cuidadores y cariñosos, sobre todo con los pequeños de la casa. Además de ser excelentes compañeros de juego, los niños que conviven con perros tienden a desarrollar mayor sentido de responsabilidad, así como la empatía, amor y respeto no sólo a los animales, si no a todas las personas en general.

Según un estudio1 realizado por la Fundación Affinity los beneficios en el desarrollo infantil se traducen en una oportunidad de aprender sobre responsabilidades, cariño, respeto y comunicación. Además, juegan un rol aún más importante, ya que contribuye en el desarrollo educativo y social, aumenta el autoestima y mejora la integración social.

Las mascotas también representan un soporte emocional, aportando un referente de ayuda a otros, generosidad y cooperación, por lo que el primer concepto que asocia la mayoría de los pequeños con sus perros es el de “cuidar”, seguido de “jugar” y “alimentar”.

“Un perro es un gran compañero que requiere cariño, ejercicio y disciplina. Incluir a una mascota en la dinámica diaria de los niños permite que los valores que aprenda en su relación con un perro, los puede extrapolar después hacia otras personas, mejorando su proceso de socialización”, detalló Eduardo Baer, cofundador de DogHero.

Para lograrlo, es necesario reconocer que el proceso de educación y adaptación entre hijos y cachorros necesita del acompañamiento de los padres, requiere delegar responsabilidades conforme a su edad, e inculcar el respeto y la empatía en el niño, al vincularlo a las responsabilidades de sus mascotas. Por esa razón, DogHero recomienda algunas consideraciones a tener en cuenta, a la hora de sumar un perro a la familia: la edad y la estrategia, son dos factores claves.