La educadora Ariana De Vincenzi, Rectora de la Escuela Argentina de Negocios (EAN), explica la manera en que la institución que dirige trabaja desde la responsabilidad social universitaria para generar conocimiento innovador y formar profesionales emprendedores.

“Trato de sacar de cada alumno lo mejor de sí mismo. Me preocupo por que cada uno concrete su mejor producción, soy muy insistente en el hecho de que no estén solo detrás de la evaluación, para que aprovechen al máximo lo que uno intenta mostrarles”, cuenta Ariana De Vincenzi, Rectora de la Escuela Argentina de Negocios (EAN), institución universitaria en cuyos propósitos fundantes se encuentra el producir conocimiento en torno a las ciencias de la administración y en cuya misión está implicado el formar emprendedores cuyas acciones contribuyan a un desarrollo social y económico de la comunidad y tengan basamento en la responsabilidad social universitaria. Para De Vincenzi, Especialista y Magíster en Educación, el mismo cuidado con el que se trata al alumnado es el que se tiene con los empresarios que se acercan a la institución para que allí, a través de programas específicos, se encuentren soluciones a algunos problemas técnicos de sus emprendimientos. De esta manera, se ponen en juego valores centrales de la EAN, como el trabajar en alianza con el sector productivo y generar conocimiento innovador en relación al desarrollo.

¿Cómo diría que se vincula la institución con el paradigma de la sustentabilidad y la llamada responsabilidad social empresarial?

Lo interesante de la EAN, como instituto universitario, es que en su misión está incluida la responsabilidad social. Esta misión es la capacitación de profesionales emprendedores, que puedan liderar proyectos en contextos globales complejos, sobre la base de un modelo de gestión sustentado en la responsabilidad social. Se manifiesta con un profundo compromiso con el desarrollo social y económico. Ya nuestra misión la convoca explícitamente. Y en nuestra institución no se concibe a la RS como un programa, como sucede en otras, sino como una política de gestión. Es parte de nuestro proyecto organizacional, que me gusta presentarlo como la intersección entre las tres grandes funciones que asume la universidad: docencia, investigación y extensión. El punto de intersección, justamente, de estas tres funciones, es la responsabilidad social universitaria (RSU).

“La RSU tiene sus raíces en el concepto de RSE. Está implícito en el documento fundacional de la institución y es acorde al principio de nuestros valores “, asegura la Rectora y da cuenta del origen del concepto, basado en ideas del filósofo francés François Vallaeys, para quien la RSU es una política de gestión de la calidad ética de la universidad que busca alinear gestión, docencia, investigación y extensión con la misión universitaria, sus valores y compromiso social. Esto se lleva a cabo a través de la búsqueda de una congruencia institucional, donde toda la comunidad educativa tenga participación directa en acciones conjuntas con diferentes actores sociales con fines de lograr solución de problemas de exclusión, inequidad y sostenibilidad. “La política de RSU se ejecuta en distintas acciones, algunas, como las prácticas profesionales, que son curriculares y obligatorias, para formar profesionales comprometidos”, agrega De Vincenzi, antes de aclarar que quienes cursan en EAN también tienen prácticas profesionales obligatorias que incluyen el trabajo social en zonas vulnerables.

¿Cómo surge institucionalmente este vínculo directo con lo social?

La realidad es que la EAN es una institución joven, nace ya en un contexto democrático, donde hay una fuerte perspectiva de empoderamiento de la comunidad, una mayor accesibilidad a la educación universitaria, no como posibilidad para algunos, sino como un derecho universal. Hay un proceso de masificación de la educación superior, que convoca a democratizar el conocimiento. Y con esto, el proyecto fundacional de la EAN instaura el principio de inclusión social con calidad educativa. Desde este punto de vista, para ser una propuesta inclusiva tiene que tener una absoluta alianza con la sociedad, con su medio. En nuestros principios se establece ese vínculo, en relación dialéctica, de satisfacer necesidades mutuas, para tener beneficios conjuntos.

¿Cómo se materializa ese vínculo?

Nuestra institución cuenta con un Consejo Consultivo, conformado por grupos de interés social, empresas y organismos no gubernamentales. Y desde la universidad se convoca a que todo aquel actor social que desee emprender encuentre aquí un espacio para lograrlo, no lucrativo. Aquí se incubará su emprendimiento hasta que alcance el nivel suficiente de madurez, con el cual se evidenciarán sus formas de sustentación económica. Entonces, la RSU se considera explícitamente en la misión de EAN como enfoque para la gestión del ejercicio profesional de nuestros graduados, contribuyendo al desarrollo social y económico de la comunidad. Así está establecido. Y así se lleva a cabo.

¿Qué más diría de la RSU?

RSU es concretamente una política adoptada por la EAN para gestionar el impacto de todos los procesos que se desarrollan en la institución, tanto en su propia comunidad educativa como en su contexto de intervención social. Lo que supone es una revisión integral sobre la manera en que respondemos a las necesidades sociales, tomando como punto de referencia nuestra misión institucional y las acciones desarrolladas para su concreción.

Para detallar la forma en que se expresa integralmente este concepto, la Rectora explica que se opera en tres niveles. El primero tiene que ver con lo que denominan “Construcción de una cultura organizacional emprendedora”. Para ello realizan reuniones bimensuales del personal docente y no docente donde se promueven espacios de trabajo cooperativo y se discuten planes institucionales que favorezcan la autogestión de proyectos que contribuyan a la innovación, al cambio para la mejora y al sentido de pertenencia institucional. Es en relación con este punto que conformaron el mencionado Consejo Consultivo, integrado por doce instituciones externas a la EAN, que se reúnen tres veces al año para debatir sobre temas vinculados con el desarrollo institucional y su congruencia con las necesidades sociales. Además, desde 2015 les dieron funcionamiento a Comisiones de Autoevaluación Permanente (CAP), integradas por estudiantes de cada carrera, el director de cada una de ellas y distintos profesores, donde se discuten temas de vida académica y promoción del bienestar universitario. El segundo nivel es el de la “Formación ciudadana de los estudiantes y empoderamiento comunitario”. En ese sentido, implementan proyectos de integración curricular por los cuales los alumnos aprenden en torno a casos reales presentados por pymes, además de participar de actividades de aprendizaje y servicio solidario en comunidades en situación de vulnerabilidad económica social. Y en tercer lugar, anualmente, se implementa una “Gestión social del conocimiento”, por la cual la institución prioriza la transferencia de los resultados al mejoramiento de las empresas, además de realizar, entre otras acciones, una jornada de management y negocios como espacio de divulgación académica y profesional, tanto como charlas y jornadas gratuitas a cargo de personalidades que se destacan por sus emprendimientos innovadores y su compromiso social.

Se trata de evitar, eso sí, la filantropía y toda forma de asistencialismo, ¿es así?

Sí, en todos los casos se procura que los proyectos o las acciones que se ejecutan desde la institución respondan a una relación de ganancia de todas las partes, evitando los comportamientos filantrópicos que desdibujan el auténtico significado de la responsabilidad social. Para dar ejemplos precisos, hay ciertos trabajos que evidencian este encuadre. En el estudio de casos reales de empresas que se acercan a la institución buscando respuestas a sus problemas, estos proyectos se desarrollan desde asignaturas de nuestras carreras, con la participación activa de estudiantes bajo la tutoría de profesores y en interacción con contenidos y recursos que emergen de los contextos reales. Y por el lado de las empresas, se ven beneficiadas con prácticas de asesoramiento que ofrecen los estudiantes a los gerentes. Entre algunas de las firmas con las que trabajamos están Juegos Ruibal, Helados SeiTu y Transporte Vesprin, además de organismos como Fundación Techo. Por otra parte, en referencia a los proyectos de acción comunitaria, el objetivo que tienen es doble: el aprendizaje situado de los alumnos y el empoderamiento de una comunidad en aspectos vinculados a emprendimientos y desarrollo social. Actualmente se está desarrollando un proyecto de acción comunitaria con la Cooperativa Agrícola Río Paraná para la comercialización de su yerba mate Titraijú. De este modo priorizamos el desarrollo de competencias como la actividad cooperativa, el servicio social, la autogestión participativa y la resolución de problemas vinculados con el desarrollo social sustentable. Por todo esto, bien lejos estamos de la mera filantropía.

¿Qué casos la han sorprendido más de esta forma de trabajo entre empresas y alumnos? ¿Por qué?

Ante todo disfruto viendo cómo los alumnos progresivamente significan los aprendizajes. Es decir, cómo descubren a partir de la interacción dialéctica entre la teoría y la práctica, el sentido y la utilidad de los contenidos curriculares. En este tipo de proyectos donde los estudiantes aprenden en contacto con empresas y sus problemáticas, se identifican con claridad una serie de ventajas. Se eleva el nivel de motivación del alumno por aprender, se advierte mayor esfuerzo y constancia en la consecución de los objetivos propuestos. Además, aprenden a resolver problemas diversos, indeterminados y complejos a diferencia de los problemas controlados propuestos por el profesor como ejercicios simulados en clase. Este tipo de proyecto exige un trabajo en equipo que favorece el aprendizaje colaborativo y situado. De esta forma, como venimos hablando, se refuerza la conciencia social de los alumnos, quienes deben enfrentarse con las resistencias que impone el contexto real en el que se insertan las empresas. Y, por otra parte, se espera que expliciten el impacto social de sus propuestas para resolver los problemas que convocan los proyectos formativos. Por último, se advierte un mayor grado de creatividad en los estudiantes al no existir respuestas predeterminadas para los problemas que proponen los empresarios, debiendo encontrar soluciones diversas conforme las expectativas que se plantean en cada situación.

¿Qué siente de esta época en cuanto a la presencia de la RSE en el mundo empresario con cada vez más fuerza?

Creo que existen algunas empresas que confunden la responsabilidad social con acciones filantrópicas que, en general, abonan al marketing institucional. Pero también existen otras tantas que trabajan con un fuerte compromiso ético con el desarrollo de las personas que integran su propia comunidad institucional y con el desarrollo de la comunidad local en la que se insertan. En EAN hemos incorporado una Diplomatura sobre Responsabilidad Social Empresaria al advertir una fuerte demanda de gerentes de pequeñas y medianas empresas interesados en capacitarse para desarrollar estrategias que cualifiquen el comportamiento de sus organizaciones, a favor de una economía del bien común que promueva el desarrollo social sustentable.

¿Qué es lo que más ha aprendido de su trabajo al frente de EAN? Y ¿qué siente que, personalmente, le ha aportado usted a la institución?

A los 20 años comencé a involucrarme en el desarrollo de trabajos comunitarios. Participé de proyectos de acción social siendo estudiante universitaria y durante diez años tuve la oportunidad de trabajar en un proyecto de universidades de diferentes países latinoamericanos, propuesto por la OEA a través de la Comisión Internacional para el Control del Abuso de Drogas (CICAD). Ese proyecto me permitió interactuar con adultos y niños de comunidades insertas en contextos de alta vulnerabilidad social. Se trató de un fuerte trabajo de empoderamiento comunitario, principalmente con niños en edad escolar, para fortalecer sus habilidades personales, sociales y sus conocimientos acerca del cuidado de la salud, con la intención de alejarlos de los diferentes flagelos asociados al uso y abuso de drogas. Esta modalidad de trabajo debería ser parte de las experiencias que adquieran los estudiantes en las universidades, ya que el acento de ellas está puesto en la solidaridad y no en el asistencialismo. En este sentido, estamos trabajando en EAN, intentando promover en los estudiantes el compromiso y la responsabilidad social empresaria.

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ARIANA DE VINCENZI

* Su familia: Madre y padre educadores; dos hermanos; tres hijos.

* Colegio: Washington School.

* Universidad: Católica Argentina (título: Profesora y Licenciada en Ciencias de la Educación); San Andrés (título: Especialista y Magíster en Educación con orientación en Gestión Educativa. Doctorando en Educación).

* Otros idiomas: Inglés y francés.

* Personaje histórico preferido: “Mahatma Gandhi, porque representa valores y cualidades con las que comulgo y procuro incorporar en mi accionar: su pasión, convicción y perseverancia en la lucha por alcanzar sus ideales. El amor y el testimonio en su discurso y en su acción. La búsqueda incansable de la igualdad social y la paz. Su liderazgo en la efectiva implementación de un proyecto de vida”.

* Un contemporáneo que admire: “Steve Jobs, porque sus cualidades intelectuales complementan las que destaqué en Gandhi como referente en el comportamiento social. Su permanente búsqueda de la excelencia y la innovación. Su disciplina y autoexigencia. Su capacidad visionaria”.

* Hobbies: Correr.

* Rasgo como docente: “Expeditiva; seguimiento personalizado de los estudiantes”.

* Un momento especial en su vida: “El nacimiento de mis hijos”.

* Libro académico: Cogniciones distribuidas, de Gavriel Salomon.

* ¿Qué le falta a la educación argentina?: “Intensificarla en valores y el respeto por la diversidad cultural. Promover la capacidad de asertividad en los niños y jóvenes potenciando sus derechos y su libertad de elección en la vida. Y favorecer el pensamiento crítico e innovador, y la gestión del talento singular de cada estudiante”.

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PRINCIPIOS

La Escuela Argentina de Negocios define en su proyecto institucional cuatro principios que enmarcan y sustentan su modelo de gobierno y gestión:

  • La formación humanística.
  • La significatividad del contexto social en la propuesta educativa.
  • La participación plural en la construcción de un proyecto de calidad, innovación e inclusión.
  • La respuesta a las demandas de la sociedad y el sector productivo.

 

Este encuadre filosófico institucional impregna la orientación de los proyectos o las acciones que se implementan en EAN, exigiendo a los actores institucionales la toma de conciencia de las posibilidades de la institución y de las necesidades del entorno, para dar respuestas éticas y responsables.