El trabajo comunitario como solución. Marité Costantini, Presidenta de Fundación Nordelta

La Fundación Nordelta cumple su primer cuarto de siglo. Desde su concepción, buscó tender puentes entre comunidades cercanas, vincularlas y conseguir que se enriquezcan mutuamente. El desafío, enfocado sobre todo a la educación como llave a las oportunidades, continúa.

Hace un cuarto de siglo, en la zona norte del conurbano bonaerense, la visión de Eduardo Costantini dio pie al surgimiento de uno de los barrios más exclusivos y expansivos del país. Nordelta, cuya planificación y crecimiento, en realidad, la convierten en una ciudad-pueblo más que un barrio privado de los tantos que luego proliferaron en la región, se encuentra cerca de otras comunidades menos favorecidas, con las que la interacción y el intercambio son cotidianos.

Pra impulsar este vínculo surgió Fundación Nordelta, cuya presidencia está a cargo de  Marité, hija de Eduardo Costantini, quien fue educada en un colegio religioso, pasionista, y con influencias de su abuela paterna, de intensa actividad social y asistencial en San Isidro. Pronto desarrolló sus propias ideas sobre el trabajo social, se recibió de profesora para personas ciegas, se especializó en estimulación temprana y trabajó en el Hospital de Niños hasta que comenzó su labor en la Fundación que hoy preside.

– Nos presentamos a la red de instituciones del barrio, donde participan muchas organizaciones de base, los merenderos, las escuelas, las sociedades fomento, también organismos de la municipalidad, centros de salud. Nos presentamos para contar qué iba a ser Nordelta, sin ser todavía nosotros una fundación, sino para escuchar un poco cuáles eran las necesidades por las que ellos estaban atravesando y contarles cuál era el proyecto de esta ciudad-pueblo. Los primeros temas que surgieron fueron el agua potable, que les preocupaba un montón, y el empleo. Así que las primeras acciones fueron elegir con la comunidad dónde poner un tanque de agua para abastecer a mil quinientas familias, y dónde colocar las canillas. Fue un trabajo comunitario muy lindo.

– Son temas que ya te interpelaban desde antes

– Sí, aunque siempre me dicen que mi vocación comenzó por mi abuela, que hizo muchas cosas en San Isidro, muy ligada a la iglesia y las damas rosadas, yo creo que me la transmitieron mis padres y el colegio. Estaba esa enseñanza de mirar al otro y que no todos tenemos las mismas realidades. Es importante tener en cuenta qué les pasa a los demás, porque uno no elige dónde nacer. Yo tuve muchas oportunidades, acceso a una educación de calidad, a una casa, a una familia, no tuve que preocuparme por qué comer o que haya alimento en la mesa, es una realidad totalmente distinta de la que atraviesan aún hoy miles y millones de familias.

– No siempre es sencillo poder mirar por fuera de la realidad propia y darse cuenta de que no todos viven como vive uno…

– A mí me surgió por el tema religioso, admiré siempre a San Francisco de Asís, que también era una persona que había nacido con muchas oportunidades en su familia. Y sentí responsabilidad, que es lo que también le transmitimos a nuestros hijos. Tuve esto, entonces también tengo la responsabilidad de transformar un poco y dejar este mundo mejor de lo que lo encontré.

– La oportunidad que se abrió para conformar fundación Nordelta te permitió encauzar tus inquietudes y proyectos, ¿no?

– Sí, la verdad que aprendí todo en la Fundación Nordelta. Gracias a las primeras personas con las que armamos equipo fue que empecé a ver el trabajo social desde otro lugar. Es con el otro que se construye la solución a los problemas. Desde la iglesia, tal vez el enfoque es más “Como yo tengo, tengo que dar”. En el trabajo social es otra cosa, es una construcción con el otro. Todos tenemos algo para dar y se construye desde ahí. Esa fue la filosofía de la fundación desde el inicio, en cada programa que hicimos: trabajo en equipo, trabajo de voluntarios, que se sumaron enseguida desde Nordelta. Cada uno, desde su profesión, terminó haciendo esto que es hoy la fundación. Mi sueño más de chica era ir a comunidades vulnerables en el norte o ir a África, y eso lo pude hacer con mis hijos, ya de grande. Pero la fundación hoy es mi segunda casa.

– Cumplen 25 años, una cifra que quizás te invita a ver para atrás el camino recorrido y lo que se logró…

– Sí, el lema de este año, que sintetiza lo que es la fundación, es “Uniendo comunidades”. Creo que lo diferente que tiene la fundación es la riqueza de hacerlo con esta comunidad de Nordelta. Es una comunidad que tiene un montón de oportunidades y que elige, aunque veces no es tan fácil, mirar a su alrededor. Empezamos en el barrio Las Tunas, y después nos ampliamos a otras comunidades por pedido de las familias de Nordelta, porque al crecer se fue acercando a lugares como San Luis, El Alge y Lucero. Querían escuchar las necesidades de estas comunidades. El balance, en definitiva, es que es posible encontrarse. La fundación es encuentro. Ya con tantos años de trabajo compartido, tengo una relación con las familias, con los voluntarios, con los destinatarios de los programas y con el equipo. Creo que eso es lo más lindo que tiene, más allá de las historias personales.

– ¿Cuánta gente pasó por la fundación?

– Al principio no teníamos una sede, entonces se trabajaba directamente en los merenderos, en el centro de nutrición, y es más difícil de cuantificar el impacto de aquel momento para nosotros. Pero, a partir de que abrimos nuestra casa, que es un centro educativo en Las Tunas, pasan alrededor de setecientas familias por año en los distintos programas. En todos estos años fueron miles, que nos enseñaron y, a raíz de ese aprendizaje, fuimos transformando los programas, porque siempre se escucha cuál es la necesidad que tiene la comunidad.

– Iniciaron con cuatro áreas fundamentales: Salud, educación, desarrollo comunitario y capacitación y empleo, ¿siguen siendo esos los focos?

– En realidad, ahora las dividimos principalmente por edades. Abordamos los programas clasificando a los chicos en Primera infancia, Niñez, y Adolescencia y juventud. Y el foco está puesto en la educación. En primera infancia, hay doscientos niños o más por año que vienen junto a sus mamás a espacios de acompañamiento en la crianza. Después, en niñez, tenemos programas de contraturno, a los que los chicos vienen tres veces por semana. Y en adolescencia acompañamos a que los chicos no abandonen el secundario. Lo que se trata es de acompañar las trayectorias educativas a través de programas que incluyen también al fútbol, al hockey, la iniciación deportiva, el arte. Se trata de acompañar para que los chicos logren tener un proyecto de vida y, con estas oportunidades, puedan elegir en libertad. La libertad que te da la educación. También trabajamos en escuelas públicas, como la 21, la 39, con programas de alfabetización. Brindamos, además, un apoyo escolar en San Luis. Es un montón lo que hace la fundación.

– Si bien la fundación y la empresa son cosas diferentes, a pesar de compartir nombre y del origen de una por iniciativa de la otra, ¿reciben algún tipo de apoyo de parte de la empresa? ¿Trabajan en algunas acciones en conjunto?

– Sí, la empresa es una de las donantes principales. Pero el sostén de la fundación son los vecinos de Nordelta que aportan a través sus expensas. No todos los vecinos lo hacen, porque es libre y pueden elegir hacerlo o no. Es un ingreso muy importante para la fundación. Otros empresarios que viven en Nordelta, o empresas que tienen que ver con Nordelta, también colaboran con la fundación. Si bien no es una fundación empresaria, recibimos mucho apoyo del directorio, de los empleados, no sólo en recursos económicos, sino también muchas veces en recursos humanos y acciones en conjunto.

– ¿Con qué organizaciones u otras compañías suelen hacer acciones o trabajar en conjunto?

– Con muchas organizaciones sociales. Por ejemplo, trabajamos en alianza con todas las ONGs que trabajan en Las Tunas. Ahora tenemos un programa de inclusión laboral para los jóvenes y el primer empleo, así que convocamos a otras ONGs expertas en eso. Yo creo mucho en el trabajo en red, entonces acudimos a la Fundación FORGE, a Potrero Digital, a la Fundación María de Guadalupe, a Empujar, a Cáritas y a Discar como para que se sumen a este programa.  Lo más lindo de ese programa es que también participa la Asociación Vecinal Nordelta, a la que se unen muchas empresas que se suman a dar la oportunidad laboral a los jóvenes.Y después trabajamos en alianza con el municipio de Tigre, con la dirección de discapacidad, de educación. Tenemos un programa muy lindo de rugby, y ahí trabajamos con Delta Rugby y el club Pueyrredón. En la escuela 21 implementamos un programa de alfabetización. Hacemos muchas cosas en alianza con Vivienda Digna para la donación de materiales.

– ¿Cuánta gente trabaja en la fundación hoy?

– Actualmente, trabajan 45 personas, contando a los docentes, que son todos rentados. También tenemos más de cien voluntarios. En el programa para terminar el secundario, que se llama Becas, cada chico tiene un mentor, y son todos voluntarios. Este año tenemos más de 70 chicos en ese y muchos no pudieron entrar, así que hay una necesidad muy grande de este acompañamiento. Más allá de la ayuda económica, que es simbólica, los chicos buscan mucho este espacio de ir a la fundación y después de ser acompañados por un mentor.

– Este año, ¿qué objetivos tienen?

– Por un lado, nos enfocamos en los eventos que organizamos. El 7 de mayo tuvimos La noche solidaria. Es un evento que se hace desde 2004 y convoca a los vecinos, a empresas, a los voluntarios. Es el evento más importante de recaudación de fondos, pero también de poder transmitir lo que hace la fundación todos los días. Vamos a hacer también otros eventos, como un torneo de golf, alguna celebración en las comunidades, en Las Tunas, en San Luis, eventos lindos comunitarios para celebrar todo el trabajo de estos años. Por fuera de eso, el objetivo es seguir afianzando los programas en educación. Creamos un comité especializado en educación, que son directoras de los colegios de Nordelta que ya están jubiladas, con quienes empezamos las primeras reuniones para seguir profundizando, porque la educación presenta desafíos todos los días, va cambiando todo el tiempo, y nos parecía importante poner la mirada ahí. Este año cambiaron las autoridades de la Comisión Directiva, así que también estamos trabajando en eso. Y siempre tratamos de recaudar más fondos para poder llegar a más personas.

– ¿Algún objetivo a largo plazo, aparte de los mencionados?

– Queremos llegar a más jóvenes de Nordelta. Casi todos los voluntarios que tenemos en la actualidad son personas más grandes, y tenemos el gran desafío de que esto continúe y pase a las nuevas generaciones. Los colegios de Nordelta colaboran un montón en ese sentido. Del Northlands, por ejemplo, vienen los chicos todos los meses. Queremos seguir transmitiendo este espíritu para que la fundación siga tal como era el sueño hace veinticinco años: que esté ahí para lo que se necesite. Ojalá pudiéramos decir que ya no son necesarias las ONGs, pero todavía queda mucho por hacer.

 

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