Al adquirir un nuevo dispositivo estamos tan pendientes de explorar todas las funcionalidades que olvidamos qué hacer con el celular viejo, el monitor usado o el televisor roto.

El desarrollo tecnológico y la oferta constante del mercado provocan un permanente recambio de artefactos eléctricos y electrónicos que consumimos en nuestra vida diaria. Nuevas funciones, diseños y modelos impulsan la compra de los dispositivos más recientes y al mismo tiempo, los aparatos que estaban en uso son desechados.

Esta tendencia de economía lineal (producir, consumir y tirar) ha presionado al máximo los recursos de la Tierra, dejando al descubierto uno de los mayores problemas ambientales: la generación de una gran cantidad de residuos electrónicos que no se reciclan a través de métodos eficaces y seguros.

El informe sectorial publicado por iniciativa de siete entidades de la ONU, entre las que destaca la Universidad de las Naciones Unidas y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, confirma el alarmante aumento de desechos electrónicos y electrodomésticos.

A nivel mundial, cada año se generan aproximadamente 50 millones de toneladas de este tipo de desechos, de los cuales el 80% de ellos acaba en basurales a cielo abierto o como relleno sanitario sin la gestión del reciclaje adecuado.

En Argentina, según datos de Greenpeace, cada habitante genera siete kilogramos de residuos electrónicos por año, cifra que representa 300.000 toneladas de las que solo se reciclan aproximadamente 10 mil.

Argentina es el tercer país generador de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE)  de América Latina, después de Brasil y México. Los RAEE´s contienen sustancias químicas que contaminan el medio ambiente al mezclarse con el resto de la basura, desprendiendo metales tóxicos perjudiciales para la salud.