Para canalizar su energía, sus padres lo anotaron en un taller de teatro, y durante una improvisación se enamoró de la actuación. Tiene una extensa carrera, tanto en teatro como en TV, que lo hizo acreedor de muchos premios y lo convirtió en uno de los mejores actores de su generación.

Joaquín Furriel trasciende el estereotipo de “galán de telenovelas” o el de “actor serio”, o cualquier otro. Es alguien que en su trabajo no tiene prejuicios y que disfruta de experimentar y buscar nuevos desafíos. Nació en Adrogué, en donde hizo sus primeras armas, más tarde decidió irse a Buenos Aires y estudió en el Conservatorio de Arte Dramático, y así fue cimentando las bases que años más tarde lo convertirían en el sólido y talentoso artista que hoy es. Está mucho más volcado al cine –algo en lo que no había incursionado tanto– y ahora se encuentra filmando El faro de las orcas (2016). Charlamos con él sobre la decisión de hacer más largometrajes, la experiencia que ganó a través de los años y el vínculo con su trabajo.

¿Decidiste dedicarte más al cine y a obtener papeles diferentes?

No es que decidí que ahora iba a hacer más esto o lo otro, no fue algo adrede. Me pasó que iba a hacer una tira diaria de ficción y finalmente desistí. Gracias a no hacerla, apareció El patrón: Radiografía de un crimen (2014), en donde me ofrecieron el personaje del abogado, pero a mí me había impactado el de Hermógenes, el protagonista. Lo propuso mi representante y pude hacerlo. A partir de ahí fueron ocurriendo situaciones que quizás deseás y vas pensando o imaginando, pero la manera de ir escribiéndolas y llevándolas adelante tienen mucho más que ver con algo que no depende de uno, que lo tenés que soltar. En ese sentido, no sabía lo que iba a pasar con la película. La hice porque la historia me conmovió.

¿Te trajo más propuestas laborales haber trabajado en ese film?

Lo que me pasa ahora, que es más grande, es que estoy descubriendo que el cine es algo novedoso para mí. Porque es cierto que no había hecho mucho antes, pero creo que no estaba preparado. Mi energía estaba puesta en otras cosas, y ahora siento que El patrón y Un paraíso para los malditos (2013), la película que filmé antes, hicieron que quiera vivir esas experiencias. El tema es que vas tomando decisiones, porque cada “sí” es un “no” a otras proposiciones. Y cuando estás en un buen momento, una racha en donde te van cayendo buenos proyectos, se te puede hacer más difícil.

De todas maneras, parecería que hubo un cambio en cuanto a la elección de los papeles.

Lo que sentía –y era algo muy claro para mí ese año, por ejemplo– era que quería hacer proyectos que me conmuevan y me generen un desafío en zonas más sutiles. Ese año hice Un paraíso para los malditos, Final de partida en el teatro con Alfredo Alcón, y El patrón. Ese fue mi año, y lo terminé arrancando con Sres. Papis, algo totalmente diferente a todas esas experiencias que eran como muy dramáticas y distintas entres las tres. Estuve con esa comedia y después hice esta película mientras grababa Entre caníbales, que fue una serie en la que también me tocó trabajar el humor de Juan José Campanella. Esos personajes como Rafael Valmora, que pasan del cinismo al amor, del amor al humor y del humor al bullying en dos minutos. Con esos textos que escribe Juan y todo su equipo. Siento que fueron muchos años de trabajo, de mucha dedicación, de muchas ganas.

Alguna vez dijiste que te costó encontrar el rumbo en tus comienzos. Tal vez hacer cine te lo definió.

Y es que nunca lo había puesto en el cine, porque, además, me llamaban para hacer cosas parecidas a las de la televisión, que no está mal, pero a mí no me terminaban de conmover. Entonces, como tenía un gran espacio de desarrollo en el teatro, no necesitaba de esa frase, que de verdad no entiendo muy bien, que es “Esto te da prestigio”. Nunca entendí en el recorrido, en lo que hago desde los 13 años, eso de que un tipo de trabajo te da popularidad, el otro prestigio, este otro dinero. Para mí no vivimos en un país en donde haya una tradición tan importante como para que uno pueda decir que se va a dedicar al teatro, o al cine o a la televisión. No tenemos tradición todavía. Supongo que con el tiempo habrá otras generaciones que la tendrán.

Al terminar el secundario te fuiste para Buenos Aires, ¿no?

Sí, claro. Ojalá todos tuvieran la posibilidad de tener un tiempo para ser estudiantes, porque te coloca con el aprendizaje en un nivel de humildad donde te das cuenta de que nada es porque sí o azaroso. Lamentablemente, no todos en nuestra sociedad la tienen, creo que sería un espacio ganado enorme. Porque no solo se aprende lo que se está estudiando, sino también una condición que después te va a acompañar para el resto de tu vida. Al día de hoy me sigo encontrando con gente que estudiaba en el Conservatorio que está en diferentes áreas o lugares del mundo, pero tengo un vínculo porque estudiamos ahí. Es porque nos conocimos en un momento donde uno se da el espacio para ver cómo es la vida. Valoro mucho el estudio.

¿Laburaste mientras estudiabas?

Hice de todo: trabajé de Papá Noel, realicé encuestas, fui jardinero. En realidad, esto último lo comencé a los 12 años con un amigo. Trabajábamos en los jardines de cuatro o cinco casas de familiares y amigos. A los dos años ya teníamos todo un grupo de amigos que trabajaba con nosotros porque nos gustaba mucho y laburábamos bien. Con esa guita me iba de vacaciones. Así que tengo una relación de independencia con lo económico desde los 12 o 13 años. No sé si es bueno o malo, pero es lo que a mí me pasó. No era porque mis padres no me pudieran dar plata, mi familia es de clase media, mamá profesional y papá comerciante, y me podían dar una mano, pero yo sentía que para mí era importante tener mi dinero.

Y esa enseñanza te quedó al irte de tu hogar.

Cuando vine a Buenos Aires hice lo mismo: vivía con nada, andaba en bicicleta, comía en lugares baratos o iba a casa de amigos. Era un garronero e iba zafando. Tuve familias de compañeros porteños que ya sabían que los martes caía Joaquín a comer y dormir en sus casas. La verdad es que todos han tenido una actitud muy cariñosa conmigo. Fueron mis mecenas de alguna manera. Hacía changas, laburé en una pizzería en Adrogué, lavaba autos. Tenía que buscar un trabajo que no me impidiera estudiar como a mí me gustaba hacerlo. Mi madrina me prestaba un lugar para quedarme, a veces me cocinaba… Fue otra que siempre tuvo una actitud muy cariñosa conmigo.

Trabajaste con casi todos los mejores actores de nuestro país durante tu carrera.

Tuve la posibilidad de estar cerca de grandes intérpretes argentinos. Trabajé mucho para estar ahí con ellos y los disfruté en muy buenos momentos de sus vidas profesionales. He aprendido muchísimo. Realmente estoy muy feliz de haber tenido esa cotidianeidad con ellos en el trabajo. De todos aprendí muchísimo y sigo en esa. Tuve la posibilidad de trabajar con los grandes actores de casi todas las generaciones, porque el haber hecho el tipo de teatro y televisión que hice me permitió conocer casi todo el arco profesional. Y como no soy prejuicioso, ni yo mismo tengo conmigo una actitud de que la seguridad de uno está en un solo lugar, siempre estuve muy atento a cómo era cada uno de ellos: sus decisiones de vida, profesionales, cómo vivían, cómo encaraban la cuestión.

¿Qué se te viene a la mente cuando te dicen “responsabilidad social”?

Creo que en el mundo el concepto se buscó una manera de comunicar que lo “aberretó”, como que le quitó contenido. Por ejemplo, ves la foto de alguien poniendo cara de bueno y hay toda una demagogia detrás de ese gesto que te impide entender qué es lo que te está comunicando. Entonces lo que leo es que lo hace porque le conviene por su imagen más que por lo que realmente tiene para comunicar. Me parece que en el día a día, lamentablemente, hemos tomado como postales sociales, o postales urbanas, en vez de caminar y ver lo que ocurre. Me parece que es muy importante ver lo que está pasando, y cada uno desde su lugar confiar en que puede modificar realidades de las cosas.

¿De qué forma participás con el cuidado del medio ambiente y la naturaleza?

Hace un tiempo que le compro productos a Jardín Orgánico, que es un sitio on-line de productos justamente orgánicos, y sé el trabajo que hacen con todas las cooperativas del país también. Todo lo que ellos venden, de alguna manera, por efecto dominó, va a las cooperativas y permite que lo orgánico siga siendo posible. Pago mis impuestos, soy un tipo que no te tira un papel en la calle. No lo hago desde chiquito y es una cuestión de educación. Cuando lo aprendí no era para cuidar el medio ambiente, sino porque es nuestra casa. Todo el mundo es mi casa.

¿Considerás que los argentinos somos socialmente responsables?

Creo que siempre que hay que dar la talla, se la puede dar. Es muy importante estar al pie del cañón para aquellas organizaciones que lo necesiten. Esto lo puedo “linkear” con el trabajo que estoy haciendo. Confío en que puedo comunicar historias que aporten. Me sumé a la Organización Internacional del Trabajo, aunque no creo necesario que un actor tenga una sensibilidad y la demuestre, lo que ocurrió es que ellos compraron los derechos de El patrón porque consideran que esa película es la que mejor representa la problemática de la esclavitud contemporánea en todo el mundo. Es una organización muy seria, muy importante, y lo que a mí me gusta es que es la única ONG en el mundo que reúne al Estado, a los sindicatos y al ámbito privado para poder hablar de una problemática. Y también los padrinos de la OIT, que son muy pocos pero que para mí son actores muy serios. Y creo que la que estoy haciendo ahora, El faro de las orcas (2016), va a servir para iluminar el mensaje que tiene el guardaparques Beto Bubas; que lo da hace muchos años y que es muy revelador y es verdad: lo importante no es hacer reservas naturales, porque eso nos pone en un lugar de no acción. Cada uno de nosotros debería saber que hay que convivir con el medio ambiente, no que de esta línea para acá hago cualquier cosa y de esta para acá no porque es una reserva y hay que portarse bien.

¿Te preocupa el tema del rating?

Creo que me hizo muy bien que los dos o tres primeros programas de televisión en los que participé anduvieran muy mal de rating, entonces ver todo lo que pasa cuando anda mal hace que cuando ande muy bien también lo relativices. Porque si te hacés cargo de que el programa es un fracaso y te hundís con él, entonces cuando te toca un éxito te subís a él también. Es tan falso lo uno como lo otro. Lo que sí considero que depende de uno es el trabajo, y creo mucho en él. Siento que no he subestimado ninguno que hice, tuve esa actitud. Inclusive la novela Don Juan y su bella dama, en la que tenía que armar un galán de las dos de la tarde. Lo hice una sola vez para ver cómo era, me vino bien y todo, pero no lo volví a hacer porque me costó mucho. No es fácil. Hoy mi radar va para otro lado, pero porque tengo otra edad y ya viví lo que tenía que vivir. La vida con los años por un lado se va poniendo más compleja, y por el otro mucho más fascinante.

Además tenés mucha más experiencia.

Hoy mientras filmo quizás cambió el plano, la situación o la puesta, porque pasó algo en la película, y en un segundo yo lo resolví también actoralmente. No lo digo canchereando, simplemente porque siento que el teatro que hice, los directores con los que trabajé, el tiempo que pude laburar cada personaje, la impronta de la televisión, todo eso en conjunto me confirió mucha experiencia y logra que sea resolutivo rápidamente si hay algún problema.

Alguna vez dijiste que no tenías “amigos de la farándula”.

Tengo amigos históricos. Lo que yo entiendo como amistad son mis amigos de toda la vida. Tengo buenos vínculos con actores que son, diría, amistades profesionales. Son como amigos un poco más de lo profesional, donde uno puede compartir más cosas, pero no puedo considerarlos amigos. Cuando menciono “amigos” son los de toda la vida. A veces siento que cuando los actores estamos juntos mucho tiempo no es tan interesante lo que hacemos. Bastante el tiempo que ocupo en el trabajo como para seguirla.

¿Tu hija ya está viendo lo que hacés?

Ella me ha acompañado muchas veces al trabajo. Es hija de actores y es su realidad. En cuanto a la devolución del trabajo es tremenda, es muy parecida a la madre en ese sentido. Por ejemplo, tenía tres años cuando me tuve que pelar para hacer la obra La vida es sueño. Entré a casa, me miró y me dijo: “Sos un bebito”. Hoy está mucho más grande y tiene otro léxico, otra manera de expresarse. Ahora está muy contenta porque va a poder ver la película que estoy haciendo. Sería la primera que hago apta para todo público.