En esta ciudad, una de las capitales más creativas y vitales de Occidente, hay mucho que recorrer y todo se hace a lo grande. Richmond Park, una reserva natural de casi 1000 hectáreas, oxigena la ajetreada jornada londinense y protege la vida silvestre en un remanso de paz absoluta.

na vez que ha conocido los íconos turísticos perennes, como el Big Ben y el Tower Bridge, y que ya ha recorrido hasta el hartazgo los palacios reales y las iglesias y catedrales, el visitante con ganas de conocer y caminar descubre que los barrios, sus plazas y sus parques son los verdaderos aglutinantes de la multifacética vida londinense.

Más de una décima parte de Londres está constituida por zonas verdes. Esta ciudad, ajetreada al extremo, cuenta con 1700 parques y jardines, que son verdaderos oasis para sus habitantes y para quienes la visitan. Richmond Park, el parque más grande de Europa, es un ejemplo del respeto y la admiración que tienen los ingleses por la vida silvestre.

Respirar verde

A 14 km del emblemático Picadilly Circus, hacia el oeste de la ciudad y al sur del río Támesis, existe un parque que desafía todos los sentidos: Richmond Park. Con sus 955 hectáreas, este santuario natural es un verdadero remanso de paz y tranquilidad. Para llegar hasta él en transporte público, la estación más cercana es Richmond, en la District Line. Desde allí, varias líneas de colectivo bordean el parque. Otrora área natural de caza de ciervos, Richmond Park fue vallado con un muro de piedra en época del rey Carlos I, en 1637, lo que lo convirtió en un coto privado de caza del monarca. En la actualidad, es una reserva natural nacional y el mayor sitio de interés científico especial en Londres. Se mantiene prácticamente idéntico a sus orígenes y forma parte de los nueve parques reales, entre los que se encuentran los céntricos Hyde Park, Green Park y Regent´s Park. En cada rincón, Richmond Park revela sus virtudes. Mientras se sumerge en un paisaje bucólico de colinas y praderas, de bosques centenarios y lagunas, el visitante respira la misma paz que los animales que viven libremente dentro del parque. De todos ellos, los ciervos –300 ciervos rojos y 350 gamos– son las estrellas indiscutidas. Sin duda, este parque encabeza la lista de los sitios para pasar un día campestre.

Richmond Park para todos

Recorrer el parque a través de los paseos guiados que organiza la asociación de amigos del Richmond Park (www.frp.org.uk/walks) o en las bicicletas que se alquilan dentro del parque son dos excelentes opciones. También se puede andar a caballo o jugar al golf y al rugby. Entre junio y marzo se puede pescar en Pen Pond´s, una laguna ubicada en el corazón del parque, previo permiso expedido por la oficina de Administración. Y los más chicos tienen sus propios espacios con juegos en Kingston y Petersham Gates.

El maravilloso jardín botánico conocido como Isabella Plantation –abierto diariamente y de acceso gratuito, como el resto del parque– es visita obligada. Creado en 1953, se ha convertido en una cita ineludible durante la primavera londinense. Un lugar insuperable para disfrutar del sosiego y la naturaleza entre camelias, magnolias y rododendros. Árboles traídos de todos los rincones del mundo también tienen su lugar, y en otoño, con la caída de las hojas, visten al jardín con especial encanto.

En Pembroke Lodge residió el filósofo Bertrand Russell en su infancia. Hoy, dentro de esta mansión de estilo gregoriano, funciona un restaurante y un café con excepcionales panorámicas del valle del río Támesis. Otra imagen espectacular se obtiene desde King Henry’s Mound. Desde allí se disfruta de una vista privilegiada de St. Paul´s Cathedral, ubicada a 19 km. Al parecer, en este sitio elevado Enrique VIII disfrutaba observando las cacerías.

Ciudad de contrastes

La ciudad también tiene su encanto. Los contrastes son la columna vertebral que subyace en cada barrio de esta ciudad moderna y, al mismo tiempo, antigua. Y tal vez, en esa convivencia pacífica –pero tensa a la vez– entre el pasado y el futuro, se encuentre gran parte de la explicación de su atractivo. Lo mismo sucede con sus habitantes: hombres y mujeres que pasean vestidos al último grito de la moda, y según los mandatos de la vanguardia mundial, se cruzan, sin inmutarse, con otros ataviados con sus atuendos tradicionales asiáticos, de oriente medio y del África subsahariana. Para ellos, nada parece ser demasiado llamativo; al visitante, en cambio, todo le llama la atención.

En Londres, el diseño, la moda y el arte trascienden los confines de las colosales tiendas que alojan la elegante Bond Street y las prolíficas Oxford Street y Regent´s Street, mecas para compradores compulsivos. Esta urbe exuda arte en todas partes y en todo momento. Y los ojos del mundo están atentos a lo que sucede en las calles de cualquier barrio londinense. Las gráficas que publicitan productos, que anuncian estrenos de obras de teatro y musicales o que promueven campañas solidarias, por su parte, son verdaderas obras de arte.

Pequeña Venecia

En el residencial y muy elegante barrio de Maida Vale, en la zona norte, dentro del distrito Westminster, Little Venice (pequeña Venecia) ofrece paseos a través de sus canales navegables y también recorridos a pie por los tranquilos caminos que los bordean. A lo largo de las riberas, los barcos estacionados son casas, restaurantes y cafés, incluso hay una barcaza amarrada que funciona como teatro de marionetas. Las barcas que se utilizaban para transportar mercancías hoy son viviendas de jóvenes bohemios y de jubilados de distintos países del mundo, que viajan con su hogar a cuestas. Casi todas están pintadas de colores y adornadas con macetas y flores. El escenario que adorna las calles del sur del barrio: la avenida Maida, Warwick Crescent y Blomfield Road. El Grand Union y el Regent´s Canal confluyen en Browning´s Pool, una pileta de agua con forma de triángulo y desde donde parten lanchas colectivas que navegan el serpenteante Regent´s Canal en dirección este. Luego de una parada en London Zoo, un zoológico que está dentro de Regent’s Park, la lancha continúa su camino hasta Camden Lock, donde funciona uno de los mercados más diversos e interesantes de Londres. Allí termina el viaje. El mismo recorrido se puede hacer a pie en apenas 50 minutos. La línea de subte Northern conecta la estación de Camden Town con el centro de la ciudad.

Mercado de mercados

Podría decirse que Camdem Market es el mercado londinense por excelencia. Multicultural, tradicional, bohemio, vanguardista, todos los estilos confluyen en los pasadizos y locales de este mercado, en el que conviven esculturas de bronce a escala real y paredes de ladrillo con tallados en madera de motivos orientales. Muebles, ropa, obras de arte, libros, discos, artesanías, todo está a la venta en este increíble mercado de dimensiones titánicas. Puede llevar un día recorrerlo, y así y todo no se termina. Por su parte, los avezados buscadores de gangas llenan bolsos y valijas para revender en locales del centro y alrededores de la ciudad.

Al fondo de Camden High Street, en Camden Lock, allí donde llegan las barcazas que navegan desde Little Venice por el Regent´s Canal, empieza la parte más interesante del mercado, con centenares de puestos y locales étnicos. Este mercado da cuenta de la convivencia de inmigrantes de India, Pakistán, el Caribe, China, Chipre, Italia, Kenia, Uganda y España, por mencionar solo algunos ejemplos que explican el porqué de las casi 200 lenguas que se hablan en Londres. En el sector de los puestos de comida, los aromas y sabores de las cocinas del mundo ofrecen sus platos típicos a 4 GBP (unos $ 28 pesos argentinos).

Ciudad de eterno retorno

Londres es, quizás, la ciudad más rica, dinámica y estimulante de las capitales de Occidente. Cuando uno camina por las vibrantes calles de la ciudad, siempre a unos pocos pasos de un parque que invita al descanso y la contemplación de la naturaleza, percibe algo de la magia de este lugar y entiende por qué la capital de Inglaterra recibe a más de 30 millones de turistas al año y aloja a inmigrantes de las más diversas nacionalidades del globo. La ciudad de eternos cielos nublados y permanentes lluvias es irresistiblemente atractiva, tanto para sus habitantes, que no se irían por nada, como para los extranjeros, que una vez que la conocen siempre vuelven a visitarla.


El árbol de la vida

Los habitantes más antiguos, los más grandes y los más notables del parque son sus árboles. Richmond Park alberga robles centenarios –de hasta 400 años– que tienen gran importancia histórica y ecológica. Cada árbol juega un papel vital en el fomento de la fauna silvestre, la protección del medio ambiente y el cuidado de nuestra salud y bienestar. Estos antiguos árboles cobijan más de 250 especies de hongos. Gracias a ellos, el 80 % de las plantas obtienen los nutrientes para sus raíces. A su vez, los hongos ayudan a crear huecos y grietas donde habita una gran diversidad de representantes de la vida silvestre –entre los que se incluyen desde hormigas y escarabajos hasta aves y murciélagos– y les proporcionan alimento. La descomposición natural dentro de los árboles en pie y la madera caída sustenta la vida de muchos invertebrados amenazados. Existen unas 1350 especies de escarabajos registrados, muchos dependen de la madera en descomposición. La lista incluye especies amenazadas a nivel internacional, como el escarabajo cardenal y el escarabajo ciervo volante. Este último es el escarabajo más grande del mundo: alcanza unos 7 cm de largo. En el pasado, la madera muerta o en descomposición se retiraba para “limpiar” y, como resultado, se eliminaba este importante hábitat. En nuestros días, la conciencia de la necesidad de mantener en su sitio la madera muerta, como parte del ecosistema del bosque, es un hecho.