Ezequiel Cassagne es socio del prestigioso Estudio Cassagne Abogados, que se dedica al derecho administrativo. Aquí recalca la importancia de la educación y de aportar conocimientos para construir una sociedad mejor.

Padre de Luis, Juana e Ignacio, Ezequiel Cassagne es un joven y exitoso abogado que sigue la pasión de su destacado padre, Juan Carlos. Con apenas 11 años decidió que quería dejar de estudiar en el Colegio Champagnat y convenció a sus padres para que lo cambiaran al San Jorge. “Para eso tomé clases de inglés, y me iba solo en el colectivo 130 a Belgrano. Un día me dormí y terminé en la provincia de Buenos Aires. En dos meses aprendí las herramientas para pasar el examen de ingreso”, recuerda. Su padre fue una figura clave en su vocación: “Él ha sido elegido entre los 100 abogados más importantes por la revista inglesa Chambers & Partners, fue presidente de empresas y es un reconocido jurista con más de 20 libros escritos”. En su niñez, Ezequiel acompañaba a Juan Carlos a dar conferencias en las provincias, y con 17 años comenzó a trabajar de cadete. Contra todas las recomendaciones de su familia, a la hora de iniciar sus estudios de Abogacía, eligió la Universidad de Buenos Aires. “Es un orgullo y una de las grandes decisiones de mi vida. Fui muy feliz, me encantó la universidad pública”, dice. Luego cursó un posgrado en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad San Pablo CEU de Madrid. Antes de formar parte de Cassagne Abogados, trabajó en la función pública, en empresas y en diferentes estudios.

¿Cuándo se creó el estudio?

Empezó en el año 1983, como Cassagne y Asociados, después tuvo varias fusiones. La última versión es del año 2005 y los equipos se mantienen. Es un estudio boutique, especialista en derecho administrativo. Existen tres tipos de derecho: el penal, el internacional público y el administrativo. Este último trata de las relaciones con el Estado, de las empresas, de los ciudadanos. Desde que te despertás, convivís con el derecho administrativo: cuando prendés la luz, cuando abrís la canilla del agua, siempre que haya una regulación, una empresa concesionada por el Estado, una tarifa. El gas, el transporte, la infraestructura, la energía son algunas regulaciones del Estado. Cassagne Abogados también trabaja en el exterior, y valoramos el trabajo en equipo. Creemos que es lo que nos permite la permanencia y mantenernos como los líderes en nuestra práctica en todos los rankings mundiales y nacionales.

¿Cuál es tu rol en el estudio?

Formo parte de una camada más joven, pero adquirí un rol de involucramiento en las decisiones, con lo cual además de ejercer la profesión –en la atención de los clientes y sus asuntos– estoy muy comprometido con la administración de la firma. Me toca ese rol también y puedo hacer ambas co- sas, pero lo que más me apasiona es el ejercicio de la profesión.

Sos profesor en varias universidades, ¿por qué dedicás tanto tiempo a la docencia?

La docencia es una parte fundamental de la filosofía del estudio. Prácticamente todos los socios la ejercen en diferentes universidades, la mayoría ad honorem, y el estudio lo fomenta. En mi caso, soy profesor regular de la Universidad de Buenos Aires, de la UCA, de más de diez universidades. También damos conferencias en distintas partes del extranjero. Somos muy reconocidos a nivel mundial como equipo dedicado a la ciencia jurídica y al ejercicio de la profesión. Apuntamos a mantener la excelencia en ambos ámbitos. Es una gran colaboración que hacemos y que le quita tiempo al trabajo y la familia, pero lo vemos como una contribución que nos permite devolverle a la sociedad todo lo que nos dio, y también para aportar en la enseñanza del derecho, la formación de los jóvenes, que para nosotros es muy importante.

¿Qué te interesa que se lleven los alumnos en su formación como abogados?

En el plano de la enseñanza universitaria, creo que una de las cuestiones que aportamos es la realidad. La enseñanza está cambiando –en la Argentina y en el mundo–, y hoy se busca darles a los chicos herramientas más concretas para afrontar el trabajo diario. Entonces creo que la experiencia en el trabajo es un aspecto muy rico que puede enseñar alguien que ejerce intensamente la profesión. Cuando doy una clase, sé que les estoy explicando cómo funciona esa institución en la realidad y con qué obstáculos se van a encontrar. Es una visión muy práctica que se complementa con la teoría. Nosotros somos profesores que estamos en el campo de batalla. Considero que las universidades deben incluir los dos tipos de profesores: el que se dedica full time a la enseñanza y el que sufre o vive el derecho. Los alumnos valoran mucho eso. El vínculo que tenemos con los jóvenes es directo, nosotros utilizamos también las redes sociales profesionales como LinkedIn, publicamos y escribimos. Todos los abogados del estudio publican papers jurídicos y nos destacamos por la producción. También dirigimos diplomaturas, posgrados, formamos cuerpos de profesores, generamos intercambio, organizamos cinco o seis congresos internacionales por año. A su vez, soy Vicepresidente de la Asociación Iberoamericana de Estudios de la Regulación (ASIER). La docencia universitaria es un gran aporte que hacemos.

¿Por qué te parece importante la sustentabilidad y cómo se vinculan con ella?

Es muy importante preocuparse por la sociedad. Somos seres sociables, y no podemos desentendernos de eso. Debemos no solo pensar en el futuro que les vamos a dejar a nuestros hijos, sino también tratar de transformar la realidad. Creo que el mundo que se viene es uno de compromiso, y ese es el gran cambio de paradigma que van a tener las sociedades y la humanidad. Tuvimos la Revolución Industrial, el Estado de Derecho y la irrupción de las nuevas tecnologías (Internet, los celulares). El compromiso se ve constantemente, incluso en nuestros clientes. Ahora se imponen las energías renovables, el hidrógeno verde, las marcas, los productos alimenticios; los jóvenes están involucrados en los procesos de producción, en la calidad de vida colectiva, y piensan también en el futuro. Por eso creemos que nuestro aporte principal debe ser la educación, y esa es una política del estudio. Otro gran aporte lo hacemos en nuestra profesión y el derecho. Uno de nuestros socios ha sido Presidente del Colegio de Abogados, y yo fui Secretario General durante cuatro años. Un amigo mío es el actual Director. Allí hacemos actividad pro bono vinculada a la profesión: damos asesoramiento en políticas públicas, y eso tiene que ver con la sustentabilidad. Estamos involucrados en la sostenibilidad entendida como desarrollo sostenible, y esto requiere educación. También trabajamos ad honorem en la elaboración de leyes, de reglamentos. Participamos en foros de debates del Colegio de Abogados y también en los foros del Instituto de Desarrollo Empresario (IDEA).

¿En qué otros proyectos de responsabilidad social empresarial se involucran?

Estamos involucrados en iniciativas públicas de elaboración de normas de toda índole y sin ningún matiz político. Siempre estamos a disposición para co- laborar con quienes quieran transformar la realidad. Hemos trabajado mucho en políticas de energía renovable. El tercer sector es la acción social en la que también estamos muy comprometidos. Apoyamos a ONG y asociaciones sin fines de lucro que procuran el mejoramiento del sistema. A su vez, elegimos algunas fundaciones con las que contribuimos, como el caso de Haciendo Caminos –creada por Catalina Hornos en Santiago del Estero–, que se ocupa de la desnutrición infantil. También nos involucramos con el Arca Argentina, que trabaja en discapacidad. En el ámbito de la educación apoyamos a Conciencia y Cimientos. Preferimos colaborar con quienes se especializan en estos temas en lugar de realizar acciones directas, pero sí intervenimos directamente en lo académico y en el asesoramiento gratuito. El Centro de Implementación de Políticas Públicas Para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) es otra organización con la que estamos vinculados, al igual que el Rotary Club de Buenos Aires.

¿Qué hacen en el Rotary?

El Rotary Club fue fundado en Estados Unidos (Chicago) y es el más grande del mundo, pero de club no tiene nada. Tampoco tiene sede. Ser rotario tiene que ver con estar comprometido con la filantropía y la acción social. En el Rotary nos juntamos con personas que se destacan en sus disciplinas, pero el factor que une a los socios es la acción social. Allí existen variados programas y la mayoría tiene que ver con la educación. En mi caso apadrino alumnos para que terminen el secundario. Así, la semana próxima daremos una gala benéfica con una banda de música de jazz que se llama Escalandrum, cuyo baterista, Daniel Piazzolla, es nieto del gran bandoneonista y compositor. Actualmente formo parte de la junta directiva del Rotary Club de Buenos Aires, un gran honor para mí. Además, como estudio patrocinamos al Rotary.

¿En dónde te parece que falla el Estado para que los ciudadanos tengan que ocuparse de tareas de las que no deberían ocuparse?

El Estado en la Argentina –sin distinciones políticas– está ausente en muchos planos, sectores y territorios. Partiendo por el 50 por ciento de pobreza que tenemos hoy, el sistema actual es inviable. La Argentina necesita refundar sus bases y un cambio rotundo para evitar esta caída que viene de décadas y décadas. Eso tiene que ver con la administración y con las funciones del Estado, con la colaboración público-privada, con el entendimiento entre esos dos sectores. Es necesario dejar de verse como enemigos y trabajar de manera conjunta. Se debe permitir al privado que desarrolle sus capacidades con un Estado inteligente, pienso que ese es el camino. Pero en una Argentina con el 50 por ciento de pobreza, soy un convencido de la necesidad de un acuerdo nacional. Tenemos que establecer un programa –ya no digo a largo plazo– a mediano plazo de políticas públicas consensuadas entre todos los grandes sectores políticos, productivos y de los trabajadores. De lo contrario, la Argentina no tendrá solución. Estamos despedazando y perdiendo muchas riquezas. El caso de Vaca Muerta es un ejemplo. Todos están convencidos de la potencialidad de Vaca Muerta y de su riqueza, pero nadie piensa que esa ventana de oportunidad se está reduciendo, porque el mundo va a ir hacia el abandono de los combustibles fósiles. Hoy debería haber políticas públicas que prevean lo que será el auge del hidrógeno verde y que Vaca Muerta deberá ser cerrado. También es necesario generar políticas públicas de infraestructura para conectarnos y producir. Somos el octavo país más grande del mundo en extensión y no estamos conectados ni de manera terrestre ni aérea. Rosario, Buenos Aires y Córdoba tendrían que ser un viaje rápido. Estamos en el siglo XXI y no tenemos esa conexión. Lo mismo sucede con el transporte y la logística, y eso incide de manera directa en el desarrollo sostenible, porque si no somos competitivos, no podemos crecer. Hoy tenemos un Estado muy gran- de, con alto gasto público que afecta la economía.

¿Qué debería mejorar dentro de lo que son las instituciones republicanas de la Argentina?

Soy un convencido de que con el uso de la tecnología se genera mayor transparencia. Creo que vamos a llegar a un punto donde la transparencia o su déficit no va a ser un problema, sino que lo vamos a haber logrado a través de la tecnología. Hay una transformación silenciosa en lo que es la administración pública a partir del uso de la tecnología, el expediente electrónico, la posibilidad de que el ciudadano interactúe con la administración de manera digital. Esto empezó en la ciudad de Buenos Aires y ahora se encuentra presente en toda la administración nacional, un poco más lento en las provincias. La revolución tecnológica está mejorando la administración pública porque la está haciendo transparente. Yo puedo seguir desde mi computadora el trámite o el expendiente que es digital. Es una garantía de control. Eso nos va a permitir dos cosas como sociedad: para la administración pública va a representar un factor de autocontrol; y la ciudadanía –tanto el involucrado en ese expediente como una ONG o quien fuere– va a poder controlar positivamente a la administración. Esto también tiene que ver el derecho administrativo. Antes el derecho administrativo se dedicaba a estudiar los fenómenos internos de la administración: los procesos, los procedimientos, la posibilidad de impugnar, cómo resolver los conflictos, los daños; los derechos de los ciudadanos y las prerrogativas de la administración pública. Hoy en día (fenómeno que comenzó en Alemania) se está estudiando el verdadero sentido que hay que darle a la administración pública, que es el de servir. De ahí viene el significado de “servicio público”. Antes se era servidor de un ciudadano. Ahora la gente está despierta. La política no entiende a las personas, y estas tienen opinión, voz y voto. Todos están conectados con el celular. Esto también sucede en los Estados Unidos y en Inglaterra con el Brexit. La gente tiene formada su autonomía, y eso es esperanzador.

¿Qué puede hacer el ciudadano para trabajar en función de que la calidad institucional mejore?

Yo creo que cada uno tiene que pensar y reflexionar sobre qué puede darle a la sociedad. Debe ser uno de los objetivos del día a día. Qué parte de la semana le dedico a aportar mi grano de arena. No creo que haya que intentar hacer grandes transformaciones, porque quedan en la nada. La gran transformación va a venir a raíz del esfuerzo. Cada uno debe pensar en su propia actuación, en su profesión, en su vocación, y qué valor agregado le puede dar en beneficio de la sociedad. Creo que ese es el mejor aporte que podemos hacer como personas. Además, considero muy importante man- tener algunos ideales de la juventud y no perderlos en el camino.