Qué es, cómo se detecta y de qué manera se trabaja este problema que, sin duda, obstaculiza el futuro de la infancia argentina.

“Hoy entendemos más que nunca que estar expuesto a la adversidad temprana afecta el desarrollo del cerebro de niños y niñas”, explica Heriberto Roccia, Director de la Fundación Dignamente, a modo de introducción sobre el tema.

Desde hace más de cinco años, esta institución trabaja con un equipo interdisciplinario de profesionales, en los Campus que hoy posee en Santiago del Estero -en las comunidades de Quimilí, Weisburd, Tintina y Campo Gallo-, donde atienden a niñas, niños y sus padres/tutores. La fundación no solo les brinda una solución inmediata que resuelva el problema de momento, sino que además propone un plan integral de acción para prevenir, detectar y tratar el impacto de las experiencias adversas en la infancia que generan estrés tóxico.

Pero, ¿a qué se denomina estrés en la primera infancia? Frente a una situación de riesgo, temor o amenaza el cuerpo segrega las hormonas del estrés: adrenalina, cortisol. La alarma suena cuando esa situación se vuelve frecuente, repetitiva y habitual. Es esta instancia donde hay que prestar mayor atención, ya que este mismo mecanismo que es bueno y adaptable para salvarnos la vida, pasa a ser poco adaptativo y perjudicial para la salud.

“La primera infancia es especialmente sensible a la activación repetitiva por el estrés porque el cerebro y el cuerpo todavía se están desarrollando. Convivir con experiencias adversas como desnutrición, violencia, abusos físicos y/o emocionales, negligencia o abandono, no sólo dañan la estructura y las funciones del cerebro, sino también al sistema inmunológico y hormonal en desarrollo, e incluso la forma en que se lee y se transcribe nuestro ADN”, detalla Roccia.

Para ser más gráfico y claro, el director de la fundación, recurre a un ejemplo claro que apela a la imaginación.

“Imagínese que va caminando por un bosque, se encuentra muy sereno, contemplando el paisaje a su alrededor: pinos verdes, un río con su melodía que fluye, pájaros que vuelan… lleva un termo debajo de su brazo para cebarse un mate, contempla un bello horizonte por delante… Como quien estuviese descansando. Pero de repente… ¡se le aparece un oso, frente suyo, con sus garras amenazantes a pocos metros! ¿Qué pasaría? Inmediatamente su cuerpo comenzará a segregar las hormonas del estrés. El corazón empezará a latir con fuerzas, sus pupilas se van a dilatar, sus vías respiratorias se van a expandir, y estarán listos, ya sea para luchar contra el oso o bien, ¡para salir corriendo!”

“El hecho de que en fracciones de segundos todo esto ocurra simultáneamente en nuestro cuerpo, es fantástico. Pero, ¿qué pasaría si ese oso llega a casa todas las noches? Acá estamos frente a un problema, porque este mismo mecanismo, pasa a ser perjudicial para la salud”, asegura Heriberto Roccia, y aclara que hay razones neurológicas reales que indican por qué es necesario trabajar por las infancias expuestas a altas dosis de adversidad ya que afecta a áreas como el núcleo accumbens que es el centro del placer y recompensa en el cerebro, el mismo que está involucrado en la drogodependencia. Inhibe la corteza prefrontal que interviene en el control de los impulsos y la función ejecutiva, un área crucial para el aprendizaje. En una resonancia magnética se pueden ver cambios significativos en la amígdala, el centro de respuesta al miedo del cerebro.

Como parte del trabajo que la Fundación Dignamente aborda, se crearon los Campus Dignamente para prevenir, detectar y tratar el impacto de las experiencias adversas en la infancia, que generan estrés tóxico.

“Cuando detectamos o nos derivan niños y niñas que atraviesan estas situaciones, contamos con un equipo interdisciplinario que trabaja para reducir las dosis de adversidad y tratar los síntomas con las mejores técnicas en 6 programas diferentes”, detalla Roccia.     

1. Programa de salud física: destinado a niñas y niños con las áreas de pediatría, nutrición, psicopedagogía, atención temprana y fonoaudiología. 

2. Programa de educación para adultos: se instruye a las madres/tutores sobre el impacto de las experiencias adversas, el estrés tóxico y se fomenta su empoderamiento.

3. Programa de educación infantil: salas de bebés a niños de 4 años, donde se potencia su desarrollo biopsicosocial.

4. Programa para embarazadas: se acompaña el embarazo para un bienestar físico y mental de la madre/bebé.

5. Programa de familia: se involucra en la dinámica familiar para disminuir factores de riesgo en el desarrollo de los niños y niñas, a través de la psicología, el trabajo social y el acompañamiento familiar.

6. Programa de escuelas de trabajo: se mejoran las capacidades de las personas a partir del aprendizaje de un oficio.

Para el equipo de Fundación Dignamente las experiencias adversas en la infancia son la mayor y principal amenaza no resuelta de salud pública a la cual se enfrenta hoy en día Argentina. La escala y el alcance del problema parecen tan grandes que resulta abrumador, pero esto es tratable, es prevenible, sólo se necesita compromiso y determinación.