Peter Maddens es el embajador de Bélgica desde hace dos años. Fue el responsable de la visita oficial de una delegación comercial a la Argentina y lidera proyectos vinculados con el ambiente y las relaciones bilaterales. Recibió a PRESENTE en su residencia y sus oficinas diplomáticas.

Bélgica es un país con mucha historia. En su territorio vivieron celtas y romanos, y en el siglo XVI perteneció a los Países Bajos de los Habsburgo, bajo la dominación de Carlos V y de sus descendientes. Fue un centro comercial y cultural, y, a partir de 1831, se convirtió en una monarquía constitucional. En materia gastronómica se destacan panes, chocolates, wafles, mejillones y papas fritas, y las cervezas Stella Artois, Leffe y Duvel. En su territorio también nacieron los pitufos, Tin Tin, los tapices flamencos y las melodías de Jacques Brel. 

Su Excelencia Peter Maddens es Embajador de ese país en la Argentina, desde 2017. Su residencia, de estilo francés, es una casa rodeada de árboles y flores en Palermo Chico. Junto a su esposa, Kris, recibe a PRESENTE y habla de las iniciativas de la embajada y de su labor como representante diplomático. 

Tiene dos hijos varones y una nieta de tres meses que se llama Jazz; y le gusta la natación, leer y mirar series en televisión. Está leyendo la biografía de Eddy Merckx, un ciclista belga, y todos los días va a trabajar en bicicleta. 

¿Cuánto hace que se desempeña como embajador en la Argentina? ¿Ya conocía el país o le habían hablado de él?

Soy embajador hace dos años y medio. Si bien no conocía el país, una de las razones por las cuales elegí este destino es porque hablo español. Bélgica tiene más de cien sedes diplomáticas alrededor del mundo y cambia sus autoridades cada cuatro años. Al finalizar nuestro período, tenemos unas 27 embajadas en total para elegir. Me quedé con la Argentina porque era uno de los países que más me interesaban. Nací en los años 60 y en algún momento empecé a darme cuenta de que había un mundo político fuera de mi país. En la década del 70 se escuchaba hablar de la Argentina mucho y parecía un país muy interesante, aunque se encontraba en una época complicada social y políticamente. Luego vino un resurgimiento en los 80 y el tema económico en los 90. En la Argentina siempre pasó algo, y eso me resultó muy atractivo. Además, yo ya hablaba español porque mi primer destino había sido Venezuela, a fines de los 80. Luego estuve cinco años en Nueva York, regresé a Bélgica, fui a Viena, Tanzania y nuevamente a Nueva York. Mi impresión de este país siempre fue fabulosa, la Argentina es muy linda, su gente es encantadora y el clima es ideal. Desde que llegué, pude visitar las cataratas del Iguazú, Cafayate, Calafate, Mendoza, Córdoba, Bariloche, Tucumán y varios lugares de la provincia de Buenos Aires. También tengo un viaje próximo a Ushuaia.

Cuando fue designado embajador de la Argentina, ¿qué estableció como su principal desafío o como primera medida para desempeñarse en el cargo?

Desde 2017, ya estaban programados en la agenda dos eventos muy grandes para nosotros. El primero tenía que ver con la visita de una delegación comercial encabezada por la princesa Astrid de Bélgica, hermana del rey Felipe, en junio de 2018. Durante dicha visita vinieron 200 empresarios y seis o siete ministros del Gobierno. Dado que mi designación era muy reciente, no tuve mucho tiempo para organizarlo y conocer a las personas que iban a ser de importancia para un evento de esta categoría. Es decir que mi trabajo fue bastante intensivo, porque debí presentarme con funcionarios de Cancillería, la Secretaría de Trabajo, referentes de la policía, seguridad y aeropuertos, que son quienes brindan ayuda en ese tipo de eventos. Todo eso en pocos meses. En ese momento, la embajada de nuestro país fue el núcleo de la visita de la princesa, que resultó bastante exitosa. Sabemos que uno de los resultados fue que se generaran unos 1700 contactos entre empresas argentinas y belgas. Además, hubo una inversión que se hizo con una empresa que estaba en el grupo, y que se decidió inaugurar a principios de este año, en Santa Fe. Se trata de un acuerdo agroalimentario cuyo objetivo es la ampliación de la capacidad de producción de una empresa. El segundo desafío iba a ser una visita de Estado del expresidente Mauricio Macri a Bélgica, en abril de 2019, que finalmente se canceló. Aun así, tuvimos que hacer todos los preparativos y eso también representó un gran reto. Estos eventos estuvieron relacionados con el área comercial. Sabemos que el ámbito económico no es el más fácil en la Argentina, y por eso es un gran desafío para nosotros exportar a este país, y también se suma el factor distancia. 

En la actualidad, ¿cuáles son los principales objetivos de la embajada en la Argentina, dado el contexto social, económico y político del país y la región? 

Soy embajador en la Argentina, Uruguay y Paraguay. En la Argentina hubo un cambio de Jefe de Estado reciente, y en Uruguay eso sucederá en marzo. Luego de preparar la visita de la princesa Astrid, mi mayor desafío actual es rearmar la red de contactos a nivel político y administrativo con los tres países. Debido al cambio en los gobiernos, esto conlleva un poco más de trabajo. Pero luego de dos años de labor en la Argentina, cuento con un mayor conocimiento para llevar adelante esta gestión, sobre todo teniendo en cuenta que los contextos político y económico son bastante particulares en este país. Los embajadores o diplomáticos somos observadores privilegiados, y gracias a nuestra designación tenemos acceso a personas a las que no pueden llegar todos. Además, estamos un poco protegidos de la realidad coyuntural. Eso es parte de nuestra carrera y nuestro trabajo, pero también nos damos cuenta de que esa cuestión diaria no siempre es fácil. 

¿Desde cuándo ejerce su función como diplomático?

Desde hace 30 años. En Bélgica, el concurso diplomático es objetivo. Dado que mi papá era también diplomático, empecé a entender y a hablar de estos asuntos desde muy chico, me acostumbré a mudarme y a saber qué pasaría con mis hijos. Todo eso ayuda para facilitar la vida. Es más, yo no nací en Bélgica, sino en París, que fue el primer destino de mi padre. 

Desde que comenzó su gestión, ¿se llevaron a cabo acuerdos bilaterales con empresas argentinas y belgas? De ser así, ¿cuáles fueron?

Se creó un acuerdo entre los puertos de Buenos Aires y Amberes, pero aún se está evaluando la forma de ponerlo en marcha. También preparamos un acuerdo para intercambiar los archivos diplomáticos de los años 70 entre las embajadas y desarrollamos otro de cooperación policial para los dos países. En lo último en que estuvimos trabajando es un acuerdo en materia de medio ambiente y desarrollo sustentable que retomaremos en breve.   

¿Qué lugar ocupan los proyectos de sustentabilidad, responsabilidad social empresaria y medio ambiente en su agenda como embajador?

Son puntos específicos en la política general de Bélgica y del Gobierno, no es algo que podemos imponer en las empresas cuando trabajan para hacer negocios en la Argentina. Pero sí tratamos de comunicarles hacia dónde se dirigen las tendencias. En Bélgica, cuando una empresa trata de hacer una inversión o vender un producto, lo hace siempre teniendo en cuenta el impacto ambiental, existen muchas empresas que son muy activas en esos temas. En Uruguay, por ejemplo, estamos ayudando económicamente a una escuela para su mantenimiento. Gracias a mi experiencia de cinco años en Tanzania en la cooperación de desarrollo aprendí que los pequeños proyectos que trabajan con individuos son los que tienen mayor impacto. En este caso, se trata de una escuela primaria en un barrio carenciado de Montevideo. Y el nombre de esa institución es, justamente, Bélgica. También tenemos un proyecto similar en una escuela de Salta, que se llama Reino de Bélgica. Para la escuela de Montevideo queremos montar algún tipo de fundación que pueda recaudar dinero en las empresas belgas y hacer mantenimiento e inversiones. Y lo mismo sucede en la institución de Salta. Si bien mis funciones y acuerdos en Uruguay y Paraguay son de menor medida, trato de ir cada mes al primero y tres o cuatro veces en el año al segundo. Sumado a todo esto, estamos trabajando para tener una fuerte presencia en la comunicación de nuestras redes sociales. 

Desde hace muchos años, en Europa existe una conciencia medioambiental muy importante y un acercamiento hacia las iniciativas sustentables. ¿Cuál es la postura general de los belgas en torno a la sustentabilidad y el medio ambiente? ¿Cómo percibe que se están manejando estos temas en el mundo en general?

En Bélgica, por ejemplo, se empezó a implementar el uso más frecuente de la bicicleta, desde hace ya algunos años. Creo que siempre hay que buscar un equilibrio, y para lograrlo es muy importante saber cuáles son los extremos. Una vez que encontramos un consenso entre ambos, podemos empezar a buscar una vía razonable con la cual todo el mundo puede trabajar. El cambio climático es claro, pero también es real que debemos convivir con millones de personas y eso es algo que hay que aceptar. Tenemos que buscar un camino que sea beneficioso para todos. Tampoco debemos olvidarnos de que muchas discusiones sobre el clima se llevan a cabo a nivel multilateral y, sobre todo en Europa, esos debates se generan constantemente a través de las instituciones. Desde Bélgica, nosotros apoyamos lo que se decide a nivel europeo y con esos criterios vamos hacia adelante. La conversación política que tenemos en la Argentina o Uruguay para avanzar en estos temas la vemos primero con las instituciones europeas. Cuando intercambiamos ideas tenemos nuestra postura, que va de la mano de gestiones económicas y los derechos humanos. Pero todo se hace siempre en el marco de un diálogo. 

El desarrollo sustentable es parte de la agenda política de muchos países. ¿Qué sucede en Bélgica y cuáles son las medidas que se planean llevar a cabo en estos temas en un corto, mediano y largo plazo?  

En la embajada tratamos de ser “verdes” en todo lo que hacemos. Cuidamos el uso del papel y fomentamos el uso de la bicicleta. Todas las cuestiones medioambientales tienen que empezar un poco con el individuo para que luego la sociedad entera cambie. Tratamos de seguir el ejemplo de otros para construir una embajada verde. 

¿Qué propuestas actuales puede destacar de su embajada, que tengan vínculo con la responsabilidad social empresaria, la sustentabilidad o el medio ambiente?

Las propuestas que tenemos en la embajada pueden surgir desde acá mismo o venir de Bruselas; muchas veces ellos nos preguntan qué estamos haciendo. Tiene que ver con el contexto y con el saneamiento. Pero también depende de las políticas y de los acuerdos que se llevan a cabo. En la Argentina, creo que hay muchas posibilidades de hablar con el Gobierno, y por eso estos temas no son tan complicados. Aquí existe un buen consenso, sobre todo en temas medioambientales y de derechos humanos; tenemos valores compartidos. Pero también compartimos el valor por las bodegas y por la cocina francesa con porciones alemanas.  

¿Qué actividades planea desarrollar en relación con estos temas?

Vamos a organizar un partido de fútbol femenino en el campo del Club Social y Deportivo Flandria, en Jáuregui, en el Mes de la Mujer. También haremos una actividad en mayo para el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia (IDAHOT, por sus siglas en inglés) junto a las embajadas de los Países Bajos, Israel, Canadá y Suecia. El año pasado organizamos algo en el subte y este año haremos algo con escuelas y chicos. También llevaremos a cabo algunos conciertos y tengo la intención de traer un arpista belga para que toque con arpistas paraguayos. En Uruguay montaremos una muestra de una artista francesa, en el marco de la Francofonía, y en 2021 vendrá una orquesta sinfónica. Todas estas actividades tienen como fin promover Bélgica y afianzar los lazos culturales de nuestros países. Y en marzo, también realizaremos una muestra para la comunicad diplomática en Buenos Aires.