Julieta Cortijo, Directora Ejecutiva de Casa Ronald McDonald Argentina, habla del día a día de una organización que brinda espacios donde hospedarse, programas de atención y propuestas educativas para ofrecer apoyo en momentos familiares delicados que requieren un trato especial.
Un “hogar fuera del hogar” para las familias con hijos que atraviesan tratamientos médicos por enfermedades de alta complejidad es la misión principal de la Casa Ronald McDonald. Les garantiza alojamiento temporal, pero también contención y acompañamiento. Julieta Cortijo, Directora Ejecutiva, es quien lidera la organización, rol que asume como un privilegio: “Estoy muy convencida de lo que hago y lo llevo a cabo con mucho amor y pasión”.

¿Cuándo y cómo nace la Casa Ronald McDonald de Argentina?
Forma parte de un sistema global de Ronald McDonald House y llega de la mano de la familia Spangenthal, que había estado en una Casa de Estados Unidos por el tratamiento médico de una de sus hijas. Cuando regresaron al país, por todo lo que habían vivido, dijeron: “La Argentina merece tener una Casa Ronald McDonald”. Así es como le tocaron la puerta a Arcos Dorados, a Woods Staton, con esta idea, este sueño. A partir de ese primer contacto se constituyó la casa en la Argentina en 1993. Y la primera Casa Ronald en Buenos Aires se inauguró en 1998, en alianza con el Hospital Italiano.
Luego, se expanden a otros puntos del país y abren tres casas más.
A partir de ese momento fue todo crecimiento. Más de 30 años después, tenemos 11 programas en funcionamiento en el país. La Casa Ronald también está presente en Bahía Blanca, Mendoza y Córdoba. Pero también tenemos salas familiares dentro de los hospitales, que funcionan como un espacio de contención para los padres que tienen a sus hijos internados. Hay dos salas dentro del Hospital Garrahan en Buenos Aires, una en el Hospital de Niños de la Santísima Trinidad en Córdoba y otra en el Hospital de Niños Sor María Ludovica de La Plata. Las familias tienen que trasladarse a las grandes ciudades desde muy lejos, con muchas preguntas y pocas respuestas. La primera vez siempre es con temor. Pero algo mágico pasa en Casa Ronald: cuando abrís la puerta, hay un montón de otras familias que te abrazan y te reciben en ese momento de tanta incertidumbre. Eso es maravilloso, la red de contención que se genera, que después de un tiempito juntas ya son tías, amigas, son las que acompañan en un momento difícil, las que están a la espera de un trasplante atrás de la puerta. Es muy lindo ver cómo se generan esos lazos que perduran en el tiempo.
“Además de Buenos Aires, la Casa Ronald también está presente en Bahía Blanca, Mendoza y Córdoba”
¿Hay una demanda constante de familias por un lugar en las casas?
En general, sí. No es aleatorio que una casa tenga 10 o 30 habitaciones. Se construyen luego de un trabajo previo en alianza con el hospital con el que se va a trabajar. Después, hay un tema de estacionalidad. Enero y febrero son meses de menor ocupación producto de las vacaciones y el momento del año. Por estándar internacional debemos tener un 90 por ciento de ocupación. Pero si en un momento la ocupación está más bajita, hay posibilidad de abrir a otros servicios. Se trabaja mucho con el área de servicio social del hospital aliado, que se encarga de las derivaciones, para ver cómo podemos hacer para que más familias puedan aprovechar los programas de Casa Ronald.
¿Cuál es la función de la Unidad Pediátrica Móvil (UPM)?
La UPM es un camión de 13 metros de largo que recorre el país, principalmente el conurbano de la provincia de Buenos Aires, pero también hace operativos de salud en el interior, brindando atención pediátrica, odontológica y oftalmológica a chicos que tienen difícil acceso al sistema de salud. Es un programa que funciona en la Argentina desde el año 2002 y el único que brinda atención primaria. Todos los demás complementan la atención, pero no se ocupan del tratamiento médico.
¿De qué modo determinan los lugares de atención?
Lo que tiene de distintivo la Unidad Pediátrica es que, justamente, es móvil y se puede acercar a donde está la necesidad. Con algunos municipios del conurbano de la provincia de Buenos Aires venimos trabajando de manera sostenida a lo largo del tiempo y siempre estamos abriendo puertas con otros. Articulamos con un actor del sector público local que garantice determinadas cuestiones vinculadas con la atención. Por ejemplo, los turnos que se dan previamente, el centro de salud con el que vamos a trabajar. Luego, es muy importante la derivación, porque si a través de la UPM detectamos algo que excede la atención primaria y que requiere un tratamiento más complejo, tenemos que garantizarle a ese papá o a esa mamá que eso se va a poder hacer. Queremos resolver problemas, no generar más inconvenientes.
¿Cómo se compone el equipo para atender todas las iniciativas de la Casa?
Somos poquitos que hacemos mucho, menos de 30 personas. Tenemos un área central (donde está la dirección ejecutiva), otra de desarrollo de fondos y comunicaciones, el área de operaciones, administración y finanzas, un área que hace la gestión de las donaciones. Una posición nuevita es la de talento y cultura, que maneja todo lo que tiene que ver con recursos humanos y voluntariado. El equipo de médicos de la Unidad Pediátrica Móvil se forma ad hoc para cada salida del camión.
¿En las distintas Casas hay un equipo que la lleva adelante?
Tenemos al responsable del programa, un coordinador y una persona de mantenimiento. Por supuesto, en cada programa hay un equipo grande de voluntarios, que son un pilar fundamental, porque ayudan a su funcionamiento. La Casa de Buenos Aires tiene 5 pisos y 30 habitaciones, hay cosas que arreglar todo el tiempo y hay que mantenerla perfectamente limpia. Estamos acompañando a familias que tienen chicos en tratamientos médicos, y todo lo relacionado con higiene y mantenimiento es fundamental.
“Tenemos salas familiares dentro de los hospitales, que funcionan como un espacio de contención para los padres que tienen a sus hijos internados”
¿Cuántos voluntarios tienen actualmente?
Solo en la Casa de Buenos Aires tenemos alrededor de 60. Si sumamos los voluntarios de todos los programas, son entre 150 y 200. Hay un programa que se llama “Nutrir es Cuidar”, que lanzamos en el 2025 en todas nuestras Casas Ronald, que consiste en ofrecerles a las familias todos los días un desayuno nutritivo, que está gestionado ciento por ciento por voluntarios. Ellos vienen a preparar el desayuno y servirlo, porque la intención es transmitirles a las familias la importancia de desayunar, de lo casero y de lo nutritivo.
¿Hay distintos modos de participación para los voluntarios?
Tenemos organizados turnos de tres horas todos los días, que van desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche. Les pedimos el compromiso de venir al menos una vez por semana en su turno para cumplir determinadas tareas. También contamos con la Unidad de Bienestar, otro programa manejado ciento por ciento por voluntarios. Es un carrito que recorre los hospitales con los que trabajamos, brindando una infusión a esos papás que están en los pasillos haciendo esas esperas eternas, para que sean un poco más livianas.
¿Cuál es la función de la Unidad de Promoción de Hábitos Saludables?
El programa es educativo, desarrolla contenidos. Siempre el puntapié es un cuento, que tiene a Lola como protagonista y una línea de trabajo, como el cepillado de dientes, el lavado de manos, cuestiones de bullying. A través de diferentes historias infantiles se busca promover hábitos. Ya tenemos 11 dispositivos desarrollados.
¿El programa Nutrir es Cuidar va en esa misma línea?
La unidad no nació por el tema de la alimentación, pero ahora, a partir del lanzamiento de este programa, también estamos haciendo una historia de Lola hablando de la importancia del desayuno. Vamos relevando qué es lo que la gente necesita, dónde hay que reforzar cuestiones. La Unidad de Promoción de Hábitos nació a partir del trabajo de la UPM: muchas de las cosas con las que llegaban los chicos tenían que ver con falta de hábitos, como el problema del no cepillado de dientes. Siempre que vamos a hacer atención también buscamos ofrecer talleres en escuelas o colonias de vacaciones, por ejemplo, y con grupos de diversas edades.
“Siempre que vamos a hacer atención con la Unidad Pediátrica Móvil también buscamos ofrecer talleres en escuelas o colonias de vacaciones, y con grupos de diversas edades”
¿Qué relevancia tiene el evento anual de recaudación?
Es el evento propio más importante, que convoca alrededor de 450 personas y más de 30 empresas que se suman como sponsors. También lo capitalizamos para agradecer y fidelizar a nuestros donantes. Buscamos que sea un encuentro donde la gente disfrute y que cuando termine diga: “Qué bien que la pasé, el año que viene me dan ganas de volver”. Después, tenemos “El Gran Día”, que lo hace McDonald’s a beneficio de la Casa Ronald y Cimientos, que se sumó desde el año pasado como organización beneficiaria, donde los más de 220 locales que tiene McDonald’s en el país venden Big Macs a beneficio de Casa Ronald. Tiene una federalidad y una difusión enorme. Es un privilegio poder pertenecer.
¿De qué otra forma las empresas pueden contribuir con el trabajo de la Casa Ronald?
En proyectos determinados: quizás a una empresa que trabaje en salud le interese esponsorear o financiar un operativo de la UPM. Además, tenemos padrinos de espacios o de habitaciones. Hay múltiples opciones y diferentes valores. Buscamos que todo aquel que quiere colaborar lo pueda hacer. También está el voluntariado corporativo como una forma de que conozcan qué hacemos, la puerta de entrada en un vínculo que queremos que sea de largo plazo. Es vivir la misión en acción. Pueden conectar con las historias reales que pasan por las diferentes casas, que están abiertas 7×24 los 365 días del año. A veces arrancan por Buenos Aires y, a partir de una primera experiencia, piensan “Tenemos un equipo de trabajo en Córdoba, ¿podemos hacer una jornada allá también?”, y eso escala a la región, generando vínculos que trascienden la frontera.
¿Tienen donantes individuales?
Hoy la estrategia de donantes individuales es una de las fuentes de ingreso más importante. A partir del año 2018 empezamos a darle relevancia y entidad. Al principio se invirtió para que el volumen creciera hasta llegar a un punto en el que empezamos a ver rentabilidad. Hoy tenemos una base de casi 10.000 donantes individuales que colaboran todos los meses con su tarjeta de crédito. Es una de las estrategias que más miramos, porque da resultados mes a mes.
Le dan un lugar muy importante al trabajo en red, tanto con empresas como con organismos gubernamentales y con otras organizaciones.
Casa Ronald no puede pensar en su trabajo si no es en red. Así como nosotros trabajamos en alianza con los hospitales, con los municipios, con otras fundaciones con las que nos complementamos, y hacemos sinergias para lograr un mayor impacto. Es una de las premisas: trabajar en equipo y en red. Definitivamente, es uno de los pilares con los que nos sentimos muy cómodos y creemos que es la mejor manera, articulando.
¿A nivel internacional tienen contacto entre las Casas?
El contacto es permanente, por supuesto con casa matriz en Chicago, pero sobre todo en la red latinoamericana. Hay mucho de compartir problemáticas o prácticas que funcionan en un capítulo y que se puedan replicar o adaptar. De hecho, hacemos una reunión anual con todos los líderes de Latinoamérica justamente para compartir prácticas y desafíos. Hay cuestiones que, a veces, se destraban a partir de la conversación con un otro que está atravesando una situación similar.
¿Qué objetivos tienen para el 2027?
Siempre está el deseo de seguir creciendo. Hoy no hay un programa concreto que diga que el año que viene vamos a abrir una nueva sala o una nueva casa, pero sí debemos entender lo que está pasando en el mundo de la pediatría y cómo podemos ofrecer más y mejores servicios. Las familias que llegan, en general, pasan mucho tiempo en nuestras casas y en las salas. Nuestro objetivo no es solamente resolver la cuestión de que vengan a dormir, a comer y a ducharse, sino cómo podemos aprovechar ese tiempo para darles herramientas que trasciendan la permanencia. Así como pensamos en el Nutrir es Cuidar, ahora hay muchas cuestiones vinculadas con la salud mental y la gestión de emociones para pensar iniciativas y brindar un acompañamiento más integral.








