Sentado en el quincho de su casa, observa la camiseta de la selección argentina enmarcada y con el número 145. Javier Zanetti soñaba con usarla al menos una vez, y fue durante un tiempo el hombre que más veces la vistió oficialmente (lo superaron Javier Mascherano y Lionel Messi, pero se mantiene en el podio).

El Vicepresidente del Inter de Milan pasa un par de semanas al año en la Argentina y las transcurre entre visitas a amigos y familiares, y compromisos vinculados a Fundación PUPI, el proyecto solidario que lleva adelante desde hace más de veinte años.

¿Qué significan para vos las semanas que pasás en la Argentina?

Para mí es un momento muy importante. Estoy muy tranquilo por la gente que trabaja en el día a día en la fundación, son todos muy profesionales. Pero me gusta tener a los chicos cerca, ver su evolución y crecimiento. Me gusta que mis hijos me acompañen. Los tres son italianos y ven que hay distintas realidades. Ellos viven algo que por ahí otros chicos no tienen la suerte de vivir. Esto es un cable a tierra, hacerles ver que la vida no es todo color de rosas, sino que cuando ellos crezcan y cada uno vaya por su carrera, se van a encontrar con dificultades. Es importante que lo sepan.

¿Qué entendés por responsabilidad social?

Forma parte de mi vida desde que era muy chico. Crecí con los valores que me enseñaron mis padres. En 2001, cuando creamos nuestra fundación y asumimos esa gran responsabilidad, queríamos darles a los chicos de nuestro barrio un futuro mejor a través del deporte, la educación y la salud. Estoy muy feliz por el camino recorrido, porque hemos hecho muchísimas cosas, muchísimos proyectos. Hemos visto crecer a muchísimos chicos que empezaron con nosotros y hoy cada uno de ellos tiene un proyecto de vida. Eso para nosotros es el mejor resultado.

La fundación cumplió veinte años, ¿te imaginabas este recorrido?

Comenzamos en un año difícil para los argentinos, pero la verdad que nunca me hubiese imaginado todo este crecimiento. Empezamos con 39 chicos y hoy estamos ayudando a más de mil, con las familias y todo. Lo más gratificante es el crecimiento constante. Tenemos muchísimos proyectos y vemos que los chicos están bien.

Es un poco agridulce, imagino, ya que la fundación crece porque sigue siendo necesaria…

Sí. Me encanta el crecimiento de la fundación, pero al mismo tiempo me pongo a pensar en la realidad del país, y la demanda siempre es más grande. El termómetro te marca que no estamos bien. Muchos hacen hincapié en la economía, que es importante, pero creo que no estamos bien a nivel educativo, a nivel social, que es lo que un país necesita.

¿Creés que la nuestra es una sociedad responsable?

Creo que en nuestra sociedad hay mucha gente que quiere ayudar, colaborar, que no le escapa al compromiso, que ve las dificultades y es muy sensible a todo lo que nos rodea.

¿Sos de participar en campañas solidarias, más allá de las de tu fundación?

Sí, he participado en muchas y me interesa poder apoyar y ayudar a otras fundaciones o asociaciones que se ocupan de la responsabilidad social. Creo que lo más importante es crear alianzas entre todos, porque mientras más seamos, a más gente vamos a ayudar. Fui deportista por muchos años y pienso que el deporte es una herramienta fundamental para el desarrollo y el crecimiento de todos los jóvenes.

¿Sentís que tu rol te da más responsabilidad?

Seguro que mi rol, por la visibilidad que tengo, es una gran responsabilidad, porque tengo que estar muy atento a mis comportamientos. Soy consciente de que puedo ser ejemplo para muchos jóvenes.

Muchas veces se acusa a los futbolistas de vivir en una burbuja, ¿no te pasó nunca?

No, yo siempre salí de esa burbuja, estuve conectado con la realidad. Cuando decidimos emprender este camino de la fundación, la idea era devolver a mi país lo mucho que me dio. Me permitió cumplir el sueño que empezó en mi barrio, en Dock Sud, cuando era chico, jugando a la pelota con mis amigos. Yo me formé con lo que me enseñó mi familia, y esa educación me sigue acompañando hasta hoy. Les quiero transmitir eso a los chicos de mi fundación.

SELECCIÓN

El 16 de noviembre de 1994, en el inicio del ciclo de Daniel Passarella como director técnico de la Argentina, Javier usó por primera vez la celeste y blanca. En aquel momento, solo habían transcurrido dos mundiales sin que la selección levantara el trofeo, y era la vigente campeona de la Copa América.

Con el correr de los años, la camiseta se volvió más pesada, la presión por ganar se hizo más intensa y los reclamos por la falta de títulos empezaron a acumularse.

¿Cómo fue tu carrera en la selección argentina?

Disfruté cada momento, cada entrenamiento, estar con los utileros, tomar mate con los compañeros, las concentraciones. Sabía que estaba en un lugar único. Era un privilegiado. En Dock Sud, con mis amigos, soñaba con jugar al menos una vez en la selección, y finalmente jugué 145 partidos en 17 años. Después, perdía algunos partidos o alguna copa y dolía, pero yo daba todo por la selección. Los momentos de dificultad son los que te hacen más fuerte. Me ha tocado ganar mucho y he perdido mucho también. La derrota te prepara para el éxito.

 

Su primer torneo oficial fueron los Juegos Panamericanos de 1995, donde obtuvo la medalla dorada. Un año después, otra medalla: esta vez la de plata en los Juegos Olímpicos de Atlanta. Aunque la eliminación en octavos de final fue dura, su recuerdo más grato con la Argentina se dio en el Mundial de Francia, en 1998: en el final del primer tiempo, en los octavos de final, la Argentina perdía 2 a 1 contra Inglaterra. Batistuta se dispuso a patear un tiro libre en el borde del área y sorprendió al tocarla para Zanetti, que apareció por detrás de la barrera inglesa para pararla con la derecha, girar y meter un zurdazo junto al palo. Uno de sus cinco goles en el seleccionado, el único en un Mundial.

Cuatro años después, en el Mundial de Corea y Japón, la otra cara de la moneda: “Estábamos muy ilusionados, la gente confiaba mucho en nosotros, por cómo veníamos. Nunca vi un vestuario tan triste como el del día que quedamos afuera en primera ronda. Hicimos todo para ganarle a Suecia, pero a veces el fútbol no tiene explicación”, se lamenta.

 

Participaste de los procesos previos a los dos mundiales siguientes, pero quedaste afuera, ¿qué sensación te quedó de esas experiencias?

Me dolió en el momento. Hice todo lo posible para estar y en ambos quedé afuera el último mes. Para mí fue inexplicable, pero me quedé tranquilo conmigo mismo. Cuando la decisión pasa por otra persona, ya ahí no depende más de vos. Yo hice lo que tenía que hacer. Tuve tristeza, dolor, un poco de rabia, pero estas son cosas que forman parte del fútbol. Me tocó a mí y lo acepté. Seguí adelante sin problemas. Es más: viajé a los dos mundiales como hincha de la selección, que es algo que voy a ser siempre.

Compartiste muchos años con los que integran el cuerpo técnico, ¿te sentís más cercano desde ese lado?

Sí, y me pone feliz el presente que están teniendo. Conozco a cada uno de ellos y sé la manera de trabajar que tienen y lo que sienten por la selección.

Cuando comenzó el proceso de Scaloni, todo el mundo miraba desconfiado…

Sí, pocos creían. Scaloni agarra en un momento en el que nadie quería agarrar. Hizo un trabajo de menor a mayor y fue convenciendo a los jugadores con sus ideas. Hoy se ven los resultados.

En aquel momento inicial, ¿lo veías como una solución pasajera? ¿O creías que se iba a quedar en el cargo hasta el Mundial?

No, en su momento fue algo pasajero. Él mismo lo pensaba así. Pero después se vio que esta selección tenía un gran crecimiento y todo se fue dando. Hoy es un referente importante.

Cuando surgió Messi, fue muy llamativo que llegara a la selección un chico que no hubiera jugado nunca en la Argentina. Hoy se está dando más seguido: Alejandro Garnacho, los hermanos Carboni, Soulé, Luka Romero, Nicolás Paz, ¿por qué creés que se da?

Porque los jugadores se van muy jóvenes, se les presentan oportunidades a las que es difícil renunciar. Un poco, por la situación que atraviesa el país, y también porque en Europa completan su crecimiento con otra estructura que los contiene. No tienen tiempo de pasar por un club argentino. Y la selección necesita incorporar ese tipo de jugadores, aprovecharlos.

Hablando de Messi, es un jugador que siempre defendiste, y lo viste de cerca desde sus 18 años…

Sí, viví muchos momentos con él y sé lo que siente por la selección argentina. Me ponía loco cuando lo criticaban en el país, porque era inentendible. A los 18, desde el primer momento que lo vi, noté que era distinto. Sorprendía. Hacía cosas que los demás no podíamos hacer.

Es, como lo fuiste vos, un capitán silencioso, un líder que no grita, ¿ves similitudes en ese sentido?

Él, por su calidad de jugador, tiene también liderazgo adentro de la cancha. Pero afuera puede que sí, que haya una línea similar. Me gusta la manera que tiene de liderar. Demuestra con el ejemplo, y es lo mismo que intentaba hacer yo. La mejor manera de liderar es mostrando, no hablando mucho. Mis compañeros siempre sintieron que yo dejaba todo el interés personal por el bien del grupo y por eso me han respetado cuando era capitán y durante toda mi carrera.

Muchos de los compañeros de Messi en la selección lo tuvieron de ídolo. A vos te pasó con Diego Maradona cuando fue director técnico, ¿cómo se maneja eso?

Creo que ahora se ha conformado un gran grupo, y él se supo rodear de gente que lo hace sentir bien, importante, en la medida justa. Y para mí, haber compartido tiempo con Diego creo que fue lo máximo. Hablar con él, las anécdotas que te contaba, la motivación que te daba… Es único. Había admiración todo el tiempo, pero después te tenés que ir acostumbrando a tenerlo enfrente, porque cuando empezás a trabajar es otra cosa. Igual, siempre está la sensación de tener a tu ídolo adelante.