Carlos Tomada, Ministro de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, sabe muy bien que, para el desarrollo de una fuerza laboral sólida y consistente en la Argentina, es fundamental integrar los conceptos y valores que promueve la responsabilidad social.

El 25 de mayo de 2003 marca un antes y un después en la vida de Carlos Tomada. Ese día, es nombrado Ministro de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, el desafío profesional más importante de su carrera. La historia cuenta que fue el propio Presidente de la época, Néstor Kirchner, quien se comunicó directamente con él por teléfono para ofrecerle hacerse cargo de dicho Ministerio. Todo esto, por supuesto, a una semana de asumir en la Casa Rosada. Tomada, sorprendido por esta inesperada propuesta y sabiendo el duro escenario que probablemente debería enfrentar dada la difícil situación económica, política y social que vivía el país en ese momento, no dudó en ningún momento en asumir el cargo y, con entusiasmo y convicción, formó rápidamente un equipo de profesionales que lo ha acompañado, en su gran mayoría, por más de una década.

Durante estos 12 años de ininterrumpida gestión –primero, durante el Gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007); y luego, designado nuevamente por Cristina Fernández–, Tomada reconoce que ha pasado por momentos difíciles. A veces, como bien dice, “de intensa adrenalina”, pero a pesar de todo, jamás, en todo este tiempo, renunció al diálogo, a los consensos ni a generar acuerdos que promuevan el trabajo decente y digno en la Argentina. Su tarea por abolir de forma definitiva el trabajo no registrado en el país encuentra un símbolo en el proceso que concluye con la Ley 26.940, promulgada en 2014 y que tiene como objetivo prevenir y sancionar el fraude laboral. La responsabilidad social es, sin duda, un concepto clave que ha existido de forma integral y transversal en toda su labor como Ministro. PRESENTE tuvo la posibilidad de acceder a su despacho y de entablar con él una conversación distendida y sincera, con la misión de conocer un poco más al hombre detrás de uno de los Ministerios más emblemáticos del Gobierno de la Nación.

Habiendo tantas corrientes dentro del derecho, ¿por qué decidió dedicarse a temas vinculados con las relaciones del trabajo?

Está muy bien formulada tu pregunta, porque venías por el lado del derecho y podrías haber terminado en por qué me aboqué al derecho laboral, pero terminás con “relaciones del trabajo”, que es, en definitiva, a lo que yo me he dedicado toda mi vida. Desde un primer momento, ya estando en la facultad, por inclinación social, familiar, lo del trabajo me era particularmente atractivo. Y eso no solamente me llevó a perfeccionarme, sino también a involucrarme en lo que podríamos llamar “las relaciones colectivas de trabajo”. Esta articulación y esta tensión entre capital y trabajo, entre empleadores y trabajadores, el desarrollo de instituciones como la negociación colectiva, como la administración de un conflicto, el pleno respeto por las leyes laborales, entre otras cosas más, fueron formando parte de mi desarrollo intelectual y académico, y también de mi actividad laboral.

¿Qué ha significado para usted ser Ministro de Trabajo y además llevarlo a cabo por tanto tiempo?

Un enorme desafío. El día que Néstor me llamó por teléfono para decirme que yo iba a ser su Ministro de Trabajo, creo que me costó recuperarme [risas]. No me lo esperaba, a pesar de que yo venía trabajando y militando en este espacio hacía años; fue un impacto muy grande. Lo primero que me causó fue una sensación de tener que enfrentar un enorme desafío y una gran responsabilidad. Era mucho lo que debía modificarse en relación a lo que en esta materia se venía haciendo en la Argentina. No había empleo, los sindicatos habían quedado muy debilitados, el trabajo no registrado era inmenso, así que la tarea fue muy grande desde un principio, porque no se trataba solamente de hacer una buena gestión, sino también de hacer una gestión que transformara, que impulsara los cambios que necesitábamos para que la Argentina se pusiera de pie y volviera a colocar al trabajo como eje central en lo que se refiere a la dignidad de las personas y como un factor fundamental del desarrollo económico del país.

¿Hay algún punto en particular en el cual quería poner mayor énfasis el ex-Presidente Kirchner?

Él decía, en conversaciones privadas, inclusive en los medios de comunicación, que era importante hacer una modificación en la distribución de los ingresos. Y hacía la siguiente línea divisoria: los que se encuentran de este lado, del statu quo, son los que quieren dejar todo como está; en cambio, los que estamos del otro lado somos los que vamos a trabajar por la modificación de la distribución de los ingresos, a la que luego agregamos la distribución del conocimiento, la modificación en la distribución de la palabra, etc. La idea era que los ingresos, los saberes y la palabra fuesen democráticos e iguales para todos.

En una entrevista reciente señaló: “Mientras haya un solo empleo no registrado seguiremos estando en deuda”. ¿Opina que falta concientización de la sociedad?, ¿cuál sería la manera de erradicarlo?

Los niveles de concientización que posee hoy la sociedad se han modificado de forma sustantiva. En 2003, parecía normal hablar de tener trabajadores no registrados, formaba parte, incluso, de una charla coloquial. Nadie veía esto como un daño social, y me parece que eso ha cambiado. Sobre todo, porque se han ido tomando una serie de acciones en dirección al fortalecimiento de la inspección del trabajo, a la simplificación de los trámites y a la mejora de la tecnología disponible para registrar y para controlar ambas cosas. Pero lo más interesante es que también ha habido un progresivo cambio cultural, tanto de empleadores como de trabajadores y de organizaciones sindicales, en el sentido de entender que el trabajo no registrado genera un daño muy fuerte, porque los trabajadores se quedan sin derechos y porque también se producen situaciones de competencia desleal. Si bien se ha ido mejorando, hay que seguir en esa misma dirección y las medidas deben ir en la línea de la Ley 26.940 de Promoción del Trabajo Registrado y Prevención del Fraude Laboral, promulgada por el Congreso en 2014, en donde nosotros planteamos concretamente sanciones y estímulos. Es la primera vez que se da una respuesta integral al trabajo no registrado. Bajó mucho de 2003 a ahora, casi 17 puntos porcentuales, algo inédito en la Argentina. Pero tenemos que seguir trabajando. Y la forma es continuar generando más conciencia y estímulos, pero también mucho control y fiscalización.

¿Cuáles han sido los principales logros de su gestión como Ministro del Trabajo?

Primero, para aclarar confusiones, el crecimiento del empleo no es tarea del Ministerio del Trabajo. Yo agradezco la generosidad con que muchas veces se me adjudica eso, pero en realidad la responsabilidad del Ministerio de Trabajo es otra. Por supuesto que aporta a la generación de empleo, pero lo importante del Ministerio es que tiene la tarea y el compromiso de lograr que el trabajo que se genere llegue a todas las regiones, a todos los niveles sociales y a todos los hombres y mujeres de la Argentina. Y la segunda labor es que ese trabajo que se crea sea de calidad. “Trabajo decente”, como lo denomina la Organización Internacional del Trabajo (OIT). ¿Y qué significa? Es un empleo con protección social, con una adecuada remuneración en un ámbito seguro, con negociación colectiva, en fin, ese es el trabajo que ha crecido fuertemente –y de una manera inédita– en la Argentina, y en eso sí tiene responsabilidad el Ministerio. Ese te diría que ha sido uno de los principales logros en nuestra gestión. Otro, sin lugar a dudas, es el fortalecimiento de la negociación colectiva, “las paritarias”, como se las llama normalmente. Todos saben que es un instrumento social que ha dado buenos resultados y que evita caer en la discrecionalidad a la hora de fijar salarios. Y por supuesto, otro tema importante es haber recuperado aquellas instituciones que estaban abandonadas. Me refiero, por ejemplo, a la Inspección del Trabajo, al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil, y a otros organismos. Por último, creo que otro de los logros es haber innovado en materia de trabajo, como la Red de Servicios de Empleo, que cuenta hoy con 600 oficinas en todo el país y que funciona como intermediaria entre el empleador y el trabajador. También me gustaría destacar que este es el Gobierno que históricamente más ha invertido en formación profesional en la Argentina. Cuando llegamos en 2003, se capacitaban 15.000 personas por año, y hoy estamos aproximadamente en 300.000, acumulando más de tres millones y medio de argentinos y argentinas que hoy en día tienen la posibilidad de acceder a la incorporación de nuevos oficios y nuevos saberes vinculados desde el trabajo manual hasta la innovación tecnológica.

¿Qué objetivos tiene pendientes en agenda que quisiera concretar durante este año?

Un proyecto político, económico y social como el que está en curso siempre está inconcluso, siempre tiene la aspiración de continuar incluyendo socialmente, distribuyendo mejor el ingreso, sancionando el trabajo no registrado, alcanzando el pleno empleo. Y eso yo no lo puedo abandonar. Está en el ADN de esta gestión. Pero teniendo en cuenta que me quedan solo diez meses, tal vez me gustaría hacer descender un poco más el trabajo no registrado y dar cuenta de algunos cambios en las relaciones individuales de trabajo, como por ejemplo las licencias parentales. Hoy en día, el hombre ocupa otro lugar dentro de la familia y la mujer ocupa otro espacio dentro del mundo laboral. Esos dos cambios sustantivos tienen que encontrar reconocimiento en una legislación que fue hecha en otros tiempos, cuando la mujer contaba con un rol absolutamente secundario en el trabajo, al igual que el hombre en el hogar. Yo lo veo mucho en los más jóvenes. Por eso, pienso que sería importante generar una actualización.

¿Qué opinión le merecen los sindicatos en la Argentina y en qué puntos considera que contribuyen con los intereses de los trabajadores?

En la Argentina los sindicatos han cumplido un rol trascendente en términos de su involucramiento en la lucha por la justicia social, en la mejora de la situación de los trabajadores y también, muchas veces, en la defensa de esos mismos derechos frente a la ofensiva de sectores que concretamente querían hacer retroceder los avances sociales. Hoy me parece que el sindicato ha recuperado protagonismo social y no ha sido solamente porque haya más empleos, sino porque ha habido una vocación del Gobierno de darles una importancia y un reconocimiento en la vida democrática en nuestro país. Creemos que es positivo y otorga una mayor pluralidad al debate de los temas que tienen que ver con el mundo del trabajo. Siempre la pregunta es cuán representativos son o cuánto representan exactamente los intereses de los trabajadores. Yo considero que sumando y restando, el movimiento obrero argentino tiene un adecuado nivel de responsabilidad. Creo que enfrenta desafíos, debido a los cambios que se están produciendo. Nadie puede pensar que, en un país que generó en siete años seis millones de puestos de trabajo (nuevos) y que, de esos seis millones, casi un 60 por ciento fueron ocupados por jóvenes menores de 30 años, el mundo del trabajo se va a congelar en el tiempo como estaba en los últimos años del siglo XX. Las organizaciones sindicales y sus dirigentes deberán asumir responsabilidades, plantearse las necesidades de nuevas metodologías, de mayor nivel de acercamiento a esa cotidianeidad de los trabajadores. Creo que también es una responsabilidad de la sociedad en su conjunto, en dirección de trabajar en la paz social.

¿Cómo definiría usted una empresa “socialmente responsable”?

Desde hace diez años venimos generado un cruce de dos conceptos fundamentales para nosotros. Por un lado, la responsabilidad social empresaria (RSE), que la entiendo como una forma en la que las empresas no solamente dan respuestas a las demandas de las lógicas necesarias de sus accionistas, sino que también es una respuesta a la sociedad en la que están insertas, en términos sociales y ambientales. Ahora, esta definición no es aplicable de la misma manera en cualquier país del mundo. Porque hay historias, tradiciones, valores, coyunturas diferentes. No es lo mismo la RSE que se desarrolla en Holanda o en los países nórdicos que la de Bangladesh, Pakistán o Sudáfrica. Por lo tanto, nosotros hemos querido trabajar este concepto de la RSE, y debo decirle, con verdaderos resultados y reconocimientos, en un cruce con el concepto de trabajo decente acuñado por la OIT. Planteamos que un país como la Argentina tiene una tradición, un vínculo con el trabajo y con la educación pública. Son un rasgo de su identidad histórica y sus principales mecanismos de inclusión social. Por lo tanto, creemos que la RSE debe estar articulada con la idea del trabajo. Y en esto hemos venido haciendo una labor que hoy ya suma a más de cien empresas líderes, universidades y un vínculo con diez cámaras binacionales del país. Así, junto a muchas de estas empresas, hemos llevado adelante iniciativas como el Programa Jóvenes con Futuro, acción dirigida a ayudar a jóvenes vulnerables a que tengan las mismas posibilidades de ingresar a compañías líderes, a formarse y a capacitarse para que cuenten con las mismas oportunidades a la hora de postularse a algún empleo. Hemos desarrollado otra línea de trabajo que tiene que ver con el aprendizaje compartido de la negociación colectiva. Son acciones donde dirigentes sindicales y responsables de las áreas laborales participan en ejercicios de negociación y consenso, en forma conjunta. Este es el quinto año en el cual desarrollamos esta actividad, con resultados extraordinarios. Delegados de distintas empresas vienen y discuten sobre diferentes temas, y han surgido cláusulas y convenios para motivar a otros sectores. Estos encuentros abordan diversos temas que consideramos indispensables a la hora de hablar de responsabilidad social en el trabajo, tales como la violencia laboral, las adicciones, la diversidad sexual, la responsabilidad social empresaria, etc. Todos estos temas pueden formar parte de un convenio. Por último, una tarea en la que venimos trabajando también con un fuerte compromiso de las empresas es la idea de extender la responsabilidad social empresaria a la cadena de valor. Todos los presidentes que se reúnen conmigo tienen compañías en las que evidentemente el trabajador está registrado en el cumplimiento de las normas laborales y previsionales, pero el tema es que en la cadena que se va formando con los distribuidores, los proveedores o los subcontratistas, se va diluyendo. Por eso, hemos propuesto diversos planes para que las empresas no se olviden de quienes forman parte de la cadena de valor, ya que una respuesta de calidad de esas empresas debe estar sujeta a un respeto que incluye a aquellos agentes que participan en todo el proceso de producción. Esto es, al empleo de calidad

Cuando hablamos de gestión, en un Ministerio en el que en otros Gobiernos han pasado muchos Ministros del Trabajo, ¿cómo ha sido el equipo humano que acompañó al Ministro Tomada durante todo este tiempo? Fueron muchos años…

[El Ministro Tomada hace una pausa prolongada, respira y se lo nota emocionado]. Es una muy buena pregunta, porque yo siempre digo, y se engancha con lo anterior, que mi gestión tiene dos basamentos fundamentales que la simplificaron mucho: primero, el haber sido Ministro de dos Presidentes que se ocuparon, como nunca antes, de la cuestión laboral, con un respaldo político sumamente importante. Y segundo –y esto lo voy a decir sin filtro–, pude conformar el mejor equipo que ha tenido, que tiene y que podrá tener un Ministerio de Trabajo. Desde la pequeña anécdota de cómo se formó en una semana (Néstor me avisó un lunes y asumíamos el sábado), siempre me preocupé de contar con gente de primer nivel y confianza personal, profesional y política. Por este Ministerio han pasado abogados, sociólogos y economistas de primer nivel. Busqué a los mejores, y no necesito afirmarlo yo, todos los actores sociales lo saben y lo han dicho. Tuvimos que enfrentar ese inmenso proceso de traspaso de una Argentina sin trabajo a una Argentina con trabajo, de una sociedad sin esperanza a una sociedad de trabajo. Tengo solo palabras de agradecimiento. Mi gestión habría sido imposible si no hubiese contado con el nivel de compromiso y de calidad que tuvo, con los que arrancamos, con los jóvenes y no tan jóvenes que se fueron sumando al poco tiempo, dándole una frescura que conserva hasta el último momento. Yo estoy viendo cómo son las reuniones que hacemos desde comienzos de este año y siguen apareciendo proyectos, propuestas para mejorar, con el mismo nivel de compromiso que hubo desde un principio.

En el futuro, ¿cómo le gustaría que lo recordasen sus pares?

Me gustaría ser recordado por lo que hicimos, por las instituciones que recuperamos, por haber trabajado siempre por el diálogo, por el equilibrio; estuvimos en los sectores más débiles, con los más vulnerables. Me gustaría ser recordado como el Ministro de Trabajo de Néstor y Cristina.