El economista Bernardo Kliksberg es considerado el gurú mundial en RSE. Sus investigaciones sobre la pobreza y su búsqueda constante de un mundo más equitativo lo llevaron a asesorar a presidentes y a diferentes organizaciones internacionales. De paso por Buenos Aires, reflexionó sobre la situación económica en el país y en el mundo.

“Creo en el ser humano”, afirma con esperanza Bernardo Kliksberg. Sus palabras son respetadas en todo el mundo. Su trayectoria –es doctor en Economía y Ciencias Administrativas, contador público y licenciado en Sociología y en Administración– demuestra que este hijo de emigrantes judíos es uno de los hombres fundamentales del pensamiento contemporáneo. Reside en Nueva York, donde se desempeña como asesor principal de la ONU en trabajos sobre pobreza internacional. También trabajó para el BID, UNICEF, UNESCO, la OEA y la OPS. Se consolidó como un pionero de la ética para el desarrollo, el capital social y la responsabilidad social empresarial, y creó una nueva disciplina: la gerencia social. Viajó a Buenos Aires para presentar su último libro (tiene 56 publicaciones), Ética para empresarios (Ediciones Ética y Economía), y alertar sobre la importancia de que las compañías cumplan con su rol social.

¿Qué lo llevó a trabajar para lograr que las empresas sean socialmente responsables?

Me llamó la indignación contra la pobreza. Desde muy joven trabajo en forma voluntaria desde la ONU y desde otros lugares para luchar contra ella. No puede ser que vivamos en un mundo que tenga la posibilidad de explorar toda la galáctica y que, al mismo tiempo, haya 2600 millones de personas que no tengan un inodoro. En el mundo mueren dos millones de niños por año a causa de diarrea, porque no tienen agua potable. Fundé una nueva disciplina que se llama “gerencia social” que tiene como objetivo hacer eficientes las políticas sociales, combinando todos los actores de la sociedad. He trabajado para sentar las bases, junto a mi socio intelectual y Premio Nobel de Economía, Amartya Sen, de la ética para el desarrollo, que es como trabajar la economía con una perspectiva ética. Impulsé la RSE porque para mí los actores centrales para combatir la pobreza son tres: la política pública, la sociedad civil y la empresa privada.

¿Cómo sería el escenario ideal para combatir la pobreza?

Si hablamos de política pública, en América Latina, durante los últimos años, se han elevado las inversiones en educación y en salud. Sin embargo, todavía falta mucho más. Con respecto a la sociedad civil, creo mucho en el voluntariado. Trabajo codo a codo con asociaciones como AMIA y Cáritas, y creo fervientemente en eso. Como también en la empresa privada, aunque todavía hay mucha resistencia por parte de los empresarios.

Para Kliksberg, una empresa es socialmente responsable, en primer lugar, si cuida a sus empleados: “No significa solamente pagar sueldos razonables, sino mucho más que eso. Significa no discriminar a las mujeres, que siguen siendo discriminadas profundamente en el mercado. Ganan un 25% menos que los hombres a igual trabajo. En América Latina, tienen menos del 4% de los puestos directivos”, explica y agrega: “RSE también significa equilibrio, familia, empresa. Esto sería no crear una situación insostenible para llevar adelante una familia y al mismo tiempo trabajar. Significa desarrollo del potencial de la gente, de aprendizaje, de crecimiento. En segundo lugar, una empresa socialmente responsable es una empresa que hace juego limpio con los consumidores. Si el producto es de buena calidad, a precios razonables, productos saludables. Una gran parte de la industria alimentaria está volcada a productos antisaludables, generando permanentemente productos con grasas ultrasaturadas. La OMS ya demostró que reducen diez años la esperanza de vida. Gran parte de la industria de la comida rápida está montada sobre la base de la venta de ese tipo de grasas: son atractivas, tienen buen gusto, pero son mortíferas para las arterias. En México y en Estados Unidos hay una epidemia de obesidad infantil. El 33% de los chicos son obesos. Esto es RSE total”.

En tercer lugar, sostiene que una empresa responsable es una empresa que cuida el medio ambiente. No solo por no contaminarlo, sino porque forma parte de una cultura necesaria para construir una economía libre de contaminación que nos amenaza a todos. En cuarto término, una compañía debe ser transparente: “Luego de los desastres que representaron las quiebras fraudulentas en Wall Street en 2008 y 2009, de la manipulación de los principales bancos del mundo para obtener ganancias mezquinas, la opinión pública de todo el mundo exige balances reales, rendición de cuentas, como también que publiquen los balances sociales”. El quinto y último punto de RSE para Kliksberg es que las empresas tienen que estar comprometidas a ayudar con problemas que son prioritarios para la sociedad. No pueden hacerse las distraídas. “Eso lo llamamos inversión social. Las empresas tienen que invertir en coalición con las políticas públicas. Por ejemplo, en la Argentina hay un 20% de jóvenes que está por fuera del mercado de trabajo. En América Latina, el 25%; esto es gravísimo”.

¿Cómo pueden ayudar las empresas en este tema?

Las empresas pueden ayudar mucho, ofreciéndoles un programa de aprendizaje. En Chile hay un programa muy bueno que se llama Chile Joven. El Estado hizo un acuerdo con las empresas. Las financia para que contraten durante varios meses a jóvenes excluidos. Y luego, si las empresas quieren contratar a los jóvenes, lo hacen. El programa fue exitosísimo, el 90% de los jóvenes fueron contratados. En la Argentina hay programas similares entre el Ministerio de Trabajo y varias empresas importantes. Las compañías privadas tienen que ayudar a bajar las tasas de mortalidad infantil y de salud materna, a que haya agua potable. Ellas son un motor muy importante de la economía, y esas energías, además de usarlas para producir productos y tener rentabilidad –algo totalmente legítimo –, las pueden usar también para mejorar la situación de los habitantes del país. Esto no es solo dinero, la empresa puede aportar espacios en Internet, tecnologías, gerencias y crear valor social.

 ¿Cómo es el panorama en la Argentina? ¿Las empresas son realmente responsables?

Como en el resto de Latinoamérica, hay tres tipos de RSE. El primero es el narcisista, al que no le importa nada de lo que pase alrededor. Está montado en sí mismo, en el egoísmo. Lo que Obama llama la “codicia desenfrenada”. Hay muchas empresas que están en eso. Hay otro modelo empresarial que es la empresa filantrópica que está creciendo y que hace contribuciones a la comunidad de forma cada vez más regular. Es un progreso. Pero yo aspiro al tercero, que es la empresa que hace RSE, no es una contribución cada tanto. Es trabajar sabiendo que la empresa no solo debe ganar dinero, sino también satisfacer a todos los stakeholders. La empresa privada tiene que ser un ciudadano ejemplar.

¿Qué influencia tiene su religión en su trabajo?

Absoluta. Mi libro fundamental de referencia es la Biblia, una lectura que me marcó profundamente. Para mí es el tratado más importante de política social. El concepto de responsabilidad social empresarial aparece por primera vez en la Biblia. En sus páginas dice que la propiedad privada es lícita, pero que tiene que ser compartida y manejada con totales criterios de solidaridad. Si no, se convierte en idolatría. Lo deja bien claro: “Si alguien cree que él es merecedor de fortunas incalculables porque fue su esfuerzo, se equivoca, porque todo lo que tenemos es prestado”. La divinidad nos ha dado el don de la vida y nos permite ejercer la propiedad privada, pero con dos requisitos: uno, tenemos que ser eficientes, hacer rendir los bienes. El otro es compartirlos y manejarlos bajo estrictos criterios de solidaridad, lo que está diciendo el papa Francisco todos los días. Yo recibí el mensaje de la Biblia a través de mi padre y de mi madre, que eran trabajadores sociales natos. Éramos un familia muy humilde, pero ellos trabajaban full time por todo tipo de causas, dentro y fuera de la comunidad judía. Recibí el mensaje de la Biblia en acción. Desde pequeño, formó parte la solidaridad. Lo mismo hice con mis nietos y con mis hijos.

¿Cómo se hace para cambiar la mentalidad del empresario que lo único que quiere es no perder rentabilidad?

Es un tema de cultura, de educación. Para revertirlo, fundé un programa en donde estoy formando a los mejores graduados de 27 universidades argentinas. Tomo a los jóvenes que se graduaron en los últimos dos años, con los mejores promedios y que hayan hecho algo por la comunidad. Los formo durante un año sobre cómo hacer una economía con rostro humano y una empresa con RSE. Llevamos capacitados 2000 jóvenes. El programa ha tenido todo tipo de reconocimiento. Estamos creando una masa crítica de personas que serán altos ejecutivos del sector privado.

En uno de sus escritos aseguró que los altos ejecutivos deberían revisar sus remuneraciones, dando a entender que en algunos casos cobran sueldos demasiado altos…

Las sociedades más democráticas ya están en eso, y va a ser inevitable que llegue a todos lados. Suiza acaba de aprobar un referéndum que establece el plan más fuerte de la historia de la regulación de la remuneración de los altos ejecutivos, y les fija todo tipo de límites. No podrá ser aprobado un sueldo si no es por asamblea de accionistas. Recordemos que el presidente del tercer banco del mundo, el Lehman Brothers, hizo quebrar a todo el sistema financiero mundial. Ganaba 28 mil dólares por minuto, él mismo se había fijado el sueldo. Su board lo había elegido él, por ende se hacían favores unos a otros. Con frecuencia, las remuneraciones no están ligadas a la performance, están ligadas al rendimiento. En este caso, el criterio era ligado a las ganancias a corto plazo de la empresa, por eso hundió al banco. Intoxicó al banco de hipotecas y derivativos basura para que hubiera una ganancia a corto plazo y él pudiera llevarse la mayor cantidad de dinero.

Lo que pasó con Lehman Brothers es la antítesis de lo que plantea a través de la ética para el desarrollo. ¿Puede explicar esta disciplina?

La creamos conjuntamente con Amartya Sen. Planteamos que la economía tiene que ser regulada éticamente. No estamos solos en esto, es lo que dice todo el tiempo el papa Francisco. La idea es que la economía no puede ser amoral. Sus políticas tienen que ser éticamente consistentes. Hay un país que lo hace todos los días, Bután. Allí se mide el producto bruto de la felicidad con 70 indicadores. Entonces toda política pública que se quiera implementar se pone en términos de felicidad de la gente, antes de ser aprobada. Estamos en contra de las políticas que desregulan el mercado de alimentos. Una empresa privada no puede producir lo que se le antoje, como las grasas ultrasaturadas. Hay muchas más personas que no murieron el año pasado porque regularon la industria del tabaco.

¿Cree que el poder económico está receptivo a atender las necesidades de la sociedad?

Tengo mucha esperanza, creo en el ser humano. Atormento bastante a los empresarios. Me ovacionan cada vez que doy una charla. ¿Cómo lo tengo que interpretar? No soy un actor de Hollywood. El ser humano tiene naturalmente sentimientos nobles. Me paso el día denunciando, no tengo compromiso con nadie, solamente me importa la ética. Solo no voy a cambiar el mundo ni de casualidad, pero entre todos podemos hacerlo. Tengo un lema central, que es de Ana Frank. Ella no sabía si iba a salir con vida, y en su diario escribió: “Cualquiera, con solo quererlo, en el segundo siguiente puede hacer algo bueno por el género humano”. Otro lema central que aprendí de la Biblia y que me guía constantemente es: “Más vale encender una vela que maldecir a la oscuridad”.