Los colores, la música y una multitud ferviente son los protagonistas del Ascenso a Punta Corral, una pintoresca fiesta de origen precolombino –hoy de Interés Nacional– que cada año congrega en Semana Santa a miles de personas. Una tradición que ha sobrevivido al paso del tiempo, volviéndose perenne y sustentable.

Una banda de músicos viene por el camino que baja del cerro y dobla por una de las calles del pueblo. La Quebrada de Humahuaca es el escenario desmesurado, y la banda sonora está compuesta por tambores y sikus, ese instrumento de viento peruano precolombino formado por dos hileras de cañas. Se acercan a la Plaza Chica de Tilcara, donde los esperan vecinos y familiares que viven en localidades distantes. Es que la Semana Santa es un momento para que las familias desperdigadas por la Quebrada se reúnan. Por eso la procesión al Santuario de Punta Corral –en la que miles de personas van acompañando a los sikuris– es tan popular en esta zona de la provincia de Jujuy como el carnaval.

Declarada de Interés Nacional, la Semana Santa quebradeña combina el legado del cristianismo con mitos y valores provenientes de las culturas originarias. Si bien hay celebraciones en casi todas las localidades, es en Tilcara y Tumbaya donde se concentra el grueso de los más de 20 mil visitantes que llegan para estas fechas.

Una vez en la Plaza Chica, los sikuris competirán un poco con los cantos religiosos de otros grupos que vienen llegando de los valles, de la Puna y de provincias cercanas. Apoyada sobre una pirca que impide que una calle se derrumbe por la ladera, una tilcareña ofrece sus hierbas medicinales (quimpe, cedrón y flor de virreina) a los promesantes que se acercan. La música de los sikuris se convierte en un acompañamiento constante. Son grupos de más de 30 personas que –en su mayoría– solo hacen música en esa ocasión. No son profesionales. Es el caso de Gregorio, campesino y artesano quebradeño de 54 años: “He aprendido a tocar el siku solo para acompañar las procesiones –dice–; aparte de Punta Corral, sabemos ir al Toreo de la Vincha, en Casabindo, o a la Adoración a la Virgen en las Fiestas Patronales de Iruya”.

Las bandas están integradas principalmente por jóvenes y por algunos niños que se van formando. El origen de la música tiene un marcado acento precolombino, pero la conjunción de las dos culturas –la preexistente y la que trajeron los conquistadores– evidencia una evolución y adaptación a la zona y sus costumbres. Se interpreta principalmente música de la Quebrada y la Puna. Sin embargo, los más jóvenes fueron adaptando melodías populares contemporáneas (alguna cumbia, incluso) que por su ejecución con ritmos e instrumentos autóctonos aparecen disfrazadas entre las dianas y las marchas andinas.

En Tilcara existe una gran cantidad de bandas, entre las que se destaca Los Veteranos, la decana, en cuyo seno se formaron buena parte de las demás: Banda del Barrio Escalinata, Nuestra Señora de Santa Rita, Los Tilcareños, Banda del Niño Jesús, Defensores Argentinos, Cerro Porteño o Los Rosos. Cada año concurren al Santuario del Abra de Punta Corral más de 35 bandas sikuris en búsqueda de la Virgen. La procesión, que arranca el Lunes Santo desde Tilcara, está integrada por al menos 8 mil músicos, según estiman los medios locales.

La Mamita del Cerro

Punta Corral está en el departamento de Tumbaya, 45 kilómetros al norte de San Salvador de Jujuy; es un lugar ventoso y mágico. Su clima es frío, sobre todo en las noches. Los colores de los cerros, la vegetación única y ese cielo azul que se cuela por todos lados le agregan un escenario único al evento cargado de fe y de mística.

La devoción por la Virgen de Copacabana de Punta Corral tiene más de un siglo y medio de historia. Cuentan que en el año 1835, en el pueblo de Copacabana, a 139 kilómetros de la ciudad de La Paz, don Pablo Méndez tuvo la visión de una mujer vestida de blanco y con cabellera reluciente que le recomendaba que al otro día volviera a buscarla. Don Méndez hizo lo que le dijeron, volvió al día siguiente, y, sobre las piedras, encontró una curiosa estatuilla de piedra blanca y pequeña que le recordaba –por la corona y su manto cónico– a la imagen de la Virgen de Copacabana, muy conocida y venerada en todo el Altiplano. De ahí en más, el fenómeno de fervor popular no hizo sino crecer.

Pero semejante devoción tiene una explicación: durante la colonia, Copacabana fue evangelizada y catequizada por los padres dominicos. Se trata de una orden mariana que propagó también un profundo cariño por la Virgen María en toda esta región. El proceso de síntesis entre la Virgen y la Pachamama se evidencia en cada gesto cultural. Desde aquellos días, las honras a la Madre María en la Advocación de la Virgen de Copacabana de Punta Corral se efectúan cada año en coincidencia con el inicio de la máxima festividad cristiana, la Semana Santa, más precisamente, para el Domingo de Ramos y el Miércoles Santo.

El ascenso

Hay cuatro senderos para llegar al Santuario. Dos de ellos parten desde el departamento de Tumbaya, otro desde la localidad de Maimará y el ubicado más al norte parte desde la ciudad de Tilcara, y la Plaza Chica es el punto de reunión.

El camino hasta el Santuario de Punta Corral inicia cruzando el río Huasamayo, como si se fuera a la Garganta del Diablo, pero cruzando el río. Luego se debe ascender una ladera muy empinada para llegar al cerro. Una vez a sus pies, hay que bordearlo. Nadie se queja, el paisaje es imponente y los sikus acompañan. Este trayecto cuenta con seis calvarios. En Chilcaguada, el cuarto en aparecer ante la mirada de los peregrinos, los habitantes de la zona venden algunos alimentos, agua y café. A partir de aquí comienza la famosa cuesta colorada, que culmina en el Abra Colorada, donde se emplaza el sexto calvario. Desde aquí se debe seguir en línea recta hasta Punta Corral. Pero como deseamos peregrinar hasta el Santuario del Abra de Punta Corral tenemos que tomar el sendero que sube al cerro ubicado a la izquierda. A este calvario también arriba la huella que proviene desde Maimará.

Los sikuris siempre

Las bandas de sikuris son de distinta procedencia: de Ciudad Capital, Barrio Mariano Moreno, Barrio Belgrano, Palpalá, Purmamarca, Tumbaya, Tunalito, Tilcara, El Aguilar, Punta Corral, Abra Pampa, el Carmen San Pedro. Rotando los turnos, los sikuris van acompañando a lo largo del camino. Las rotaciones también tienen su ceremonia y espectáculo: con suerte, una banda acompañará dos veces –y hasta tres– la imagen. Estremece y emociona el sonido de los instrumentos de viento, durante todo el camino; resuenan las cañas y los tamboriles que marcan el paso de los peregrinos.

La procesión llega al pueblo de Tilcara al caer la tarde. Los peregrinos forman el sábado una extensa fila para presentar sus saludos, agradecimientos, pedidos y promesas a la Virgen. En otras épocas, se pedía a las mujeres que asistieran con la cabeza cubierta por un pañuelo y preferentemente con una pollera. Y los varones, con la cabeza descubierta y con pantalones largos, nunca con pantalones cortos ni bermudas. Idéntico respeto se observa en la iglesia, pero para ingresar la cabeza debe estar descubierta y nunca hay que darle la espalda a la imagen de la Virgen.

Los devotos preparan sus “promesas” y entregan a la Virgen una medalla de plata en forma de corazón y de distintos miembros del cuerpo pidiendo a la deidad que se les cure alguna enfermedad. Esta fiesta, está dicho, tiene componentes religiosos que ligan creencias andinas con otras venidas de Europa. Los peregrinos se organizan para participar de la devoción con mucha antelación preparando sus productos (carnes de cordero y de chivo, papas, chicha, etcétera) para comercializar en la fiesta.

En cada tramo del camino a Punta Corral se puede observar a la orilla de los caminos algunos montículos de piedra llamados “apachetas”, donde el peregrino hace un alto y se inclina agregando otra piedra, que representa la unión de cada uno al cansancio de los demás. Cuando pase al lado de estas apachetas, dice la tradición que el caminante sentirá la unión y la fuerza para continuar el camino después de haber rezado una oración.

La Virgen baja vestida magníficamente (la imagen tiene apenas 35 centímetros de alto), alhajada y cubierta de flores, con el esclavo al frente, y es conducida a la iglesia de Tilcara, a donde van llegando los misachicos de toda la Quebrada.

La fiesta alcanza su epicentro el Sábado de Gloria, en que el pueblo, adornadas sus calles con vivos arcos de flores, revive emocionado la jornada de la resurrección, después de haber realizado una procesión nocturna con antorchas para rememorar el Santo Entierro.

Cuando la imagen vuelve a su templo de Punta Corral el 17 de julio, el aire no es ya de fiesta plena, sino de dolor, porque “la Mamita” retorna a su lejano templo. Ya desde la víspera se realizan actos para despedirla. Después de una breve procesión alrededor de la plaza del pueblo y la despedida oficial del párroco, se inicia el regreso hacia las ocho de la mañana del día 17, con el estandarte al frente, seguido por el esclavo, dos guardias, la Santísima Virgen, otros dos guardias y más atrás los promeseros.

Los cánticos acompañan la marcha hasta el Abra de Punta Corral. Al atardecer se llega al pueblo, donde la Virgen es recibida por el sacerdote y es depositada en su santuario, a la derecha del altar. Al día siguiente se va en procesión hasta el lugar mismo en que apareció la Virgen, y luego de rezar y dar gracias, se regresa al pueblo.

El día 19, después de una comida general, se emprende el regreso a la caída de la tarde.

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(Recuadro 1)

Vamos las bandas

Dicen que en Tilcara los bebes agarran el siku antes que la mamadera. Es cómico, pero no es tan exagerado. Pertenecer a una banda de sikuris es, en la Quebrada, una forma de pertenencia y de tradición.

Si bien su peregrinar es profundamente original, puede establecerse un paralelo entre las bandas de sikuris y las comparsas y murgas carnavaleras de Buenos Aires o cualquier otra ciudad. Las ropas, los instrumentos y los viáticos son costeados por ellos mismos organizando rifas o pidiendo el mecenazgo de algún comercio local.

Los redobles adelante, detrás siguen los bombos y los platillos, y detrás de todo, los sikus intercalados entre primera y segunda. La primera son los sikus de más cañas, siete a ocho, y la segunda de seis a siete. Están divididos en tres tonos: zanja (grave), mediano y chuli (aguda). No tocan todos la misma melodía, sino que es un sonido comunitario. Lograr un solo tono entre todos, dicen, es mágico.

Ejecutan básicamente cuatro melodías: la marcha es la de caminar, mientras se acompaña a una Virgen. Es la más característica. Las dianas son alegres, para cuando llegan a un lugar o cuando está pasando la Virgen. Y, finalmente, la adoración, que implica respeto.

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(Recuadro 2)

Quebrada sostenible

Desde que, en 2003, la Quebrada fue declarada Patrimonio de la Humanidad, un aluvión de turistas del mundo entero llega cada año a visitarla. Eso, es sabido, tiene un impacto feroz en el lugar. Un impacto contradictorio que combina elementos positivos como la creación de empleo y apertura a otras costumbres. Por otro lado, están las consecuencias negativas, tan importantes como las anteriores: incremento en el consumo de suelo, agua, energía, destrucción de paisajes. Para que el producto turístico resulte beneficioso para todos, son varias las empresas que buscan incluir a la mayor cantidad de familias posibles en la zona. Se garantiza una distribución justa del ingreso, para todos los que participan del producto y se es transparente con respecto a los montos que se manejan. En lo que respecta a la sostenibilidad cultural, las empresas del sector buscan también involucrar al turista en la defensa de las costumbres y tradiciones. Muchas de las empresas derivan, además, un porcentaje variable del ingreso bruto al sostenimiento de la infraestructura de las familias, independientemente del negocio que estas puedan hacer con los turistas. Sin embargo, mucho resta aún por hacer en esta materia. Nuestra actitud como consumidores responsables es también exigir a nuestros proveedores de servicios turísticos que trabajen con estos criterios inclusivos y sostenibles.

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Información útil

El ascenso se realiza todos los años, el lunes previo a Semana Santa desde Tilcara, Jujuy.

Cómo llegar

Aerolíneas vuela a San Salvador de Jujuy desde $ 3000 aproximadamente ida y vuelta, desde allí hay buses que en dos horas arriban a Tilcara. www.aerolineasargentinas.com.ar

Dónde dormir

Posada con los Ángeles, http://posadaconlosangeles.com.ar/

 Dónde comer

Arumi, Lavalle 660, Tilcara 4624, Argentina.

Importante: Quien desee realizar el ascenso al Santuario de Punta Corral debe prepararse para caminar en altura y llevar hojas de coca, agua, comida, buen calzado y abrigo.