Director de la Anses desde 2009, Diego Bossio destaca cómo se complementó la RSE con las políticas de Estado que apuntaron a una mayor equidad social. La inspiración del Papa Francisco y sus desafíos políticos en el país que se viene.

Para los políticos, durante los meses de una campaña presidencial el promedio de horas de sueño suele bajar a niveles históricos. Diego Bossio, Director de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), recibió a PRESENTE en un alto del último tramo en el que su agenda consistió en acompañar al candidato Daniel Scioli a sol y a sombra por distintos puntos del país. Claro beneficio de sus 36 años de edad, el trajín cotidiano todavía no deja marcas visibles en su rostro. Aun con su juventud, Bossio es desde 2009 uno de los funcionarios con mayor exposición de la gestión saliente de Cristina Fernández de Kirchner, al haber tenido a su cargo la implementación de gran parte de los planes sociales en materia de jubilaciones, Asignación Universal por Hijo, planes de vivienda (Procrear) y de educación (Progresar y Conectar Igualdad), entre otros.

Mientras atravesaba sus últimas semanas en el quinto piso del edificio central del organismo, la nostalgia no le pasaba por dejar una oficina que es casi un segundo hogar, sino el contacto directo con la gente, tan inherente a su función. Así como anteriormente sucedió con Sergio Massa (Jefe de Gabinete) y Amado Boudou (Ministro de Economía y después Vicepresidente), el cargo en la Anses proyectó a Bossio hacia la posibilidad de tener responsabilidades mayores: Daniel Scioli lo eligió como Ministro de Planificación Federal en el caso de acceder a la Presidencia de la Nación. En esta entrevista repasó los objetivos alcanzados en el organismo público, su visión sobre el rol de la RSE de las empresas nacionales y los próximos desafíos que lo esperan en su carrera política.

Podría establecerse que la política ya tiene implícitas las nociones de responsabilidad social que en las últimas décadas también las empresas se dedicaron a desarrollar. En ese contexto, la Anses es un organismo con una injerencia muy directa en la vida de la gente. ¿Cómo describiría casi siete años al frente de esa experiencia?

La Anses es un organismo bárbaro, uno de los pocos en el que el Estado puede ejercer plenamente la gestión. Acá se hacen 17 millones de pagos por mes, entre jubilaciones, pensiones, asignación universal, salario familiar, plan Progresar… Todo eso implica una logística y un desafío enormes. Porque además hay que ocuparse de atender bien a la gente, de cómo resolver un trámite relativamente fácil, de que las cosas funcionen con sencillez.

Acaso lo más significativo es que este organismo fue creado en 1992, pero menos de diez años después estaba signado a desaparecer. Se había tomado una decisión de Estado: el sistema provisional de la Argentina debía ser privado. Fue un gran error de estrategia política para el país, porque iba en contra de nuestra cultura y de la naturaleza económica que se vivía en esos tiempos. Con 22 puntos de desempleo y mucha informalidad laboral, todo eso colapsó en 2001, cuando la tasa de cobertura previsional (es decir, la gente que se podía jubilar) era del 55 por ciento. A partir de ese momento se fueron tomando decisiones para revertir esa política y transformarla en pública. Un paso fundamental fue recuperar los ahorros de los trabajadores argentinos, para un período que pasamos de 4 millones de trabajadores aportantes a 9.300.000. En mi consideración, el avance principal fue el plan de inclusión jubilatoria, a través del cual hoy tenemos, con más de 3.500.000 nuevos jubilados, el 97 por ciento de cobertura previsional, lo que nos pone como el país líder de América Latina en ese terreno. Con el fortalecimiento del organismo se generaron nuevos derechos para la gente y hasta se pudo tener ahorros, porque hoy llegamos a casi 60.000 millones de dólares invertidos en bonos, acciones, plazos fijos y fondos comunes de inversión. En conclusión, lo veo como un avance del Estado argentino, no solo del Gobierno.

El “aggiornamiento” de la Anses a nivel de funcionamiento y de comunicación fue notorio. ¿Se puede decir que de algún modo se aplicaron conceptos empresariales para ese proceso?

A la Anses van entre 60.000 y 70.000 personas por día, por lo cual tenemos la obligación de atenderlas bien y facilitarles las cosas. Entonces lo que hemos implementado es una serie de políticas de Estado –que era una expresión en desuso– para que perduren en el tiempo. En materia comunicacional, el mensaje que buscamos difundir es que el argentino tiene un organismo que lo acompaña y que puede resolverle los temas de manera sencilla.

Recuerdo una reunión de gabinete en la que estábamos pensando en la nueva etapa del plan de inclusión jubilatoria. Entonces les pregunto a los funcionarios cuáles eran los pasos, y aparecieron con las resoluciones, los procedimientos y las siglas de los distintos formularios que había que llevar adelante para jubilarse. Eran jeroglíficos imposibles. Yo les decía: “Si ustedes le explican esto a un abuelo, se asusta y tiene que ir un gestor para que le haga la jubilación”. Entonces prendí el televisor y les puse un dibujito animado que veía mi hija más grande. Se llama Agente Oso Especial. “Tres pasos son”, decía el agente. Y ahí resolvía el tema. Entonces le dije a mi equipo: “Paso 1, paso 2 y paso 3. Quiero que la gente se pueda jubilar en tres pasos”. Resultado: en la moratoria anterior, el 98 por ciento pasó por abogados, contadores o gestores, que se llevaban dos jubilaciones. En esta reciente moratoria, el 98 por ciento se hizo sin intermediarios. Hemos aplicado criterios de eficiencia y modernidad empresarial para encontrar una solución para el ejercicio de un derecho. Para nosotros, eso también es ser responsables socialmente.

¿En qué distingue que pudo aplicar su background como economista, sus inicios en la gestión pública y su experiencia como director del Banco Hipotecario en la puesta en práctica de sus proyectos?

En la política y en la gestión hay un dato: el sentido común. Somos 16.000 empleados en la Anses. Fuimos aplicando prácticas de recursos humanos: que los trabajadores tengan buenos ingresos, buenas condiciones de trabajo y de exigencia. A diferencia de otros organismos públicos, aquí contamos con un incentivo por presentismo, por lo que todos los trabajadores de Anses deben poner la huellita digital para el horario de entrada y de salida. A eso se le suma un elemento particularmente positivo para quien trabaja en Anses en un pueblo, por ejemplo: puede jubilar al abuelo o resolverle una cuestión muy concreta a un familiar o un vecino.

Como director del Banco Hipotecario conocí prácticas de gestión muy interesantes, pero básicamente me muevo por el sentido común. En la Argentina tenemos que aplicar un concepto que es que las cosas funcionen, y en ese sentido hemos avanzado muchísimo, a todo nivel. Uno viene a la oficina de Anses y se lleva una respuesta, aunque no necesariamente se resuelva el problema. Jubilarse es mucho más fácil y rápido que hace 15 años, se cobra en tiempo y forma con una cuenta universal gratuita para cada jubilado y una tarjeta de débito. Además, con una aplicación de Anses en el teléfono se puede averiguar la historia laboral, la actualidad de los aportes y demás datos de importancia. A través de la tecnología seguimos resolviendo problemas, y próximamente se terminará de desarrollar el sistema Mi Huella, con el que los abuelos ya no necesitarán dar la fe de vida como comprobante. La idea es que las colas queden cada vez más solo como una práctica cultural.

La RSE vivió una etapa de auge en las últimas décadas. ¿Cómo analiza esa tendencia en el contexto de lo que ocurrió a nivel país?

Veo más compromiso y la vocación del sector empresario de participar. Es importante que tengamos en cuenta que muchas veces participar y dialogar no significa que se deben hacer las cosas que quiere un sector. Los empresarios tienen sus intereses, relacionados con maximizar sus ganancias, lograr resultados; los CEO de las compañías se deben a sus accionistas, que quieren ganar plata, está bien y es legítimo. Pero de nada sirve que haya un sector empresarial rentable y exitoso si la sociedad no se puede realizar. Ahí tiene que haber un compromiso de todos. Noto más participación y vocación al diálogo y al acuerdo. Eso está bueno. Los políticos también deben propiciar la cultura del encuentro, como pide el Papa Francisco. Ahí es necesario convocar a todos: empresarios, sindicalistas, científicos, deportistas, para tratar de sacar lo mejor de cada uno. El desafío de liderazgo de la Argentina que viene tiene que ver con eso. Y con cómo lograr una sociedad para vivir mejor. En ese sentido, la RSE debe ser tomada con mucha responsabilidad, valga la redundancia. De nada nos sirven empresas que hacen RSE a través de ONG y que no cumplen con las verdaderas normativas que tienen que cumplir, en términos ambientales, laborales… Necesitamos una burguesía nacional, reeditar esta idea de la densidad nacional. Empresarios comprometidos con la competitividad, con aportar al Estado como noción de patria y nación, y también aportar otro tipo de acciones para que esa empresa pueda tener otro rol en la sociedad.

Está muy fresco todavía un período de tensiones entre el Estado y las empresas. ¿Cómo fue vivir esos años desde adentro?

La Anses es accionista en 42 empresas, y la verdad es que la relación ha sido muy buena. Incluso las compañías en las que tenemos actividad con nuestros directores han mejorado sus balances. Lo público y lo privado son centrales en esta idea de que necesitamos sacar lo mejor de cada uno. Y no el Estado o las empresas: es el Estado y las empresas. Yo no necesito ir con una empresa a un barrio humilde, voy porque lo siento y porque tiene que ver con mi tarea como político. Pero sé que muchas compañías realizan tareas muy valiosas. La dicotomía era muy fuerte antes, pero el camino tiene que ser conjunto. Porque si todo es desde el mercado, los más humildes son los que pierden. Yo no quiero una sociedad desigual, sino que tienda hacia la equidad y la igualdad de oportunidades. A quienes poseen la vida más resuelta quizá no les digan mucho los logros de la Anses. Quien no ha tenido oportunidades valora estas cosas de una manera distinta. Esto ha ocurrido en toda la Argentina. Por eso es difícil para muchos comprender este proceso histórico y no tener una visión mucho más amplia de lo que es la Argentina. Como dice el Papa, estamos sanando heridas.

¿En qué situación lo encuentra la próxima etapa en su trayectoria política, la posibilidad de ser Ministro de Infraestructura de la Nación?

Las cosas se pueden asumir de manera responsable o como una situación de privilegio. Yo las tomo de la primera manera. Estamos convencidos de que muchas de las cosas buenas que hemos hecho hay que fortalecerlas y cuidarlas. Sabemos que hay mucho por cambiar y mejorar. Ese vaso estaba vacío, triste, en decadencia, se fue llenando, pero todavía falta muchísimo. Tenemos muy claro lo que queremos hacer, con mucha responsabilidad, prudencia y de cara a la gente. Desde cuestiones cotidianas, como la cloaca y el agua potable para los sectores que ni tienen eso. La vivienda para fortalecer a la familia, con la idea de la cultura del crédito hipotecario. En ese sentido, sería un upgrade lógico de la experiencia con el plan Procrear, con el que hemos hecho casi 200.000 viviendas. Pero hay que multiplicarlas. Para eso queremos incorporar a la banca privada, exigiéndole que parte de sus depósitos vayan al crédito hipotecario, algo que ocurre en otros países del mundo, para que no tengan un perfil tan comercial y de consumo. Eso es sólido y saludable para el sistema. En tantos meses de campaña y tantos viajes, uno va teniendo un diagnóstico. Hay muchas cosas pendientes, en materia de rutas, de puertos, de soberanía energética –que hace a la competitividad del país–, de la posibilidad de contar con divisas en el mediano y largo plazo. Es un desafío muy amplio. Pero si fuera fácil, no sería para nosotros. O por lo menos para mí.

 

El Papa Francisco, su mayor referente social

Más de una vez durante la conversación, Diego Bossio mencionó al Papa Francisco como mentor de algunas de sus ideas políticas. Como ocurre con la mayoría de la gente que tiene la experiencia de conocer personalmente al líder mundial de la Iglesia católica, nada fue igual para Bossio desde el encuentro privado que tuvo en 2014 en el Vaticano. “Sus ideas acerca de la cultura del encuentro son impresionantes. Hablamos también de las dos encíclicas y de la necesidad de tener un Estado con sensibilidad y solidaridad. De ese encuentro me conmovió su mensaje social como político, porque aun como Su Santidad es un político. En nuestro país también hay referentes sociales que son muy dignos de destacar. He tenido charlas muy profundas con el Padre Pepe, por ejemplo, y con algunos otros sacerdotes que hacen una tarea muy fuerte. Pero también líderes sociales más cercanos, como amigos que han hecho un zoológico en Tandil para sostener un hogar con 100 chicos; mi amigo Raúl Troncoso, con un programa para construir viviendas; o Susana Trimarco, peleando no solo por un drama personal, sino por una causa nacional para combatir la trata de mujeres. Por supuesto, de mi relación con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y con Néstor Kirchner he aprendido muchísimo, así como de la sabiduría política que desarrolló José Luis Gioja como Gobernador de San Juan y también del contacto directo que pude tener con líderes de la región como Pepe Mujica, Hugo Chávez y Evo Morales”.

A la búsqueda de “los Messi de la compu”

A través del plan Conectar Igualdad, puesto en marcha en 2010, la Anses tuvo a su cargo la entrega de más 5.000.000 de computadores personales para estudiantes de todo el país. Pródigo en anécdotas, Bossio recuerda cómo el programa fue tema de conversación en un encuentro en el que participó junto con la presidenta y Vint Cerf, uno de los pioneros de Internet y entonces Vicepresidente de Google: “Como en los Estados Unidos están acostumbrados a que los chicos accedan a la tecnología con mucha naturalidad, Cerf le reconoció a Cristina que estaba impactado por el plan y le preguntó por sus objetivos. Ella le dio una respuesta muy interesante: ‘En la Argentina hay mucho talento. En los potreros aparecen los Maradona, los Tévez, los Messi. Yo no tengo dudas de que si le entrego una computadora a cada estudiante, en 10 o 15 años vamos a tener muchos Maradona, Tévez o Messi pero no de la pelota, sino de la informática y la ingeniería’. Yo también estoy convencido de que ese plan va a florecer. De hecho, ya he visto cómo con una computadora de Conectar Igualdad se puede programar una robótica con la que trabajan ingenieros en YPF”.