La senadora María Eugenia Estenssoro asegura que no sueña con cargos políticos, sino con tener un espacio de acción. Por esa razón, en 2001 fundó Equidad, una ONG que tiene como objetivo reducir la brecha digital en los sectores más vulnerables.

Estenssoro es una de las legisladoras con mejor imagen. Será porque no ambiciona el poder como un valor en sí mismo, sino porque lo que quiere es simplemente generar mejoras en la sociedad. Quizá por eso a los 16 años decidió que quería ser periodista para “hechar luz” sobre las cosas que nos pasaban y encontrar respuestas. Nació en La Paz (Bolivia), en una familia de la clase alta. Su abuelo descubrió el petróleo en ese país, su tío abuelo –Víctor Paz Estenssoro– fue tres veces presidente de Bolivia, y su padre José llegó a presidir YPF, la petrolera estatal, durante la época de mayor producción.

Si bien María Eugenia tuvo una educación de elite –estudió en instituciones como el Northlands, la Sorbona, Harvard y Columbia–, atender las necesidades de los más débiles siempre estuvo entre sus prioridades. Por esta razón creó Equidad y luego se apasionó con la política. En 2001, junto a su marido, Haroldo Grisanti, y Lisandro Brill, entre otros, fundó la Fundación Compañía Social Equidad, una organización sin fines de lucro que, en asociación con líderes comunitarios y maestros de todo el país, implementa programas sociales y educativos utilizando como herramientas básicas la computadora e Internet. Su misión es proveer servicios y productos tecnológicos para promover la igualdad de oportunidades, la integración social y el cuidado ambiental. El leitmotiv es reducir la brecha digital y llevar la tecnología a los sectores más humildes.

Hay muchas empresas que colaboran con Equidad y que hacen que la tarea de la fundación sea posible. ¿Está de acuerdo en que la responsabilidad social empresarial esté regida por una ley?

Tanto como emprendedora social y como política no creo que haya que definir estas cuestiones por ley. Me parece que eso no sirve, es una formalidad. Cuando una empresa destina una determinada cantidad de su presupuesto a RSE, puede ser algo muy cosmético. Por ejemplo, darles dinero a los comedores que dependen del intendente o del Gobierno no sirve si no se verifica si eso ayuda o no. Lo que es bueno es la concientización y hacerlo en serio. La RSE no tiene que ser marketing que sirva para hacer lindas campañas publicitarias o una manera de deducir impuestos. Si estas cosas no se hacen con el compromiso real, no le sirve a la empresa y tampoco a la sociedad.

¿Las empresas argentinas tiene intención de colaborar o la RSE es puro marketing?

Perdón que sea dura. Creo que hay mucho de marketing. Trabajé en Poder Ciudadano y fui una de las fundadoras y directoras de la Fundación Endeavor. El universo de donantes privados en la Argentina es muy pequeño. No veo que haya un espíritu de filantropía muy desarrollado. A veces son las mismas empresas que se ocupan de estos temas. Hay más conciencia, pero no tenemos una cultura filantrópica. Hay mucho de “toma y daca”. Hay empresas que colaboran con los programas de los ministerios para ver qué favores pueden obtener. Me parece muy bueno todo lo que se haga para sembrar conciencia a las empresas en que su primera responsabilidad es que tengan procesos internos, transparencia, cuidado a su personal, al medio ambiente, a la comunidad. No se puede tener éxito en un país que fracasa.

¿Qué es lo más preocupante de la situación actual?

En la Argentina el problema de la desigualdad es lo que más me duele y preocupa. Hemos crecido en un país que no era un país de ricos y pobres. Esa matriz era más de Latinoamérica. En la Argentina teníamos una clase media y había movilidad social. Hemos perdido eso. La clase media sobrevive como puede y cada vez se empobrece más, y es muy difícil para alguien de las clases humildes o trabajadoras pensar en un ascenso. La pobreza estructural fue creciendo década tras década, y eso me preocupa mucho. Todo lo que podamos hacer desde el sector privado, desde el sector político y desde el social me parece muy importante. Pero no creo que exigiendo un balance social a las empresas se vaya a hacer RSE. Sí considero que es importante que haya más conciencia en las compañías de no prestarse a políticas corruptas. La corrupción es el peor cáncer. Si una empresa dona dos millones de pesos –difícil que done tanto–, pero después consigue contratos por el Estado por 200, la verdad es que no ayuda. Como tampoco colabora cuando hacen programas de RSE para quedar bien con un intendente o un gobernador a cambio de adjudicaciones no muy transparentes, obras que no se necesitan, compra de equipamientos a precios excesivos; todo eso atenta contra la RSE. Los empresarios no son responsables de esto, pero necesitamos que levanten la voz cuando muchas veces son obligados a aceptar este tipo de políticas. No alcanza solamente con pintar escuelas o donar computadoras. Debemos incubar una nueva generación de emprendedores que generen riqueza, no que la deprenden.

¿Cómo nació la idea de fundar Equidad?

Era Directora de la Fundación Endeavor, y estábamos en el medio del boom de las puntocom. Colaborábamos en el desarrollo de empresas como Patagon y MercadoLibre. Las puntocom crecían y se vendían por millones de dólares. Todo el mundo estaba con este tema. Entonces pensaba qué iba a suceder con el 80% de la gente que no tenía acceso a la tecnología. Me daba cuenta de que estábamos ante un cambio de sociedad, la sociedad de la información y de las comunicaciones, y que corríamos el riesgo de que en nuestro país esta brecha fuera un muro que dejaría a mucha gente afuera. Eso me impulsó, con mi marido, Lisandro Brill y otra gente de Endeavor, a crear una organización que pudiera dar respuesta a estos problemas cuando el tema de la brecha digital no estaba en la agenda pública. Fue una experiencia extraordinaria. Antes de crear la fundación, recorrimos muchas provincias y visitamos escuelas para elegir a cuál le donábamos equipamiento. Fue un proceso que me permitió conocer a la Argentina desde sus bases.

¿Qué aspectos descubrió del país?

Por ejemplo que el sistema de escuelas públicas es la red más extendida que tiene la Argentina. Es una red humana y edilicia valiosísima. Cuando se privatizó, el correo ya no llegaba a todos los pueblitos. Trabajamos en un pueblito donde solo había un teléfono público. La gente podía llamar, pero no los podían llamar. En todos esos pueblos había docentes, entonces nos pareció muy importante unir la tecnología con esta red, potenciarla, porque es una manera de mantener la cohesión de la sociedad. Nos convencimos de que la tecnología podía modernizar, abrir las escuelas que estaban aisladas, darles todos los recursos que Internet ya empezaba a proveer, y que de esta manera los habitantes estuvieran comunicados. También vimos que hay gente muy valiosa en la Argentina, que en condiciones muy humildes hace cosas increíbles. En diciembre de 2001, cuando renunció de la Rúa, estaba en Manzano Amargo, un pueblito de Neuquén. Era un lugar maravilloso, en el medio de los Andes, totalmente aislado. Estábamos conectando una escuela albergue con Internet a través del satélite, y habíamos capacitado previamente a los docentes. Éramos Equidad, Educar y otra fundación. Parecía “Argentina año verde”. Estábamos tan felices volviendo esa noche a Neuquén Capital, mientras que en la radio se escucharon los cacerolazos. En ese momento sentí que muchas veces la política destruía lo que la sociedad quería hacer. Con las ONG se puede hacer mucho, pero si no se cambia la matriz política de la Argentina y las prácticas políticas, todo ese esfuerzo queda trunco.

¿La tecnología ya llega a todos los sectores?

Hoy la brecha no es tecnológica, sino cultural. La Argentina tiene niveles de pobreza muy graves. El 30% de la población vive en ámbitos donde desapareció la cultura del trabajo, donde los padres, los hijos y los nietos sienten que no se pueden insertar laboralmente. En Equidad tenemos una escuela con 900 alumnos, y les enseñamos el oficio de reparar PC, capacitamos en nuevas tecnologías. Lo más importante que trabajamos es la autoestima, tener horarios, disciplinas. La idea es reconstruir la idea de que a través del estudio y la capacitación podés desarrollar tu propio emprendimiento, conseguir un trabajo. La tecnología está, solo hay que trabajar una a una con las personas para que puedan aprovechar la tecnología. El Estado, con el programa Conectar Igualdad, ha distribuido muchas computadoras a través de todas las escuelas. Lo que vemos es que todavía no se usan demasiado porque no se capacitó adecuadamente a los docentes. Hemos hecho implementaciones en las escuelas y después de capacitarlos tenés que acompañarlos durante un año para que puedan integrar la computación al aprendizaje.

¿Qué relación tiene Equidad con las empresas?

Muchas veces las empresas donan equipamiento en desuso, algo que nos ayuda muchísimo. De tres máquinas viejas, hacemos una buena. Luego las empresas compran estas computadoras recicladas para que nosotros las instalemos en las escuelas. Ofrecemos varios servicios, por ejemplo, reacondicionar las computadoras para donar a escuelas, capacitar docentes. También hacemos alianzas con los Gobiernos que tienen planes de subsidios para capacitación de los sectores más vulnerables. Equidad es la ONG favorita, porque comprueban que los alumnos que pasan por ella tienen una inserción laboral bastante alta y ven que no hay deserción de los cursos.