Isela Costantini es la CEO de General Motors Argentina. Tiene 43 años, pero irradia la seguridad de un líder cauto, de un maestro sabio, de alguien que a pesar de tener los minutos contados habla con la serenidad de quien controla el cronómetro de su propio destino.

Isela está nerviosa. Es que esa será su primera vez al volante. Siempre lo soñó. Finalmente, llegó el momento en que deberá poner primera y acelerar a fondo. Se siente preparada para la ocasión. Busca la mejor posición en la butaca del piloto y se afirma, tensando los músculos y cerrando los puños entorno al volante. Parece tener dominada la situación, pero no. El debut no será como ella esperaba. Mueve suavemente la cabeza hacia la derecha y levanta la mirada hasta encontrar los ojos de su maestro. Él la mira y le sonríe. “Bajate del auto, lo primero que tenés que hacer si querés conducir es aprender a cambiar un neumático”, le dice su padre.

Isela no lo puede creer; los nervios, la excitación y su esperado debut como conductora se van al tacho. Ahora se baja, y toma el cricket y la llave cruz, dispuesta a no dar el brazo a torcer ante el desafío que se le presenta. Y por supuesto, logra cambiar el neumático. Con las manos sucias y cansadas, evidencia que tiene pasta para convertirse en lo que ella se proponga en su vida. La segunda clase será más relajada, llegará la hora en que su madre la haga poner marcha atrás una, dos, diez veces antes de permitirle poner primera.

“Si lográs ir en reversa con destreza, cuando vayas para adelante no te detendrá nadie”, le explica cariñosamente. Es que es la hija mayor, tiene tres hermanos varones y fue la primera en querer agarrar el auto, por eso sus padres supieron ponerle los límites con el ejemplo.

Quien me cuenta aquella anécdota no es otra que Isela Costantini, la CEO de General Motors en Argentina, la mujer que declinó moverse por la ciudad al volante de un Camaro V8 porque le parecía mucha máquina para ostentar sobre el asfalto su habilidad de manejo. Claro, cuando se presenta la oportunidad de hacer rugir ese terrible motor en las pistas de testeo no hay nadie que la detenga. Estamos seguros es de que a Isela nadie, pero absolutamente nadie, la va a mandar a aprender a manejar, porque sacó chapa de piloto hace tiempo.

Tiene 43 años, y desde la altura del edificio Al Río, con la argenta imagen de la ribera porteña, nos abre las puertas de su despacho, un espacio que bien podría estar reservado para el más acérrimo fanático de los fierros. Detrás de su escritorio hay un póster del que se proyectan las grandes glorias que han conducido los bólidos de la marca americana, célebre por la potencia que esconden sus motores. Aquí está ella, dispuesta a darnos una entrevista relámpago, contrarreloj, porque en su cargada agenda diaria hay reuniones aquí y allá, meetings con funcionarios del Gobierno, con los miembros de su equipo y con los técnicos de Chevrolet.

¿A qué hora te levantás?

A las 6:30 am. Suelo estar temprano en la oficina, soy workaholic. Quizás regreso a casa a la noche. Pero intento estar, por lo menos, tres veces por semana sentada a la mesa junto a mis hijos. Y cuando puedo, los llevo al colegio. Vivo a seis minutos de aquí y el colegio queda a diez.

¿Cómo convive un trabajo tan demandante con la maternidad?

Me gusta trabajar, me gustan los desafíos y termino siempre metiéndome en muchas cosas, buscando actividades que me demandan mucho más tiempo. Pero siempre me puse una regla de corte. Los cortes, por ejemplo, son el fin de semana. Si me quieren ver de mal humor, pónganme una reunión un sábado o un domingo, o un evento que me impida estar con mis hijos. Los fines de semana son sagrados. Guardo ciertos momentos para poder acompañarlos y saber qué es lo que está pasando en mi hogar.

¿Qué hacés con ellos los fines de semana?

De todo. Ahora empezaron varias actividades; a mi hija la acompaño a hockey y a mi hijo a fútbol. Hacemos muchos programas al aire libre, nos vamos a andar en bicicleta. Y los sábados son los días en que los ayudo con los deberes.

Por suerte vivís cerca de tu trabajo, ¿eso fue una elección o una casualidad?

Fue una elección. Yo tengo la teoría de que uno tiene que buscar la calidad de vida, y la calidad de vida está en esas pequeñas cosas que generalmente no notamos, como vivir cerca del trabajo y que los chicos vayan a un colegio cerca.

¿La ropa la preparás el día anterior?

No. Soy de levantarme en el día y decir qué color quiero. Voy por los colores.

¿Desayunás con tus hijos?

Sí, igual el desayuno es demasiado rápido. Cada uno tiene sus tiempos. A mi hija le gusta quedarse hasta más tarde, a mi hijo levantarse temprano y desayunar con más tiempo, y yo no soy de desayunar, así que cada uno lo hace a su ritmo.

¿No desayunás nada a la mañana? ¿Es una estrategia de los pilotos de autos?

[Se ríe]. Solamente un jugo o una tostada. Por lo general, recién como algo al medio día, almuerzo mientras trabajo.

Los miembros de tu equipo te deben odiar, ¿sos del tipo de personas que se sientan con una ensaladita y se ponen a hablarles de trabajo?

Noooo, para nada. Yo creo que cada uno debe tener su tiempo y respeto los horarios de los demás. Generalmente, a esa hora leo algún artículo del diario que no terminé de leer durante la mañana o chequeo algún detalle. Solo si hay algún tema urgente en el que tenemos que participar todos, organizamos una reunión-almuerzo. Una cosa es que vos mandes un e-mail a la una de la mañana y otra cosa es que la persona que lo reciba se sienta en la obligación de responderlo a la una y cinco. Lo que yo siempre le explico a mi equipo es que si yo lo mando a la una de la madrugada es porque después puedo olvidarme del tema y existe la posibilidad de que se me pase por alto. Ellos luego podrán responderlo cuando lleguen a la oficina y no antes. No tengo la expectativa de que todos trabajen a mi ritmo, yo tengo un ritmo muy acelerado y lo comprendo.

¿Qué auto manejás?

Una Captiva. Podría haber elegido un Camaro, pero por un tema de seguridad preferí no hacerlo.

¿Sos una persona naturalmente inteligente o tenés una inteligencia práctica?

Mi inteligencia es emocional, cierta habilidad para leer a las personas, soy muy intuitiva. Tengo una facilidad muy grande de poder, con algunos elementos, entender cómo las cosas se van a mover o cómo van a evolucionar. Mi inteligencia emocional cognitiva es mayor que la intelectual. Me encanta la matemática, pero mi gran diferencial es en la inteligencia emocional.

¿Y esa inteligencia te hace librar todas las batallas o te permite ser lúcida como para evitar las que te desgastarán sin alcanzar provecho alguno?

Me da la lucidez para saber cuáles batallas elegir y en qué momento librarlas. Me pasa muchas veces que la gente de mi equipo me dice: “Necesitamos que aprueben esto”, y yo les respondo: “No lo vamos a llevar adelante ahora, porque si lo hacemos, nos van a decir que no; debemos saber esperar”. Todo tiene un factor tiempo, y debemos aprender a comprenderlo. En esa línea, tengo la sensibilidad para llevar adelante las cosas.

¿Sos una persona religiosa?

Más que religiosa, diría que soy espiritual. Respeto las religiones, pero creo en la espiritualidad y en tener fe. Mi padre siempre me dijo: “No importa la religión que tengas, lo fundamental es que desarrolles tu fe”. Creo en muchísimas cosas, pero soy católica.

En cierta oportunidad, un amigo que ocupaba un cargo muy importante en una empresa, al igual que vos, me dijo que él se empezó a sentir un hombre adulto cuando la factura de los servicios y los impuestos comenzaron a llegar a nombre suyo y no de su padre. Sospecho que alguien que a los 43 años lidera GM Argentina se debe haber sentido adulta desde el colegio. ¿En qué momento consideraste que te convertiste en una persona adulta?

Yo creo que cuando fui madre, a los 31 años. En realidad, desde el momento que quedé embarazada; me dije “Ya soy adulta, ahora tengo una responsabilidad por alguien, no más por mí misma”. Antes podía pensar “No tengo plata, comeré pan durante una semana”, pero después, ya no más. Ahí la vida me cambió bastante. Si bien es cierto que siempre fui muy independiente. En el momento en que decidí trabajar por fuera de la empresa familiar, comencé a subsistir. Durante el primer año de mi facultad, me vine a vivir a Buenos Aires sola. Después volví a estudiar a Brasil, donde vivimos con mi familia, y empecé a trabajar, no podía estar en mi casa pensando en que estaba dependiendo de ellos para mantenerme. Pero el gran quiebre fue el haberme quedado embarazada.

Me comentabas que tu infancia y adolescencia las pasaste viviendo en varios países, ¿qué cosas te sumó esa experiencia y qué te quitó?

Bueno, esa experiencia es lo que marcó mucho mi forma de ser, es lo que hoy tengo como duda existencial en cuanto a mis hijos. Durante mucho tiempo no me sentía de ningún lugar. Yo era la brasileña cuando estaba acá de vacaciones, y en Brasil era la argentina; a pesar de haber nacido en Brasil, teníamos una cultura muy argentina en mi hogar. Cuando me fui a estudiar a los Estados Unidos y volví para trabajar a General Motors, me sentí por primera vez en mi casa, era una empresa americana en Brasil, todos eran extranjeros y yo sentía que ahí no importaba de qué color era mi pasaporte, trabajaba en una empresa global. Por mucho tiempo tuve la sensación de que yo no tenía nacionalidad, que también era global, que podía transitar por cualquier lugar sin ningún problema. Cuando llegué a la Argentina, sentí algo diferente, que acá había un pedazo de mi ser, y esa sensación tiene que ver con la aceptación con los de afuera, la manera en que te incorporan. Me pasaron algunas situaciones muy interesantes con gente del Gobierno, ellos me decían: “Vos sos argentina, olvídate”; es la primera vez que alguien me dice eso y no “Vos sos del otro equipo”. Eso me trajo mucha facilidad para interactuar con gente de todas las culturas. Lo que me quitó el hecho de ser un poco errante fue el tema de las raíces. Yo veo a veces familias que nacieron en San Juan y siguieron con su vida en esa ciudad. Me parece fantástico poder decir: “Voy a comer a la casa de mi primo”, “Voy a dormir a la casa de mi tía” o “Mi abuela viene a comer mañana acá”; yo eso no lo puedo vivir.

¿Cómo les transmitís eso a tus hijos?

Esa es la gran dificultad. Porque yo creo que es muy bueno ser “ciudadano del mundo”, pero a la vez, es muy bueno saber que vos contás con un lugar, con raíces, que la gente y tu familia están ahí. Hoy es la gran preocupación que tengo con mis hijos.

¿Ellos nacieron en Brasil?

Lorena nació en los Estados Unidos, en Texas; y Luca, en San Pablo. El padre es brasileño-americano, o sea que también es una mezcla. La madre de él y los hermanos viven en los Estados Unidos. Es una diversidad bastante grande.

¿Estás como para expatriarte a otro país, pensaste en esa posibilidad?

Ese fue siempre mi plan. La Argentina era algo de pasada, no era para estar definitivamente acá. Cuando nos vinimos, ellos ya sabían que esto era por un tiempo. Ese es el plan de General Motors conmigo.

Contame brevemente en qué año entraste y cómo llegaste acá.

Entré en General Motors en julio del 98, yo estaba haciendo mi MBA en los Estados Unidos, y en febrero recibí la invitación de GM en Brasil para trabajar a partir de julio. Mientras hacía el MBA, hice una entrevista con GM. Entré en julio del 98 a San Pablo, en el área de Marketing Estratégico. Nunca estuve más de un año y medio en una función. Ahí trabajé durante seis meses, después me transfirieron a Estadística y Producción de Ventas, luego me promovieron a Gerente y estuve seis meses. En ese momento, me asignaron un proyecto en paralelo, sumamente confidencial, no podía contarle a mi equipo de qué se trataba. Todo lo que es ventas por Internet fue el primer proyecto que se envió masivamente. Me dieron una unidad de negocio. En el año 2000, me ofrecieron otra unidad de negocio separada de lo que era GM, con toda una estructura de un producto que es el Celta. Dos años más tarde, me transfirieron al área de Manufactura de la planta de Allinton, en Texas. En 2004, volví a Brasil, en lo que se llama Proyect Management, para implementar tres series especiales. A los seis meses, me mandaron para investigación de mercado para la región África, Latinoamérica y Oriente Medio. A los diez meses, me promovieron para Directora de Planificación de Productos e Investigación de Mercado. Aquella fue la primera vez que estuve más de dos años en una función, y me quedé allí durante cuatro años, cambiando todo el portafolio. Ese fue un momento de quiebre muy importante dentro de lo que es el Mercosur, a nivel global, para meter todos los productos dentro del portafolio. Fue toda una revolución. Cuando me faltaban solo dos autos para cambiar, mi jefe me dijo “Quiero que vayas a Chile para ser la Presidente de Chile”. Fue como un balde de agua fría, yo pensaba que había hecho algo mal, que no me convenía el cambio, lo vivía como un castigo, entonces le dije que no. A la semana me dijo: “Te vas a Post Venta”. Salí del desarrollo, de pensar cómo iba a ser el futuro de los autos, y pasé a recibir los autos que yo había puesto en el portafolio. Estuve un año y medio, después de estar en Post Venta me mandaron para la Argentina como Presidente de la operación. Llegué acá en febrero de 2012.

Decime las características que debe tener un buen líder.

Yo aprendí a ser líder mirando otros líderes. Cómo ellos trabajaban con su gente y cómo su gente reaccionaba a su liderazgo. Y aprendí mucho más de los malos que de los buenos. Siempre me hacía la pregunta: “¿Qué hubiese hecho yo de una forma diferente?”. Yo creo que el líder debe ser el que tiene la visión y el que tiene que hacer que su equipo se sienta confortable, confiado en que esa visión se va a materializar. El líder debe buscar una diversidad de estilos y desafiarse dentro de su propio grupo de trabajo. Yo soy una persona a la que le encanta asumir riesgos, pero necesito tener un contrapunto dentro de mi equipo. Para que eso tenga valor, propicio un ambiente en el cual la gente me pueda cuestionar y decir que no está de acuerdo. En el momento en que hay un diálogo y una apertura que permita cuestionar la idea, la propuesta o la estrategia, todos están confortables y sienten que la consecuencia lleva el sello de cada uno.

¿Te gustan los autos naturalmente?

Tengo una visión mucho más femenina de lo que es el auto. Me encanta el ruido del motor, la velocidad, pero estoy muy atenta a su funcionalidad, qué va a hacer el consumidor con esto, analizar por qué no tenemos un lugar para guardar la billetera o los lentes en el habitáculo. Estoy siempre mirando el lado funcional del vehículo.

La última pregunta la responde caminando hacia la puerta de su oficina, de manera cordial pero veloz, es que su vida fluye a mil por hora. Isela no tiene tiempo para meter un rebaje, la están esperando para una sesión de fotos, luego para una reunión, y, más tarde, seguramente se subirá a su Captiva y recordará, gracias a esta entrevista, aquellas palabras que le propició su padre, la idea clara de que para aprender a correr primero hay que caminar.

FICHA PERSONAL

Isela Costantini (43 años)

Colegio: Empecé estudiando en Brasil, en el colegio Santa María, en Curitiba, y luego terminé la secundaria en Córdoba, en la Academia Argüello.

Universidad: Empecé en la Universidad del Salvador, en Buenos Aires. Y terminé en la Católica de Curitiba. Estudié Comunicación con énfasis en Publicidad.

Posgrados: MBA en Marketing y Negocios Internacionales, en los Estados Unidos.

Idiomas: Portugués, francés, inglés y español.

Hobbies: Correr e ir al cine.

Tu mayor logro: No sé si lo he logrado todavía. Pero con respecto a mis dos hijos (una niña de 11 y un varón de 9), asegurarme de educarlos para lo que yo me imaginé que sería. Es muy importante dejar en este mundo algo mejor para las próximas generaciones.

El rasgo principal de tu carácter: Soy muy persistente y me encantan los desafíos. Esa es una combinación un poco peligrosa. Fue así un poco como hice mi carrera. Siempre fui de buscar oportunidades de negocios.

Persona viva que admirás: Hay tantas personas diferentes por tantas características.

Tu personaje histórico favorito: No tengo uno.

Tu mayor atrevimiento en la vida: Haber hecho un manejo de distribución de producción de algunos productos nuevos que estábamos colocando para poder forzar la entrada de algunos productos que determinadas personas de la empresa no querían que tuviéramos en el portafolio.

Lo que cambiarías si volvieras a nacer: Hubiese sido yo la que tomara la iniciativa de comunicarme mejor con mis padres cuando tenía 20 años.

Tenés alguna frase recurrente: “Querer es poder. Lo más difícil es saber qué es lo que querés”.

Tu posesión más atesorada: Un rosario que me regaló una tía un año antes de fallecer.

El talento que desearías tener: Atributos para la música. Desde chica empecé a estudiar piano y lo abandoné, por eso intento estimular a mi hija para que lo haga.

Momento y lugar en el que has sido más feliz: Las pistas de atletismo. Ese era un momento de felicidad. Con mis hijos, cuando hago actividad con ellos. Y también acá adentro de mi empresa, cuando estoy con mi equipo en reuniones difíciles, a pesar del estrés que me genera, es un momento de felicidad el poder decir “Estamos todos trabajando juntos en pos de algo”.