Con una vasta experiencia en el Congreso de la Nación, Julián Obiglio encabeza proyectos para mejorar el régimen de pasantías y las ganancias de los empleados en las empresas. Su gran objetivo es construir un país mejor.

Obiglio mantiene la frescura de sus jóvenes 36 años. El entusiasmo y la pasión de su relato revelan que este abogado y diputado por la ciudad de Buenos Aires ama tanto la función pública como la fundación que conduce, Nuevas Generaciones. Desde estos espacios, está convencido de que puede generar grandes cambios para la sociedad. Proponer para luego ejecutar son los ítems fundamentales para vivir en un país mejor, ese es su pensamiento y su proyecto diario. Así fue como durante la crisis del 2001, cansado de escuchar “que se vayan todos”, decidió que se convertiría en político. Tenía la certeza de que si continuaban los mismos actores, nada cambiaría. Acababa de terminar en Buenos Aires un máster de Derecho Empresario y tomó la decisión de dejar el estudio de abogados donde trabajaba para partir rumbo a España. Allí realizó una maestría en Política en la fundación FIIAPP, de Madrid, donde fue becado especialmente por el entonces presidente José María Aznar a través de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES). También en la península ibérica conoció a su esposa, con la que tienen dos hijos: Bautista (3) y Catalina (11 meses). A su regreso, la convicción fue tan fuerte que en 2005 se convirtió en el diputado más joven de aquel momento de la Cámara. En la actualidad es el más joven del segundo mandato, que termina a fin de 2013. Obiglio tiene muchos proyectos relacionados con la RSE que cree pueden beneficiar tanto a los empleados como a los empleadores.

Sus proyectos están estrechamente ligados a enriquecer el vínculo entre los empresarios, los políticos y los empleadores. ¿Cómo se le ocurrió la idea de generar uno sobre la participación en las ganancias?

Hubo una propuesta de la CGT, que quería que por ley se estableciera un porcentaje determinado de las ganancias de las empresas –sin importar el rubro ni la ubicación–, que fueran distribuidas entre los trabajadores. Nosotros hicimos una alternativa. Nos parecía muy bueno que pudieran participar de las ganancias. Pero propusimos que se estableciera por empresa, que cada una negociara con sus empleados cómo iba a hacerlo. La ley establecía que había determinada participación en ganancias, y la empresa no podía modificarlo por más que acordara con sus trabajadores. Y esto es realmente muy malo, porque hay empresas en la Argentina que ya tienen su propio sistema de participación y funcionan perfecto. Y ese proyecto de ley destruía esa posibilidad de libre acuerdo entre trabajadores y empresarios. Entonces presentamos esta propuesta alternativa que, a mi entender, es superadora y es lo que funciona en el resto del mundo. Donde hay participación en las ganancias, el Estado no te dice con qué porcentaje tenés que hacerlo, solo te dice que tenés que acordarlo. Así fomentás la productividad en tu trabajador. Acá hay muchas empresas grandes que lo hacen. La idea es que cada una pacte cuánto va a distribuir y cuáles son los parámetros.

También está interesado en los jóvenes…

Sí, por eso creamos en el 2009 la Fundación Nuevas Generaciones y tenemos un proyecto de pasantías para tratar este año en el Congreso. Porque el régimen de pasantías ha quedado totalmente desdibujado con las últimas reformas laborales, ya que les agregó muchos riesgos a las empresas, muchos costos laborales y fiscales. Ninguna compañía ha querido continuar, casi han desaparecido las pasantías. Nosotros propusimos una reforma integral donde se pone límites a los abusos que podía tener el empleador. Por ejemplo, el de tener pasantes por varios años y no efectivizarlos. A los chicos que recién se reciben les cuesta mucho conseguir trabajo. Porque no tienen experiencia. Hacer pasantías les sirve mucho para adquirirla. Nuestro proyecto, entonces, las fomenta con límites, para que no haya abusos. Estamos convencidos de que la empresa complementa el rol técnico formador o doctrinario de la universidad. También nos interesa el tema de la minería y estamos trabajando en un proyecto sobre presupuestos mínimos para explotación minera sustentable en la Argentina.

¿De qué se trata?

Queremos una ley nacional que estipule qué es lo mínimo que debe hacer una empresa minera cuando viene a la Argentina. Pretendemos que aporte en infraestructura, a la comunidad más cercana, al medio ambiente. En la actualidad no hay una ley nacional, solo hay leyes provinciales; y cada empresa, además, trabaja con sus propios parámetros internacionales. Entonces lo que buscamos es generar responsabilidad en ella frente a la sociedad en general. Fijar un piso y hacerlo homologable a todo el país. Esto también te da seguridad jurídica. El trabajo es interactuar con la cámara de minería y energía, y preguntarle qué parámetros están usando las empresas de la Argentina; y los comparamos con los que estén aplicados en otros países. Generamos un borrador y lo enviamos para que nos den su opinión. Algunas respuestas las incorporamos, otras no. Lo interesante de esta metodología es escuchar a quien va a estar afectado por la política pública.

¿Cómo es la dinámica de trabajo de la fundación para aportarle valor a un proyecto?

Todo el tiempo tenemos producción de proyectos legislativos. Somos un equipo de tres abogados, dos economistas y una licenciada en Ciencias Políticas que generan trabajo para los sectores políticos. Todo lo que se lleva a cabo se envía a esos sectores. Nuestra forma de trabajar es muy al estilo de los hacedores de políticas europeas o americanas. Porque el problema clásico del legislador de la Argentina es que se ocupa de todos los temas. Un día discutís si le das un subsidio al campo, y otro día sobre comercio exterior. Muchas veces, por abarcar tantos temas, por no tener tiempo para profundizar, por no generar las interconsultas necesarias con quien va a estar afectado por la política pública, el legislador genera una norma que cree que es la mejor, y al final lo termina perjudicando. Tal vez piensa que hizo bien y lo que se está necesitando es lo contrario. Tomamos también los modelos de Chile, Perú y Colombia. Cuando nos ocupamos de un tema, lo hacemos con los diferentes sectores, y muchas veces nos agregan información. Trabajamos mucho con las cámaras empresarias para que ninguna empresa se sienta comprometida a darnos respuestas de sus números internos. La idea es que nos brinden su opinión, que es un insumo más. También tenemos idas y vueltas con las universidades, porque nos ayuda a tener los pies sobre la tierra: lo peor que te puede pasar es que desarrolles políticas que estén alejadas de la realidad. Tratamos de contactar al empleador, al trabajador y el entorno de quien sea afectado por esa política pública.

Además de los proyectos mencionados, también le dedica muchas horas a la formación de jóvenes y de la generación intermedia política. ¿Cuál es la tarea de la fundación?

En la Argentina se ha perdido mucho el trabajo que había entre el sector público y el privado. Si uno analiza a los países más exitosos, han tenido una relación fluida entre estos dos sectores. Brasil y Chile son claros ejemplos de esto. Allí hay interacción entre los políticos y los sindicalistas. Lo que hacemos desde la fundación es ocuparnos de la formación de la generación intermedia (los dirigentes políticos de 30 a 45 años ) y de los jóvenes. La idea es continuar dándoles formación académica, porque hoy en día hay mucho programa para los políticos de más de 50 años, pero hay poco para la generación intermedia. Para eso contamos con un programa anual de formación de jóvenes. Seleccionamos a 15 personas con vocación política o que estén trabajando en ella y les damos todo un año de capacitación en temas económicos, doctrinarios, para que entiendan cómo funcionan las relaciones político-empresariales en la Argentina. Luego, a esos mismos jóvenes, les continuamos brindando otra formación cuando tienen de 30 a 45 años. No permitimos que se genere ese bache que generalmente se produce en la sociedad entre la formación del joven y del adulto.

Según su experiencia, ¿qué es lo más importante para un político joven?

Un tema crucial es que sepa que es necesario generar valor en una empresa, más valor en el país, más empleo; y darle a conocer los parámetros que se usan en el mundo. Desde la Fundación Nuevas Generaciones se lo explicamos a jóvenes de orientación sindical o que vienen del sector privado. Les manifestamos la importancia del doing bussiness.