La transición hacia economías más limpias podría generar 15 millones de nuevos empleos en América Latina hacia 2030.
El avance de las energías renovables, la economía circular, los biomateriales y las nuevas tecnologías está dando lugar a nuevos perfiles profesionales que desarrollen e implementen estos conocimientos.
En la Argentina, esta transformación ya comienza a reflejarse en la demanda de especialistas y en nuevas oportunidades de formación y empleo. Desde técnicos vinculados a la transición energética hasta profesionales capaces de gestionar recursos, reducir emisiones o diseñar procesos circulares, la economía verde genera una gran cantidad de posibilidades para trabajadores de distintas áreas.
Estos nuevos perfiles se complementan con los compromisos de sustentabilidad de las empresas. Por eso, hoy, Arcos Dorados, SMS Sustentabilidad, la Mesa Argentina de Carbono y CAIRPLAS nos cuentan sobre cómo ven los empleos verdes, qué habilidades requieren y qué oportunidades ofrecen para quienes buscan insertarse en el mercado laboral del futuro.
“En Arcos Dorados consideramos empleos verdes a aquellos roles que, desde sus funciones, contribuyen de manera concreta a reducir el impacto ambiental de nuestra operación y de nuestra cadena de valor”, define Rocío Villarreal, Analista Sr. de ESG de Arcos Dorados Argentina.

¿Qué perfiles incluyen como empleos verdes?
Aquellos vinculados con sustentabilidad, abastecimiento, desarrollo y construcción, mantenimiento y operaciones, que trabajan sobre temas como eficiencia energética e hídrica, energías renovables, gestión de refrigerantes, economía circular, trazabilidad de materias primas o prácticas de producción más sostenibles.
Nuestro enfoque apunta justamente a que la sustentabilidad no quede concentrada en un único equipo, sino que se incorpore cada vez más en la forma de operar y tomar decisiones. En ese sentido, un empleo puede adquirir una dimensión “verde” cuando suma conocimientos y responsabilidades ambientales a una función que ya es parte central del negocio.
Para que la sustentabilidad se integre al negocio, la estrategia debe ser transversal a todas las disciplinas, con objetivos claros que empujen para la misma dirección.
¿Qué tipo de empleos verdes creen que se pueden demandar a futuro? ¿Cuáles creen que son las principales áreas de impacto?
Creemos que va a crecer especialmente la demanda de perfiles capaces de combinar conocimiento técnico, gestión ambiental y capacidad para medir resultados. En nuestra actividad vemos tres grandes campos de desarrollo. Uno es la energía, especialistas en eficiencia energética, sistemas de gestión de consumo, energías renovables, refrigeración y medición de emisiones. Otro es la economía circular, donde se necesitan capacidades vinculadas a separación y recuperación de residuos, logística inversa, compostaje y desarrollo de packaging con materiales renovables, reciclados o certificados. El tercer campo, que viene ganando mucha relevancia para nosotros, está en el abastecimiento sostenible: trazabilidad, agricultura regenerativa, cuidado de los suelos y la biodiversidad, y medición del impacto ambiental de la producción. En la Argentina ya estamos trabajando junto a proveedores en este sentido, por ejemplo, junto a McCain en agricultura regenerativa aplicada a la producción de papa.
Por eso creemos que estos empleos van a crecer no solamente dentro de las compañías, sino también en proveedores, productores, operadores logísticos y otros actores de toda la cadena de valor.
¿Cuáles son los desafíos para incentivar este tipo de empleos?
Uno de los principales desafíos está en desarrollar perfiles que puedan conectar el conocimiento ambiental con la realidad operativa de cada negocio. No alcanza solamente con conocer sobre sustentabilidad, también hace falta entender procesos, tecnología, datos y cómo implementar soluciones que sean escalables.
Por eso, es importante desarrollar nuevas capacidades en los puestos que ya existen. Un técnico de mantenimiento, un profesional de abastecimiento o alguien que trabaja en el desarrollo de un restaurante va a necesitar cada vez más herramientas para gestionar energía, materiales, emisiones o recursos de manera eficiente.
“Uno de los principales desafíos está en desarrollar perfiles que puedan conectar el conocimiento ambiental con la realidad operativa de cada negocio”, Rocío Villarreal, Analista Sr. de ESG de Arcos Dorados Argentina.
“La evidencia muestra que la transición hacia una economía baja en carbono está siendo una gran generadora de empleo. Según estudios del BID y la OIT, las transiciones hacia economías más limpias podrían generar 15 millones de nuevos empleos netos en América Latina hacia 2030”, asegura Lucas Utrera, Socio en SMS Sustentabilidad, y añade que “parte de este fenómeno se explica también con la incorporación de competencias y conocimientos ambientales y tecnológicos a empleos considerados tradicionales”. A nivel global, el World Economic Forum, en su Future of Jobs Report 2025, señala que la transición verde, la IA (inteligencia artificial), el big data y la transformación tecnológica están entre los grandes motores de cambio del empleo global con impacto directo en la generación de empleo verde.

¿Cuáles son las áreas que pueden tener mayor impacto?
En la Argentina, el estudio de la OIT “Empleo verde en Argentina”, realizado en 2017, presenta las principales categorías laborales en relación con este tipo de empleos. Aunque la información debería actualizarse, para 2015 se estimaban unos 650.000 empleos verdes, lo que representaba el 7 por ciento del total de los asalariados registrados en ese momento. La mayor parte del empleo verde se concentra en la industria manufacturera (38 por ciento), transporte (29 por ciento), agricultura, ganadería, silvicultura y pesca (9 por ciento), y en el suministro de agua y gestión de residuos (7 por ciento). El turismo también aparece como una actividad con una gran capacidad y potencial para generar empleos verdes.
En cuanto a roles y puestos de trabajo, aparecen rápidamente aquellos ligados a actividades intrínsecamente ligadas a la sostenibilidad: personas dedicadas a energías renovables, a la gestión de residuos y economía circular, y su correlato, todo el mundo de los biomateriales, bioplásticos, bioinsumos agrícolas, biotecnología y nuevos materiales de origen renovable.
¿Cuáles son los principales desafíos para el crecimiento de estos empleos?
En primer lugar, la formación de capacidades. Muchos de estos empleos verdes requieren nuevas competencias técnicas, digitales y ambientales; nuevos conocimientos que, inclusive, no están todavía plasmados en la oferta educativa o en las currículas académicas.
Otro aspecto se refiere a la calidad del trabajo en cuanto trabajo decente. Hay nichos de empleo verde que tienen una gran base de precariedad e informalidad, por ejemplo, aquellos ligados a la gestión de residuos y el reciclaje, como también algunos en sectores de agricultura y turismo. Esto también se relaciona con la necesidad de la movilización de financiamiento sostenible para ampliar y potenciar estos sectores generadores de empleo verde.
Finalmente, un aspecto relevante es el rol de las organizaciones de la sociedad civil, tanto como generadoras de empleo verde a partir de las contribuciones que realizan a través de sus programas y acciones como también por sus iniciativas de educación ambiental y de incidencia pública para visibilizar esta agenda de temas.
¿Cómo puede impactar la inteligencia artificial?
La IA puede convertirse en un acelerador de empleos verdes en la medida que brinde soluciones que permitan optimizar procesos productivos, reducir consumos energéticos, mejorar la trazabilidad de materiales y gestionar redes eléctricas más eficientes. Una paradoja es la cantidad de empleos verdes que están generando las empresas ligadas a la IA para gestionar los enormes impactos ambientales de sus infraestructuras operativas que requieren volúmenes inmensos de agua y energía.
“La evidencia muestra que la transición hacia una economía baja en carbono está siendo una gran generadora de empleo”, Lucas Utrera, Socio en SMS Sustentabilidad.
“Nuestro trabajo incluye generar información y propuestas, identificar las barreras que limitan el crecimiento de los proyectos, dialogar con organismos públicos y participar técnicamente en los procesos que pueden contribuir a desarrollar el sector”, explica Juan Pedro Cano, Coordinador de la Mesa Argentina de Carbono, un espacio que actualmente reúne a más de 50 empresas y organizaciones de toda la cadena de valor de los mercados de carbono y funciona como una plataforma de articulación entre los distintos actores del sector.

¿Cómo se encuentra la situación del mercado de carbono en la Argentina?
La Argentina atraviesa un momento de crecimiento y, al mismo tiempo, de definición. El país cuenta con recursos naturales, capacidad técnica y un ecosistema de proyectos que viene madurando rápidamente. Actualmente existen más de 40 proyectos de carbono en implementación y estimamos que esa cifra podría duplicarse en el corto plazo. Sin embargo, la Argentina todavía se encuentra rezagada frente a otros países de América Latina que han avanzado más rápidamente en la generación de condiciones para desarrollar estos mercados.
¿Cómo estos proyectos pueden impactar en la generación de nuevos empleos?
El impacto puede ser muy significativo, porque un proyecto de carbono moviliza una cadena de actividades mucho más amplia de lo que habitualmente se imagina. No hablamos solamente de la generación y comercialización de un crédito, sino de todo lo que sucede en el territorio para que ese crédito pueda existir, medirse, monitorearse y certificarse. Según las estimaciones preliminares realizadas por la Mesa Argentina de Carbono, el crecimiento de esta actividad podría generar más de 70.000 nuevos empleos directos e indirectos, vinculados, entre otras actividades, a viveros, manejo forestal, monitoreo, certificación y tecnologías asociadas. Además, muchos de estos proyectos se desarrollan fuera de los grandes centros urbanos, por lo que tienen capacidad para generar empleo con arraigo y nuevas oportunidades en las economías regionales. Ese componente territorial es especialmente importante: los mercados de carbono pueden convertirse no solo en una herramienta ambiental, sino también en una herramienta de desarrollo económico y social a nivel local.
¿Qué sectores tienen mayor potencial para generar empleo vinculado con la descarbonización?
Hoy vemos un enorme potencial en los sectores agropecuario y forestal, donde la Argentina tiene ventajas comparativas muy importantes por su disponibilidad de recursos, superficie productiva, conocimiento y capacidades técnicas. Ya existen proyectos vinculados con conservación y restauración de bosques nativos, forestación y ganadería regenerativa. Solo los proyectos agropecuarios y forestales validados bajo estándares internacionales abarcan en conjunto alrededor de dos millones de hectáreas, mostrando la escala territorial que puede alcanzar esta actividad. Pero el potencial argentino no termina allí. Energía, industria, transporte y gestión de residuos también pueden participar de los mercados de carbono y generar nuevas inversiones y capacidades profesionales.
“El crecimiento de esta actividad podría generar más de 70.000 nuevos empleos directos e indirectos”, Juan Pedro Cano, Coordinador de la Mesa Argentina de Carbono.
En cuanto al sector de reciclaje y la economía circular, desde CAIRPLAS (Cámara Argentina de la Industria de Reciclados Plásticos) afirman que, aunque la tasa de reciclaje y la capacidad instalada del sector industrial aumentaron significativamente en la última década, hoy la actividad enfrenta una caída grande ligada al costo de reciclado y la importación de plástico virgen de bajo precio y calidad, y a la variación del consumo interno: “Luego de 20 años de crecimiento de producción de polímeros reciclados, hubo una caída de 38 por ciento en los últimos tres años”.
Destacan que existe una mayor concienciación ecológica en los consumidores y avances legislativos a nivel regional y municipal, sin embargo, la evolución sigue siendo heterogénea entre provincias debido a la falta de una normativa nacional marco como una Ley de Responsabilidad Extendida del Productor – REP.
Con respecto a la generación de empleos, destacan que la economía circular y el reciclaje son motores en generación de empleo verde y local, distribuidos a lo largo de toda la cadena de valor. Entre ellos se encuentran cooperativas y recolectores urbanos dedicados a la separación de residuos postconsumo; operarios e ingenieros en plantas de clasificación, molienda, lavado, extrusión y pelletizado de plásticos; ingenieros químicos, de materiales y procesos dedicados a la mejora del material reciclado (PCR, Post-Consumer Recycled); especialistas en ecodiseño y aseguramiento de la calidad; y por último, los servicios, como logística inversa, auditoría ambiental y desarrollo de maquinaria e insumos locales.
Además, la economía circular y el reciclaje presentan varias oportunidades, como la sustitución de importaciones, ya que al transformar residuos locales en materias primas secundarias se reduce la necesidad de importar polímeros vírgenes; la reducción de la huella de carbono e insumos al consumir menos energía e hidrocarburos en su procesamiento comparado con la resina virgen; la apertura de nuevos mercados (como el europeo), que exigen porcentajes mínimos de plástico reciclado en envases y autopartes; y la disminución del volumen de desechos destinados a rellenos sanitarios y basurales a cielo abierto.
En cuanto a los desafíos, enumeran que el principal cuello de botella es la cantidad y calidad de residuos plásticos recolectados de forma diferenciada. “Si los plásticos llegan contaminados a la industria, el costo de procesamiento se eleva”, aseveran desde CAIRPLAS. El siguiente desafío para que la economía circular funcione, es que la industria transformadora debe incorporar material reciclado en sus productos. “Lamentablemente no hay una normativa u obligatoriedad que exija esto, como sucede en muchos países de América Latina, la Comunidad Europea y muchos estados de EE.UU.”. Asimismo, cuando los precios internacionales del petróleo o de las resinas vírgenes bajan, el material reciclado pierde competitividad si no existen incentivos o regulaciones que fijen cuotas obligatorias de uso. Y, por último, la falta de una Ley de Responsabilidad Extendida del Productor a nivel nacional dificulta el financiamiento continuo de la infraestructura de recolección.
Por su parte, desde CAIRPLAS articulan acciones entre la industria, las autoridades del Estado y la sociedad para promover la economía circular de los plásticos








