Nicolás Larrandart siempre quiso emprender. Ingresó a la facultad para estudiar Ingeniería Electrónica y tenía en la cabeza crear un proyecto orientado a la biomedicina. Con el tiempo, fue alejándose de ese ámbito, pero no de la idea de impulsar un emprendimiento propio. Durante ocho años, una vez recibido, trabajó en Telefónica, y allí conoció a su actual socio, Leandro Sabignoso. Ambos, junto a Leonardo Fernández (compañero de facultad de Nicolás), fundaron Auravant, una plataforma que desarrolla y comercializa herramientas para mejorar las decisiones agronómicas y facilitar la aplicación de la agricultura de precisión.

¿Cómo comenzó Auravant?

Empezamos en 2015 como una empresa de drones, algo muy diferente a lo que hacemos hoy. El dron lo usábamos para detección, hacíamos mapas de muy alta resolución del terreno. Nuestro objetivo era buscar ejes donde la mejor teledetección ayudara. Trabajábamos en agricultura y en industria, hasta que vimos que en industria no había un problema que fuera sistematizable. Era como que cada proyecto era una consultoría en sí, y ese no era nuestro objetivo, porque queríamos, de alguna forma, generar impacto. De esa forma, no lo íbamos a lograr nunca.

Ustedes no tenían vínculo con el agro, ¿por qué lo eligieron?

Es cierto. Leandro y yo somos ingenieros electrónicos; Leo es técnico electrónico e ingeniero industrial. Nada que ver. Ese fue uno de nuestros diferenciales: venir de afuera a proponer ayudar con lo que nosotros conocíamos. Metiéndonos en el agro, originalmente fuimos 100 por ciento outsiders. De hecho, nos costó mucho poder crecer dentro de un ambiente del cual no éramos nativos. Pero nuestra propuesta era, justamente, ayudar en el proceso de digitalización del campo. Acelerarlo.

Al comienzo era abstracto, ¿no? Hacían el mapeo con drones, pero sin saber aún para qué serviría.

Exacto. Estábamos jugando te diría, investigando, probando. Y rompiendo muchas cosas: renuncié a Telefónica para dedicarme a esto, invertimos en dos drones y, a la semana, se nos rompieron los dos el mismo día… Así empezamos. Fue casi una señal, porque después nos dimos cuenta de que los drones no escalaban, que tenían ciertos problemas operativos y por eso la tecnología satelital los fue reemplazando. Todavía se usan drones para muchas cosas, cuando necesitás mucha resolución, pero en el 90 por ciento de los casos se reemplazaron. Nuestro objetivo era ver desde dónde podíamos aportar, desde el punto de vista de mejorar procesos, agregar eficiencia y ser más sustentables. En el agro encontramos, justamente, la posibilidad de resolver un problema, o muchos, en un lugar, y poder replicarlo en millones y millones de hectáreas en el mundo. Eso fue lo que nos gustó del agro. Y también que tiene un impacto mucho mayor, porque el problema que estás resolviendo realmente es importante. Es alimentar al mundo

Un terreno interesante…

Muchísimo. Cuando empezamos a investigar sobre las problemáticas que podríamos resolver ahí, comenzamos a ver en perspectiva las cosas y su peso específico. Para poder suplir la demanda de alimentos en 2050 hay que producir, más o menos, entre un 30 y un 70 por ciento más de lo que se produce ahora. Eso es de los últimos reportes que hay en la materia. Es un montón, es más de lo que las empresas crecen. El principal eje de ese incremento surge de que la población aumenta. Pero la población también se alimenta mejor, entonces necesitás más niveles de proteínas y de carbohidratos para suplir esas demandas. Además, el cambio climático te juega en contra, porque en muchos lugares está afectando esos cultivos y reduciendo sus rendimientos, anegando zonas u otras cosas. Ese es el desafío doble: lograr el objetivo, y hacerlo siendo más sustentables.

¿Sienten una presión social en ese sentido?

Obviamente hay una conciencia mayor. La biotecnología viene avanzando un montón en esa medida. Se viene trabajando hace mucho en las prácticas que se adoptan, el uso eficiente de insumos. Desde algún punto de vista, la digitalización genera nuevas palancas para poder resolver ese problema: en materia de insumos y demás se viene avanzando hace años y se va a seguir avanzando. No son palancas que están agotadas las que ya vienen de hace mucho tiempo. La biotecnología tiene un montón por recorrer todavía. Surge una nueva palanca, que es la digitalización, que es poder procesar datos y, sobre la base de esos datos, hacer las cosas de forma más eficiente. Esa es nuestra propuesta.

Cuando dejaron atrás los drones, se enfocaron primero en algo muy específico, ¿no?

Sí, cuando decidimos dedicarnos 100 por ciento al agro, el primer eje que nos dedicamos a resolver fue la optimización de fertilizantes nitrogenados, algo muy técnico, de nicho agronómico. En muchos lugares se aplican en cantidad y es un recurso que hay que eficientizar. Primero, porque es más económico para el productor; en segunda medida, porque querés evitar sobreaplicar en zonas donde el cultivo no lo necesita, porque no lo absorbe y puede provocar lixiviación: irse a las napas. Eso puede generar más actividad biótica en acuíferos y demás, y modifica el ecosistema.

Nos enfocamos en resolver esa problemática y hacer una metodología especial que se utiliza en ciertos cultivos, permitir que el productor haga la aplicación óptima de nitrógeno ambiente a ambiente. De esa forma, se reduce al mínimo la posibilidad de lixiviación, porque el cultivo absorbe lo que necesita y solo aplicás eso. Hay un balance. Eso hace que tengas mayores rindes, porque una sobreaplicación de nitrógeno también podría tener efectos negativos en el rinde. En eso nos enfocamos al principio. Ese tipo de servicio, que sigue existiendo en Auravant, comenzó con drones y lo adaptamos a satélites. Lo hicimos en conjunto con el INTA, que también venía investigando sobre esa línea de desarrollo de algoritmo de eficiencia en nitrógeno. Desarrollamos en conjunto con ellos una extensión dentro de nuestra plataforma para ayudar al productor a que aplique la metodología.

 

“Queremos ser el sistema operativo del agro”

 

Son claves las alianzas, porque las herramientas de las que obtienen la información no son suyas.

Claro. En Auravant hacemos de agregadores en cuanto a materia de datos de información satelital. Y unificamos todo para que el usuario lo tenga en un solo lugar. Tanto fuentes de datos que están abiertas, que son públicas, de satélites, como pueden ser la Agencia Espacial Europea o de NASA, pero también fuentes privadas, pagas, de satélites. El usuario dentro de nuestra plataforma tiene la opción de usar imágenes de calidad estándar, que vienen ya incluidas en la plataforma, o contratar imágenes de mayor calidad y mayor frecuencia de revisita: cada cuánto tiempo pasa el satélite. Hacemos esa agregación. Yendo al ecosistema, es clave lo que decís, porque la digitalización trae otro “costo” para el usuario, que es que si hablás con un usuario, te dice que lo cansa tener que cargar la información muchas veces en distintos lugares. Ahí generamos un concepto dentro de nuestra plataforma que se llama Extensiones. Básicamente, es que cualquiera puede desarrollar una aplicación adentro de Auravant. Entonces, el usuario tiene todo en un solo lugar y puede mover la información de un lado para el otro y hacerla trabajar para sacar el mayor provecho y no tener que estar cargando las cosas una y otra vez. INTA posee extensiones para ayudar a los productores a calibrar boquillas de pulverizado[1]ras, y de otras herramientas, además de la del nitrógeno. La UBA desarrolló herramientas y un montón de empresas privadas también desarrollaron las suyas dentro de la plataforma.

La información está y es muchísima, lo difícil es encontrar lo valioso y organizarlo.

Exacto. Lo importante es cómo se la organiza y cómo la linkeás, cómo hacés que se conecten las cosas. Ahí sacás valor. Una gran parte ya se re[1]suelve dentro de la plataforma, pero obviamente hay otra gran parte que no, que siempre estará por fuera. Hay un tipo de trabajo que es la base de todo planteo de agricultura de precisión: hacer la aplicación variable de insumos. Tenés que aplicar cualquier insumo y lo hacés sobre la base de lo que necesitás en cada espacio de tu terreno, que no es igual. Hay un montón de características de suelo, del cultivo, que cambian metro a metro. La variabilidad es enorme. Vos adaptás la aplicación de los insumos a eso. Entonces, se trabaja en agricultura de precisión, con el concepto de ambiente. Hacer una ambientación, que es este trabajo, a un agrónomo experimentado le puede llevar hasta dos horas, entre que baja los datos, los preprocesa, los procesa. En Auravant eso lo hacés en treinta segundos, porque toda esa integración de datos ya la resolvimos. Es hacer clics nomás.

¿Qué ventajas y desventajas les dio haber llegado como outsiders al agro?

La ventaja que nos dio es que no teníamos ningún tipo de sesgo de nada. El producto lo armamos iterando, escuchando las necesidades de los clientes y de los usuarios. Tuvimos que sentarnos con ellos, a ver qué problemáticas tenían. Al no ser del entorno, también, nos tuvimos que hacer nuestro camino a los golpes. No contábamos con ningún contacto en ningún lado.

La adopción fue rápida, consiguieron muchos usuarios en los primeros quince meses.

Sí, fue un poco por nuestra estrategia de go to market. Nuestra plataforma es freemium, tenemos muchos usuarios que son gratuitos. En el planteo de la propuesta de valor de la plataforma dijimos que lo que estábamos haciendo facilita la adopción de la agricultura de precisión, que tiene un eje buenísimo como la sustentabilidad. Eso quisimos abrirlo y que cualquiera lo pueda usar. Muchos usuarios que la usan de forma gratuita, hasta cierto nivel de uso de agricultura de precisión, cuando pasan a ser más avanzados empiezan a pagar, si están dispuestos.

¿Tienen medido en cuánto ayuda la aplicación?

En términos económicos, entre 25 y 40 dólares por hectárea es lo que un productor puede sacarle de beneficio directo. No estoy contando todo lo que es beneficio indirecto, como el ahorro de tiempo. Después, hay mayor eficiencia en uso de fertilizantes y de agua. Tenemos herramientas que ayudan a los productores a irrigar de forma óptima. Ahí podés estar hablando de un 15 por ciento de ahorro de agua, un 30 por ciento de ahorro de insumos. Es un doble eje donde se alinean los vectores: hay un ahorro económico y un ahorro en la reducción de un insumo que puede llegar a contaminar o es escaso, como el agua. Hay una alineación con la parte sustentable.

¿Qué importancia tiene ese eje para ustedes y para sus clientes?

Para nosotros es importante desde el punto de vista transformacional y de la visión de la compañía. Somos un habilitador y un promovedor de que se usen esas tecnologías. El productor tiene en su ADN la parte de la sustentabilidad, es gente a la que le apasiona el medio ambiente, la vida de las plantas y de los animales. Es la primera persona que quiere y adopta esta tecnología. Nuestro rol es que sea fácil de adoptar. Queremos ser el sistema operativo del agro. Hay un montón de relaciones y de cosas que tienen que pasar para que se produzca el trigo, que termina siendo el pan que comés. Lo que buscamos es, justamente, ser el lugar donde esas relaciones sean eficientes. Ser ese lugar donde toda esa transferencia de información entre un montón de jugadores se haga rápida y simple.