La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica del sistema nervioso central y constituye la principal causa de discapacidad no traumática en adultos jóvenes. Esta patología autoinmune suele ser diagnosticada entre los 20 y 40 años de edad, teniendo las mujeres el doble de probabilidad de adquirirla que los hombres. En Argentina, se estima que afecta a más de 11.000 personas. Si bien esta enfermedad actualmente no tiene cura, su tratamiento temprano y adecuado puede reducir la progresión de la enfermedad y la acumulación de la discapacidad permitiendo potencialmente una vida con mayor independencia.

Esta enfermedad se produce cuando el sistema inmunitario ataca a la mielina, una capa que recubre y aísla las terminales nerviosas en el cerebro, la médula espinal y los nervios ópticos. Se cree que las células T y B, integrantes del sistema inmunitario, son las responsables de este ataque erróneo. Los pacientes pueden experimentar discapacidad de diversas maneras dependiendo de la zona afectada. Existen dos formas principales de actividad: Visible, tal como una recaída (un ataque o brote que causa nuevos síntomas o empeora síntomas previos), o subyacente, que se detectan a través de una resonancia magnética. La discapacidad física progresa cuando la actividad de la enfermedad provoca neurodegeneración, es decir, la muerte de neuronas.

Los síntomas de la enfermedad varían ya que puede afectar los nervios de casi cualquier parte del cuerpo, e incluyen: fatiga, problemas para caminar, visión doble, espasmos, pérdida de visión,, incontinencia y problemas para orinar, pérdida del equilibrio, entumecimiento, dificultad para mover brazos y piernas, disminución del período de atención, pérdida de la memoria, dificultad para razonar y resolver problemas, depresión/tristeza, pérdida de audición, dificultades al hablar y problemas para masticar y tragar.

Si bien es una patología de curso impredecible, se la puede diferenciar según su comportamiento, clasificándose en: esclerosis múltiple recurrente (EMR), esclerosis múltiple secundaria progresiva (EMSP) y esclerosis múltiple primaria progresiva (EMPP):

  • La EMR es la más frecuente (85% de los casos) y se caracteriza por períodos de brotes y remisiones.
  • La EMSP suele comenzar como EMR pero luego empeoran progresivamente las funciones neurológicas y la discapacidad, con o sin recaídas.
  • La EMPP (15% de los casos) se caracteriza por el empeoramiento de los síntomas en forma progresiva, sin recaídas ni remisiones.

En cualquiera de sus variantes, la velocidad con la que avanza la discapacidad puede cambiar, pero su progresión significa un incremento sostenido de la discapacidad a lo largo del tiempo. “El grado de afección es muy variable entre una persona y otra, pero, considerando que afecta fundamentalmente a personas entre los 20 y los 40 años, en primer lugar impacta en las múltiples actividades y planes que se tienen a esa edad. La empatía y el apoyo psicológico, si es necesario, son fundamentales cuando se hace el diagnóstico, porque nos encontramos frente a una persona en plena época de estudios, trabajo, planificación familiar, a la que se le diagnostica una enfermedad crónica, potencialmente discapacitante”, explicó el Dr. Andrés Barboza, Jefe de Servicio de Neurología. Hospital Central de Mendoza y Jefe del Programa Provincial de Esclerosis Múltiple (M.P. 7.286).

La actividad de la enfermedad y la progresión de la discapacidad pueden ocurrir desde las fases más tempranas de la esclerosis múltiple. Por eso el objetivo de su tratamiento es controlar su actividad lo antes posible, deteniendo el progreso, controlando los síntomas y ayudando al paciente a tener una buena calidad de vida. “Si bien no existe cura, ahora contamos con un gran número de medicamentos que permiten tener control continuo de la enfermedad, y ese es el paradigma que tenemos actualmente: no permitir que la enfermedad se escape de control”, afirmó el Dr. Edgardo Cristiano, Director del Centro de Esclerosis Múltiple de Buenos Aires (M.N. 63.027).