Con más de 25 años de operaciones en la región, Danone cuenta en nuestro país con cuatro unidades de negocio –lácteos, logística, nutrición especializada y aguas– y cuatro plantas productivas. Su propósito es aportar salud a través de la alimentación a la mayor cantidad de personas posible.
El área de Sustentabilidad de Danone Cono Sur está a cargo de Ana Guerello, ingeniera industrial, quien hizo sus primeros pasos corporativos desempeñándose en Marketing. Con el tiempo, entendió que su verdadero interés era cómo el negocio repercute en el ambiente y las personas. Ya trabajaba en Danone cuando decidió viajar a Nueva Zelanda becada para hacer una maestría en gestión ambiental y sustentabilidad. El retorno al país hace diez años también significó la vuelta a la empresa, esta vez como líder de proyectos de impacto social y ambiental.
Guerello habló con PRESENTE sobre las acciones que emprende Danone para minimizar la huella en el ambiente de la mano de más de 5000 recuperadores urbanos mientras intenta recolectar 100.000 toneladas de material reciclable en tres años, y explicó por qué considera que ser una empresa con propósito también es una propuesta de valor real para el consumidor y un factor competitivo.

¿Cómo se conforma el equipo de Sustentabilidad de Danone Cono Sur?
Además de mí, hay un Analista Junior y otro Senior. Yo reporto al Director de Compras y Sustentabilidad.
¿En qué consiste la estrategia de sustentabilidad global de la compañía y cómo la están aplicando en la Argentina?
Danone es una empresa que ya en la década del 70 hablaba de un doble propósito. Quien era su CEO y fundador decía que el éxito de una empresa no puede medirse solamente por los resultados económicos, sino también por el impacto que tiene en las comunidades. Empieza a hablar de un negocio con un enfoque social. Años más tarde se define lo que hoy es la estrategia de sustentabilidad, la “Danone Impact Journey”, que tiene tres ejes: uno enfocado en salud, otro en la naturaleza y un tercer eje en las personas y las comunidades. Cada eje tiene prioridades y cada prioridad cuenta con indicadores medibles que se deben cumplir. Esta estrategia se define a nivel global y luego baja a cada una de las unidades de negocio en cada país, traduciéndola al contexto local. Hay ciertos indicadores que son una bajada directa y en otros casos se desafía ese indicador según el contexto local.
Una de las metas que propone esta estrategia es ser carbononeutrales para 2050. ¿Cómo trabajan para alcanzarla?
Como paso previo, está la reducción de nuestras emisiones al 2030. Nos encontramos alineados a la iniciativa Science Based Targets, que define a las empresas cuál es la reducción de huella de carbono que deben hacer para el 2030 para estar alineadas al escenario de 1,5 grados (el límite que la comunidad científica considera clave para evitar los impactos más graves del cambio climático). En 2020 se definieron las emisiones de carbono que se deben reducir al 2030 a nivel global y luego a cada región y a cada país se les dice cuánto tienen que reducirla año tras año. Entonces anualmente los equipos trabajamos en proyectos con ese fin. También a nivel global nos comprometimos en un plan para medir la huella de metano, publicarla y tener acciones para reducirla con objetivos al 2030.
¿Cómo abordan en la Argentina el tema de los paquetes y envases posconsumo?
El propósito de la empresa es brindar salud a través de los alimentos a la mayor cantidad de personas posible cuidando el planeta. El envase es necesario, pero su impacto es altísimo luego de consumido el producto. Sabemos que tiene un gran valor para ser materia prima de otros envases y productos. Nosotros medimos este impacto, conocemos cuántos envases ponemos en el mercado y trabajamos en pos de su recolección y reciclaje. Hace más de diez años tenemos el Programa Recuperadores, en el que trabajamos con cooperativas de recuperadores urbanos con la Fundación Avina para fortalecer este ecosistema y aumentar las tasas de recolección de nuestros envases para que puedan ser vendidos por ellas directamente a la industria, sin intermediarios, y obtener un mejor precio por esos materiales. Y luego que la industria pueda utilizarlos en otros productos. Trabajamos con más de cuarenta organizaciones en unas siete provincias. En total, más de 5000 recuperadores urbanos. Con este programa, en los últimos años hemos llegado a recolectar más de 300.000 toneladas de material reciclable y ahora estamos en una nueva fase que va de 2025 a 2027 en la que trabajamos muy fuerte en la recolección de los envases de yogures y postres, que es un material un poco más complicado porque no existe hoy una industria robusta de reciclaje que se ocupe de ellos. Sí existe una de reciclaje de cartón o de vidrio, que son industrias bastante longevas, pero de plásticos como poliestireno o polipropileno no. Estamos haciendo mucho foco en la recolección y el reciclado de esos potes.
En esta nueva fase esperamos recolectar, a lo largo de estos tres años, más de 100.000 toneladas de material reciclable. Cuando hablamos de material hablamos de todo, porque cuando uno empodera a la cooperativa, lo hace para que recolecte todos los materiales, no solamente lo que le interesa a Danone. La cooperativa se hace más robusta a medida que diversifica más los materiales que recolecta.

¿Usan embalajes reciclados en la Argentina?
No está legislada en el país la incorporación de material reciclado en plásticos como poliestireno y polipropileno que van a estar en contacto con alimento. Sí está legislado el uso de PET reciclado en las botellas. Incorporamos material reciclado en packaging secundario y terciario, como las bandejas de polipropileno que utilizamos para la distribución de los productos.
¿Aplican medidas de eficiencia energética en las oficinas y en las plantas de producción?
Sí. Medimos el consumo energético de oficinas, pero principalmente de plantas y centros de distribución, que son los sitios que más consumen. Hay muchísimas acciones de eficiencia energética, desde algunas de gestión diaria hasta inversión en las plantas para el cambio de equipamiento viejo o de parte de alguna línea productiva que se pueda mejorar con una tecnología más nueva que reduzca el consumo eléctrico. Y otra medida para minimizar el impacto en el cambio climático es la compra de energía renovable. Hoy nuestra planta de Longchamps, de productos lácteos, opera con más del 90 por ciento de su energía de origen renovable. Los centros de distribución del interior y nuestra planta de Pacheco no operan con energía renovable, pero compran certificados para compensar el consumo de fuentes tradicionales.
“En los últimos años hemos llegado a recolectar más de 300.000 toneladas de material reciclable”
¿Cómo desarrollan el eje de salud y nutrición?
Uno de los indicadores que medimos es la cantidad de azúcar por gramo de producto. En los yogures para niños se redujo en los últimos diez años un 90 por ciento, y en los yogures para adultos, un 37 por ciento. Seguimos trabajando porque sabemos que es un indicador super-importante para hacer mucho más saludables nuestros alimentos. En el caso de los alimentos infantiles, no contienen edulcorantes y todos están fortificados con nutrientes esenciales para los niños. Todo lo que nosotros desarrollamos para luego poder comunicar tiene evidencia científica detrás. De hecho, uno de los últimos lanzamientos fue un Yogurísimo con un probiótico de una cepa única desarrollada con el Conicet que contribuye a la salud gastrointestinal y respiratoria. Constantemente estamos trabajando en investigación y desarrollo en pos de la salud.
Por último, está el eje de personas y comunidades. ¿En qué consiste?
El eje de personas implica todo el trabajo que se hace para los colaboradores de la empresa. Tenemos un programa de bienestar que abarca salud mental, física, nutricional y financiera. Este programa cuenta con muchas capacitaciones y beneficios, como la flexibilidad de trabajar híbrido o remoto, una semana más de vacaciones además de las legales y un feriado más cada dos meses, el feriado Danone. También tenemos una política de working from anywhere, siempre que el equipo esté de acuerdo, por determinado tiempo. Contamos además con una nueva política para colaboradores que están transitando enfermedades críticas, como cáncer, ACV u otras patologías que demandan tratamiento, contemplando flexibilidad horaria o licencias. Esta política asegura el vínculo laboral por doce meses y luego un retorno gradual al trabajo para que puedan priorizar su salud mientras perciben el salario y los beneficios como cualquier otro colaborador. Y después están las políticas de maternidad y paternidad, con licencias extendidas para cuidador primario y secundario, que por lo general es el padre, con una licencia de hasta un mes.
¿Cómo se relacionan con las comunidades?
Nos enfocamos mucho en las comunidades cercanas a los sitios productivos y también a los centros de distribución. Uno de los grandes impactos son las donaciones de productos. Desde comienzos de los 2000, empezamos con nuestro programa de donaciones y hoy ya llevamos donadas más de 18.000 toneladas de productos a distintas organizaciones con las que ya tenemos un vínculo, que sabemos a qué comedores distribuyen y además confiamos en que van a mantener la cadena de frío. Otro trabajo que estamos iniciando es la donación de nuestros productos directo desde las cadenas de supermercado. Los productos refrigerados en los supermercados son retirados de la góndola mucho antes de que venzan. Quizás el producto no se puede vender por política de la cadena, pero aún tiene mucho poder nutricional y puede servir como alimento. Antes ese producto volvía a nuestras instalaciones y era destruido. Así que estamos gestionando la donación desde las cadenas de supermercados a los distintos bancos de alimentos para tener un impacto positivo en la comunidad con un superalimento como es el yogur. En relación con este producto, tenemos desde hace varios años una organización compuesta por un grupo de mujeres a las que les enseñamos a hacer yogur y ellas lo reparten en las familias que viven cerca, en zona sur. La organización se llama Yogurdrinas.
“El éxito de una empresa no puede medirse solamente por los resultados económicos, sino también por el impacto que tiene en las comunidades”
¿Tienen programas de voluntariado?
Sí. El año pasado fueron destinadas más de 800 horas a programas de voluntariado, incluso durante el horario laboral. Tenemos distintas acciones, por ejemplo, ayudamos al Banco de Alimentos en la clasificación de comida que luego se va a donar, colaboramos con otras organizaciones como Cartoneros y sus Chicos, en Pilar, donde los niños, luego de que van al colegio y mientras sus padres trabajan, asisten a un espacio de contención donde reciben apoyo escolar y realizan actividades lúdicas. También tienen una colación: se les da un yogur o un postre. Los interesados pueden participar ese día o ayudar a arreglar algo de la instalación. En otro voluntariado muy lindo, los colaboradores se comprometen a dar apoyo escolar a los chicos de manera virtual conectándose una vez por semana o cada dos semanas.
Desde el año pasado, el 100 por ciento de las operaciones de la compañía, en la Argentina y en el resto del mundo, están certificadas por Sistema B, y hoy Danone es la empresa B más grande del planeta. ¿Qué significó este hito para la región?
Para Danone ser empresa B es un motor de negocio. El año pasado tuvimos un crecimiento a nivel global de casi el 4,5 por ciento en ventas. Eso prueba que ser una empresa B, una empresa con impacto, también es una propuesta de valor real para el consumidor y un diferencial, un factor competitivo.
¿Cómo fue el proceso de certificación en la Argentina?
Complicado. En la Argentina son muchas unidades de negocio que hay que encarar de manera independiente. En una compañía grande, hay un experto para cada tema, entonces cada tema tenés que verlo con ese experto y con su equipo de trabajo. Llevó mucho tiempo recolectar la información, pero una vez que lo hicimos, nos dimos cuenta de que podíamos cumplir con la certificación. Para nosotros el camino de la certificación fue un aval de que estábamos haciendo bien las cosas. Y después se transformó en un motor, porque debés mantener esa certificación. No es que sos empresa B y listo, te relajás. Cada tres años tenés que recertificar, volver a juntar a todas las personas, recolectar la información y cumplir con los estándares que se exigen.
Para terminar, ¿cuáles son sus objetivos para 2026 y 2027 en el área?
Son muchísimos. Uno de los más importantes es la reducción de la huella de carbono: ya tenemos mapeadas las acciones que se darán a lo largo del año. Además, estamos trabajando muchísimo en la medición de la huella de nuestros proveedores de leche, porque la medimos en toda la cadena de valor, desde la vaca en el campo y las frutillas que luego van a ser parte del yogur hasta que el producto se consume y se desecha su packaging. De esa cadena, el tambo produce aproximadamente un 70 por ciento de nuestra huella. Por eso anualmente medimos todos los tambos que nos proveen, monitoreamos sus acciones y analizamos potenciales medidas para reducirla. Nos acercamos al tambo y preguntamos todo: la cantidad de vacas, el tipo de alimentación que les dan, los fertilizantes que usan, los tipos de cultivos, todo. También estamos trabajando en aumentar la reciclabilidad de los materiales: hoy estamos cerca del 80 por ciento. En eso vamos a poner un fuerte foco el año que viene.









