Paula Torres es una pionera en difundir cuestiones de responsabilidad social y de ayuda a la comunidad desde los medios, donde se desempeña desde hace 15 años. Verdadera referente en el rubro, confía en que en el futuro la prensa dispondrá de manera natural de espacios dedicados a ayudar.

Paula Torres tiene una gran sonrisa siempre a mano, que destaca más bajo sus grandes ojos negros. Está despierta desde muy temprano, pero sus facciones no lo denotan. Por el contrario, es puro entusiasmo cuando se trata de hablar sobre su misión. Acaba de terminar su intervención en el programa “El oro y el moro”, en Radio 10, junto a Oscar González Oro; está atenta a los cientos de mails que le llegan por día y al blog Contacto Solidario, que tiene en la página web de Infobae; y no pierde un ápice de elegancia para afrontar los microespacios en los que saldrá al aire en el canal C5N (aunque confiesa: “El uso de las nuevas tecnologías está bueno, pero por otro lado te abruma: teléfono, mails, blog… es mucho, ¿no?). Todos estos espacios tienen un denominador común: la solidaridad. Paula aclara que todos los días le dedica entre 10 y 12 horas a su trabajo y que gracias a ello se entera constantemente de las nuevas iniciativas, y pone énfasis cuando dice que en su vocabulario no existe la palabra “crisis” ni la frase “no se puede”. “Todo va para adelante. Nadie se estanca en el no se puede lograr”, recalca.

Dice que el concepto de responsabilidad social no figuraba en ningún plano cuando decidió abocarse a los temas solidarios. “Llevo 15 años en los medios intentando lograr espacios de comunicación para mostrar toda la fuerza que tiene el sector social: fundaciones, ONG, emprendedores. Hace 15 años, Ashoka, una organización que identifica emprendedores sociales en el mundo, era toda una novedad. Felizmente, viví el nacimiento de esto, con muchísima pasión… Era una locura pensar que iba a llegar a esto”, se le ilumina el rostro. Y nombra en mayúsculas a la gente que empujó desde el principio los ideales de ayuda al prójimo: “Juan Carr, con su idea de la Red Solidaria, Abel Albino, hablando de la desnutrición infantil en un momento en que ante los medios no había ningún chico desnutrido… Fue un sueño llevar esto a los medios y transformarlo en noticia”.

Paula Torres nació en Coronel Pringles, una pequeña ciudad del Sur bonaerense, tierra de poetas como Arturo Carrera, de escritores como César Aira, de músicos como Celeste Carballo. Su vida transcurrió más intensamente en Salta, donde vivía la familia de su madre. “Hablo siempre de Salta, muchas veces por nostalgia, sobre todo después de que mamá murió. Allí están mis tíos, mis primos… O sea que tengo una infancia de provincia. Vivía en Pringles, que era el lugar de mi papá, y pasaba las vacaciones en Salta. Creo que ahí puede estar la raíz de mi vocación, porque en esos lugares se vive comunitariamente, se sabe lo que le pasa al otro. Las grandes ciudades son mucho más anónimas… se vive más unipersonalmente. No conocés al que vive arriba tuyo en tu edificio. Entonces, sin querer ofender a los porteños, siendo de un lugar más chico tenés otra cabeza para imaginarte la problemática de los lugares”, señala.

Sus comienzos en los medios fueron al lado del doctor Pedro Simoncini, que fue presidente de Telefé y que por aquel entonces tenía una pequeña señal de cable educativa llamada TV Quality (más tarde la compró Nat Geo). “Mi fuente de inspiración fue COAS –explica Torres–. Una vez Simoncini me preguntó: [¿Vos sabés qué es COAS?] [Son unas mujeres divinas que aparecen en las revistas de moda], le contesté. Me dijo: [Hasta que no entiendas qué es COAS no vuelvas. Tenés libertad de cámara]. Entonces, después de seguir a las señoras de COAS durante meses con su trabajo hospitalario, que es increíble, hicimos un especial en TV Quality y nos nominaron a un Martín Fierro. Ahí dije: ya está, éste es el camino.”

Vocación de ayudar, de hacer algo por alguien. Esa era la premisa de Paula Torres a la hora de elegir la senda por la que transitaría su futuro. “Al principio, trabajaba en producción; después llegué a hacerme cargo de todo. Cuando terminó el ciclo en TV Quality me llamaron de Canal 7, donde estuve cuatro años de micros auspiciados por Fundación Telefónica. Nuestra responsabilidad social nace de los ejemplos de las multinacionales, que venían con esto desde hacía mucho. Pero cuando me ofrecen pasar de TV Quality a Canal 7 con un programa de media hora, me asusté. Yo decía: cómo vamos a hablar media hora de estas cosas. Me van a sacar del aire. No existía el concepto de responsabilidad social. Entonces dije: péguenme todos los días al noticiero por cinco minutos. Y ahí trabajé con Víctor Hugo Morales. Y tuvimos un rating impresionante, porque no existía en los otros canales un noticiero tan temprano. El micro solidario es una creación mía. Después pasé del canal 7 al 9, donde estaba como columnista del noticiero, Telenueve, más las columnas en el diario Infobae.”

¿Cómo era la recepción en los medios cuando llevabas tu proyecto?

Al principio era extraño. Pero una vez que se entiende el concepto, crea contagio. Contás algo y enseguida todo se potencia. No se puede tapar una realidad tan creciente de un sector que hace tanto para contribuir en diferentes causas: educación, salud, medio ambiente. Esto no es una moda; es una tendencia que llegó para instalarse en el mundo.

¿Cómo se hace para sortear los obstáculos?

Las ONG viven una crisis permanente, pero tienen una energía que contagia para seguir adelante. Mi motor es ser las voz de tantas ONG que necesitan de uno, que es la ventana a la comunicación. Es impresionante el resultado después de que un tema salió por la radio o en la tele o en la web… todo lo que eso puede generar. Siempre nos entra la duda de si este es un país solidario. Sobre todo en las grandes ciudades, donde la vida transcurre a la velocidad de la luz y la gente tiende a anteponer sus necesidades personales antes de mirar al otro. Paula opina lo contrario e incluso cree que en las peores situaciones es donde los argentinos nos ponemos al hombro la responsabilidad de ayudar. “Somos sumamente solidarios. Como dice Juan (Carr), ante una inundación, un desastre, salimos. Ahí aparecen los argentinos de forma desmesurada. Lo bueno sería que ese compromiso no fuera algo del momento, sino que perdure. Noto un cambio en la actitud solidaria. Pasamos de señoras que tenían una vida acomodada a jóvenes que no te ven como a la Madre Teresa por hacer esto, sino que te ven como a un par. Y eso me encanta. Me llaman por teléfono y me dicen: [Paula, te necesitamos. Somos tantos voluntarios, vamos a hacer un seminario, a construir…] Me ven como una comunicadora del sector, como existe Economía o Deportes. Y no tiene que ver con esa cosa casi parroquial. Es un servicio: crear mayor conciencia y accionar social. Todos podemos hacer algo por alguien. Uno no tiene que hacer un megaproyecto para trascender o sentirse más útil, sino contribuir con cosas chicas. Hay miles de situaciones que te llevan a ser útil desde el lugar donde está uno.”

¿Cuáles son los asuntos más requeridos?

Todos merecen especial atención, sobre todo que las empresas tengan afinidad con cuestiones que tienen que ver con su propio negocio. Si vos tenés una empresa vinculada con temas de educación, que promuevas temas relacionados con esa área y no que te dediques a la parte medioambiental. En cuanto a nuestro país, yo pondría el acento en la salud y en la nutrición infantil. No debería existir la desnutrición. Es algo que me quita el sueño. Si vos no tenés un chico bien nutrido, no lo vas a poder educar. Y en eso está Abel Albino, que definió a la desnutrición como “la única discapacidad creada por el hombre”. Paula Torres es estricta cuando se le menciona el término “responsabilidad social. “No a todo hay que llamarlo así –aclara–. Es un término que debe ser bien usado, porque muchas veces suena muy duro. Lo importante es comprometerse y hacer algo. Hay prácticas de empresas que son extraordinarias, proyectos que se mantienen y con alianzas con ONG y organizaciones sociales. Y el resultado se ve con claridad.”

 Claro, en un espectro tan grande y muchas veces difuso, en el que está en juego la buena fe de la gente, muchas veces aparecen oportunistas. Pero Torres dice que, más que descubrirlos, se van decantando solos: “Llegás a olfatearlos, pero solos quedan en el camino. No sé si llamarlo autoboicot… Porque en esto es difícil que el objetivo sea convertirte en millonario, ¿viste? Es una fantasía. Acá hay mucha cosa voluntaria, pero también mucho trabajo, mucha fuente de negocios. Yo trabajo como periodista y tengo un sueldo, pero es muy difícil de establecer los límites: sábado y domingo me llaman a mi casa… es a full, es todo el día. Y hago un montón de trabajo voluntario, que a mí me gratifica. Pero de ahí a pensar que esto va a ser la salvación de tu vida…”

Hoy no tener en cuenta a la comunidad está mal visto para una empresa…

En algunas ha nacido por convicción y otras porque ven que el resto lo hacen. Cambió el modelo de ser exitoso. Antes era que te fuera bien a vos; hoy es que te vaya muy bien y que devuelvas en tu comunidad, que hagas algo. Creo que hay muy buenas prácticas de las empresas, muy buenos proyectos que se están desarrollando; que uno los vio nacer, se fortalecieron y se sostienen en el tiempo (no quisiera nombrar uno en especial para no quedar mal con nadie). Esto de promover las buenas prácticas suena como idealista cuando ves los titulares de los medios. Pero está lleno de gente que quiere cambios y que quiere tener un país mejor. Una, dos, varias veces durante la entrevista, insistirá en que ella es sólo una intermediaria entre las buenas prácticas y la gente; que ella sólo se dedica a difundirlo, sin tomar parte por alguna de las causas. “A veces me preguntan si quiero ser madrina de una u otra organización y yo digo que prefiero que no. Porque yo difundo todo lo que a mí me parece una buena práctica, ya sea empresa, particular, ONG. Si una pequeña empresa o una corporación multinacional están haciendo algo bueno, es digno de ser contado. Imaginate en programas masivos como los de Radio 10… ese espacio es glorioso. Después ves el resultado y no podés creer lo que te cuenta la gente de la ONG. Si decís que hay un curso de computación para personas mayores que promueve Fundación Equidad, aparece que se anotaron ¡80 personas! Por un comentario de dos minutos… Si todos pudiésemos aprovechar esos espacios… No digo volverse místicos. Pero sí encontrar en los medios espacios para difundir estas cuestiones. Siempre digo: anímense y háganlo, porque es impresionante.”

Lo ideal sería que tanto los temas sobre medio ambiente o las cuestiones solidarias no se quedaran sólo en pequeños espacios en medio de los noticieros, sino que tuvieran su propio lugar destacado…

Sí, totalmente. Pero el tema evolucionó muchísimo. Ves a personas famosas –no sólo internacionalmente sino también en nuestro país– que están apoyando las causas… es como descubrir América. Patricia Sosa es genial con su ayuda humanitaria, Mirtha Legrand, con el hospital Fernández, Soledad Pastorutti, el Chaqueño Palavecino… Todas personas que están realmente comprometidas, independientemente de su actividad. China Zorrilla decía que es totalmente adictivo esto. Te genera una adrenalina que te hace ir por más, querer ayudar, pensar que se puede cambiar. Uno toca muchos temas tristes, como Make-A-Wish (una fundación que les cumple los sueños a chiquitos gravemente enfermos) y cada vez que salís con algo, no sabés todo lo que se genera detrás. Sí, es triste, pero sabés que algo podrá revertirse, que podrá mejorar, que uno puede ayudar a alguien que está necesitando ese contacto. No es que todo es felicidad y alegría; es estar cerca de la necesidad, de la urgencia. Paula habla sin parar y va potenciando su discurso con cada frase, como si recibiera, a través de las palabras que llegan a su boca, grandes dosis de optimismo e hiperactividad. “Hace un rato me llegó un mail de Missing Children, que están buscando a un chiquito, y ya me dieron ganas de cambiar toda la rutina que tenía armada para hoy. Voy a ir a hablar con el gerente del noticiero para que lo pongan más veces… Es hacerte cargo, ponerte en el lugar del otro.”

Y cuando vas a hablar con los encargados de manejar los contenidos periodísticos, ¿sentís que tenés más recepción que antes, que les llama más la atención lo que les contás?

Sí, escuchan con mayor atención, sin dudas. Pero una está tan inmersa en todo esto que no se da cuenta de la repercusión. Pero te cae la ficha cuando vez que nos premian. Con toda humildad lo digo: en estos 15 años hemos recibido más de 35 premios. Desde la Biblioteca Popular de La Matanza (un premio súper sentido) hasta el diario Buenos Aires Herald. ¿Ves? Ahí tenés otro escenario en el gran abanico de premiaciones. Te hace sentir que estás en el camino correcto. A mí me gusta esta función dentro de espacios cortos, claros y concisos que sirven para conectar a la gente (porque nosotros siempre damos los teléfonos, los mails, todo), porque es dura la realidad. Entonces, está bueno tener ese flash: chicos especiales juegan al tenis y al pádel gracias a la Fundación de Cecilia Bacigaluppo, pero no necesitás ver un partido de media hora, sino que quede el concepto y los datos. Esto se vive con pasión. Los mails los contesto uno por uno, porque por más que tengo chicos, pasantes, que nos ayudan, el dato te lo terminan preguntando a vos. Entonces, me resulta más eficaz contestar a mí. Lo que tiene el trabajo este es que es personalizado, uno a uno. A veces te llaman las ONG de otras provincias y yo digo: que empiecen a recurrir a sus propios medios de comunicación. Todavía falta conciencia colectiva de quienes dirigen los medios de comunicación. Estos temas siguen dependiendo de la sensibilidad de los lectores, televidentes y oyentes. Pero es a corto plazo, no tengo dudas; cuando todos estos jóvenes estén dirigiendo los medios habrá mucho más espacio para estas cuestiones.