Reducción del uso del agua, utilización de materias primas de origen sustentable y una fuerte campaña de concientización social son algunas de las aristas del Plan de Vida Sustentable de Unilever, empresa que lidera en el país Miguel Kozuszok.  

Cuando ingresó a trabajar en Unilever, a los 22 años, Miguel Kozuszok tenía claro cuál era su objetivo: llegar a ser el presidente de la compañía. “Fue un acto de coincidencia. Entré muy joven, no sabía muy bien cómo era el trabajo, la dinámica de la empresa, ni qué iba a pasar. Entonces cuando me preguntaron cómo me veía, dije que de CEO, ‘porque me parecía el trabajo más divertido’”, señala entre risas. “Si a vos te llevan a una escudería de Fórmula Uno y te preguntan qué trabajo querés, por supuesto que uno elige el del piloto”.

Inició su carrera en la compañía en el área de Finanzas, donde tuvo la oportunidad de tener una mirada más amplia del negocio y comprender cómo se van trazando los objetivos. Antes de asumir como CEO de Unilever para América Latina, desempeñó diversas labores de carácter gerencial en Centroamérica, Reino Unido y México. Estas experiencias viviendo y trabajando fuera del país, en culturas y realidades sociales totalmente opuestas y que califica como “enriquecedoras”, fueron claves a la hora de definir su perfil profesional. A su retorno a la Argentina, en 2002, en plena crisis económica, estas vivencias tomaron aún más sentido para él. Hoy, con el orgullo de ser uno de los líderes de una de las compañías de consumo masivo más grandes del mundo y teniendo en cuenta las dificultades económicas y sociales que se viven en la actualidad, Miguel ve el futuro con optimismo y cree que la sustentabilidad es el camino correcto para el desarrollo y empoderamiento de la sociedad.

¿Qué fue lo que más le atrajo de entrar a trabajar en una empresa como Unilever?

El consumo masivo. El llegar todos los días a las casas de todo el mundo ofreciéndole productos y marcas. El vínculo de las marcas con las personas me parecía muy interesante. Esto viendo la compañía desde afuera. Cuando tuve oportunidad de trabajar y conocer más sobre su historia fue aún más determinante. Unilever es una empresa que se fundó en dos lugares, en Inglaterra y en Holanda durante el siglo XIX, en plena Revolución Industrial. Y lo que más me llamó la atención fue el propósito y la impronta social de uno de sus fundadores, William Lever. En un período tan innovador como lo fue la Revolución Industrial, en donde el avance tecnológico –con la invención de la máquina a vapor– permitió la producción de bienes a gran escala, sus objetivos siempre fueron más allá de generar un buen negocio. Nunca se olvidó del aspecto social. Primero, con la creación y producción de los jabones Sunlight, que eran un producto accesible para personas de escasos recursos. Él estaba convencido de que mejorar la higiene de la población no solo evitaba que se enfermara, sino también que tuviera una mejor calidad de vida. Y luego, preocupado por la protección de sus trabajadores, funda Port Sunlight, una gran fábrica a orillas del río Mersey, frente a la ciudad de Liverpool, la cual integró viviendas dignas y de alta calidad para todos sus empleados, con escuelas y espacios de recreación, como un museo, por ejemplo. Entonces siempre veía el tema de la productividad como una cuestión integral, en la cual jamás dejaba de lado el aspecto social. Fue una visión muy innovadora para esa época. Todo eso lo aprendés en la inducción, cuando ingresás a trabajar en la compañía. Ahí comprendés por qué todos nuestros productos siempre han seguido la misma línea: mejorar la calidad de vida de la gente.

Esta impronta social que caracterizó a Unilever en sus inicios ¿se ha potenciado con el paso de los años?

Siempre ha estado presente, es parte del ADN de la compañía. Estos últimos años lo hemos estructurado y potenciado gracias a la iniciativa que llevamos adelante llamada Plan de Vida Sustentable, y que tiene que ver mucho con los tiempos que vivimos. Hoy estamos experimentando otra revolución industrial, quizás de la misma magnitud que la de fines del siglo XIX, donde se están volviendo a revisar los principios del capitalismo. Como sistema económico, el capitalismo está lleno de fallas. Para mí sigue siendo el mejor, porque impulsa la actividad privada, individual, la libertad y la competencia, que le hacen bien a la población, pero necesita ajustes. Si a eso le sumamos el impacto ambiental, el cambio climático, entre otros aspectos sociales, creo que estamos en un lugar en donde hay que volver a redefinir la forma de hacer negocios. En nuestro caso, lo hemos ido articulando con el Plan de Vida Sustentable, pero también porque creemos que es una necesidad y porque el mundo está entrando en un cambio. El capitalismo tenía como objetivo un aspecto social muy importante, que era la eliminación de la pobreza, del hambre, de las enfermedades. La globalización no lo logró. Entonces es el momento de parar y mirar. Yo sé que hay mucha gente haciendo esto. Pero creo que la primera respuesta del capitalismo ante las necesidades insatisfechas fue la responsabilidad social empresaria.

VISIÓN INTEGRAL

¿Cuál es la posición de la compañía frente a la responsabilidad social empresaria y el cuidado del medio ambiente?

No los entendemos como conceptos separados, sino integrales, y tienen que ver con el Plan de Vida Sustentable. Si bien tenemos actividades que podrían estar encuadradas como de RSE, por ejemplo, a través de nuestra relación con el Banco de Alimentos o UNICEF, también contamos con acuerdos globales que tienen que ver con la higiene y con hábitos que preserven la vida. En términos de iniciativas, yo creo que el antiguo concepto de RSE va perdiendo vigencia. Yo no necesito salir a gritar que soy bueno en RSE, debo tener acciones con impacto en la realidad. Después, si lo digo o no, es un problema menor, relacionado con la forma en que hago negocios.

Con respecto a los convenios, firmamos importantes acuerdos en donde para el 2020 todas nuestras materias primas serán de origen sustentable. Esto implicará muchas cosas, por ejemplo, que no tendremos que comprar más aceite de palma o más té, sino que entrenaremos a nuestros granjeros de todo el mundo para que puedan hacer cultivos sustentables. El cultivo sustentable trae mejor rendimiento, tiene mejor tasa de retorno para el granjero, y además debemos preservar el medio ambiente. Hace cinco años, un 13 por ciento de nuestras materias primas provenían de fuentes sustentables; hoy es un 48 por ciento, y para el 2020 esperamos que sea el 100 por ciento. Esto es una gran contribución al impacto contra los gases de efecto invernadero.

Otra área en la cual intervenimos sólidamente es en el consumo de agua. Todos nuestros productos la necesitan. Por eso, nuestro trabajo tiene que estar focalizado en generar productos que no precisen agua para ser usados. Por ejemplo, nos encontramos desarrollando algunos que se enjuagan más fácilmente y con menor cantidad de agua. También estamos en el negocio de la purificación en lugares como la India y México. Trabajamos a un costo muy bajo de potabilización en cualquier tipo de agua. El objetivo es acercarles agua potable a lugares donde actualmente no existe. Esta iniciativa se ha concretado en la India, gracias a los purificadores que adquirimos en China.

Tenemos una veta social muy importante que tiene que ver con cambiar y mejorar la calidad de vida de las personas a través de nuestros productos. Está el caso del jabón antibacterial Lifebuoy, que funciona en menor cantidad de segundos y con menos agua. La escasez de agua en algunos lugares atenta contra la salud e higiene de las personas. Todos los años hay al menos un millón de chicos menores de 5 años que mueren por enfermedades que podían ser controladas, principalmente la diarrea infantil, que se simplificaría con el hábito del lavado de manos. Algo tan simple como eso haría que un millón más de vidas pudieran estar en la Tierra. Es increíble. Ese es el tipo de cosas que nosotros tenemos que articular y transformar, y que van mucho más allá de la responsabilidad social. Ocurre lo mismo con el acceso a higiene en los baños. Estamos trabajando en conjunto con UNICEF para proveer de botellas de Vim, entre otros materiales de limpieza, a aquellos lugares de escasos recursos en donde no es posible adquirirlos; en la Argentina, en la zona del Salta. Dove, por ejemplo, interviene en otro segmento, que tiene que ver con el grave problema de la autoestima que sufren miles de niñas y adolescentes en todo el mundo, y que les impide desarrollar todo su potencial. Pareciera ser un tema menor, pero no lo es. Hay mucha discriminación por el peso, por el color de piel, etc. Es abrumadora la cantidad de chicas que no hacen otra actividad porque se sienten incómodas con su cuerpo, no sociabilizan, y en definitiva, les resta potencial, se quedan a mitad de camino. Y tenemos un compromiso de ayudar a todos a que desarrollen su potencial.

Otra de las acciones está relacionada con el reciclaje de la basura. Desde el año pasado, todas nuestras plantas y centros de distribución de la región Cono Sur reciclan absolutamente todo. El impacto ambiental es enorme, porque se genera gran cantidad de desechos. Este objetivo lo hemos cumplido tanto en América Latina como en el resto del mundo. La última etapa de este proceso es poder reciclar nuestros propios empaques, a través de diversas propuestas. Pero aún estamos trabajando en eso. Sabemos que hemos avanzado mucho gracias a todas las iniciativas que llevamos adelante, pero aún estamos lejos y nos queda mucho por hacer.

¿Hay algún punto que tienen pensado desarrollar y que todavía no han empezado a trabajar?

Sí, y tiene que ver con nuestros consumidores. Hemos disminuido todo el impacto que tiene que ver con la producción de nuestros productos: redujimos el uso del agua, estamos usando materias primas más sustentables, estamos disminuyendo la parte logística; y nos está quedando pendiente concientizar aún más a nuestros consumidores: el mayor impacto en ciclo de vida de nuestros productos se da durante el uso por parte de los consumidores. Lo que falta es promover el uso responsable del agua. Es complicado, porque cada persona es diferente. Algunas consumen más, y otras menos, entonces ¿cómo podemos hacer para que todas sean conscientes a la hora de utilizar un recurso tan vital e indispensable como el agua?, ¿cómo podemos lograr ese cambio de hábito? Es difícil, pero debemos trabajar en eso.

Digamos entonces que el desafío tiene que ver con la educación del consumidor…

Exactamente, y es lo que cuesta más, ya que debe abandonar un hábito y adoptar otro. Por eso, trabajamos para desarrollar productos que se enjuaguen más rápido, como cremas para el cabello, que deben salir más fácilmente. Pero es importante también que la gente tome conciencia sobre el consumo del agua y evite, por ejemplo, las duchas largas. Otro tema importante es el lavado de la ropa. Nuestros productos han evolucionado de forma tal que no es necesario utilizar alguna temperatura o largos ciclos de lavado para que la ropa quede limpia e impecable. Pero hay que trabajar desde la comunicación para que las personas pongan ciclos cortos de lavado y fríos. Antiguamente, en algunos lugares, como en Europa, un buen sistema para remover manchas de la ropa era darle mucha temperatura al agua. Hoy ya no es necesario. Estamos bien avanzados en el diseño de nuestros productos y podemos avanzar bastante más, pero desde el lado de los hábitos aún nos queda mucho para llegar a donde queremos.

¿Cómo manejan el tema de la RSE dentro de la compañía, aplican alguna acción especial destinada a sus empleados?

A través de una comunicación enfocada en ellos, los invitamos a participar y sumarse en diversas actividades que llevamos adelante. Tenemos, por ejemplo, el “Dove Day”, en donde empleadas de nuestra compañía visitan colegios y escuelas para hablar con las chicas sobre autoestima y sobre el real concepto de belleza, que no es precisamente el que estamos acostumbrados a oír y a ver en las publicidades. Están los “Embajadores Lifebuoy”, que son padres que visitan las escuelas y les enseñan a los chicos tres conceptos claves: por qué hay que lavarse las manos, cómo es la forma correcta de hacerlo y cuáles son las principales ocasiones. Las convocatorias son importantes, a la gente le gusta formar parte.

OPTIMISMO Y EXPECTATIVAS

¿Cuáles son sus expectativas para este 2015?

No espero un gran cambio con respecto a 2014, sigo viendo mercados a la baja o bastante flojos, con inflación alta. Es un poco más de lo mismo, no tengo reivindicadores o indicios que cambien fuertemente la tendencia. Va a estar más peleado conseguir más consumo. El trabajo nuestro va a ser estímulo de consumo, vamos a seguir haciéndolo. La coyuntura es, como el nombre lo indica, temporal, pero seguiremos trabajando todo lo que podamos en el desarrollo de categorías y en el estímulo de consumo.

¿Pero es más optimista o pesimista con lo que viene?

Yo soy optimista por naturaleza, con lo cual si la situación es difícil, veo oportunidades; si es más difícil, veo más oportunidades; y si es floreciente, también veo oportunidades. Estoy acostumbrado a lidiar con la coyuntura. Los ciclos económicos en los últimos 20 años han ido acortándose y cambiando de dirección muy rápido, por la interconectividad que tiene el mundo. Navegamos cada uno en función de eso. Nunca dejamos el punto de vista del consumo masivo, mi trabajo es seguir desarrollando mercados y tener cada vez más y más consumidores leales. Entonces lo voy a hacer en cualquier circunstancia. Al tener el Plan de Vida Sustentable voy a tratar de incluir la mayor cantidad de consumidores, de trabajadores, etc. No soy pesimista, pero reconozco que la situación no va a ser floreciente, va a ser la continuación un poco de lo que estamos viendo ahora. Un poquito mejor o un poquito peor, hoy no lo podría precisar, pero creo que no será muy distinto.

¿Sigue dictando clases en la UBA?

Sí, sigo trabajando en la UBA. Dicto clases en el MBA que se realiza en la universidad. Es algo que me gratifica mucho, y creo mucho en la educación pública. Es lo que en definitiva nivela la sociedad hacia arriba. Por eso, no podemos dejar que se deteriore. Yo soy producto de la Universidad de Buenos Aires y sigo trabajando con ella como una manera de devolverle todo lo que me dio. Hay muy pocos países en el mundo en donde podés acceder a una educación pública gratis y de calidad. A las sociedades que no cuentan con este beneficio les cuesta mucho generar inclusión social. La Argentina debe defender ese bastión fervientemente. Afortunadamente, hay mucha gente que lo está haciendo, no soy el único que trabaja en la universidad desde la industria privada, existen muchos colegas dispuestos a dedicar su tiempo y esfuerzo, pero no solamente dando clases. Trabajo con el consejo asesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Y la verdad me encanta. No es un problema. Disfruto de preparar y dar las clases, me gusta trabajar con la facultad, ser parte de, al menos, una pequeña contribución para que la Universidad de Buenos Aires siga teniendo el prestigio que debe tener, y en lo posible, pelearle de igual a igual a cualquier universidad pública.

Y como concepto, ¿qué le gusta transmitirle a sus alumnos?

Hay algo muy interesante y que tiene que ver con los valores. Hace poco estuve ayudando en Enseñar Argentina y me tocó ir a una escuelita en Virreyes con alumnos de cuarto año. Fue mi primer contacto luego de muchos años con chicos de secundaria, y lo que más me impactó era la falta de ideales. Creo que debemos explicarles a nuestros chicos que realmente pueden hacer lo que quieran y que hay muchísimas oportunidades. No hay razón para pensar que uno no puede lograr lo que desea en la Argentina. Dentro de los valores, cuando yo hablo con mis alumnos –si bien son más grandes porque están haciendo un MBA–, abordo temas que tienen que ver con el liderazgo, con la visión y con cómo resolver problemas.

Para cerrar esta conversación, ¿cómo le gustaría ser recordado por sus empleados, alumnos y, por supuesto, sus seres queridos y cercanos?

Como una persona comprometida, honesta y transparente.

 

UNA FUSIÓN PERFECTA

Unilever se fundó en 1930, tras la fusión de Margarine Unie, en Holanda, y de Lever Brothers, un fabricante inglés de jabón. Ambos se unificaron por el uso compartido de aceite de palma tanto para el jabón como para la margarina. Actualmente, es propietaria de más de 400 marcas y está presente en varios países de Latinoamérica, entre ellos Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, también en México, Estados Unidos, Canadá y toda la región centroamericana. En el mundo, aproximadamente 2000 millones de consumidores escogen alguno de sus productos al día. Sus áreas de negocio están concentradas en alimentos y productos para el cuidado personal y del hogar.

 

Miguel Kozuszok

Colegio: Escuela Nacional de Comercio N° 5, José de San Martín.

Universidad: Universidad de Buenos Aires (UBA).

Idiomas: Inglés.

Hobbies: Navegar, bucear y hacer música.

Tu mayor logro: El que está por venir…

El rasgo principal de tu carácter: Soy una persona optimista.

Persona viva que admirás: Admiro a todos aquellos que, de alguna u otra manera, dedican su vida a ayudar al prójimo.

Tu personaje histórico favorito: José de San Martín.

Tu mayor atrevimiento en la vida: Decir que quería ser presidente cuando recién ingresé a trabajar a Unilever.

Tu posesión más atesorada: Mi libertad.

* Entrevista publicada en la edición 28 de PRESENTE (enero/febrero).