Polyester, polipropileno, polietileno o PVC, todas estas variaciones del  plástico se utilizan en la construcción de botellas y envases. Desde los años 60’s, la conciencia sobre el cuidado del medioambiente fue creciendo cada vez más. En muchos países del mundo, las bolsas y los sorbetes de plástico están prohibidos. ¿Es viable una legislación similar respecto de las botellas?

En México, tras la reforma de la Ley de Residuos Sólidos, se determinó que, para 2021, la Comisión de Preservación del Medio Ambiente y Cambio Climático prohibirá el uso y comercialización de envases, cubiertos, vasos y tapas de material plástico. Una serie de productos le siguen a esta lista, que no llega a abarcar las botellas plásticas pero sienta precedente en las decisiones políticas para combatir al cambio climático y la destrucción de nuestro medio ambiente. Esta decisión no es aislada: en marzo del 2019 el Parlamento de la Unión Europea ya había decidido prohibir para el 2021 ese tipo de productos, y determinó además objetivos a largo plazo: recuperar el 90% de las botellas de plástico en 2029, de cara a que, en 2025, el 25% del plástico de las botellas deberá ser reciclado y el 30% en 2030.

A pesar de que organismos internacionales, organizaciones de la sociedad civil, grupos ambientalistas y políticas públicas apuntan a reducir el plástico, hay empresas que insisten en mirar su propia ganancia y, tentados por la productividad, siguen multiplicando el plástico contaminante. “Todo negocio tiene que trabajar para la sociedad y no solo en pos de sus ventas. En nuestro caso, el compromiso es doble: con el futuro del medio ambiente y con la salud de los seres humanos”, explica Camila Poggi, head of marketing de SodaStream Argentina. Las máquinas de la compañía no solo están fabricadas con plástico no contaminante, reutilizable, sino que además cada máquina viene con una botella transportable que remplaza perfectamente las botellas descartables de agua gasificada que se compran en los quioscos. “La idea es apuntar a que las personas se acostumbren a fabricar su propia soda, a reutilizar la botella, que dura 4 años, y a gastar menos energía eléctrica, ya que la máquina es mecánica”, señala Poggi.  En 2019, la consultora Break Free from Plastic calificó a una de las principales marcas de gaseosas, como la empresa más contaminante a nivel mundial en cuanto a desechos plásticos.  “Además, el agua gasificada, al hidratar el cuerpo, es mucho más sana que las bebidas con azúcar”, agrega la referente de SodaStream.

Pero, a pesar de que su descarte es el efecto más contaminante, no deja de llamar la atención el impacto que implica su misma fabricación: para fabricar una sola botella de plástico hacen falta 100 ml de petróleo. Para fabricar una botella de 1 litro de agua, hacen falta 4. Así lo explica el profesor John Anthony Allan, autor de la teoría “agua virtual”, en el documental “Ten Billion”. Sin dudas, de no cambiar nuestros hábitos y formas de consumo de forma colectiva, no solo no es posible un mundo mejor sino que es imposible que lo que conocemos hoy siga existiendo en el futuro. Desde pequeñas acciones como separar los residuos domésticos, llevar los propios recipientes a los bares de comidas para llevar, reutilizar vasos y colectivizar la información, fomentando el tema para instalarlo en la agenda de los medios y en boca de cada persona, son grandes pasos hacia un cambio global.