Nicolás Federico, Director Ejecutivo de Reciduca, habla del trabajo de la fundación que acompaña a los jóvenes a finalizar sus estudios secundarios, ampliar sus oportunidades de empleo y promover el cuidado ambiental.

Frente a los altos niveles de deserción escolar, Reciduca sigue teniendo un rol significativo en la Argentina. Sin embargo, su labor no termina en la capacitación a miles de adolescentes en situación de vulnerabilidad. También los ayuda a formarse para el trabajo y a desarrollar habilidades clave para encontrar una salida laboral y construir un proyecto de vida sostenible. Porque, según cuenta su Director Ejecutivo, Nicolás Federico, la sostenibilidad es un eje que atraviesa toda su labor y que forma parte de su ADN desde los inicios, cuando el colapso económico, político y social de 2001 se hacía sentir con fuerza en el país, y más aún en las capas más desprotegidas de la sociedad.
La organización, entonces, se propone como un puente entre el presente y el futuro, con oportunidades reales, con una mirada comprometida y una visión estratégica. Tan solo limitada por el alcance que el financiamiento ha hecho posible, pero demostrando que invertir en educación y empleo juvenil no solo transforma vidas individuales, sino también comunidades enteras.
¿Cómo nació, hace 23 años, la fundación?
Reciduca surge en el año 2002 por inquietud y preocupación de un grupo de amigos, quienes se empezaron a preguntar qué podían hacer dada la situación social, económica y educativa. A partir de la crisis del 2001, apareció con mucha fuerza la figura de los cartoneros, las personas que salían a buscar los materiales reciclables entre la basura por su utilidad como forma de ingresos. En esta movilización veías no solo al jefe y la jefa de familia, sino también al grupo familiar, con niños no escolarizados. Frente a esta situación apareció la idea de un espacio como el de la fundación, donde puede haber una respuesta más programática, con un programa de contención para que los chicos no estuvieran en la calle ni tuvieran que salir a trabajar a temprana edad, y también la posibilidad de otorgarles una beca con el objetivo de que se mantuvieran en el aula. Ahí, a su vez, surgió la pata de reciclado, donde los chicos tenían la posibilidad de hacer prácticas educativas, recibiendo materiales reciclables, en postas que se armaban en supermercados, que vendían a los recicladores. De este modo, Reciduca recibía una donación para el mantenimiento del programa.
¿Cuáles fueron los ejes que movieron a los fundadores?
Los tres ejes fueron el educativo, el de empleabilidad y el de sustentabilidad, que no solo se materializa con un programa de reciclado, sino que es transversal a todos los programas y a la organización. De hecho, la misión tiene que ver con que los jóvenes que pasan por Reciduca sean los protagonistas de su vida, pero siendo responsables con la comunidad y con el ambiente. Por eso, buscamos concientizarlos sobre la importancia de la sustentabilidad. De hecho, trabajamos para que puedan sostenerse en el tiempo con un proyecto de vida.
¿De qué modo fue creciendo y complejizándose el programa educativo hasta llegar al funcionamiento que tiene actualmente?
Es un poco el programa madre. Se trabaja en alianza con una escuela a la que podamos llegar, con índices altos de deserción escolar y con una población vulnerable. Para que funcione es muy importante el involucramiento genuino del equipo de cada escuela. Por eso, en las primeras conversaciones se presta mucha atención a eso. Se realiza a contraturno (fuera de la currícula escolar), de un modo complementario. Una vez hecha la alianza, se visita el aula y se invita a los jóvenes que cursan los últimos dos años del secundario. Lo importante es que sea una decisión voluntaria. Por supuesto que hay cupos. Se arman grupos de 20 chicos, aproximadamente, a quienes se les asigna un tutor. A su vez, cada alumno que participa recibe una beca, que está atada a su asistencia al programa.
¿Qué incluye la propuesta de formación?
Por un lado, el acompañamiento educativo del tutor. Después, un espacio de desarrollo personal, donde se trabajan mucho las habilidades blandas. También hay capacitación laboral, los que están en el último año pueden realizar prácticas educativas. Además, a los de 5° se les propone un proyecto especial, que busca detectar alguna problemática de su barrio o comunidad y brindar una solución mediante la presentación de un proyecto metodológico, y buscamos que este tenga que ver con la sustentabilidad.
¿Cuál es el alcance que tiene Reciduca?
Los programas se realizan en AMBA, en 20 localidades; en escuelas públicas, parroquiales (de gestión privada pero que se encuentran en barrios vulnerables, como La Cava, donde estamos en Domingo Savio) y de educación técnica. Puede haber algún cambio, pero, en general, se mantienen las mismas.
¿Cuántos alumnos y tutores participan actualmente en el programa educativo?
En un principio, trabajábamos solo en una escuela con 17 jóvenes. Hoy estamos acompañando a más de 900 jóvenes en 38 escuelas, con 21 tutores y 22 personas en el equipo de oficina. Los tutores trabajan part time en las escuelas. Ya más de 7000 jóvenes pasaron por el programa educativo y más de 1000 están activos en las propuestas. La permanencia desde el inicio del año hasta la actualidad es del 96 por ciento.
¿De qué modo acompañan a los egresados en la búsqueda de empleo?
Cuando logran graduarse, los invitamos a participar en nuestra comunidad de egresados. Ahí tenemos tres grandes líneas de trabajo: cursos de formación laboral, becas superiores (universitarias y terciarias) y la línea de empleabilidad. En esta última, generamos alianzas con empresas que quieran contratar jóvenes egresados de Reciduca. Ellos nos acercan el perfil que están buscando y nosotros hacemos la convocatoria en nuestra base de datos a la que aplican. Luego, el equipo de empleo evalúa y presenta la cantidad de perfiles que pidió la empresa. Si la búsqueda es exitosa, hacemos un acompañamiento durante los primeros seis meses.
Desde el eje de sustentabilidad, ¿tienen un invernadero junto al Jockey Club?
En el Jockey Club de San Isidro alquilamos nuestras oficinas y también, dentro de esta alianza, nos dan un espacio donde montamos un vivero hidropónico y una huerta en la que sembramos, principalmente, lechuga y rúcula. A diferencia del vivero tradicional, está elevado y funciona con la circulación de agua. Lo interesante es que, además de ser muy atractivo, los jóvenes que participan del programa educativo realizan allí sus prácticas. Aprenden a trabajar trabajando: cumplir una tarea, tener un jefe, comunicarse, resolver conflictos. Lo llevan adelante, coordinados por nuestro equipo. Conocen la cultura del trabajo y generan habilidades. Tan simple y tan complejo. Además, colaboran voluntarios de la UBA, que tienen que hacer horas de práctica, y vienen a ayudar y a acompañar a los practicantes de Reciduca. También lo usamos como espacio para el voluntariado corporativo, donde los empleados de una empresa pueden interactuar con los jóvenes y con la organización en un espacio al aire libre.
¿De qué otro modo pueden colaborar las empresas para apoyar a la fundación?
En paralelo al voluntariado corporativo, ofrecemos la posibilidad de apadrinar a un joven, financiando becas del Programa Educativo. También desde hace dos años contamos con el programa de capacitación Sé Protagonista, que tiene una parte de formación en estrategias para la empleabilidad y en habilidades blandas, y otra en formación técnica. Allí se hace una alianza con una empresa para que pueda dar ese tramo, conocer a los jóvenes y tenga la oportunidad de emplearlos. También para empresas, la posibilidad de participar en nuestro programa de empleo y nuestro programa de reciclado, donando su material reciclable por el que recibimos una donación. Por supuesto que pueden participar como donantes o padrinos individuales. La donación y el aporte de las empresas también contribuye a que la estructura sea sostenible. Aproximadamente, el 65 por ciento del financiamiento es privado. Tenemos algún programa de formación profesional con Ciudad de Buenos Aires y otro con Vicente López, y una alianza con la Municipalidad de San Isidro para una escuela municipal.
¿Cuál es la diversidad de búsquedas de empleo que reciben desde las empresas?
Son diversas, pero recibimos bastantes más búsquedas dentro de lo que es logística, atención al cliente, ventas, atención comercial. De hecho, el programa de formación profesional, por el que ya pasaron 400 jóvenes, lo hemos enfocado varias veces en esos aspectos. Según los relevamientos que hacemos después de los seis meses, uno de cada dos consigue un empleo. También desde el equipo de egresados todos los años hacemos un relevamiento de los últimos cuatro años, y nos dice que el 85 por ciento está activo en su proyecto de vida (ya sea estudiando, trabajando o ambas) y que el 54 por ciento de los graduados comenzó estudios superiores.
¿Qué lugar cree que ocupa hoy la educación en la sociedad argentina y cómo ve su evolución en estas más de dos décadas que tiene la fundación?
Lo vemos con preocupación, también cuando organizaciones como Reciduca todavía están tan activas. Responde a una necesidad de acompañamiento de los jóvenes y de las escuelas, que agradecen las figuras de los tutores. Cuando los números de graduación son alarmantes, contribuir a la terminalidad escolar sigue siendo un tema importante en la sociedad argentina. Esperemos que en algún momento no tengamos que estar. Pero vemos que los cupos se completan, y si tuviéramos más financiamiento, podríamos ofrecer más cupos o ir a nuevas escuelas.
¿Cuáles son los proyectos de Reciduca para los próximos años?
Desde hace cuatro años trabajamos con una consultora para planificar los cinco años. Ahora estamos en el ciclo 2022-2026. El plan está terminando y lo venimos cumpliendo año a año, pese al desafío de contexto y de financiamiento. Actualmente, estoy trabajando en convocar a la consultora que nos va a acompañar el año que viene en la planificación 2027-2031. Con lo cual mi respuesta sería: “Los próximos cinco años, no sé”. Seguramente haya un poco más de expansión. Luego, veremos cómo, cuánto y cuándo para que ese crecimiento sea sostenible.









