Tailandia es famosa por sus playas paradisíacas y su gente de sonrisa generosa. Pero su mayor portento se encuentra debajo del mar, allí donde están los arrecifes de coral que, junto con los manglares, conforman un ecosistema fundamental para la salud de los océanos.

Tailandia es un país bendito por la alegría de su gente y por una naturaleza rebosante que incluye todas las visiones arquetípicas del paraíso en la tierra: al norte, en el límite con China, hay montañas cubiertas de bosques y los monasterios budistas iluminan el aire brumoso con sus colores, naranja y dorado; al sur, adentrándose en la península malaya y en archipiélagos deshilvanados en cientos de islas, la selva tropical llega hasta el borde de playas de arena blanca y aguas verde esmeralda.

Las entrañas de ese mar hipnótico, cristalino, calentito, resguardan una reliquia de otro mundo: los arrecifes de coral, que congregan una diversidad de peces con formas y colores inimaginables. Los viajeros, sobre todo los adeptos al buceo y al snorkeling, codician el tesoro cual santo grial y, desde hace algunas décadas, llegan en masa durante la temporada alta, cuando el sol les gana a las copiosas lluvias tropicales.

La llegada de los extranjeros catapultó la pequeña economía local hacia la prosperidad y, a la vez, planteó un desafío a las comunidades locales y organizaciones mundiales preocupadas por la salud de los corales y sus aliados, los pantanos de manglares en la costa.

Los arrecifes de coral y los manglares están siendo amenazados por la pesca, el turismo, los criaderos de camarones y el cambio climático. Los manglares y arrecifes son parte del mismo ecosistema. Muchas de las criaturas esenciales para el arrecife de coral empiezan su ciclo de vida en los manglares.

La buena noticia es que hay empresas privadas, organismos estatales y ONG que trabajan mancomunadamente para limpiar los arrecifes de coral y reforestar los manglares, minimizando así el impacto humano en ambos medioambientes. Además promueven campañas de concientización y llevan a cabo trabajos de investigación sobre la biodiversidad de este colorido e importante ecosistema.

Además, mediante acciones concretas –carteles para poner en oficinas, folletos en las agencias de turismo y el contacto directo con locales y extranjeros–, estos organismos explican la fragilidad e importancia de los arrecifes y cómo todos pueden ayudar a protegerlos.

Algunos de los sitios clave para desarrollar esta labor de concientización son la ciudad de Phuket, la de Krabi y el pueblo de Ao Nang, al sureste de la península malaya. Aquellos lugares reciben miles de turistas para embarcarse hacia las playas de Phranang, la península más bella de Tailandia. Por caso, la empresa Projects Abroad, el Centro de Conservación Marina Biológica de Phuket, el Departamento Pesquero de Krabi y el Centro de Buceo Aqua Vision en Ao Nang hacen un gran trabajo en la zona.

La península de Phranang

El pueblo de Ao Nang, ubicado en la bahía de Phang-Nga, queda a 20 minutos en auto desde Krabi. Allí, en el puerto, hay que embarcarse para alcanzar la pequeña península de Phranang, a la que se llega solo por agua porque unas inmensas colinas de piedra caliza impiden cualquier camino terrestre.

Durante el trayecto, el mar de Andamán brilla como una gelatina traslúcida de color jade. Todo lo demás es un tapiz abigarrado de selva, ceñido por cielo y mar. De modo que, una vez allí, al pasar los días, uno siente que está viviendo en una isla.

Al desembarcar se ven sobre la costa impresionantes bosques de mangles, con todas sus raíces al sol, obra y arte de la marea baja.

La península tiene cuatro playas –Tonsai, Railay Este, Phranang y Railay Oeste– cercadas por acantilados de piedra caliza, de cuyas paredes penden mechones de vegetación y entre cuyas grietas y salientes trepan como hombres-araña los escaladores, bien sujetos a un equipo de cuerdas.

Desde Tonsai y Railay se puede ver salir el sol como una burbuja de fuego desde el fondo del mar. En cambio, la playa de Phranang mira al sureste y entonces el sol pega de refilón en una isla de piedra que está frente a una curva de arena blanquísima, donde parece terminar el mundo. Esta es la bella panorámica que se obtiene desde el interior del restaurante El Grotto, emplazado dentro de una cueva monumental con estalactitas.

En el otro extremo de la playa, hay tres cuevas más. Las dos primeras son el refugio de Phra Nang, la Princesa Sagrada, a la cual los pescadores y los marineros le ofrendan con falos de tamaño sobrenatural flores, cintas de colores y velas, sobre un altar; rezan sus oraciones para que ella, a cambio, les procure un viaje seguro y buena faena. La tercera cueva, libre de ornamentos, está a orillas del mar, y cuando la marea sube, el suelo de arena se cubre de agua transparente y calentita.

Los senderos internos de la península son muy animados. Por allí cruzan las ardillas, trepan como un rayo a un árbol en busca de castañas de cajú, tamarindo, agua de coco. Mucho más simple es el menú del langur de anteojos, un mono de pelaje gris oscuro con aureolas blancas alrededor de los ojos que le dan un parecido al oso panda; se los ve en las copas de los árboles en busca de hojas tiernas, lo único que pueden digerir. Aquí, la intrépida fauna se deja avistar con facilidad.

Las islas del golfo de Tailandia

Hasta no hace tanto, fines del siglo XX, en la isla de Koh Samui se vivía sin demasiado contacto con el resto de Tailandia. En los años 70 todavía no había carreteras y para moverse de una punta a la otra de la isla había que caminar 15 kilómetros, a través de la jungla montañosa del centro de la isla; o bien, embarcarse.

Koh Samui pertenece a la provincia de Surathani, ubicada en el sudeste del país; con 230 kilómetros cuadrados es la isla más grande del golfo de Tailandia, aunque se le puede dar la vuelta en un día. Además, es una de las tres islas habitadas del golfo, junto con las de Koh Phangan –famosa por la Fiesta de la Luna Llena– y Koh Tao, la meca de los buzos, gracias a sus aguas cristalinas y los prolíficos arrecifes de coral.

El Parque Nacional Marino Copa de Oro es un archipiélago de 42 islas, esparcidas cerca de la costa occidental del golfo de Tailandia, a una hora en bote desde Koh Samui. Las islas del archipiélago están deshabitadas salvo Koh Paluay y Koh Wua Talap.

En Koh Paluay habitan los gitanos del mar, familias que viven de la pesca, retiradas de la vida continental; son parte de un pueblo seminómada que emigró desde el sur de China, hace unos 4000 años. A pesar de ser un pueblo pacífico, los “moken”, como los llaman en la zona, fueron perseguidos políticamente debido a sus vidas errantes sin miramiento a las fronteras.

La isla Koh Wua Talap es la sede de las oficinas administrativas del parque nacional y del centro de información turística; cuenta con un restaurante, bungalows y un área de acampe. El hito es un mirador a 500 metros de altura que se regodea sobre una panorámica que incluye todas las islas del archipiélago, deshabitadas y vírgenes.

El paisaje kárstico del piélago de islas es ideal para navegar entre paredes dramáticas de piedra caliza, pasear en kayak dentro de misteriosas cuevas con estalactitas y estalagmitas, nadar en lagunas escondidas, caminar por senderos en los bosques tropicales y asolearse en las playas desiertas de arena blanca. Mientras tanto, se puede conocer la fauna del lugar. Los animales nadan en el mar, en los ríos o las lagunas en el interior de algunas islas y pacen en tierra firme en absoluta paz. En tierra hay monos asiáticos de cola larga, cerdos, nutrias, garzas, águilas de mar de vientre blanco, murciélagos de pelo plateado, tortugas carey, lagartos, iguanas, cobras y serpientes pitón. En el agua se avistan delfines, ballenas, peces mariposas, tiburones de arrecife de punta negra, babosas de mar, cangrejos azules, rayas, almejas gigantes, erizos, ostras, corales y caballas.

Otra actividad que se puede hacer en las islas es el snorkel. Hay que tener mucho cuidado al nadar entre los arrecifes de coral porque aquí las aguas son poco profundas, y distraerse significa el riesgo de rozar alguna parte del cuerpo con una saliente filosa de coral. Pero la ventaja de la escasa profundidad es que nos acerca a la vida submarina.

Voluntad y acción

Las empresas Projects Abroad y el Centro de Buceo Aqua Vision promueven un proyecto de conservación y medioambiente en Ao Nang. Los voluntarios participantes aprenden a bucear –desde niveles básicos hasta avanzados– en las cálidas y prístinas aguas del mar Andamán, con instructores y maestros certificados. De este modo pueden hacer trabajos de conservación bajo el agua.

Quienes cuentan con un entrenamiento de buceo avanzado, pueden realizar investigaciones en el arrecife y recibir un entrenamiento en buceo de rescate.

Las jornadas de trabajo suelen ser largas y extenuantes, pero la satisfacción supera el sacrificio: el entorno de trabajo es la belleza multicolor de las profundidades del mar y la superficie paradisíaca de las bellas playas tailandesas. Además, las cabañas de los voluntarios están ubicadas cerca de la playa y a diez minutos en auto del centro del pueblo.

La playa de Di Caprio

En pleno mar de Andamán hay muchas islas bonitas, pero hay una que sobresale sobre las demás por su geografía desmesurada: riscos dramáticos cubiertos de selva y un mar turquesa sin arrugas, además de una arena que es un fino polvillo blanquísimo, volátil. La susodicha es Ko Phi Phi, la misma que deslumbró al director de cine Danny Boyle, quien en 1999 filmó la película The Beach, con Leonardo Di Caprio como protagonista.

Lo más maravilloso de Ko Phi Phi es que en realidad son como dos islas unidas por un delgado istmo de arena y palmeras, que mide 2 kilómetros de largo y 200 metros de ancho; uno puede caminar de un lado a otro y ver el amanecer o el atardecer desde cualquiera de las dos bahías, ya sea Loh Dalum o Ton Sai.

 

Mercados flotantes

Una de las estampas más auténticas de los alrededores de Bangkok son los mercados flotantes. La mayoría son pequeños: un grupo de campesinos, en botes de madera longilíneos (songthew), en torno a un embarcadero. Allí compran y venden frutas, verduras y otras viandas.

Otros, como el mercado de Damnoen Saduak, el más grande de los mercados flotantes del delta del Chao Phraya, parecen pequeñas ciudades flotantes: se venden desde ropa y alimentos hasta obras de arte. Se puede pasear por los canales en bote y hacer las compras desde allí.

Damnoen Saduak abre todos los días, entre las 7 de la mañana y las 5 de la tarde. Se encuentra a unos 100 kilómetros del centro de Bangkok. Se puede contratar una excursión desde el hotel o en la calle Kao San, la arteria principal del centro turístico de la ciudad.

 

DATOS ÚTILES

Cómo llegar

A Bangkok los vuelos más directos son por KLM y British Airways, pero hay varias aerolíneas que operan el trayecto: Qantas, Delta, Alitalia, Aerolíneas Argentinas, Iberia, Emirates, Lufthansa, Qatar, Turkish Airlines, Air France, United Airlines.

Desde la capital de Tailandia a la ciudad de Krabi la distancia es de 1000 km. Hay vuelos regulares y también se puede llegar en ómnibus (tres categorías: común, con aire acondicionado y Vip). Una alternativa es viajar en avión a la ciudad de Phuket, un centro de distribución turística, y desde allí por carretera (180 km) hasta Krabi, donde hay docenas de agencias de turismo para reservar hoteles y contratar las excursiones a las islas del mar de Andamán; en Krabi contratar combi que en 20 minutos llega hasta el pueblo de Ao Nang y allí tomar un barco hacia la península de Phang-Nga. En la península todo se hace a pie, en bicicleta o en moto. Las distancias son cortas y no hay caminos vehiculares.

Para ir a la isla de Koh Samui, en el golfo de Tailandia, conviene tomar un avión en Bangkok. Una vez allí es posible trasladarse en barco a las islas de Koh Tao y Koh Phangan, y contratar una excursión al Parque Nacional Marino Copa de Oro.

Dónde dormir

Hotel Rayavadee (5 estrellas)

http://www.rayavadee.com/

Un 5 estrellas rodeado de jardines tropicales y playas. Un lujo natural. Posee un spa, 4 restaurantes y una piscina con vista al mar de Andamán.

Ubicado en 214 Moo 2 T. Ao Nang, Muang, Krabi, 81000 Railay Beach.

Hotel Phulay Bay (5 estrellas)

Otro 5 estrellas de lujo, también a orillas del mar de Andamán, pero en la playa Tab Kaek Beach, al noreste de la península de Phang-Nga. Incluye mayordomo 24 horas, una piscina de borde infinito, un spa y 5 restaurantes.

Ubicado en 111 Moo 3 Nongthalay, Muang, 81000 Tab Kaek Beach.

Teléfono: 66 (0) 7-562-8111

Dónde comer

El Grotto

Este restaurante está ubicado debajo de una antigua gruta de piedra caliza en la playa Phranang. Es para disfrutar de un aperitivo y un buen plato de comida frente a una perfecta puesta de sol. Las barbacoas de mariscos y pescados son una buena opción para la cena.

Krua Phranang

En el otro extremo de la playa de Phranang está Krua Phranang, un elegante y romántico restaurante de comida thai con vistas a la playa, los acantilados y las islas cercanas.