La politóloga Delfina Irazusta creó RIL (Red de Innovación Local) con el objetivo de revertir el desequilibrio territorial en la Argentina. La convirtió en una organización faro para la gestión municipal. Autodiagnóstico, inspiración, capacitación y trabajo colaborativo público-privado.   

Después de estudiar Ciencias Políticas, Delfina Irazusta hizo un posgrado en Desarrollo Local y un máster en Gestión de Ciudades. En la tesis de aquel posgrado, decidió implementar una metodología colaborativa entre intendentes, algo similar al modelo que utiliza la asociación CREA, donde una cantidad de empresas agropecuarias trabajan juntas para aprender juntas. Con la experiencia personal de haber vivido en Pergamino, Trenque Lauquen y Buenos Aires, el desequilibrio territorial del país se convirtió en su motor. Su objetivo es que en cualquier ciudad argentina, grande o chica, las personas tengan los medios para desarrollarse del mejor modo. En 2012, llevó su tesis a CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) y la idea gustó tanto que, junto a RAP (Red de Acción Política), hicieron una prueba piloto con ocho intendentes, a los que se les propuso trabajar juntos y, una vez por mes, asistir a cada una de las ciudades para que el anfitrión planteara un desafío y el resto lo ayudara a resolverlo. “Fue muy revelador, porque tuvimos tres hallazgos: encontrar esas figuras de los intendentes con una capacidad de decisión y de cambio increíble; ver que estaban muy receptivos; y que les hacían falta un montón de herramientas y conocimientos. Además, no había nadie pensando en esto”, cuenta. Funcionó tan bien que hicieron un segundo grupo con otros ocho municipios. “Abrí una puerta que no cerré nunca más, porque es un mundo superalucinante de oportunidades. Yo quería seguir creando más grupos, pero, claro, las otras dos organizaciones tenían otros fines. El proyecto ya estaba para tomar vuelo propio, así que en 2014 armé sola la asociación civil RIL (Red de Innovación Local), pero puse una oficina para diez personas porque yo sabía que esto iba a crecer”, se entusiasma. Hoy RIL trabaja con 150 municipios de norte a sur y este a oeste del país. Irazusta habla rápido, enlaza las oraciones con una pasión arrasadora, detalla cantidad de proyectos en marcha y otra lista de ideas a futuro. 

¿Cómo es que crearon 33 autodiagnósticos para que los municipios puedan autoevaluarse a sí mismos y, además, esa información esté en línea?

Sí, tenemos un portal para los municipios miembros donde damos herramientas para que, de un modo fácil, se autoevalúen sobre cómo están en distintos ejes de políticas públicas. Entrás a Atención Ciudadana, por ejemplo, empezás a contestar y, al terminar, sale un cartel diciendo que la estrategia del municipio está completa en un tanto por ciento. 

¿Cuánto falta por hacer, según el promedio de los autodiagnósticos?

El primero que trabajamos se llama Índice de Profesionalización, que es cómo está organizado el municipio, ese suele dar cerca de un 20 por ciento y hay intendentes a los que hemos acompañado para llegar desde un 20 a un 80 por ciento. Después, en muchos de los ejes de políticas públicas, el porcentaje suele estar alrededor del 40. 

O sea que hay un horizonte amplísimo por recorrer.

Sí, además en el portal hicimos un lugar para inspirarse: cada vez que encontramos algo interesante en un municipio, lo cargamos en un mapa de soluciones locales. Ya hay 1367 soluciones. Sistematizamos lo que hablan los municipios y lo organizamos en 23 categorías; por ejemplo, Ambiente, y dentro de esa hay otras categorías, como Agua, Animales o Cambio Climático. Al cliquear ahí, encontrás soluciones en cada especificidad… esto es una gestión del conocimiento que es exponencial. Va a ser impresionante el día en que un intendente tome conciencia de que su equipo está integrado también por los otros 2000 colegas del país que están trabajando y solucionando el mismo desafío. Volviendo al portal, además de autoevaluarse y de inspirarse, el funcionario se capacita, porque subimos una enorme cantidad de documentos relacionados con los grandes temas. ¿Sabés cuánto cobramos la membresía mensual por todo esto? Dos mil quinientos pesos. 

¿Cómo se hace tanto con tan poco?

Hacemos valer un montón los recursos. Además de darles el acceso al tablero digital, entran a las comunidades, que son grupos de WhatsApp muy organizados para cada eje. Por ejemplo, tenemos un grupo de movilidad urbana donde están todos los referentes de esa materia de los municipios. También contamos con tres programas intensivos, que cuestan desde 12 mil a 25 mil pesos, a partir de los cuales te visita un facilitador cada 15 días para ayudarte a mejorar el índice que necesites. Si no pueden pagarlo, hacemos un programa de sponsoreo en el que nos acompañan algunas empresas para que ese municipio pueda realizar el intensivo. Para el 18 de marzo en La Rural, estamos organizando La Noche de los Intendentes: pensamos en qué es lo que tienen para potenciar las ciudades, encontramos 30 identidades distintas y convocamos a empresas que también estén trabajando por esos ejes. Por ejemplo, LATAM nos va a acompañar en la mesa de municipios turísticos, donde habrá intendentes que quieren potenciar el turismo. Así estamos haciendo mesas público-privadas para conversar sobre la agenda de oportunidades que tienen en las ciudades. 

En general las ONG cubren la labor que descuida el Estado. RIL, en cambio, tiene el objetivo de profesionalizar el propio Estado. 

Sí, una organización que trabaja en nutrición infantil va directamente con el beneficiario y omite a quien verdaderamente lo debería estar haciendo. A nosotros nos mueve lo mismo que a esa ONG, trabajamos para que las personas puedan en cualquier ciudad del país tener calidad de vida y oportunidades para desarrollarse, pero creemos que los gobiernos locales, que tienen capacidad de articulación, son un actor clave para que eso pase. 

¿Encuentran resistencia o apatía entre los funcionarios?

La consigna es que un poco de tiempo de cada uno suma a un gran cambio. Pero sí, ¡nuestro logo debería ser un botecito y dos remos! [Risas]. Estamos empujando una pared muy pesada, implica un cambio cultural. Siempre buscamos a los funcionarios proactivos.

Ante un cambio de gestión, ¿tienen que volver a empezar?

No, de hecho, el 80 por ciento de los que trabajaban con nosotros nos eligieron; y al 20 por ciento que no, les dimos un pen drive con toda la información que teníamos del municipio y nos sorprendimos porque era información que ellos no tenían. Después, con la municipalidad de Rosario, hicimos una prueba piloto del programa de Transiciones Responsables, lindísimo, donde relevamos toda la información con el equipo que terminaba y se la dimos al que llegaba, y trabajamos ejes de gestión con los nuevos. Hoy estamos acompañando a las municipalidades de Mendoza, Salta, Córdoba, Rosario en la elección de sus ejes de gestión, de sus objetivos. 

RIL trabaja en forma colaborativa con otras organizaciones.

Sí, de hecho ahora tengo una reunión con la Fundación Metropolitana, con quienes hicimos tres índices juntos, y es un placer. Con TECHO estamos trabajando la propuesta de gestión del suelo. Con la Asociación Mónaco Argentina vamos a subir en el mapa de soluciones locales las cosas que están haciendo otras ONG para que un funcionario que busca “Hábitat y Vivienda”, por ejemplo, encuentre a FOVISEE, que es una organización que trabaja en Mejoramiento Habitacional. Al final es eso, compartir conocimiento y lo que se hace; en nuestro ADN está trabajar en red, nosotros nacimos con una estructura colaborativa. 

¿Cómo te impacta en lo profesional todo lo logrado?

Es que veo que hay tantas cosas que todavía faltan hacer que no pienso mucho en lo logrado, sino que estoy permanentemente haciendo. Solo llegamos a 150 municipios, parece un montón, pero hay 2000 que todavía no alcanzamos. 

¿Cómo llegan a los municipios?

De maneras distintas: porque nos escuchan en un congreso, porque se lo recomienda un colega, a algunos los salimos a buscar, porque como somos apartidarios, quizás tenemos muchos de un partido político y salimos a buscar a los de otro. También está bueno hacer alianzas con ministerios nacionales o provinciales, porque ellos son amplificadores. 

A nivel internacional tienen también mucha llegada.

Nos apoya la Fundación Konrad Adenauer, que el año pasado nos invitó a Alemania con un grupito de intendentes a visitar ciudades allá. Hacemos un programa con CREA por el cual vamos a visitar intendentes de los EE.UU. con intendentes y productores agropecuarios para ver vinculación público-privada, que está buenísimo. Yo formo parte de la Red Ashoka y de la Fundación Obama, y Schustermann Foundation nos invitó a un programa en Israel. 

¿El primer eco internacional fue con la Fundación Obama?

Sí, me llegó un día un mail que decía: “Delfina, te quiero contar que Obama, desde que salió de la presidencia, hizo una fundación; se hará el primer encuentro con 250 chicos de todo el mundo y nos gustaría invitarte. Poné tus datos en este link y te vamos a mandar un pasaje”. Yo le saqué un print de pantalla, se lo mandé a mi familia y pregunté: “¿¿Esto es spam??” [risas]. Igual entré, puse los datos, porque parecía todo bastante formal, y a los tres días me estaban mandando el pasaje. Estos son empujoncitos para seguir un poco más, porque es muy difícil emprender en la Argentina, y a lo largo del camino, muchas veces uno se plantea dejar.

¿Cómo se financian?

El 80 por ciento de los servicios viene por ingresos propios, RIL es sostenible a partir de lo que pagan los municipios, pero como el Estado tarda en pagar, lo que necesitamos es un fondo de sostenibilidad. A su vez, las organizaciones que nos apoyan nos permiten dar más soluciones sin cobrarles más a los municipios. Por ejemplo, Fundación Mónaco Argentina, DirectTV o Banco Santander nos dan recursos para desarrollar el portal. 

¿Las empresas les abren la puerta fácilmente?

Tenés que romper un montón de barreras, porque han tenido muy malas experiencias a veces con sus municipios, porque se encuentran con un montón de desafíos y de trabas, pero igual hay que hallarle una solución y tenemos que invertir tiempo en eso. Las empresas no están muy acostumbradas a aportar, no desde los recursos económicos, sino desde el tiempo. En los EE.UU., un intendente puede llegar a tener 40 comisiones de asesoramiento para cada desafío, profesionales de la ciudad y empresas que lo asesoran en temas, eso es todo un cambio cultural, y eso estamos trabajando acá. Para nosotros el camino de las empresas es descubrir qué temas comparten con el Estado. Si tenés una constructora, pensemos juntos en el desarrollo de viviendas, es un cambio cultural de trabajo público-privado. Pero esto es importante: no puede haber conversaciones de futuro con organizaciones quebradas, con municipios desfinanciados y con empresas insostenibles, el factor institucional es clave. Un municipio va a poder pensar en vinculación público-privada solo si tiene mínimos estándares de eficiencia resueltos, eso es trabajar en calidad institucional. 

¿Cómo definís la responsabilidad social empresarial?

Para mí, se va a generar desarrollo local cuando las organizaciones públicas y privadas estén lideradas por personas que quieran trabajar juntas en solucionar los desafíos y aprovechar las oportunidades. La RSE tiene que ser una conversación en temas estratégicos y no solo tratarse de dar recursos. Creo que es una agenda de involucramiento donde los líderes están trabajando juntos en el expertise que tiene cada uno. En una ciudad donde los líderes trabajan juntos, se genera desarrollo local; en otra donde están desarticulados, hay más asistencialismo. Porque ojo: la RSE mal entendida es asistencialismo, en cambio la RSE bien entendida son conversaciones estratégicas.