Santiago Nicholson, Presidente de Banco de Alimentos de Buenos Aires: “Buscamos reducir el hambre, mejorar la nutrición y evitar el desperdicio de alimentos”

Banco de Alimentos de Buenos Aires realiza una gran labor de gestión y logística para conectar a quienes pueden donar alimentos con entidades que brindan platos de comida a aquellos que más lo necesitan. Este año, con el objetivo de profundizar su actividad, la organización inaugura un nuevo espacio que le permitirá almacenar, clasificar y distribuir mejor las donaciones. Será la concreción de un sueño para todo el equipo, tal como lo describe Santiago Nicholson, su presidente, quien tiene muy claro que para llegar y nutrir a quienes pasan hambre es fundamental la articulación entre las organizaciones sociales, los donantes y los voluntarios, donde actúan como un nexo que pone en funcionamiento esta gran maquinaria social.

¿Cómo se fue aggiornando la entidad, a través de sus 23 años, para atender las distintas necesidades?

Trabajamos para tratar de lograr un triple objetivo: reducir el hambre, mejorar la nutrición y evitar el desperdicio. Tres objetivos muy importantes. Particularmente en la Argentina, cada vez se requiere más trabajo, más alimentos. La evolución desde 2001 ha sido paulatina. Imagino que quienes empezaron lo pensaron como una misión para paliar una crisis temporal del país. Pero lamentablemente esto no fue así y las necesidades se fueron incrementando hasta llegar a hoy. Así, el Banco ha tratado de crecer para satisfacer una necesidad triste, pero real. Nosotros atendemos la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, y fuimos acompañando los requerimientos, mejorando y ampliando nuestra oferta de alimentos. Finalmente, este trabajo ha desembocado en lo que vamos a inaugurar en mayo, que es el nuevo centro de distribución en Benavídez, que será mucho más moderno y donde podremos almacenar muchos más alimentos.

Respecto al nuevo espacio, ¿qué cambiará estructuralmente y a nivel del equipo?

Además de que contará con seis bocas de salida, tendrá dos cámaras de frío (una para congelados y otra para no congelados) con un total de 300 metros cuadrados, un área de clasificación totalmente nueva y eficiente. Va a ser un avance enorme para almacenar y mejorar la logística, será un antes y un después. Pudimos construirlo gracias a la generosidad de los donantes, que contribuyeron a este sueño, y ahora el desafío será conseguir más donaciones.

¿Cómo se compone el equipo de Buenos Aires?

Está conformado por un consejo directivo de voluntarios que marca las principales estrategias, el camino por seguir. Además, hay un equipo de gestión de 30 personas remuneradas, que trabajan de forma permanente. Y diariamente realizan tareas de separación y clasificación de productos los voluntarios que colaboran con su tiempo y su trabajo.

¿Cómo trabajan, habitualmente, desde Banco de Alimentos?

Nosotros nos comunicamos con las empresas e intentamos que nos donen la mayor cantidad de alimentos posible, que envían al depósito. Allí los clasificamos y evaluamos que estén en condiciones óptimas para el consumo. Llamamos a las organizaciones y si consideran que lo necesitan, retiran esos productos para alimentar a la población a la que asisten.

 

 

¿De qué modo incluyeron la tecnología para reforzar el trabajo articulado que lleva adelante la entidad?

Es uno de los aspectos en el que nos hemos enfocado. Invertimos muchísimo en tecnología, tratando de actualizarnos. La tecnología llegó para quedarse, y tenemos que adaptarnos a ella. Desde 2018 estamos desarrollando una aplicación del Banco de Alimentos que comenzó por tener distintos donantes que nos ofrecían pocos kilos y un camión que cargaba 3500 kilos. Era altamente ineficiente. Entonces, se hizo una inversión muy importante, con el aporte de empresas, para una herramienta que facilita la conexión entre el que tiene para ofrecer y el que quiere recibir. Por ejemplo, si un supermercado ofrece comida, les informa a las organizaciones más cercanas. Cuando una acepta, se dispara la posibilidad del retiro. En el medio, la logística (que es lo innovador) la hace una voluntaria o un voluntario que ve en su celular y pone “Aceptar” si puede coincidir el día de retiro con el día de entrega. Lo que nos pasó en el medio fue la pandemia, que nos obligó a detener esto, pero ahora vamos a ir por más, invitando a las organizaciones a sumarse a esta logística.

¿Cómo vivieron y atravesaron la pandemia del COVID?

Cuando empezó la pandemia se encaró el proyecto social de donación de alimentos #SeamosUno, que involucró a casi todo el país y donde participó el Banco de Alimentos, junto a otras seis entidades. Esta iniciativa canalizó una gran reacción de solidaridad en la Argentina. Durante el 2020 aumentó muchísimo la demanda de alimentos y productos, y llegamos con 22.678.930 platos de comida a las personas que más lo necesitan. A su vez, teníamos el gran problema de los voluntarios, que no podían venir. Lo fuimos resolviendo con el personal, hasta que el año pasado volvimos a 1200 voluntarios.

¿Con cuántas organizaciones trabajan actualmente?

Hoy trabajamos con alrededor de 1100 organizaciones, de ciudad de Buenos Aires y el conurbano, a las que asistimos. 500 de ellas son las que una o dos veces por mes retiran alimentos. El resto lo hace más esporádicamente. A su vez, estas organizaciones asisten a un total de 350 mil personas todos los días. En el nuevo espacio, al tener seis bocas de salida, se va a lograr una logística mucho más ágil para quienes vienen a retirar. Sobre un 20 por ciento de los alimentos que entregamos tenemos lo que llamamos una “Beca Flete”, que consiste en llevarlos nosotros. El resto lo vienen a buscar. También hay empresas que donan el producto y la logística. Además, Banco de Alimentos cuenta con la ayuda de empresas que donan viajes para ir a buscar el producto, si no contratamos el servicio.

¿Cómo es el vínculo con las organizaciones sociales?

Cuando vas a las organizaciones y ves a los y las referentes, te impresiona el trabajo que hacen con prácticamente nada. Siempre lo digo, no solamente cocinan, sino que les dan a los chicos cariño y contención. La temática es muy sensible. Pero si el hambre crece, el Banco tiene que crecer. Por eso la construcción del nuevo espacio. Es un trampolín a más. Todos los años nos desafiamos, todo el equipo y muchos aliados estratégicos. El desafío no solo es conseguir la comida, sino movilizarla. Lamentablemente, no podemos colaborar con el 100 por ciento de los productos que necesitan. Ahora todos los años vamos por los productos que nos faltan. Si bien el que te dona no tiene obligación legal de hacerlo, lo hace porque es muy fuerte tirar comida cuando hay chicos que tienen hambre y porque creen en Banco de Alimentos. Además, buscamos ayudar a las organizaciones en cómo organizarse mejor.

¿De qué manera se entabla el vínculo con los donantes?

Hay donantes históricos, que deben estar por el 70 por ciento de los productos que entregamos, que son las empresas de alimentos más importantes del país. Pero, lamentablemente, hoy tampoco es suficiente, así que salimos a buscar más. Últimamente hemos puesto el foco en el agro, donde hay sobrante de alimentos de un valor nutricional muy importante y generan un volumen interesante para acercar a los comedores. De modo que queremos crecer en la producción primaria, los mercados concentrados (todo lo que tiene que ver con frutas y verduras) y en supermercados. La empresa que entra al modelo Banco de Alimentos generalmente decide quedarse mucho tiempo. Lo que cambia es la periodicidad y el tipo de acuerdo. Hay cuestiones estacionales y quienes buscan hacer alianzas por proyectos. También notamos que nos tienen que conocer más. Queremos llegar a muchas más pymes, verduleros, empresas de catering. Incluso nos encontramos trabajando con un nodo hortícola en La Plata y estamos haciendo un convenio para este año.

Como parte de sus actividades ¿ofrecen también charlas educativas respecto a nutrición?

Ese es un objetivo para este año. Todos los años hacemos una reunión estratégica y nos hemos propuesto no salirnos del foco del Banco: conseguir alimentos, paliar el hambre y mejorar la nutrición, tanto desde los alimentos que entregamos como a través de cursos y capacitaciones en los comedores. Ahora estamos con un plan piloto. Lo que ocurre es que el foco ahora se encuentra en terminar el nuevo espacio. Luego de mayo queremos implementar esas charlas. Tenemos una nutricionista dentro del equipo del área social que trabaja en capacitaciones, incluso virtuales. Queremos más kilos, pero también mejores. El 75 por ciento de los beneficiarios son chicos de entre 0 y 18 años. Ya no somos el Banco del 2021, somos el Banco del 2023 y queremos ser el Banco del 2043, aunque no sigamos nosotros, porque creo firmemente en el recambio.

 

 

¿Hay otros proyectos e iniciativas para este año similares a la Ley Donal y la creación del Plan Nacional para Reducir los Desperdicios de Alimentos?

La Ley Donal, que se aprobó en 2018, la impulsó la red Bancos de Alimentos (BdA). Los temas institucionales están en la órbita de la red. Nosotros somos operativos. Los grandes objetivos ahora serán llenar este nuevo centro de distribución y todo lo que tiene que ver con la nutrición.

En cuanto a tu experiencia, ¿cómo fue tu acercamiento a Banco de Alimentos y qué significa para vos estar al frente de la organización?

El primer tiempo estuve ayudando un poco, sobre todo en recaudación de fondos. Después, me invitaron al consejo y ahora hace algunos años que estoy en la presidencia, y es una gran responsabilidad. Es un tema en el que nunca te sentís satisfecho del todo, porque siempre hay alguna necesidad insatisfecha. Pero hacemos todo lo posible para llegar más y mejor. Contento, porque se van viendo logros. El nuevo espacio fue un desafío que quería lograr. Hay un gran equipo, que es el gran responsable de que esto funcione. Pero si bien me siento uno más, también dentro del consejo, creo en el recambio, así que veremos qué pasa a fin de año.

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