“Ser Empresa B es pertenecer a una comunidad”, Gabriela Mazza, Directora de Organ&Co

Con la doble inspiración de buscar una salida a la crisis y desarrollar un hobby, nació una empresa con impronta ecológica que vende sus productos a más de 300 hoteles en el territorio argentino. Buscando reducir el plástico, fueron los primeros en proponer los dispensers de jabón y champú en las habitaciones, y ahora marcan una vez más el paso con sus opciones sólidas a 25 años de su creación, mientras lanzan su página web para la venta directa al público.

PRESENTE habló con Gabriela Mazza, Directora de Organ&Co, sobre la batalla que libraron contra los minienvases de los hoteles, por qué consideran que el huésped puede ser el motor del cambio ambiental y cómo el doypack se convirtió en el sueño de todo hotelero.

¿Cómo empezó Organ&Co?

Organ&Co nace en la crisis del 2001. Yo soy diseñadora gráfica y mi marido es arquitecto. Teníamos un estudio de publicidad y, de golpe, no sonaba el teléfono, no se hacían promociones en los supermercados, no había stands, nada. En un año y medio tuvimos que deshacernos de todo. Mi hobby era hacer jabones y cosmética fresca, natural. Lo había visto en un viaje a Londres: buscaba recetas, me traía libros de afuera y me encantaba. Así, lo que era un hobby se terminó convirtiendo en un mínimo emprendimiento, salir a vender algo para subsistir. Arrancamos en las ferias: nuestra primera incursión fue en la Feria del Sol, en el Palais de Glace. Estuvimos un año participando de ferias donde nos conoció una persona que trabajaba en un grupo hotelero importante, el Four Seasons. Le gustó muchísimo la calidad de nuestros productos y nos propuso fabricar para hoteles. Tuvimos que “hacer un clic”, porque éramos ecológicos, orgánicos, naturales, pero para una cadena, masivamente, teníamos que fabricar de otra forma. Enseguida dijimos que sí, después veríamos cómo lo hacíamos. Empezamos a buscar laboratorios, a certificar las formulaciones ante el ANMAT, a registrar todo. Nos comprometimos. Lo primero fue dejar de fabricar en la cocina de casa para fabricar adentro de un laboratorio en Palermo que nos abrió las puertas. Después ellos se quedaron con las formulaciones. Y así arrancamos vendiendo al sector hotelero.

¿Cómo lograron mantener las características de ecológicos, orgánicos y naturales al pasar a una escalmucho más grande?

Queríamos seguir teniendo nuestro ADN ecológico, pero estos productos eran para conservar en la heladera. Tenían conservantes permitidos, aditivos naturales y otros elementos que hubo que ir modificando. Y lo que apareció inmediatamente a continuación es notar cuántos frasquitos tienen los hoteles y el desperdicio que generan. En ese momento, como nosotros teníamos pocos hoteles, no podíamos implementar un cambio. Pero la industria hotelera es muy gentil. Entre los hoteleros comentan y se comparten información.

Realmente, nuestro crecimiento fue por el boca a boca. Y empezamos a transmitir la necesidad de reducir el uso de plástico. Le pedimos al proveedor que las paredes de los envases fueran mucho más finas, y la apariencia, mucho más liviana. Y el desperdicio, también menor. Ese uso era moneda corriente entre los hoteles hasta que, pasados los años, investigando, vimos que afuera empezaba a usarse el dispenser. Obviamente, querer introducirlo fue mala palabra. Poner un dispenser era como algo “berreta”. Nosotros les explicábamos que tendrían el mismo producto de calidad, pero en un recipiente que no iba a poder abrir el huésped e iba a estar solo a la altura de la persona de housekeeping, quien lo rellenaría. Al principio, había mucha reticencia hasta que quienes viajaban veían que afuera estaba funcionando. Cuando se dieron cuenta de que más allá de lo ecológico, el tema económico era mucho más atractivo también, nos encontramos con otro problema, porque estamos hablando de años donde no ingresaba nada al país, hace unos trece años. Así que contratamos diseñadores industriales, fuimos a metalúrgicas, hicimos prototipos, los probamos y lanzamos nuestros primeros dispensers de acero inoxidable con alguna otra variante que nos iban pidiendo los hoteles para agregarle al diseño. Hoy son los mismos que hace quince años atrás.

“Usamos los extractos botánicos de cada una de las locaciones. Fuimos pioneros en tener yerba mate en todos los productos”

¿Para ese entonces ya trabajaban con varios hoteles?

Sí, ya teníamos más de diez años en el mercado. Al día de hoy hay algunos a los que todavía les cuesta incorporar el dispenser. Y después la misma competencia empezó a traerlos. Y ahí dimos otro paso adelante: el dispenser se rellenaba con un bidón, que es incómodo. Tenías que utilizar un embudo, porque un producto de buena calidad como el nuestro no cae con facilidad. Tampoco era fácil el traslado, por el peso, así que migramos del bidón al doypack. Y ese fue el sueño de todo hotelero. Les solucionamos la vida a todos. El doypack fue realmente la guinda de la torta: es práctico, es ecológico, redujimos plástico, lo estrujás hasta la última gota, no queda producto en las paredes. Y otra cosa muy importante es que reducís la huella en el traslado, porque vienen adentro de cajas y podés estibar una caja arriba de la otra, entonces el costo de logística es mucho menor. Eso fue hace ocho años. Para nosotros fue una apuesta muy grande, porque para hacer doypack necesitás volumen. Para el bidón no. Se fabrican de a miles de unidades, y lo mismo para rellenarlo. Fue una apuesta que salió, por suerte, muy bien. Fue muy atractiva para el sector.

Hablaste de cierta resistencia en los hoteles, ¿cómo reciben los productos los huéspedes?

Muy bien. Es más, el año pasado hicimos un giro y estamos ofreciéndole al huésped lo que encuentra en la habitación del hotel. En diciembre lanzamos una página web con carrito de compra, y ese es el proyecto que viene para este año y el que viene, focalizarnos un poco más en el huésped.

¿Cómo se conforma el equipo de Organ&Co hoy?

Somos una pyme. Siempre fuimos chiquitos. Además, somos empresa familiar. Al principio, éramos mi marido y yo. Después se fueron sumando los hijos. Y hoy ya estamos los cinco trabajando en la empresa. Ramiro se ocupa de la parte de finanzas, Valentina del marketing, Julieta de la comercialización, Mariano, que es mi marido, está en las compras y yo en la atención al cliente. Después están Marisa, Zulma y Rocío que hacen presupuestos, a veces se ocupan del terminado de las cajitas de regalo, colocan etiquetados especiales que no vienen desde laboratorio y demás. Aparte, trabajamos con cuatro laboratorios que nos entregan producto terminado.

Todos los productos de hotelería: champú, acondicionador, jabón líquido, body lotion, pastillas de jabón, enjuague bucal, repelente de insectos. Vamos un poquito más allá. Por ejemplo, hay un hotel que nos está pidiendo productos para la habitación, como monodosis de contorno de ojos para que después las huéspedes quieran ir a hacer un tratamiento facial en el spa. O usamos los extractos botánicos de cada una de las locaciones. Fuimos pioneros en tener yerba mate en todos los productos. En Bariloche hacíamos productos con retama, con menta, y en Córdoba con peperina. Y eso es un plus. El año pasado además lanzamos los sólidos. Lo hicimos porque es nuestro ADN y porque corresponde, pero sabemos que va a costar muchísimo introducirlos en hotelería. Realizamos jaboneras con una pastilla de champú, otra de acondicionador y otra de jabón. Las podés partir y compartir con tu pareja. Cero plásticos.

¿Con cuántos hoteles están trabajando hoy?

Más de 350 en todo el país. Tenemos desde hosterías hasta cadenas grandes: Faena, Alvear, toda la cadena Tremun, que tiene Los Pinos, Las Hayas, Los Acebos, hoteles en la costa, en Ushuaia, en Salta. Muchos se están certificando como hoteles verdes.

¿La sustentabilidad pasó de ser un plus a ser un requisito de los hoteles?

Totalmente. Las agencias nos contaban que los turistas que buscan como destino Argentina buscan eso en realidad. Ven un país tan austral, con tanta inmensidad y tantos climas, con tanto beneficio ecológico que ellos no se permiten llevar a caminar una botella de plástico. Ahora le exigen al hotel que tenga el bidón para recargar el agua para no descartar. Como esas, hay un montón de cosas que han tenido que innovar los hoteles porque el mismo huésped lo está pidiendo.

“No hay una educación sobre lo importante que es ser triple impacto. Creo que lo que más nos cuesta es que el otro tome conciencia de lo que es  trabajar así. Hay que explicar bastante el porqué”

Organ&Co certificó como empresa B en 2024: ¿cómo fue el proceso?

Nosotros ya nos sentíamos verdes. No necesitábamos la etiqueta de empresa B, porque ya nos comportábamos como tal. Y nos dimos cuenta de que el valor era pertenecer a una comunidad, conocer a otras empresas, estar con otros pares que estaban haciendo lo mismo. Cuando tenía que ir a un proveedor de envases a pedirle que trate de hacer más liviano el plástico, no tenía con quién compartir ese diálogo. Entonces lo hicimos con la intención de formar parte de una comunidad, tener ayuda y ayudar a otros. Y costó. Tuvimos que contratar a una agencia que nos fue llevando de la mano y nos fue explicando cómo llenar los formularios o qué documentación presentar.

¿Cómo desarrollan el impacto social de la empresa?

Hacemos muchísima donación. Aportamos un porcentaje de las ventas a Fundación Vida Silvestre que va a una de las reservas en Misiones, también a la Fundación Wichi: los aborígenes nos hicieron tejidos y bolsitas especiales para unas entregas que teníamos. A Fundación Sí le donamos todo el champú y el acondicionador de las más de treinta casas que tienen a lo largo de todo el país donde se alojan los estudiantes universitarios. Ese tipo de cosas fueron creciendo a través de la certificación B. El año que viene tenemos que recertificar.

¿Qué otras acciones aplican para reducir el impacto ambiental?

En realidad, tenemos un orden con todas las empresas con las que trabajamos. Les pedimos todo tipo de formación. Nuestra empresa es un depósito, es pequeño y lo tenemos manejado. La logística es verde: tenemos una camionetita eléctrica que alquilamos a otra empresa B. Toda la logística al país la hace Urbano. Trabajamos con Dar Sentido, otra empresa B. Para la limpieza, contratamos a Limpiolux, que es también B; y para hacer las bolsas, a Funyi. Y después, tratamos de colaborar con cada una de las presentaciones que hacen nuestros colegas. Si hacen un webinario o un encuentro de empresas, intentamos estar.

¿Qué es lo más difícil de ser una empresa de triple impacto hoy en este negocio en la Argentina?

Yo creo que lo más difícil es contarlo, porque cuando uno hace las cosas bien, ya el impacto lo está haciendo solo. El dispenser podría hacerlo en China mucho más barato, pero continúo fabricándolo en la Argentina. Le pido a la metalúrgica que ajustemos el precio para que el trabajo siga y así lo logramos. O el hecho de seguir contratando a un diseñador industrial que resuelva la jabonera, eso no deja de ser una empresa que está pensando en su comunidad y eso es triple impacto. Porque si bien a nosotros económicamente nos tiene que servir, tiene que servirnos a todos: al ambiente, a mi colega, a mi proveedor, porque si se cae mi colega, a la larga me caigo yo también. Entonces, la dificultad es poder contarlo. No hay una educación sobre lo importante que es ser triple impacto. Creo que lo que más nos cuesta es que el otro tome conciencia de lo que es trabajar así. Hay que explicar bastante el porqué.

¿Qué planes tienen para este año y el año que viene?

Este año es difícil. El turismo no está creciendo, pero nosotros seguimos con proyección de facturación en alto. Fue un desafío muy grande, porque como todas las industrias, veníamos atrás de la inflación. La industria química está netamente dolarizada y estábamos acostumbrados a que nos suban el valor en dólares. Durante este último año y medio cambió, y ahora nos estamos acostumbrando a otras cosas, como, por ejemplo, a no “sobrestockearnos”. Ahora hay que fabricar y vender. Ojalá siga habiendo una especie de estabilidad como la que hay, pero que haya más movimiento. Y ahora la idea es expandirnos al público. Nos pasa que nos llaman de Ushuaia, probaron un producto en un hotel y nos lo encargan para que se lo enviemos. Y lo hacemos. Por otro lado, si bien ahora no estamos exportando, quizás si cambian las normativas y es un poco más flexible exportar producto terminado, lo podamos hacer porque hay intenciones.

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