En la era de Internet, Wingu es una ONG que se ocupa de que otras organizaciones no gubernamentales puedan usar estratégicamente las herramientas provistas por las redes, para profesionalizarse y lograr un impacto mayor en todas sus tareas sociales.

Si todo habla de quiénes somos y cada detalle de una organización puede dar cuenta de su identidad, el placer con que el Director de Wingu habla de la ONG que ayuda a otras ONG a usar mejor Internet ya es un signo más que interesante, que podría unirse al hecho de ver más de una bicicleta en su sede o las centenas de papeles que hay pegados en sus paredes. Descifrar cada uno de ellos, además de requerir tiempo, no tendría tanto sentido como el saber, por lo que puede verse en la dinámica descontracturada de la misma oficina, que cada uno de esos mensajes guarda códigos que son esenciales para esas 12 personas que ocupan muchas horas de su tiempo para que las cosas sean mejores. “Quienes vienen acá saben que se tienen que aflojar un poco, normalmente nadie llega de traje y diría incluso que cuando viene gente de empresas le gusta la onda que tenemos, una informalidad que no implica ser menos profesionales, lo que siempre queremos transmitir”, dice Mario Roset. Y aunque sonríe naturalmente, todo en él, desde la forma concentrada en que mira a su interlocutor hasta el cuidado que muestra en que nada pueda entenderse de maneras incorrectas, genera una confianza inmediata en quien lo escucha. Su tarea, o más bien la de todos los que hacen Wingu, cuyo nombre proviene de una palabra en dialecto africano swahili que quiere decir “nube”, es precisamente usar todo lo que pueda brindarnos la cultura de “cloud computing” o “computación en la nube” para que el sector social crezca, se profesionalice y, en consecuencia, haga que la vida de la sociedad entera sea mejor. Ni más ni menos. Eso es lo que hacen, brindando asesoramiento estratégico, apoyo técnico y entrenamiento en desarrollo de sitios web, bases de datos y CRM, herramientas de gestión, social media e e-mail marketing para organizaciones no gubernamentales.

¿Cuál sentís como la filosofía central en Wingu?

Te diría que la filosofía que nos atraviesa es la de no guardarnos nada, transmitir todo lo que sabemos y, por sobre todas las cosas, no generar dependencia con las ONG. Si implementamos un sistema, vamos a capacitarte para que puedas manejarlo solo sin depender de nadie.

Esa lógica parece inversa a la de algunos negocios que buscan la dependencia eterna del cliente.

Sí, es verdad. De hecho, eso nos ayudó a crecer y posicionarnos, porque no es común. Cuando uno trabaja bien, es transparente y promueve el no generar dependencia, es una novedad que se valora. Y en los contados casos en que damos algún soporte, es porque nos lo piden, pero aun así tratamos de en no más de un año ya pensar en la despedida. Eso nos mueve a estar innovando constantemente. Porque si estamos todo el tiempo capacitando y entrenando a los demás, nos motiva a siempre buscar lo nuevo. Acá los 12 constantemente probamos herramientas, que empezamos a difundir si funcionan. Y hay que aclarar que pretendemos que todas las herramientas que hayamos desarrollado o hayamos usado de terceros sean gratuitas para las ONG. Si es software libre, genial, simpatizamos muchísimo con eso. Pero si el sistema que ofrece una empresa privada es bueno y dan licencias gratuitas a ONG, adelante también, no tenemos miramientos en ese sentido. El objetivo es que las ONG aprovechen las tecnologías disponibles, siempre y cuando sean gratuitas o muy económicas, y accesibles.

 ¿Evalúan con cuáles trabajan, las ven a todas de manera uniforme?

Buenísima la pregunta. (Piensa). Nos llevó un tiempo darnos cuenta de cómo era la composición general. En la pirámide donde ponemos las más de 100 mil ONG que hay en la Argentina, descubrimos que en la punta están las 50 o 100 más grandes, que tienen estructuras grandes y complejas, con capacidad de invertir en tecnología. Ellas son las que nos mantienen con el desafío de seguir aprendiendo e innovando. Después están las medias, en gran parte organizaciones que tienen entusiasmo, ganas, que atraviesan el período de crecimiento, pero sin capacidad de financiarse o apenas lo hacen con gran esfuerzo. Y en la base de la pirámide están todas las demás, muchas organizaciones chiquitas, comprendidas en el 100 por ciento por voluntarios, sin ninguna persona rentada. Ese estrato es el de un 60 por ciento del total de organizaciones.

¿Y cómo actúan a partir de este esquema?

Lo que planteamos nosotros es un servicio para cada uno de estos escalafones. Para la punta es innovación, comunicación, campañas on-line, CRM, que son sistemas para manejar mejor sus contactos. Para la capa media, desarrollo de páginas web, y a alguna que está más preparada la ayudamos en comunicación, sistema de manejo de sus contactos o su contabilidad. A ellos hay que brindarles otras soluciones, como educación. Vamos a capacitar muchas veces al interior, les enseñamos a desarrollar estrategias en redes sociales, cosas que pueden manejar solos. Y lo último que hicimos es un producto que nos da mucho orgullo: donaronline.org, un sistema para que todas las ONG puedan recibir donaciones on-line, con tarjeta de crédito y de forma segura. Es una solución gratuita para las ONG, y a medida que van escalando en donantes tiene un costo.

¿Es como una autofinanciación de la tecnología que se les da?

Sí, apuntamos a eso. Wingu tiene esa filosofía. Después de un tiempo, tenés que pagar algo, pero eso que estás pagando sirve para mejorar lo actual y para ayudar a las ONG más chiquitas. El concepto es que todos crezcan, que los pequeños pasen a ser medianos; y los medianos, grandes. Todo el mundo puede ir creciendo en lo que hace.

Al trabajar con esta área social, ¿qué les genera personalmente?

Tenemos la suerte de trabajar con ONG de todos los tamaños y los colores. Y al ser un equipo bastante interdisciplinario, a cada uno nos mueve cosas distintas. A mí, en lo personal, me encanta ir aprendiendo del trabajo que hacen otros, ir descubriendo muchas cosas que no conocía, lo que me hace enamorarme cada vez más del sector social. Te vas dando cuenta del valor y del impacto que tienen las acciones de cada una de estas organizaciones. Lo nuestro es tratar de profesionalizar el sector a través del uso de la tecnología, que es lo que nosotros sabemos. Me encanta promover que el sector social sea cada día más profesional. No nos gusta que la gente que trabaja en estos sectores termine diciendo que se va al mundo privado porque no pueden ganar lo que les gustaría, lo que se ve mucho en la gente joven. Lo ideal es que si uno elige trabajar en el sector privado, el público o el social, lo elija por sus motivaciones y no por el bolsillo. Y no creo en eso de que si trabajás en el sector social tenés que ganar la mitad de dinero que en otro lado. Me pregunto: ¿si los mejores profesionales que están trabajando en las empresas privadas pudiesen vincularse y comprometerse con esta visión social y estar apoyando o hasta dirigiendo organizaciones sociales, podríamos generar más impacto? El impacto de cualquier ONG, si se profesionaliza, siempre será mucho mayor, porque va a ser más eficiente en el uso de sus recursos, va a tener también capacidad de invertir.

¿La profesionalización solo se da a través de la tecnología?

Wingu trabaja específicamente el tema de la tecnología. Pero hay otras organizaciones que tienen un rol igual al nuestro, desde otro lugar. Como Fundación Compromiso, que ayuda a las organizaciones a articularse mejor entre ellas y en conexión con el sector público. Lo nuestro es la tecnología, porque es lo que sabemos, aunque sin darnos cuenta nos fuimos metiendo en otras áreas: a partir de la tecnología estamos profesionalizando el área de la comunicación, ambas vienen de la mano.

Y al dedicarse a capacitar, ¿al mismo tiempo deben crecer en sus propios recursos de conocimiento, para poder evolucionar y cumplir el rol que se propusieron?

Sí, no nos podemos quedar quietos, no podemos casi ni dormir a veces. Esto es muy dinámico, las realidades van cambiando. Y si solo pensamos en las herramientas que hay en Internet, todas las semanas se dan cambios. Tenemos que estar en lo último, aunque hay que aclarar que esto no siempre es lo mejor, por eso debemos tener el radar, saber todo lo que está disponible y ver qué de lo más novedoso puede servir.

¿Algún caso les impactó por cómo creció alguna empresa con el aporte que le dieron?

Sí, por suerte hay varios. Con la Fundación Argentina de Recursos Naturales nos pasó que ellos tuvieron un cambio impresionante, desarrollaron la página web autogestionable, lo que les hizo ganar independencia de su anterior programador. Y empezaron a tener un diálogo con su público mucho más ágil. Implementaron un CRM que les permitió llevar de forma más ordenada la relación con sus donantes, comunicaron mejor a través de las redes sociales y ganaron un lugar predominante entre las ONG. Otro caso es el de la Fundación Banco de Alimentos, quienes tuvieron una decisión institucional de implementar tecnología para ser más profesionales. Y cuando hay una decisión así, todo el esfuerzo tiene un impacto mayor.

¿Qué valor le dan al pensamiento lúdico para generar nuevas ideas?

Bueno, diría que muchas cosas acá se dan con una dinámica lúdica, de comentarios en medio de juegos. Tenemos muchísimo trabajo, pero nunca queremos perder los espacios de creatividad, para no quedarnos con lo de siempre. De hecho, en la página tenemos una oveja como mascota. Y eso surgió de una charla después de horas de oficina, donde alguien propuso que debíamos tener una mascota; otro dijo que debía ser una oveja, porque era como una nube; y alguien más señalo que era una nube, pero con los pies en la tierra. De repente todos nos miramos. La idea cerró, porque hablaba de cómo somos: muy estrictos, por un lado, porque si no somos eficientes, es muy fácil que los proyectos empiecen a ser deficitarios. Pero en ese proceso estricto, tenemos una parte caótica. Y hacemos que la organización sea más horizontal de lo que aun es. Generamos ámbitos de innovación, con un orden caótico. Diría que estamos enamoradísimos de este proyecto.


Financiación

Ante la pregunta de cómo se financian sus tareas, Wingu declara ser una organización sin fines de lucro que se financia desde su nacimiento en 2008 de forma completa a través del cobro de los servicios que ofrece a otras organizaciones, con el declarado esfuerzo de “brindar el mejor servicio al más bajo costo, tratando de optimizar al máximo todos los recursos disponibles en la web”. Para lograrlo, implementan herramientas de código abierto, gratuitas o de muy bajo costo para las organizaciones. Entre las grandes empresas que han confiado en Wingu, se encuentran VISA Argentina, Google Argentina, Fibercorp, Palermo Valley, Salesforce Foundation, Netsuite y NPower.

El orgullo del boca a boca

“El 80 por ciento de los que llegan a Wingu lo hacen por recomendación de otro, lo que es un orgullo, porque es un signo de que estamos trabajando bien, se va pasando de boca en boca nuestro nombre”, asegura el Director de la ONG y agrega: “Ese es un plus, que muchos lleguen a través de alguna organización amiga que les contó cómo trabajaron con nosotros y qué beneficios tuvieron”.