Tiene 25 años de carrera. Comenzó como actor, fue productor y también conductor. Su familia está llena de artistas, y dedicarse a otra cosa era casi imposible. Entrevistamos en exclusiva a Gastón Pauls, un hombre que encontró la paz.

¿Qué estudiaste después del secundario?

Estudié Periodismo Deportivo en DeporTEA. Recuerdo que estaban Matías Martin y algunos otros más que después hicieron carrera. Me gustaba mucho el deporte y sentía que podía hacer algo por ahí. Creo que duré cuatro clases, no mucho más que eso, porque había algo que no me cerraba. Era muy fanático de Boca; y aunque ahora está bien visto que haya periodistas partidarios, en esa época no, entonces iba a tener que dejar mi pasión de lado. No me convencía nada.

El que te recomendó que estudiaras teatro fue tu papá. ¿Creés que sabía que tu futuro estaba por ese lado?

Me parece que mi viejo sabía que había algo ahí. Mi abuela también insistía en que tenía que hacer algo relacionado con el arte. Hasta el final de sus días –y pobre, no me pudo ver hacerlo– decía que tenía que cantar. Como lo hacía en su casa, siempre me repetía lo mismo.

¿Cómo comenzaste en el medio?

Comencé en América TV como productor. Ayudaba a armar programas, generaba cosas, ese tipo de trabajo. En un momento, me dijeron que querían que condujera un programa, que fue el primero en el que cumplí ese rol. Nadie se acuerda, por supuesto, porque no deben quedar ni registros. Salía en Cablevisión y se llamaba Kool Movies, porque era auspiciado por esa marca de cigarrillos. Presentaba películas sentado en una butaca de cine. Como venía estudiando teatro, ya me había aflojado un poco la timidez. Ese programa era conducido por Natalia Lobo y Alfred Oliveri, que se iba del ciclo. Para que ella no se quedara sola, me pidieron que la acompañara en la conducción y dije que sí. Después me ofrecieron un programa llamado FM Aspen de vacaciones, en donde tenía que presentar videoclips durante el verano.

¿Entraste a Montaña rusa casi de casualidad?

Sí. Acompañé a Mariana Fabbiani, que era muy amiga mía, al casting. Sentados enfrente de Canal 13, en una plazoleta que estaba debajo de la autopista, ella me pidió que la ayudara a pasar letra. Primero no quería, hasta que le hice el favor y me la aprendí. Una vez adentro del canal, en el estudio, estaba Alberto Ure, que dirigía el casting. Me vio y me dijo: “Vos también lo vas a hacer”. Me negué varias veces, y casi que me obligó. Como sabía la letra pude hacerlo y quedé, pero después me borré.

¿En cuál de todas tus facetas te sentís más cómodo: actor, conductor o productor?

Lo que más disfruto en este momento de mi vida es actuar. Me siento muy cómodo. Ahora estoy haciendo mi película número 60, y me divierto mucho. Pero también me ofrecieron armar una especie de programa en los Estados Unidos para el mercado latino del estilo Humanos en el camino o Ser urbano. Me pidieron que lo diseñara. Evidentemente, hay algo con respecto a la conducción que me gusta y está latente, más allá del programa de radio que hago en Del Plata. Me gusta la entrevista, me genera inquietud.

Cuando te mencionan el concepto de responsabilidad social, ¿qué es lo primero que se te viene a la cabeza?

Pienso que es una responsabilidad absoluta de todos nosotros, que se puso de moda en los últimos años por una cuestión empresarial. Me parece que el detenerse y poder mirar al otro y las necesidades que tiene debería inculcarse desde el jardín de infantes.

¿Considerás que la responsabilidad social es una temática que solo les compete a las empresas y a las autoridades estatales, o es una problemática que debe abordarse de forma transversal en toda la sociedad?

Tiene que ser una temática que le competa a toda la sociedad. Y, como dije antes, ojalá enseñemos cómo mirar al prójimo desde chicos. Es un principio básico: yo la estoy pasando bien, el otro no tanto, entonces levantemos al que la está pasando mal para que camine a nuestro lado.