Duke Energy es una empresa líder en el mercado energético en los Estados Unidos. Tiene la particularidad de contar con mujeres en los puestos claves de la compañía. En la Argentina, Mariana Schoua es quien dirige el equipo.

En cierta ocasión, el célebre arquitecto Clorindo Testa, en una nota que nos dio antes de morir, nos dijo: “La vocación son los padres”. En el caso de Mariana Schoua, esto parece haberse cumplido a rajatabla. Padre contador, hija contadora. Él fue quien le dio su primera oportunidad laboral. Pero hasta ahí llegamos con las comodidades. Luego, salió a hacer carrera profesional, asimilando lo bueno y lo malo de los jefes que le tocaron en suerte, hasta convertirse en una líder. Hoy, como todos los días, llegó a su imponente despacho del piso 26 de una torre de la zona de Catalinas, con la ropa que dejó preparada la noche anterior. Vino escuchando a Marcelo Longobardi en la radio de su Alfa Giulietta. La escena, si este fuese un club de cinéfilos, recordaría a Melanie Griffith en Working Girl, pero no, esto es real, la vista del Río de la Plata es tan auténtica como los portarretratos con fotos de su marido y sus mellizos de nueve años. No parece una oficina decorada por una mujer, está limpia de objetos, no hay nada que sobre. “¿La decoración te pertenece?”, le pregunto no bien nos presentamos. “No, la heredé de mi antecesor en el puesto”, me contesta. Mariana Schoua es la Presidenta de Duke Energy en la Argentina, la empresa de servicios públicos de energía eléctrica más grande de los Estados Unidos. Una compañía líder en generación y operaciones de energía eléctrica y distribución de gas en el continente americano que tiene una particularidad, un dato íntimamente relacionado con este número de PRESENTE: quienes ocupan los puestos estratégicos de la firma a nivel mundial son, ni más ni menos, mu-je-res. Es llamativo, pues no estamos hablando del ámbito de la moda ni de un oficio con aire femenino, sino de energía. Una rama durísima, estratégica, de alto impacto para la economía mundial. Y aquí, sentada con total firmeza, incluso de postura, está Mariana, aquella egresada del Carlos Pellegrini que decidió hacer foco en su carrera profesional, la que no paró ni un instante desde que empezó a trabajar, a los 21 años. Le toca moverse en un mundo masculino, pero parece hacerlo con total destreza, porque vive en un hogar de hombres, porque es capaz de opinar sobre fútbol, automovilismo o tenis. Con una imagen superprofesional, parece haber salido de una novela de John Grisham, midiendo sus palabras, casi calibrándolas. Existen personas que parecen haber nacido para cumplir el rol de líderes; la mujer que está sentada frente a mí en esta oficina del piso 26 da la sensación de ser de esa estirpe. Intentaremos pintarla de cuerpo entero.

 

Me han comentado que sos la única mujer que ocupa un cargo de este tipo en la industria energética, ¿considerás que tus colegas te dispensan un trato especial por ello?

Yo diría que en principio no. Quizás se cuidan un poco en el lenguaje que utilizan delante de mí.

¿Te viste obligada a interiorizarte en cosas de hombres para que la charla fluya?

Yo vivo en una casa de hombres; con mi marido y mis hijos estoy acostumbrada. Además, siempre acoto, no me intimido, puedo hablar de deporte o de otros temas recurrentes en las conversaciones de hombres.

¿Sos simpática o sos graciosa?

¿Cuál es la diferencia?

Una persona simpática es naturalmente agradable, mientras que la graciosa cuenta buenos chistes, pero no necesariamente es simpática.

No sé, le tendrías que preguntar al resto. Yo jamás voy a contar un chiste, pero puedo hacer acotaciones graciosas.

¿A qué edad empezaste a trabajar?

A los 21, cuando estaba por terminar la facultad. Al principio trabajaba en el estudio de mi papá. No duré mucho. Al poco tiempo me tomaron en una empresa americana que se llamaba Dominion Energy, que tenía casi todas las operaciones en Neuquén y en Buenos Aires. Ahí empecé haciendo de todo, imaginate que en Buenos Aires solo tenían al presidente y a una secretaria, con lo cual yo armé todo lo que era la oficina de esta ciudad: Legales, Contabilidad, Administración, lo que se te ocurra. Llegué a ser la Gerenta Financiera.

¿Cuánto tiempo trabajaste ahí?

Desde 1994 hasta el año 2000, cuando la compró Duke Energy.

¿Por qué considerás que llegaste al puesto en el que hoy estás?

Creo que por mi capacidad profesional y por las circunstancias. Pero considero que en gran parte tiene que ver con la reputación que fui construyendo.

¿Qué aprendiste de tus líderes profesionales?

Tuve un jefe que fue mi gran mentor, un excelente líder, una persona superpreparada e inteligente. Pero, sin dudas, aprendí de todos, de los buenos y de los malos también.

¿Qué característica tiene que tener un buen líder?

La impronta que yo intento darle a mi liderazgo es la de poder escuchar todas las opiniones. Tomar decisiones de una manera mancomunada. Que la gente pueda estar informada e involucrada. Creo mucho en el brainstorming, se crea mucho valor compartiendo las discusiones, y esa es la manera en la que se deben tomar las decisiones, valiéndose de una mayor información, compartida y consensuada. Eso agrega mucho valor y hace que toda la compañía esté alineada bajo el mismo objetivo.

¿Cuáles son los valores que destacás a nivel profesional y personal?

Hacer lo que uno dice, lo que uno cree, ser consecuente, ser consistente. Ese es un valor personal que comparto con Duke Energy, con lo cual tengo la suerte de poder alinear los valores de mi vida personal con los de la compañía. Considero que esto resulta fundamental y te simplifica la vida porque no hay cabida para los dilemas. Eso me da mucha tranquilidad.

Hay una frase que queda muy linda en boca de los líderes y que dice así: “Yo aprendo mucho de los miembros de mi equipo”. Pero la realidad dicta que en ocasiones esto no se da en la práctica. ¿En tu caso, podés decirme qué cosas aprendiste o aprendés de las personas que liderás?

Los miembros de mi equipo de trabajo son mis pares, gente de un nivel profesional altísimo que está supercapacitada. Cada uno es especialista en su tema. Con lo cual de sus temas ellos saben más que yo. ¿Si aprendo? Claro que sí. Cuando tenemos esas reuniones en donde discutimos juntos surgen pensamientos nuevos.

¿Sabés crear un segundo al mando, pasarle el liderazgo a alguien?

Sin duda. De hecho, nosotros tenemos un plan de sucesión que, corporativamente, lo tenemos implementado y lo hacemos en casi todos los niveles de la organización. Eso incluye no solo identificar a las personas valiosas, sino contar con un plan de capacitación en pos de ese sucesor. Muchas veces ese plan de capacitación no es que esa persona haga un curso, sino que te acompañe en las tareas, en las reuniones.

Muchas veces los miembros de los equipos se vinculan fuera del ámbito laboral, compartiendo algún after office, alguna actividad deportiva o recreativa. En tu caso, ¿te vinculás extralaboralmente con los integrantes de tu equipo?

No tengo actividades extralaborales. De hecho, una de las cosas importantes es el equilibrio entre lo personal y lo laboral, yo me voy de acá a mi casa, y ese espacio lo preservo terriblemente. Siempre fue así. Creo que para crear los vínculos de confianza no hace falta ir a tomar cerveza.

Sin embargo, muchas veces esa cerveza o un partido de fútbol suelen servir para entablar lazos de confianza entre los empleados, aunque quizás este tipo de encuentros sean más comunes en el universo masculino. ¿Considerás que el hombre de empresa puede aventajar a la mujer al tener acceso a este tipo de encuentros?

Si bien es cierto que existen ciertas actividades que te emparentan con las personas, como jugar al fútbol o al golf, también se puede lograr ese vínculo a través de otros intereses en común, como la lectura o una buena conversación.

¿Cómo te presentás en una reunión social en la que no te conocen?

Digo que trabajo en una empresa de energía.

“¿Y qué hacés en esa empresa?”, te pregunta el que está enfrente.

Soy la Presidente de la empresa. Y si quiere saber más, le digo lo mismo que a mis hijos: “Tengo reuniones” [se ríe].

Uf, el tema de las reuniones es terrible. Vos dijiste que una de tus virtudes es que vas al grano y no perdés tiempo. ¿No te da la sensación de que la mitad de las reuniones son para perder el tiempo, tomar café y charlar sobre el River-Boca?

A mí me encantan las reuniones, por lo que te decía el principio, me parece que propician una integración de visiones y que permiten discutir ideas. Me parecen indispensables. Es cierto, hay unos minutos de pérdida de tiempo al principio, pero luego todos se enganchan y empieza a construirse cierta magia.

Tu puesto tiene muchos privilegios, pero hay uno que a todos los hombres les gusta mucho, y es el momento de elegir el auto que la empresa te asignará. ¿Pudiste elegir a tu gusto?

Pregunta rara. Pero sí, pude elegir y me decidí por un Alfa Romeo Giulietta.

No tan rara si considerás que el sexismo muchas veces comienza en un insulto de bocacalle. ¿Sos buena conduciendo? ¿Quién te enseñó a manejar?

Me enseñó un profesor con doble comando. Creo que manejo bien, aunque no soy tan buena estacionando.

¿Hacés tareas del hogar cuando llegás a tu casa?

No. Cociné hasta que nacieron mis hijos, después se me pasó. Tampoco plancho. No hago las tareas del hogar.

Cuándo conversás con un ama de casa, ¿qué pensás vos de la decisión que tomó?

A mí lo que me pasa es que yo respeto totalmente la libertad. Es algo que quiero defender. Entonces, me parece que está muy bien que alguien haya decidido eso, si es que lo hizo conscientemente y no porque no tuvo otra opción, o porque el marido no la dejó trabajar, o porque el mismo contexto social la llevó a… Si, además, la está pasando bien, mejor todavía. Puede que tenga menos en común, o menos tema de conversación con ella. A veces me pasa eso y otras veces no. Los ritmos de vida son distintos, pero eso no quita que podamos compartir determinadas cosas.

¿Y qué creés que esa persona piensa de vos?

Si hago el ejercicio de intentar pensar como pensaría desde un estereotipo de mujer que no trabaja y así lo eligió, considerando que probablemente quiera abocar su vida a su familia y a sus hijos, dedicándoles toda su atención y su tiempo, quizás, al ver a una mujer como yo, caería en el error de creer que pasa mucho tiempo fuera de su casa y que no le dedica suficiente atención y tiempo a su familia. Pero debés tener en cuenta que en la realidad, yo salgo de mi oficina a las 17 y a las 18 estoy en mi casa junto a mis hijos y mi marido.

¿Cuál fue la mayor frustración que tuviste en tu vida profesional?

Cuando empecé no teníamos personal, entonces comencé a armar el equipo. El primer empleado que contraté, un administrativo, trabajo solo un día y no vino más. Aquello fue una frustración como líder.

¿Festejan los logros?

Obviamente. Tenés que celebrarlos, porque es lo que te hace seguir, te da satisfacción. Contamos con un programa muy bueno que se llama “Gracias”. Cuando vos ves que un compañero de trabajo, sin importar la jerarquía, hace algo que te inspira a darle las gracias, se las das de manera anónima o con tu firma. Todos los meses publicamos todas las gracias que se dieron unos a otros. ¿Sabés la satisfacción que te da que un compañero de trabajo te agradezca? Si te lo dice tu jefe, lo podés valorar más o menos, pero si es un compañero, le das un valor muy importante.

¿La mujer inspira mayor temor que el hombre cuando está al mando?

Yo creo que hay mujeres muy duras en el poder, que quizás buscan a través de esa actitud quebrar el estereotipo de que las mujeres somos muy blandas. A mí me pasó al principio de mi carrera, yo era mucho más dura y me fui ablandando con el correr del tiempo, porque fui pasando la prueba, ganando confianza, y me di cuenta de que no hacía falta tomar esa actitud.

¿Cómo describís a un hombre machista?

Un hombre que piensa que las mujeres son inferiores, que no son capaces, que no pueden hacer las cosas.

¿Y a una mujer machista?

De la misma manera.

¿Qué es el proyecto Voces Vitales?

Voces Vitales es una organización que fundó Hillary Clinton en los Estados Unidos. Yo la conocí el año pasado, casi por casualidad, porque me invitaron a dar una charla en un seminario que identifica a mujeres líderes. Entonces, luego de ello, me invitaron a integrar el Consejo Asesor junto a otras mujeres. Algunas están más dedicadas a las mujeres en situación de riesgo, otras son activistas en distintos ámbitos del mundo de la mujer, y yo estoy más por el lado empresarial. Es un ámbito interesante con varios proyectos en curso, uno de ellos, quizás el más importante, es un programa de mentoría dentro del cual compartimos todo tipo de actividades con otra mujer. Me parecía importante participar en ese tipo de organizaciones. Ya sabemos que las mujeres, cuando ves los números, ganan menos que los hombres, no llegan a los puestos de liderazgo. Creo que, desde mi rol, puedo aportar, y eso es lo que estoy haciendo.

Contame de qué manera se compromete Duke Energy con su política ambiental y social.

Esta compañía tiene un foco muy grande puesto en la seguridad y en todo el tema medioambiental. Eso es lo primero. No importa nada más. Es un foco de atención muy fuerte que te viene dado corporativamente. Acá está en la cultura de todos los empleados, trabajamos muchísimo para eso. Tenemos un estándar muy alto en seguridad y medio ambiente. En cuanto a responsabilidad social, nosotros creemos que la sostenibilidad es transversal. Ya es parte de la cultura. Después desarrollamos programas específicos. Por ejemplo, ahora llevamos a cabo un programa que se llama “Emprendedoras Latinas”, que tiene que ver con el liderazgo femenino en comunidades de riesgo.

¿Sos una persona agradecida de lo que tenés?

Sí, totalmente. Esto de poder trabajar de lo que me gusta, de poder levantarme contenta, para mí no tiene precio.

 

MARIANA SCHOUA (1972)

Colegio: Carlos Pellegrini.

Universidad: Contadora Pública por la UBA.

Posgrado: Administración del Mercado Eléctrico en el ITBA.

Hobbies: Me gusta leer, ir al cine y ver series. Juego al tenis y remo en el Tigre, en un bote de par en el que alternamos el timón con mi marido.

Tu mayor logro: Mis mellizos, dos varones de nueve años.

El rasgo principal de tu carácter: Soy determinada y asertiva.

Persona viva que admirás: No tengo modelos, no hay una persona a la que admire en su totalidad, prefiero ir tomando características o virtudes de diferentes personas a las cuales admiro.

Personaje histórico preferido: Ninguno.

Mayor atrevimiento en la vida: Haberme casado. Me fui a vivir con mi marido antes de casarme, incluso nuestros hijos nacieron antes de casarnos.

¿Sos una persona religiosa?: Soy atea.

¿Tenés algún objeto atesorado?: No soy apegada a los objetos.

Talento que desearías tener: Jugar bien al tenis.

Momento y lugar en el que fuiste o sos feliz: En mi casa.

 

* Entrevista publicada en la edición 29 de PRESENTE (marzo/abril).