Pablo Latrónico, Vicepresidente de Kimberly-Clark LAO-Región Austral, nos ilustra una idiosincrasia en la que priman los valores personales por sobre las aptitudes profesionales, el universo de una de las compañías más atractivas para los jóvenes universitarios.

Puerto Madero. Miércoles, 10 a. m. El lobby de la recepción del edificio de la calle Olga Cossettini 1031 parece la puerta de una universidad en el horario pico de cambio de turno. Jóvenes sonrientes yendo y viniendo, saludándose con un beso, soltando frases del tipo “che, cuando subas vemos ese asunto”, atentos a los mensajes de sus teléfonos, bebiendo agua de sus botellitas. Tienen veintipico y parecen de veintipico, pero al observarlos durante unos pocos minutos, ciertas conductas permiten reconocer en ellos un entusiasmo especial, una suerte de seña que los identifica como parte de un todo interesante; en ellos algo está funcionando y los hace lucir alegres.

Ese espacio de fusión es la antesala de las oficinas porteñas de Kimberly-Clark, una empresa joven, incluso más joven que el promedio de edad de sus empleados. Inició sus operaciones en la Argentina hace veinte años, en 1994. Claro está, la casa matriz es un poquito más longeva, un poco mucho, dado que fue fundada por John Kimberly, Charles Clark, Frank Shattuck y Havilah Babcock, en 1872, en los Estados Unidos.

La compañía supo afianzarse como líder en el desarrollo de productos para la higiene y la salud de los individuos dentro del mercado de consumo masivo argentino, contribuyendo al desarrollo económico y social del país. Emplea a más de 1400 personas, cuenta con tres plantas de producción, ubicadas en Pilar, Bernal y San Luis, y tres centros de distribución que poseen tecnologías innovadoras.

En la actualidad, la empresa es de las más buscadas por los estudiantes de las distintas universidades, su filosofía de trabajo la hace ser atractiva ante la mirada de quienes están por dar sus primeros pasos profesionales. Es consistente, su fortaleza no surge de una estrategia de marketing poderosa, sino de un plan de acciones puntuales, de tener en claro lo que son y hacia dónde caminan.

Pablo Latrónico es el Vicepresidente de Kimberly-Clark LAO-Región Austral. Se sumó a la firma en 2004 y vivió todo el proceso de crecimiento. En 2006, la compañía había triplicado su tamaño, en gente, en volumen, en share. Un año más tarde, se separaba de Unilever y comenzaban a escribir una historia aparte. En 2008, a Pablo le encargan la responsabilidad de asumir la dirección de Paraguay y Uruguay, y luego, Chile.

Pablo Latrónico es el Vicepresidente, un líder que fomenta valores claros e innegociables, esos que le inculcaron en el San Albano y en las filas del Club Pucará. El tipo hoy es uno de los máximos referentes de esas generaciones jóvenes que integran su equipo. Los conoce porque él también fue uno de ellos, él también se hizo a fuego lento, metiéndole muchas horas al estudio y disfrutando cada momento.

COMPARTIMOS TU VIDA es la leyenda que se lee en el 6.° Reporte de Sustentabilidad anual de Kimberly-Clark. Y parece ser cierto. Esta compañía da a entender que los compromisos deben ser compartidos, pero lo más importante se puede leer en los rostros de quienes la integran: los logros también son vividos de manera compartida. Los principales ejes de la compañía se centran en las personas que la rodean, en el cuidado del planeta y en la innovación de sus productos.

 

Sos una persona que pone en evidencia la importancia que le da a la amistad y a la lealtad dentro del ámbito profesional. ¿En la conformación de un equipo de trabajo priman los valores de los integrantes por sobre sus aptitudes profesionales?

Yo hablo de lealtades bien entendidas, como en la cancha de rugby, interactúas por el bien del equipo, vos tenés que ser muy leal con tu jefe, decirle las cosas buenas y malas, con los accionistas, con tus pares y con las personas que te brindan servicios. En un marco de respeto esto debe funcionar así. En cuanto a los valores por sobre las aptitudes profesionales, soy un convencido de que se puede capacitar a cualquier persona, porque todos podemos tocar la música más o menos, pero los valores vienen formateados y es difícil cambiarlos cuando se es grande. El genio profesional, el de las grandes aptitudes, el Maradona del fútbol, puede no compartir los valores de la compañía, entonces, la genialidad no te garantiza que se relacione correctamente. Un rasgo distintivo que destaco de Kimberly-Clark, quizás de mis años aquí, es que desde que estoy, los directores que elegí siguen siendo los mismos, hubo una rotación mínima; claro, nos peleamos como perros y gatos, pero siempre respetándonos. A fin de año recibí un e-mail lindísimo en el que se evidenciaba todo esto, y al que contesté con una frase corta y clara: “Compartimos los mismos valores”. Cuando comprendés esto, todo es mucho más fácil. Yo a los chicos de mi equipo les digo: “nos podemos equivocar, intentemos que sea lo menos, pero en lo que no podemos errar es en los valores, en la transparencia”.

¿Cómo surgió el plan de RSE de la empresa?

La RSE la vivimos como la esencia de nuestro propio negocio, cuando conformamos la decisión de separarnos como empresa de Unilever, comprendimos que Kimberly-Clark tomaba un rol clave. Principalmente, desde la visión que trazamos cuando estipulamos lo que queríamos y queremos ser como compañía. Desde nuestra creación, salimos a buscar eso, a decirle al mercado lo bien que la pasamos como compañía. Ganamos premios al mejor empleador. Los jóvenes nos eligen para trabajar acá. Así fue como, en 2006, establecimos con Fernando Hofmann [Director de Asuntos Legales y Corporativos LAO-Región Austral] un plan de relacionamiento que buscaba mostrar nuestra vocación social como compañía, devolviéndole a la sociedad educación y salud. En cada reporte de sustentabilidad que emitimos marcamos una tendencia. Hace dos años, le pedí a Fernando que liderara un Comité de Sustentabilidad, porque quería que se comprendiera bien cada paso que damos hacia la sustentabilidad.

¿Sentís que las empresas vienen a ocupar cierto rol social que originariamente recae sobre las instituciones tradicionales?

Creo que sí. A mí me sorprende esto y te lo voy a ilustrar en dos puntos claves. El primero de ellos es el que demuestra que las compañías asumen un rol cada vez más activo en temas de educación, salud y otros de igual trascendencia social. Sin ir más lejos, nosotros formamos parte de la Fundación Caminando Juntos (United Way, por su nombre original en inglés) junto a otras compañías importantes, incluso competidores, y siempre llegamos a ponernos de acuerdo en políticas o acciones compartidas. Esto denota un interés común en causas sociales. Por otro lado, como segundo término, está este otro punto que evidencia que los empleados de las compañías, indistintamente de la jerarquía que tenga su cargo, contribuyen con parte de su salario o con tiempo propio extralaboral en acciones puntuales desarrolladas por alguna ONG. Estas personas se comprometen de manera activa y silenciosa, porque no lo hacen para salir publicados en los medios. Hay un aporte social muy grande, mucho más grande de lo que la gente se imagina. Esto no busca hacer política, sino devolverle a la sociedad lo que ella nos da.

¿DESDE ADENTRO es un programa que está alineado con esto que vos decís del compromiso particular de los empleados?

DESDE ADENTRO es una iniciativa llevada adelante con la Fundación Caminando Juntos, en la cual, los empleados de las empresas que integran la Fundación pueden proponer una ONG a la cual desean ayudar de alguna manera. Ellos presentan sus propuestas y un comité las evalúa. Todos los meses hay una propuesta seleccionada, una ONG a la que se le destinarán $ 8000 mensuales. Es una manera de que los empleados se impliquen, que participen y concursen. Además, la Fundación tiene otros muchos proyectos en los que Kimberly-Clark, al igual que las otras compañías, está implicada.

¿Cuál es el presupuesto anual que Kimberly-Clark destina a RSE?

En 2013, fueron $ 804.000, repartidos entre todas las actividades y programas que llevamos a cabo.

¿Es más fácil recolectar dinero que compromiso?

Claro. El ejemplo lo tenés cuando hace falta juntar dinero urgente para que un chiquito se opere en el exterior, en seguida la gente se sociabiliza y se junta la cifra. Pero lo importante es juntar compromiso. Olvidate de poner dinero, en Kimberly-Clark ponemos el foco en otro aspecto; si yo te muestro las fotos del grupo de voluntariado durante la acción del Día del Niño no lo vas a poder creer, te emociona. Voluntarios de nuestra compañía vistiéndose de payasos un domingo para hacerles pasar un momento de alegría a los chiquitos. Y esto no fue un viernes, un día que zafabas de trabajar, no, esto fue un domingo.

Sospecho que los compromisos no son siempre los mismos, ¿cómo convocan a los voluntarios?

Existen distintas actividades porque la vocación varía según cada persona. Tenemos acciones que se desarrollan en fechas puntuales hasta programas más extensos en el tiempo. Por ejemplo, en INVERTIR VALE PENA, planteamos un ciclo de 13 clases orientadas a un grupo de chicos de una escuela de la Villa 31 que viene a la empresa. En ese caso, hay empleados que se anotan según su agenda para dar estas clases, con esto se busca que los chicos que se encuentran cursando sus últimos dos años de colegio se entusiasmen en seguir con sus estudios. Para eso, los orientamos en un proyecto, en cómo armar un cv, les mostramos la realidad de la compañía. Para la mayoría de ellos este es un mundo que les resulta inalcanzable y la experiencia de vida nos dice que están más cerca de lo que ellos creen y es por ello que hay que hacérselos ver, demostrarles que es posible capacitarse y crecer en la vida.

¿En qué consiste el programa SUMANDO VALORES?

Durante el año, elegimos dos valores que, como empresa, deseamos promover entre los empleados y hacia el público externo. Así, por ejemplo, tomamos el valor de la educación a través de una campaña que se llamó “Un maestro en tu vida”. La idea era destacar a esos maestros que fueron importantes en tu formación. Los reconocimos a través del envío de unas postales que decían “Gracias, maestro”, entre otras acciones de la campaña. También tomamos como valor la conciencia ambiental o algo tan simple como la emoción. Para difundirlo usamos nuestras redes sociales y de esta manera llegamos a diversos grupos de interés. Son campañas que buscan tocar diversos públicos y se hacen a través de distintos canales.

 

La suma de las partes

Su madre, descendiente de irlandeses, piel clara con muchas pecas, nació en Roque Pérez, zona de campo, a un par de horas de Buenos Aires. La mandaron pupila a un colegio irlandés de zona sur. Al dar claras muestras de ser buena alumna, sus tías le permitieron salir del colegio e irse a vivir con ellas a Lomas de Zamora. Allí conoció al padre de Pablo, hijo de un comerciante de la zona. Se casaron, tuvieron tres hijos y fueron (y son) felices. Pablo tuvo una infancia fantástica, con eternos veranos a medio galope entre Mar del Plata y Roque Pérez. Mucho campo, pesca en los riachos, cabalgatas, hacienda y aventuras.

Siempre fue un estudiante muy aplicado. Mientras sus amigos se asustaban con Narciso Ibáñez Menta en El hombre que volvió de la muerte, él le dedicaba un par de horas al estudio todos los días después de cenar. Cuando la profesora preguntaba quién quería pasar, Latrónico levantaba la mano. Desde tercer grado empezó con el rugby, quizás fue eso lo que le inculcó fuertemente una serie de valores fundamentales que le servirían para sumar amigos y mantenerlos leales durante toda su vida. Arrancó en San Albano y, con los años, fichó para Pucará, donde llegaría a jugar en la Primera como wing tres cuartos. Todo le costó, nada fue regalado. Un remador. Terminó el colegio y un test vocacional lo direccionaba para Veterinaria o Agronomía, pero su padre lo sorprendió con estas palabras: “vos tenés mucha facilidad para los números, y los números manejan el mundo, me parecería una pena que te dedicaras a otra actividad, por qué no estudias algo vinculado”. El viejo tenía razón, en definitiva, la vocación muchas veces son los padres. Los años 78 y 79 fueron intensos en su vida. Le tocó el servicio militar en pleno conflicto Argentina-Chile por el Canal de Beagle. Un amigo de su padre logró meterlo en el Comando de Remonta de Veterinaria, en el Campo de Polo de Palermo. Durante más de una año, se levantaba todas las mañanas a las 5 a. m., y viajaba desde el sur hasta Barrio Norte, donde apuraba un café con leche con medialunas en un barcito de la esquina, minutos antes de presentarse de rigurosa fajina de soldado conductor en la casa del Coronel. Salían a bordo de un Peugeot y eran escoltados por dos Torinos. Época pesadita la que le tocó a Pablo. De 7 a 13 era colimba, por la tarde era universitario y a la noche, rugbier. En ese entonces, conoció a María Laura, con quien formaría su familia. El tiempo estaba medido, cada minuto era valioso. Un día le pidió un franco al Coronel para estudiar, este le contestó: “escúcheme soldado, la noche es larga, aproveche para estudiar”. Un buen consejo que asimiló como hábito durante toda su carrera. Era joven y a lo único que le temía era a la guerra. Aún recuerda el día en que el cardenal italiano Antonio Samoré, enviado como mediador por el Papa Juan Pablo II, leía el Acta de Montevideo que propiciaba la paz entre la Argentina y Chile. Era joven y respiraba tranquilo. Pero Pablo crecía de golpe y se casaba mientras daba sus últimas materias de la facultad. Un amigo de su padre le ofreció trabajar en su estudio contable manejando clientes. Después entró a Nielsen y comenzó una carrera profesional que, luego de pasar por Bagley, Lia y Unilever, lo llevaría a ocupar el puesto de Vicepresidente en Kimberly-Clark.

En la vida de Pablo Latrónico la suma de las partes construyó un todo: buena familia, buenos amigos, buena novia (y posterior esposa), buen trabajo, buena vida. Él hizo mucho para que esto ocurriera.

 

REPORTE DE SUSTENTABILIDAD

Para ver los reportes, pueden visitar: http://www.kimberly-clark.com.ar/rse.asp?act=8

Algunos logros:

  • 35 nuevos voluntarios colaboraron con su tiempo en la Fundación Caminando Juntos.
  • 209 jóvenes de bajos recursos se beneficiaron con el programa Aprendiendo Juntos.
  • En 2013 se invirtieron $ 804.000 en acciones para la comunidad.
  • 3066 consultas médicas anuales en la Posta Sanitaria.
  • 11 personas se sumaron al programa de jóvenes profesionales.
  • Impartieron 300 horas de entrenamiento en procesos y 1800 horas de entrenamiento en máquina.
  • Implementaron 5 programas de capacitación en RR.HH.

 

Pablo Latrónico (1959)

Colegio: San Albano.

Universidad: Licenciado en Administración de Empresas por la UCA.

Idiomas: Inglés.

Hobbies: Los deportes. Los sábados veo Pucará y si puedo, voy a ver a Banfield. Y me gustaría retomar la pesca. De chico pescaba mucho en el campo y en Mar del Plata.

Tu mayor logro: Estoy muy orgulloso de la familia que tengo, somos muy unidos, para mí ese es por lejos mi mayor logro. Una hija mujer de 28, un varón de 25 y unos mellizos de 24, mujer y varón.

El rasgo principal de tu carácter: Es difícil decirlo, pero me considero un buen tipo. Siempre que pude, ayudé a las personas. Le di posibilidades laborales a mucha gente amiga y conocida, siempre con valores éticos, en un direccionamiento no negociable.

Persona viva que admirás: A mi madre, Sheila Susana McCormick, la única mujer en una casa con cuatro hombres: mi padre, mis dos hermanos y yo. Ella supo siempre mantener la unión familiar. Y a mi mujer, a quien también admiro mucho por ser una luchadora, porque cuando nos casamos no teníamos nada, literalmente nada.

Tu personaje histórico favorito: El que más me inspiró es Mahatma Gandhi, más allá de su contexto político, por su manera de buscar la paz, convencido de que no debía renunciar a sus objetivos, tenía mucha determinación y convencimiento, que es difícil de encontrar.

Tu mayor atrevimiento en la vida: Yo tomo como un atrevimiento el haberme casado tan joven con mi esposa. No tenía nada planificado. Si ves la decisión en el momento, estaba todo muy bien, pero si hoy la viera en un hijo, diría “está loco”. En mi caso salió muy bien.

Tu posesión más atesorada: No soy una persona que atesore objetos.

El talento que desearías tener: Muero por bailar y cantar bien, yo soy durísimo, veo a los chicos bailar en los casamientos y los envidio. Puedo salir a bailar, pero me da vergüenza ajena. Yo me pregunto por qué no tengo esa virtud.

Momento y lugar en el que has sido más feliz: Claramente lo que más disfruté fueron las vacaciones en familia, con esposa e hijos. Siempre tuvimos esa suerte que, incluso con los chicos ya más grandes, para ellos era y es un programa el viajar juntos.

 

* Entrevista publicada en la edición 25 de PRESENTE (julio/agosto).